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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2017

Fidel y el problema de la subjetividad

Yassel A. Padrn Kunakbaeva
Rebelin


Ave Csar, los que van a morir te saludan. Los altavoces multiplicaban la voz de Fidel por las calles de la ciudad. Era una marcha del pueblo combatiente, y mi generacin, la de los nacidos en los noventa, marchaba junto al resto de las generaciones de cubanos. Levantbamos nuestras banderitas cubanas y repetamos las consignas. Para nosotros, esa marcha, al igual que la Batalla de Ideas en general, era una forma de mojarnos un poco con la pica revolucionaria que no habamos vivido. Fue en marchas como esa que aprendimos, tambin, quien era Fidel Castro.

Tiempo despus, cuando estudi filosofa, y aprend de un modo marxista el significado de la categora sujeto, llegu a una conclusin inmediata: en Cuba el sujeto era Fidel. Dentro del pueblo cubano, solo l era el vrtice a partir del cual se produca la realidad. A pesar del paso de los aos, de las dcadas, Fidel segua siendo una voluntad indetenible.

El hecho de que durante tantas dcadas solo l haya sido el sujeto tiene, sin embargo, profundas implicaciones. Cmo nos afect eso a nosotros, los cubanos? Fue algo positivo o negativo?

La existencia y la trascendencia del fenmeno Fidel Castro no se pueden explicar a partir del neo-espinocismo estructuralista, que solo conoce a los sujetos en cuanto sujetos sujetados. Ninguna estructura fue capaz de sujetar a Fidel; por el contrario, las estructuras se quebraban ante su paso. Para acercarse tericamente a su figura puede ser mucho ms til la teora de Ernst Bloch sobre las utopas. Segn el filsofo alemn, hay subjetividad siempre all donde hay utopa, donde hay proyecto, donde hay prefiguracin de un futuro mejor. No es necesario decir que el Comandante entra perfectamente en esta definicin: l siempre estaba con la mirada puesta hacia delante, hablndonos de cosas que nosotros no podamos siquiera concebir, rozando el delirio y la profeca.

La mayor polmica que ha habido hacia el interior del socialismo cubano ha sido la de la alternativa entre voluntarismo y objetivismo. Ese fue el centro de la disputa entre el Che Guevara y Carlos Rafael Rodrguez en los sesenta. Cmo se saca hacia adelante la economa de un pas, a base de fuerza de voluntad o siguiendo el curso de las leyes objetivas de la historia? La zafra del setenta- momento cspide del voluntarismo- fracas, y Fidel tuvo que salir a la palestra pblica a asumir la responsabilidad. A partir de ese momento, de un modo formal, triunf la tesis que privilegiaba el objetivismo histrico. Cuba entr en el carril del modelo sovitico.

Sin embargo, la mera presencia de Fidel en el timn de la revolucin cubana hizo que el objetivismo nunca pudiera consolidar su victoria. En cualquier momento, el Comandante en Jefe poda aparecer con una nueva misin, con algn sueo loco capaz de movilizar a las masas. El carcter de sujeto de ese hombre se manifestaba de un modo tan titnico que ninguna estructura lograba funcionar ni consolidarse.

Ahora es posible, desde la distancia, decir que una buena parte de las utopas de Fidel se quedaron sin cumplir. A mi generacin le toc ver los fracasos de la Batalla de Ideas, el fiasco que fueron los trabajadores sociales, el formalismo de los juramentos de Baragu, etc. Basta caminar por las calles de La Habana para ver lo lejos que estamos de ser una sociedad socialista perfecta. Y sin embargo, Elin regres a su casa. Los Cinco Hroes volvieron. Cuba posee hoy una industria farmacutica que naci de un sueo del Comandante. No es fcil dar un veredicto sobre Fidel y la calidad de sus utopas.

Bloch hizo una distincin entre utopas concretas y abstractas. Concretas son aquellas cuya posibilidad tiene un fundamento ontolgico en las estructuras de lo real; abstractas son aquellas que no cuentan con ese fundamento. Hoy podramos decir que algunas de las utopas de Fidel fueron concretas y que otras fueron abstractas; sin embargo, al hacer esa separacin a posteriori nuestra teora estara jugando el papel de la lechuza de Minerva, que solo levanta el vuelo al atardecer. De lo que se trata es de construir una teora que pueda jugar el papel del gallo rojo del amanecer, y para eso podramos estudiar ms minuciosamente el pensamiento de ese profeta incansable que fue el Comandante en Jefe.

Lo que s podemos afirmar en la actualidad es que, por razn de la existencia de Fidel, en Cuba se ha deteriorado mucho el papel y el funcionamiento de las estructuras. No es cierto lo que se proclama hoy a nivel universal: que las estructuras humanas pueden funcionar mecnicamente, y que de ese mecanismo puede surgir la felicidad humana. Ninguna estructura social humana puede existir si no es sostenida como un proyecto. Las sociedades capitalistas ms saludables son aquellas que logran conservar su aura de proyecto colectivo. Sin embargo, nosotros los cubanos hemos tenido un exceso de subjetividad, en una poca en que el mundo funciona a partir de estructuras cada vez ms complejas y cosificadas. Probablemente los cubanos hemos sido testigos de una de las mayores irrupciones de la subjetividad en la historia reciente. Pero ahora el huracn ya pas, y los hombres que hemos sobrevivido tenemos que organizar nuestra vida de alguna forma.

El hecho de que Fidel haya sido el sujeto durante tanto tiempo implica tambin que nosotros, el resto de los cubanos, no lo hemos sido. Ms precisamente, podemos decir que el pueblo cubano se construy a partir de la revolucin como un sujeto colectivo, una subjetividad de millones de personas que se condens alrededor de un solo hombre. Tal y como la identidad individual de un ser humano se construye alrededor de un trauma, la identidad del sujeto colectivo llamado pueblo de Cuba se construy a partir del trauma que fue el triunfo de la revolucin, el 1ro de enero de 1959. Fue como si a un hombre que durante mucho tiempo ha esperado el amor le sorprendiera de repente la mujer de sus sueos, y le estampara en la boca un beso caliente, dulce y prolongado. La Revolucin cumpli de un tirn las aspiraciones acumuladas de un pueblo, fue una especie de redencin secularizada. Y esa redencin tena un nombre: Fidel! Fidel! Fidel!

El Che dio una de las mejores imgenes para entender la relacin entre el Fidel y el pueblo: dos diapasones que vibran en resonancia. Se trata de la empata, la base para toda subjetividad colectiva. Sin embargo, esa subjetividad no se construy de un modo horizontal, sino que se construy de un modo casi del todo vertical, se construy sobre el modelo del paternalismo. l se convirti en el Gran Padre para todos los cubanos. El paternalismo va a ser siempre una relacin ambigua, porque implica autoritarismo, pero tambin implica amor. Muchos no queramos que ese padre soltara nuestras manos.

Durante mucho tiempo, Fidel brill como un sol en el firmamento. Su luz opacaba la de cualquier otro cubano. Fue un orgullo tenerlo entre nosotros, pero tambin una pesada carga. Ahora nos ha dejado fsicamente. Nos deja su leyenda y una extraa consigna que reza as: Yo soy Fidel! Casi no sabemos caminar sin l, y ahora es el momento de caminar para los que estamos vivos. Esa consigna debera servirnos para darnos cuenta de que tenemos que ser sujeto. Necesitamos, ciertamente, estructuras ms firmes y eficientes que las que tenemos, pero la paradoja es que para construirlas tenemos que ser sujetos. El mayor y ltimo servicio que Fidel podra ofrecernos sera el de repartirse y multiplicarse entre todos nosotros.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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