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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2017

Sustentabilidad, cuantas tonteras se dicen en tu nombre!

Alberto Acosta
Rebelin


Dubai, asentada en una zona en extremo agreste, quema millones de barriles y de pies cbicos de combustibles fsiles para climatizar sus casas y rascacielos de cristal. Calienta gran cantidad de agua salada para abastecerse del lquido vital. Ocupa cada vez ms superficie en el desierto y en el mar inclusive, enterrando arrecifes de coral y dragando toneladas de arena para construir islas artificiales. Y como mxima hazaa -por ahora- est la construccin del primer complejo de esqu cubierto del Cercano Oriente.

Con semejantes antecedentes, Dubai -parte de un multimillonario emirato petrolero- se proyecta como Ciudad Sostenible Una aberracin auspiciada incluso por la prestigiosa National Geographic, fruto de un enorme despliegue propagandstico.

Hoy todos hablan de sustentabilidad. El trmino florece por doquier. Su empleo indiscriminado ha hecho que -casi- todo pueda ser sustentable, superando o incluso ignorando el profundo origen del trmino. Es ms, se define como sustentable hasta cuestiones que en esencia no lo son, ni pueden serlo, como las ciudades modernas. En efecto, muchas ciudades modernas se presentan sustentables, cuando bien sabemos que su huella ecolgica supera con creces la superficie urbanizada. Incluso se habla de un crecimiento econmico sustentable, cuando es obvio que en un mundo con lmites biofsicos finitos es imposible un crecimiento permanente en el tiempo, es decir sustentable. Quiz la mayor de estas aberraciones surge al hablar de minera o explotacin de petrleo sustentables. Y no deja de ser una manipulacin del trmino la pretensin de presentar como sustentable la generacin de electricidad utilizando combustibles fsiles, como lo hace, para mencionar apenas un caso, la RWE (Rheinisch-Westflisches Elektrizittswerk AG, empresa alemana del sector energtico fundada en 1898) que quema lignito del Hambacher Forst en Alemania, una de las ltimas reservas de bosque en dicho pas.

En definitiva, se ha vampirizado el sentido profundo de la sustentabilidad. Su empleo se ajusta a los ms diversos intereses, sobre todo econmicos. La sustentabilidad devino en mero comodn, como muchos otros comodines del fetichismo capitalista. Fetichismo que, dicho sea de paso, parece tener precisamente la capacidad de vampirizar todo concepto que intente oponerse a la civilizacin de derroche del capital.

As, urge retornar a los orgenes del trmino sustentabilidad. Su entrada en escena a nivel global se produjo en 1992, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Ro de Janeiro. Entonces la comunidad internacional se propuso articular un modelo de desarrollo que trace parmetros comunes para asegurar, en conjunto con el desarrollo econmico, el bienestar social y ambiental de la Humanidad: el tan promocionado tringulo de la sustentabilidad. El punto inicial de esta decisin es el Informe Brundtland, elaborado en 1987, que confront el desarrollo -hasta entonces convencional- con las demandas ambientales.

Proponerse satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones, fue un cambio importante. An ms estricto, se propuso una evolucin donde el uso de los recursos naturales pueda sostenerse en el tiempo. Este fue un punto de inflexin para empezar a reflexionar -en serio- sobre los lmites del desarrollo tradicional, luego del relativo fracaso del Informe del Club de Roma en 1972.

El desgate de la sustentabilidad, junto con las limitaciones del desarrollo, obligan a hurgar en los orgenes de los conceptos. La prctica sustentable se pierde en el tiempo. Comunidades indgenas en todo el mundo han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Su vnculo con la Pachamama o Madre Tierra es ms que una metfora. Ella representa la integridad del espacio y el tiempo , nos recuerda Yaku Prez Guartambel, un lder indgena ecuatoriano, quien nos dice que as como nadie desprecia ni domina a su madre biolgica, igual los runas (seres humanos, en kechwa) no sometemos, sino que reciprocamos con amor a la Pachamama.

Antes de derivar conclusiones desde esa aproximacin profunda, cabe recordar que un alemn -aristcrata- habra sido quien plasm por primera vez por escrito el trmino sustentabilidad. Hans-Carl von Carlowitz, jefe minero, preocupado por la crisis de la madera -que golpeaba a la Sajonia y a otros pases en Europa- plante la necesidad de no explotar ms madera que la que se puede reproducir para sustituirla.

Este personaje, en su Silvicultura oeconomica (1713) fue ms lejos. No solo se preocup de que se mantenga la explotacin de la madera en mrgenes razonables, sino que propuso proteger el bosque, no su simple sustitucin por plantaciones. Como rescata Ulrich Grober -en su estupendo libro Die Entdeckung der Nachhaltigkeit Kulturgeschichte eines Bregriffs- Carlowitz se preocup por la diversidad y la integridad de los sistemas ecolgicos. Se opuso al dinero fcil, como aquel que se obtiene al cortar un bosque (una renta extractivista). Para l no era tan importante incrementar el bienestar material tanto como la felicidad. Incluso planteaba satisfacer las necesidades bsicas en tanto todos tienen derecho a alimentarse y sobrevivir. Y, aunque sorprenda a algunos, Carlowitz -en plena expansin imperial europea- se opuso a la colonizacin como mecanismo que asegure la sustentabilidad explotando los recursos naturales de otros territorios y pases.

De este relato sobre Carlowitz surgen varias banderas de batalla a corto plazo que merecen ser enarboladas: la renta vital mnima para toda persona; el combate al dinero fcil propio de la especulacin, por ejemplo, imponiendo el Impuesto Tobin y liquidando los parasos fiscales; el decrecimiento para construir sociedades no atadas a la religin del crecimiento econmico permanente; el cambio de las reglas del mercado mundial, que condenan a unos pases a sacrificar su sustentabilidad para conseguir recursos que financien la invocacin al fantasma del desarrollo; estas y otras propuestas conllevaran a profundas transformaciones.

Pero quiz su aporte ms profundo radica se lo puede proyectar desde su amor a la tierra: Mater Natura, la Madre Naturaleza, en sus palabras. De all, en paralelo a la visin a la Pachamama indgena, se puede avanzar hacia un cambio civilizatorio enfocado a la sobrevivencia humana en el planeta. Supervivencia que debe basarse en la superacin del antropocentrismo, inspirndose en visiones biocntricas -o incluso una posicin carente de todo centro-, basadas en una tica que acepte valores intrnsecos a la Naturaleza y la Humanidad y que ponga fin a la creciente mercantilizacin de ambas.

En otras palabras, no se trata de buscar un imposible equilibrio entre economa, sociedad y ecologa (usando como eje articulador oculto al capital). El ser humano y sus necesidades deben primar siempre -ms an sobre el capital-, pero jams oponindose a la armona de la Naturaleza, la base fundamental para cualquier existencia.

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Economista ecuatoriano. Exministro de Energa y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Alberto Acosta recibi el Premio Hans Carl von Carlowitz Sustentabilidad 2017, conjuntamente con uno de los mayores expertos en cambio climtico en el mundo, el Profesor Joachim Schllenhuber, director del Instituto de Investigaciones del Clima en Potsdam. La entrega del Premio fue el jueves 23 de noviembre en Chemnitz, Alemania.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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