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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2017

El pacifismo musculado

Gregorio Morn
Crnica global


Las campaas electorales no son buenas para la inteligencia. En general, sacan lo peor de nosotros mismos, y cuando nos referimos a los partidos polticos exhiben mentiras intragables. Hemos abierto la campaa con genialidades diversas: desde el temor sobrevenido al pucherazo hasta la confesin de la siempre irritante Marta Rovira sobre los muertos que se evitaron por su buen hacer y su transigencia pacifista. Cada vez que habla esta mujer, y si es en castellano doblemente, uno toma conciencia de las peligrosas consecuencias de la inmersin lingstica. No se la entiende y confunde las concordancias como si en vez de vivir en Vic acabara de llegar de Kosovo.

No es que hable mal, es que no sabe expresarse y eso suele suceder cuando el carcter de ideas que maneja son tan pedestres que convierte en inevitable el que se exprese deficientemente, con ese gorgorito -tarann, diran por aqu- que la convierte en un personajillo recin recuperado para la poltica pero que an no ha salido de lo suyo, funcionaria inveterada atenta a sus jefes. Habra que detenerse algn da en analizar por lo menudo cmo esta casta funcionarial de tercera fila ha llegado a copar unas responsabilidades que van mucho ms all de sus entendederas y que probablemente sean el germen del lo en que nos han metido a todos.

En cierta medida la mediocridad mental y el infantilismo verbal de esta chica la convierten en representativa de los tiempos que corren y de los responsables del rebao. Escucharla debatir es un ejercicio cansino de bajo voltaje slo apto para mentalidades blindadas a la estupidez. No discute sino que tertulia, pero en sus carencias est su valor emblemtico. Lo que ella dice, enunciado por una xiqueta de Vic con posibles, lo ha discurseado el abad Junqueras con maneras de misacantano. Retengamos el relato en este punto, porque al ser relato estamos trabajando sobre el imaginario, sobre lo que quieren decir pero no expresan con contundencia, como ocurre con la mala literatura. "Nosotros somos buena gente". Es decir, los dems no lo son tanto, o de ninguna manera, porque de ser "buenos" estaran con nosotros, seran de los nuestros.

La falacia ms escandalosa de estos "buenos" por autodefinicin se constata en la desfachatez de poner en duda la limpieza de las prximas elecciones antes de que se celebren. Hay que tener una jeta de cemento armado para cuestionar apenas empezada la campaa unos comicios que en primer lugar los ha convocado el adversario porque ellos se negaban a hacerlo por miedo, por estrechez de miras y porque consideraban que bastaba con aquella pantomima de referndum donde las listas electorales estaban trucadas, las mesas monopolizadas y la candidez del personal tena a gala ejercer de masa arrebatada.

Despus de lo vivido en los ltimos aos, uno est hecho a todo, pero hay una cosa que causa pasmo, tanto ms que se ha convertido en recurso para engaabobos. El pacifismo. Todo es pacfico y si alguien lo cuestiona ser agredido. Cabra llamarlo "pacifismo musculado". Si exceptuamos a la Guardia Civil y los "fachas", terminologa que abarca a todo aquel que se proponga opinar algo diferente al canon nacionalista, fuera de esto, todos los dirigentes son adalides del pacifismo. En el colmo de la desvergenza hay incluso un lder de ltima hora, beneficiado por el corrimiento de escala, que compara los gestos de Los Jordis como un homenaje a Rosa Parks, aquella afroamericana que se sent en la parte del autobs reservada para los blancos. O metemos el sentido comn, no ya la razn, o acabaremos enzarzados en la ms surrealista de las pendencias. La de los cnicos.

Pacficamente y por obligacin, el president Pujol prohibi que en los patios de las escuelas, no le bastaba con las aulas, los nios no hablaran el idioma de sus casas. Cualquier objecin a esta medida era una reminiscencia del franquismo, autntico paraguas que les protege de la lluvia o del sol. Hoy las opiniones han vuelto al mbito de la privacidad porque enunciarlas provoca una reaccin del pacifismo musculado que va desde el despido, el aislamiento o colgarte de un puente, en efigie, ya desearan poder hacerlo en vivo y en directo, con TV3 rodando y Catalunya Rdio transmitiendo. O quemarte la casa porque exhibes otra bandera. Son pacficos mientras t te callas, slo cuando te expresas entra con toda su fuerza el carcter musculado de la respuesta. El dficit democrtico de la sociedad catalana en los ltimos aos se ha convertido en una especie de espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Todos ejercen de pacficos mientras no cuestiones su violencia. Esta sociedad necesita ms psiquiatras que lderes cobardes con patrimonio.

Fuente: https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/sabatinas-intempestivas-gregorio-moran/pacifismo-musculado_105824_102.html



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