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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2017

Los peligros y la promesa de la autodeterminacin

Thomas Jeffrey Miley
ROARmag

Es muy difcil que una lucha que se enmarca en trminos nacionales no termine dividiendo y venciendo a las clases trabajadoras no solo de Catalua, sino tambin, y quiz ms, a las del resto de Espaa


Violencia policial contra manifestantes pacficos en Barcelona; ocupacin militar del ejrcito iraqu en Kirkuk: las instituciones autonmicas y el autogobierno estn en grave peligro desde Catalua hasta Kurdistn. Las imgenes son impactantes y la represin del estado es sin duda repugnante. Cmo llegaron estos conflictos nacionalistas a estar tan polarizados? Qu hizo que la respuesta del estado fuera tan agresiva? Cmo se desarrollarn probablemente estos conflictos? Cules son las posibilidades de que se produzca un desenlace emancipador que resulte en una expansin de los derechos?

Ha pasado un siglo desde que Rosa Luxemburgo insisti con acierto en la necesidad de evaluar de forma crtica todas las reivindicaciones relacionadas con principios abstractos y utpicos, como por ejemplo el principio de autodeterminacin, en funcin del impacto concreto que producen sobre las innumerables relaciones de poder tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, las premonitorias advertencias de Luxemburgo fueron silenciadas hace mucho por el triunfo del marxismo-leninismo y por la influencia que este tuvo sobre los planteamientos y horizontes de tantas luchas anticoloniales.

Cuando ya ha pasado casi una generacin desde la desaparicin del comunismo de estado, y casi sesenta aos desde la transicin entre colonialismo y neocolonialismo, ya va siendo hora de que hagamos caso a los sabios consejos de la Rosa roja y sintonicemos con los ideales revolucionarios internacionalistas de forma consistente. El alcance mundial de los graves problemas que acucian a la humanidad y amenazan su futuro mismo reclaman formas de resistencia coordinadas a nivel mundial. La presencia mundial de jerarquas secantes e injustas y sistemas de dominacin (de clase, raza o sexo) profundamente arraigados, significa que, ahora ms que nunca, la terrible frmula de socialismo en un nico pas no ser francamente suficiente.

Aun as, la izquierda internacional sigue estando confundida y atada a dogmas vacos sobre el principio de autodeterminacin que muy a menudo se mistifican en visiones y divisiones del mundo social que estn cosificadas, y adems son esencialistas y nacionalistas; y no se da cuenta de que estas visiones casi nunca sirven para proporcionar anlisis sobrios e implacablemente crticos sobre la dinmica de las movilizaciones y contramovilizaciones que gua determinadas luchas de poder, sobre todo los proyectos de identidad histrica, y que menos todava sirven para explicar cmo esos determinados proyectos y luchas de poder estn relacionados con las tendencias mundiales en general.

Basta con contemplar los ejemplos de Catalua y Kurdistn, que coparon los titulares de los ltimos das y semanas, para ver cmo estos dos referndums de autodeterminacin unilaterales y sumamente polmicos, han reflejado, adems de agravado, unas dinmicas polarizadoras y una represin ya existentes en ambos casos. La discusin de estos conflictos en los crculos de izquierda, sobre todo en lengua inglesa, ha dejado mucho que desear.

En ambos casos, hasta los analistas ms crticos tienden a someterse al principio sagrado de autodeterminacin, y tienden por tanto a evitar evaluar las tcticas separatistas desde un punto de vista implacablemente crtico con el impacto que tienen sobre las innumerables relaciones de poder tanto nacionales como internacionales; en ambos casos, las maquinaciones de las lites polticas se han confundido y fusionado con la voluntad del pueblo; en ambos casos, se habla de los catalanes y los kurdos como si fueran una entidad uniforme; en ambos casos, se ignoraron las importantes diferencias y divisiones en el seno, y sobre todo en el contorno, de estas cosificadas comunidades nacionales, y se ignoran tambin la confrontacin entre proyectos de autodeterminacin y las importantes diferencias y divisiones en el seno de sus cosificados oponentes nacionales. Pero esos no son ms que los traicioneros resultados que provoca la cosificacin del nacionalismo.

El conflicto de Catalua

En el caso de Catalua, las tcticas y estrategias del partido explcitamente anticapitalista conocido como Candidatura dUnitat Popular (CUP) han recibido un gran apoyo. Es cierto que el nfasis programtico de la CUP por defender el feminismo, la ecologa social y la democracia directa son dignos de alabanza, pero ha existido una cierta tendencia a sobreestimar su relativa fuerza dentro de las filas separatistas, y cabe preguntarse si su fe dogmtica en la frmula de independencia nacional es el mejor camino para romper con el capitalismo.

Esta dogmtica frmula ha llevado a la CUP, como era de esperar, a formar una coalicin con fuerzas secesionistas cleptcratas y burguesas, que qued legitimada durante una asamblea interna que aprob su apoyo tras una milagrosa votacin de 1515 contra 1515. En ese contexto, la CUP, posteriormente, se vio obligada a votar a favor de los presupuestos autonmicos de austeridad de 2015. En consecuencia, la insistencia de la CUP por proclamar de manera urgente la secesin unilateral no ha tenido mucho xito entre los habitantes del antiguo cinturn industrial.

De hecho, demasiado poco se ha dicho acerca de los lmites del proyecto secesionista para atraer a ms personas dentro de Catalua o del impacto que ha provocado sobre los trminos generales de oposicin poltica en el resto de Espaa. Para empezar, como resalt con razn Antonio Santamara, si observamos las tasas de participacin de los diferentes municipios, queda claro cules son los lmites del atractivo que despierta el proyecto secesionista entre las clases trabajadoras de Catalua. Por ejemplo, en Santa Coloma de Gramanet, una emblemtica ciudad del cinturn industrial, la tasa de participacin en el referndum fue inferior al 18% del censo electoral, mientras que en la emblemtica y rica ciudad de Sant Cugat del Valls, en cambio, la tasa de participacin super el 54%.

Para colmo, la polarizacin en torno a la cuestin nacional ha servido para legitimar las polticas de austeridad y para que los corruptos y demagogos polticos a ambos lados del Ebro sigan sin asumir su responsabilidad. Asimismo, tambin ha servido para cambiar el planteamiento del debate que los indignados obligaron a incluir en la agenda poltica, segn el cual el principal antagonismo responda a una cuestin de clases, a una lucha entre los que tienen y los que no, en lugar de representar un conflicto entre territorios o una lucha entre naciones. Si tenemos en cuenta la particular constelacin de relaciones sociales que existen en la pennsula ibrica, es muy difcil que una lucha que se enmarca principalmente en trminos nacionales, no termine dividiendo y venciendo, como ya ha sucedido, a las clases trabajadoras no solo de Catalua, sino tambin, y quiz ms, a las del resto de Espaa.

Si consideramos el saldo final tanto de la fuerza legal como de la fuerza bruta, veremos que la independencia unilateral de Catalua es poco menos que un sueo inalcanzable; ya que siempre ser necesario llevar a cabo algn tipo de negociacin con las fuerzas polticas de Madrid si la empresa separatista quiere tener xito. En ese sentido, la orientacin ideolgica del bloque hegemnico nacional con el que los potenciales separatistas tendrn que negociar es ligeramente relevante. De ah que, aunque solo fuera por una cuestin de inters propio, cabra esperar que el bloque separatista estuviera trabajando para reforzar las perspectivas y la voz de la izquierda espaola en su conjunto. Pero, en cambio, sus tcticas separatistas unilaterales han acabado beneficiando a la derecha espaola.

Eso no significa que la izquierda espaola est libre de culpa. El cretinismo parlamentario y el oportunismo de Podemos, y, en menor medida, de algunas de las plataformas municipales (por apropiarse, usurpar y como poco desautorizar las exigencias de las bases y la lgica de la democracia directa del movimiento indignado) han limitado sin duda el atractivo y potencial de su proyecto antihegemnico de nueva (nueva) izquierda y, en consecuencia, han contribuido a allanar el camino para que el conflicto de clases sea sustituido por un conflicto nacional, con visos de que la oposicin se polarizar no a favor y en contra de las polticas de austeridad, sino a favor y en contra del conocido como procs.

Pablo Iglesias y sobre todo Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y lder de los Comuns, se han esforzado por mantener una postura de calculada ambigedad que mantuviera abierta la posibilidad de encontrar una tercera va entre la separacin unilateral y la cada vez mayor represin estatal. Sin embargo, esos intentos corren el riesgo de quedar silenciados por las constantes olas de confrontacin y divisin que generan los nacionalismos cataln y espaol.

Mientras tanto, los quebrados socialdemcratas neoliberales del PSOE han cerrado filas en torno a las medidas de represin y a la escalada autoritaria de las autoridades espaolas. El ao pasado, el PSOE mismo estuvo asolado por los conflictos, y el actual lder Pedro Snchez, que ya fue depuesto en una ocasin, pero que ahora est de regreso, parece ligeramente ms propenso a llegar a acuerdos y compromisos que sus enemigos dentro del partido, los cuales, desde las pginas de El Pas, han preferido imitar el lenguaje beligerante de la derecha espaola y hablar de un supuesto golpe cataln, y tambin se esfuerzan por legitimar, aplaudir, y hasta negar, la represin estatal y la violencia policial.

Thomas Jeffrey Miley es profesor de Sociologa Poltica en la Universidad de Cambridge. Es doctor en Ciencias Polticas por la Universidad de Yale. Su investigacin se centra en los nacionalismos, las polticas lingsticas, la inmigracin y la teora democrtica.

Este texto est publicado en ROARmag.



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