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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2017

Trump en Jerusaln: una declaracin de guerra

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Sobre la incendiaria declaracin de Donald Trump, en la que reconoce Jerusaln como capital del Estado de Israel, se me ocurren tres reflexiones rpidas.

La primera tiene que ver con la irrelevancia y nulidad histrica de las reclamaciones de justicia. No hay probablemente ninguna otra causa en el mundo que concite un apoyo tan mayoritario a escala planetaria como la palestina. No slo en el mundo rabe y musulmn, donde se discrepa speramente sobre Siria o Bahrein y, desde luego, sobre los malhadados y silenciados saharauis, pero nunca sobre Palestina; no slo en las regiones que sufrieron la colonizacin y sufren ahora los rigores de la economa global capitalista. Tambin las poblaciones de Europa sienten en general simpata por los palestinos y horror por los desmanes de la ocupacin israel. Es una simpata transversal, no ideolgica, que en Espaa, ms que en ningn otro pas de la UE, engloba a una mayora abrumadora. Ms all de las razones concretas en cada caso religiosas, nacionalistas, culturales u otras esta cuasi unanimidad ilumina la desigualdad del mal llamado conflicto y su vicio de raz, as como la inclinacin natural de los seres humanos a defender siempre a los ms dbiles. El relato bblico de David y Goliat forja para siempre la estructura narrativa de esta natural alineacin con el bien de los humanos normales. La relacin de fuerzas entre Israel y Palestina es tan desigual, el desprecio israel por la vida de los palestinos su bravuconera goliatesca es tan ofensiva para la sensibilidad que todos percibimos como una incoherencia narrativa su dolorosa duracin en el tiempo, sin que una honda reparadora venga a poner fin a la injusticia.

Porque esta es la excepcionalidad del caso palestino. No es sin duda el pueblo que ms ha sufrido en la historia ni el que ms tiempo ha sufrido. Lo que no tiene quizs precedentes es la simpata mayoritaria que genera entre los pueblos del mundo y el hecho escandaloso de que esta simpata general sea directamente proporcional a la indiferencia u hostilidad de la mayor parte de los gobiernos del mundo, incluidos los gobiernos rabes y musulmanes que dicen defender su causa. Hay un acuerdo popular que reclama justicia para Palestina y un acuerdo interestatal que se la niega, discordancia visiblemente ignominiosa en un orden mundial que se pretende fundado en la carta de las Naciones Unidas y en el Derecho internacional. Ningn atropello histrico ha hecho ms dao a la ONU y su credibilidad que la ocupacin israel de Palestina; ninguno ha contribuido tanto a la desesperanza democrtica de los pueblos que luchan contra dictaduras o contra invasiones extranjeras. En su pequeez paciente y heroica, Palestina cobija esta gigantesca y dolorosa potencia simblica: revela el fracaso estrepitoso, siempre actual, del orden jurdico internacional y la desamparada desnudez potencial de todos los pueblos del planeta.

En este sentido la decisin de Trump, tras meses de silenciosa erosin en los que los palestinos visibles parecan vivir en otros pases, nos recuerda la existencia de Palestina como dolor universal y como eje de un acuerdo interestatal contra la justicia. Ese acuerdo interestatal en favor de Israel, sin el cual el presidente estadounidense no habra podido hacer su declaracin, implica a los EEUU como vanguardia desde 1967, pero tambin a Europa desde mucho antes, al menos desde 1916, como promotor histrico del sionismo y sus consecuencias: un orden colonial an vigente en el que Israel es el gemelo conflictivo de los regmenes que Occidente ayud a establecer o protegi en la regin: Arabia Saud desde su nacimiento o Egipto desde 1973 piezas centrales son tan israeles como palestinos son las vctimas de sus desmanes. Lo mismo puede decirse de todas esas dictaduras de Siria a Bahrein que han seguido tratando a sus ciudadanos como Israel trata a los palestinos si no peor mientras abandonan de hecho Palestina a su suerte. La Liga rabe ha sido, y sigue siendo tras la derrotada sacudida revolucionaria de 2011, la sucursal colonial de este acuerdo interestatal contra todos los palestinos palestinos o no de la regin.

La segunda reflexin tiene que ver con las variables histricas de este acuerdo contra la justicia. De la misma manera que no hay que olvidar que EEUU se convirti tarde en el mximo aliado de Israel, hay que recordar que al contrario de lo que pretende cierto antiimperialismo sumario s importa quin gobierna en Washington. Ni la posicin de EEUU en Oriente Prximo es hoy la misma que hace veinte aos ni Obama y Trump son iguales. La declaracin sobre Jerusaln del presidente tuitero se inscribe en una impugnacin total de la poltica de Obama, quien entendi con realismo trgico y aceler la decadencia imperial de EEUU, sobre todo en Prximo Oriente, y trat de aminorar los daos con una combinacin de omisiones y concesiones: es en ese marco donde se inscriben las negociaciones nucleares con Irn y el consecuente alejamiento de Arabia Saud e Israel, que acusaron el golpe.

El reconocimiento de Jerusaln como capital de Israel no es una chifladura. Ms all de que Trump sea por desgracia el nico gobernante del mundo que cumple sus promesas electorales, hay que insistir en que ese gesto es coherente con el restablecimiento intensificado, en un contexto inadecuado, de la poltica estadounidense neocn de la poca Bush. La intensidad se la da la personalidad de Trump; la tragedia adicional el contexto. Tras las revoluciones derrotadas de 2011, con varias guerras civiles en activo (Libia, Siria, Yemen) y en un bastidor geopoltico voltil y fluctuante dominado por Irn y Rusia, EEUU trata de regresar a Oriente Prximo realinendose con Arabia Saud e Israel; es decir, alimentando ocupaciones, invasiones, guerras y conflictos que no podr controlar y cuyas vctimas, como siempre, sern mayoritariamente palestinas plebeyas (y de paso algunos plebeyos estadounidenses y europeos que sufrirn las consecuencias del terrorismo renovado). Obama fue una maldicin para Siria, porque se la entreg, junto con Iraq, a los rusos y los iranes, pero evit o retard otros males; Trump es una maldicin para los sirios y adems para toda la regin y para el mundo entero, incluidos los propios EEUU.

La tercera reflexin tiene que ver con las lneas rojas que Trump, al parecer, ha cruzado. Algunos dicen que, despus de todo, la Jerusaln ocupada era de hecho la capital de Israel, que sobre el terreno no cambia nada, que su declaracin es puramente simblica. Eso es verdad, a condicin de que tengamos en cuenta lo que quiere decir simblico en este caso (o en todos los casos: podemos representarnos lo que hubiera significado un reconocimiento estadounidense de la repblica catalana?). No olvidemos que los palestinos, privados de todo su territorio por la ocupacin y colonizacin israel (como prefiere llamarla Ilan Papp), no pueden ya disputar otro territorio que los smbolos. Y no me refiero a los smbolos religiosos, frgil nitroglicerina que Trump y Netanyahu quieren hacer estallar, sino a los nombres de las cosas; a la formalidad; a las leyes internacionales como ltimo suelo patrio al que aferrarse.

Es muy importante. No se trata de que el reconocimiento de Jerusaln como capital sea ilegal. Todo es ilegal en Palestina desde hace 70 aos. Es ilegal la ocupacin de territorio no incluido en el injusto reparto original; son ilegales las colonias; es ilegal el muro; es ilegal el bloqueo de Gaza; es ilegal la prohibicin de retorno de los refugiados. Todas estas ilegalidades han sido tcitamente consentidas, cuando no promovidas bajo cuerda, por esa alianza interestatal contra la justicia encabezada desde 1967 por EEUU. Por lo dems, tambin lo sabemos, no haba ningn proceso de paz en curso o ninguno digno de ese nombre; y la solucin de los dos Estados estaba muerta desde Oslo. No se trata de esto. Decamos ms arriba que la potencia simblica de Palestina resida en su poder para revelar el fracaso, siempre actual, del orden jurdico internacional, pretendidamente pacfico, democrtico y de derecho, surgido de la segunda guerra mundial. Trump, asumiendo pblicamente formalmente, simblicamente la ilegalidad que hasta ahora EEUU se haba limitado a consentir, asume como un hecho ese fracaso, declara en Palestina el fin material de ese orden y el establecimiento de un estado de naturaleza o de guerra en el que el Estado de Israel se yergue, incluso formalmente, como el nico Estado posible, pasado, presente y futuro, en la tierra de Palestina. Todos sus predecesores saban muy bien lo que estaba en juego y evitaron con prudencia este paso; y no es una exageracin hablar de una nueva Nakba para los palestinos. Trump ha robado a los palestinos su ltima tierra: el nombre de Al-Quds, la legalidad nombrada y siempre escamoteada. Trump ha matado el nombre mismo de la paz y todos pagaremos las consecuencias.

Un medio satrico francs escriba: Trump apoya la solucin de dos Estados: uno judo y otro americano. Por desgracia la regin crepita de estados: estados fallidos, estados a punto de fallar, estados demasiado exitosos, estados armados hasta los dientes por Europa y EEUU. No s si podemos medir lo que significa que Palestina vuelva de pronto al centro de la atencin de este modo y en este contexto. Deca al principio que casi todo el mundo apoya a o simpatiza con Palestina. Esto quiere decir que en Oriente Prximo gente muy distinta, con proyectos muy diferentes, estn de acuerdo contra Israel y su empresa colonial en pleno siglo XXI. Los yihadistas tienen razn en Palestina, Hamas tiene razn en Palestina, los nacionalistas rabes tienen razn en Palestina, Irn y Hizbullah ocupantes de Siria y asesinos de palestinos sirios tienen razn en Palestina; como la tiene la gente normal que quiere un poco de justicia social y democracia en Palestina y en toda la regin. Que una Palestina ya sin esperanza, en el nuevo avispero regional, se convierta otra vez en el campo de batalla donde se combaten asesinos que tienen razn y asesinos que no la tienen deja fuera de juego definitivamente las aspiraciones de paz, democracia real y justicia social expresadas hace siete aos. Ese es el verdadero acuerdo interestatal que Israel y Arabia Saud, mientras les hacen la guerra, han firmado con sus enemigos.

Quien gana? nicamente Israel, al que slo le preocupa el tiempo, y a corto plazo las otras dictaduras rabes, incluidas la rusa y la iran, enconadas en la nueva geopoltica del desastre. Quin pierde? Por supuesto los palestinos, expuestos de nuevo a las balas y bombardeos israeles y alejados como nunca de su sueo de liberacin, pero tambin pues Palestina es el smbolo y la matriz de todo orden, existente o futuro la posibilidad de un nuevo acuerdo interestatal fundado en el respeto a los Derechos Humanos y, por lo tanto, en la descolonizacin completa de Oriente Prximo. No sirve de nada decirlo, salvo porque las palabras son tambin reales: Europa, responsable original de este desastre y que pagar caras las consecuencias, no har nada en esta direccin.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2017/12/10/trump-jerusalen-una-declaracion-guerra/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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