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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2017

Paz y crisis, convergencias y disyuntivas

Cristian Hurtado
Agencia Prensa Rural


Culmina el Fast Track con resultados por todos y todas conocidos. Quedan en pie preguntas, y necesarias pese a lo arriesgadas sntesis de la situacin creada y desarrollada hasta ahora. Una de ellas ser: Realmente apoyaron el s en el plebiscito los sectores que hoy se oponen a la implementacin normativa de un acuerdo que pblicamente dijeron respaldar? Si lo hicieron, y ahora se oponen o sabotean la implementacin, responde esa actitud al clculo poltico, electoral en el que la paz ya no ofrece rditos? Se trata entonces, de una desbandada por razones electorales de sectores de la Unidad Nacional? O, por otra parte, La situacin refiere, ms bien, una conveniente aprobacin pblica, y desaprobacin solapada de los acuerdos que se mantuvo alimentada por el clientelismo hasta ahora, que dicha mermelada disminuye?

La cuestin se hace ms compleja al detallar los reagrupamientos propios de la disputa presidencial. Sin negar el pragmatismo, el clculo poltico y el clientelismo como elemento medular de la reproduccin del rgimen poltico colombiano, pretendemos indicar que de fondo, estamos ante la reconstruccin y refrendacin de un consenso estratgico de la vieja poltica. Ello no niega, al contrario le da mayor relevancia, a los matices del consenso en su proyeccin inmediata.

Rendicin y entrega

Sera un error pretender que la continuidad de la guerra es un asunto incentivado desde cualquier tendencia de la clase poltica tradicional. El fin de la confrontacin Estado-Insurgencia implica, desde su perspectiva, la legitimacin del orden social vigente, proyecta nuevos campos en extensin y profundidad para la reproduccin de capital y permite regular, canalizar, la conflictividad social y poltica. Otro asunto es la naturaleza de la finalizacin y sus alcances. En ellos, la lgica de la derrota militar y poltica del actor insurgente mediante la fuerza, y el posterior disciplinamiento agrupa la extrema derecha. Por otra parte, est la visin de la negociacin en una perspectiva de mayor internacionalizacin de la economa nacional mediante el modelo extractivo y productor de materia prima sin valor agregado -, una negociacin que a nivel poltico, antes que un gesto humanitario, proyecta la transformacin del conflicto, y en dicho contexto, la absorcin sistmica del actor insurgente armado. Es decir, reducirlo, al juego de la democracia ms antigua de Latinoamrica.

Valga anotar, al respecto, como de la implementacin los aspectos ms avanzados son los referidos a la creacin y reconocimiento del partido poltico nacido del acuerdo de La Habana, la bancarizacin de los excombatientes, la amnista e indulto, la seguridad a las ZVTN, PTN y ahora- ECTR, las curules, y la disposicin logstica y jurdica para la dejacin de armas y destruccin de armamento. Los aspectos referidos a modificaciones asociadas a las causas polticas, sociales e inclusive culturales la verdad y la memoria son justamente aquellos cuya condicin es menos que preocupante. Ello no implica, desde luego, sugerir que siquiera en estos puntos la implementacin fue efectiva o satisfactoria.

El problema de la tierra

No existe y si se vislumbra se trata de cinismo y demagogia, una diferencia de perspectiva ante el aparato productivo nacional entre las facciones de la clase poltica incluido Fajardo, De La Calle y las Lpez -. La lgica extractiva, primarizada y la perspectiva de nuevos campos para la cosecha del sector especulativo son elementos transversales del consenso estratgico que sealamos. Ello, sin embargo, no puede negar un desacuerdo esencial: la circulacin de la tierra como factor productivo y de acumulacin. Mientras el sector vinculado a la tenencia de grandes reas de tierra, improductivas o sub explotadas, proyectan va rentas conservar la estructura agraria latifundista y de all la oposicin a la ley de tierras, la desfiguracin del acuerdo referido a Reforma Rural Integral. A contramano, la perspectiva del acuerdo desde un sector de la clase poltica, consistir en la institucionalizacin de dicha estructura agraria legalizacin de la propiedad, actualizacin catastral en perspectiva de consolidar un mercado, moderno, de tierras que, por lo dems, permite la vinculacin del sector financiero al mismo.

Disciplinamiento o cooptacin, legitimacin de un rgimen en crisis y descomposicin

El clientelismo se erige en el aspecto cohesionador de los agrupamientos de clase. Se podra afirmar, enfrentamos a dos facciones de clase que comparten un consenso estratgico, matices y divergencias ante temas importantes de orden poltico y econmico, pero con iguales crisis de liderazgos y cuyo agrupamiento hace converger actores polticos sin capacidad de dirigir un proyecto de derecha o extrema derecha de largo plazo. Esa contradictora condicin deriva en la fluctuacin de un campo a otro, y la facilidad de agrupamientos auspiciados para la mayora de los polticos por la conveniencia y la lgica transaccional.

Abstencionismo, desprestigio generalizado de los partidos en todas sus formas y manifestaciones, que incluso arrastra al campo alternativo -, la altisonante y progresiva evidencia pblica del grado de penetracin de la corrupcin en todas las ramas carteles? del poder pblico. An, pese a ello, el rgimen poltico, logra reproducirse, y mantener un cierre estructural a nuevas formas de representacin, construccin y prctica poltica la negacin de las circunscripciones especiales, la crisis del sujeto juvenil en casi todos los partidos allende su adscripcin ideolgica, la cacera estatal contra las consultas populares, y la imposicin normativa de la forma partido como mecanismo de participacin son hechos patentes de lo anterior. La visin individual de la actividad poltica, desplaza y niega actores colectivos que han emergido al margen del sistema poltico, justamente por su hermetismo, y que han ganado en las calles un lugar en el rgimen poltico que se sigue negando lo demostr ampliamente la vergonzante dinmica de la reforma poltica.

Desde luego, que la derivacin de esto es el discurso de mano firme que algunos sectores han abanderado, la lgica de acentuar los rasgos autoritarios del rgimen poltico. De nuevo, el matiz emerge, en una lgica no menos autoritaria, pero aderezada con la cooptacin, la dilacin y el desgaste de las agendas y acciones sociopolticas del campo popular, del que no est dems afirmar, sufre hoy dicho desgaste y pierde cada vez ms capacidad de accin, de convergencia, y pasa de una dispersin creativa, a una dispersin que le hace presa fcil de la cooptacin o inmovilidad. Son, desde luego, dos perspectivas que comparten en lo fundamental, la visin de regulacin de la conflictividad social, y su desactivacin como necesidad ante la perspectiva de legitimar el modelo poltico, y profundizar el modelo econmico vigente. Esta necesidad de legitimidad se hace cada vez ms urgente, habida cuenta de la delicada situacin fiscal del pas, producto del congelamiento del crecimiento econmico, y la descomposicin institucional que de manera progresiva se hace pblica en el pas. Neutralizar las alternativas, asfixiar o cooptar la alternativa, es condicin sine qua non para legitimar y profundizar el proyecto de la vieja poltica.

Aspectos de perspectiva

Ante un panorama de este tipo, no est dems sugerir algunas vas de anlisis que puedan contribuir al discernimiento de un momento tan complejo, e importante, como el actual:

Retomar la visin del acuerdo de la Habana como agenda inicial, de transformaciones sociales y polticas. Renegando, de eso s, de la lgica y lenguaje de derrota que a veces doblega a quienes asumimos la paz como nuestro proyecto poltico. Los acuerdos de la Habana son un instrumento programtico de primer orden, y de su desarrollo, se abren o cierran, posibilidades de transformacin hacia el buen vivir de las gentes del comn. Todo elemento programtico, por su naturaleza, se acompaa de diversos mecanismos de ejecucin. As como en su momento se deca que lo que no se logra en la mesa de dilogos, se ganar en las calles, hoy vale la pena afirmar que lo que ha sido negado del acuerdo mantiene su vigencia, y se convierte en agenda de trabajo del campo alternativo, y por tanto, es una bandera a agitar en los diversos espacios de construccin e incidencia que ganemos como actor alternativo. Finalmente, la verdad completa del conflicto y todos sus actores, no la ponemos en duda, y la mutilacin de la JEP, no puede derivar en deponer esa exigencia.

Enmarcar la disputa del acuerdo, como una disputa constituyente en clave de construccin de una alternativa de poder: Es decir, enmarcar la crisis del proceso de implementacin como evidencia de una crisis general del ordenamiento del poder en Colombia, y en ello, de las alternativas antagnicas que ante dicha situacin se perfilan. Esto es, abandonar la lectura de un actor traicionado en lo acordado que de facto solo llama a la desazn y la tristeza, que, juramos, nunca ir unida a nuestros nombres- a la de un actor agente de transformaciones que, como en toda disputa poltica, atraviesa dificultades para proyectarse como opcin de poder y que, por tanto, no reduce su margen de accin a sus dificultades, sino ms bien, a crear nuevas realidades polticas y coyunturas.

Retomar la perspectiva de movimiento

Quiz una de las preguntas ms acuciantes hoy, es la pregunta por el movimiento real, por el proceso, por el sujeto de las transformaciones. Es decir, por el proceso constituyente, esa combinacin de movimientos y posiciones.

Hay que seguir juntando rebeldas, hay que seguir con alegra como bandera. Las luchas que siguen, son las libertades que faltan.


Fuente original: http://prensarural.org/spip/spip.php?article22443


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