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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2017

Conversacin con Manuel Blanco Chivite, editor del libro de Ion Arretxe Intxaurrondo, sobre la tortura que sufri el escritor
Hay una parte de la poblacin amplsima que acepta la tortura, e incluso la pide

Cristina Fallars
La Marea


La narracin ms sorprendente y admirable sobre la tortura que he ledo es un libro titulado Intxaurrondo. Lo escribi Ion Arretxe (Rentera, 1964) y lo public Manuel Blanco Chivite (San Sebastin, 1945) en El Garaje Ediciones. Chivite dice que lo ltimo que hizo en su editorial fue descubrir el enorme talento de Arretxe. A Ion lo torturaron durante das en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo. A Manuel Blanco Chivite, en los despachos de la Brigada Poltico Social franquista. Esta conversacin podra haber sido con Arretxe, pero Arretxe muri en marzo de este ao.

Cuando le Intxaurrondo pens que nunca haba ledo algo semejante sobre la tortura, esa forma de enfrentar violencia y dolor con inteligencia.

l sola decir que haba tardado 30 aos en poder escribirlo. No en contarlo, porque en realidad, l cont lo que le haba sucedido en Intxaurrondo en cuanto sali de la crcel. Lo hizo inmediatamente: en el mismo hotel donde se hosped para esperar a que su hermana llegara a recogerle, encontr a dos chicas desconocidas. l les pregunt si se hospedaban en el hotel, le respondieron que s, y result que eran de Bilbao. Os puedo contar una cosa que me ha pasado?, les pregunt. Y les cont las torturas.

Y luego necesit 30 aos ms para poder contarlo de otra manera.

Luego lo cont muchas veces, incluso al juez, que no le hizo ni puto caso. Pero tard 30 aos en escribirlo. Necesit ese distanciamiento para, digamos, superar el trauma, o los elementos de rabia, viscerales Para alcanzar la obra de arte, la esttica.

Una forma de superacin?

l deca: Yo ahora veo a aquella gente [a los torturadores] como cuando se mira el espejo retrovisor en un coche que avanza hacia delante, ah los veo, cada vez ms pequeos, atrs y pequeos.

Ese distanciamiento le permite jugar con el elemento del humor, que haya humor. En la situacin ms dramtica hay humor, como el momento en el que se inventa un comando o un zulo solo para que le den un pitillo.

El humor est en la escena en s, y no digamos ya en la prosa, pero en lo que sucedi. l se va inventando sobre la marcha porque quiere evitar el dolor se inventa un zulo, un comando, se inventa no s qu armas y ellos poco a poco se van dando cuenta hasta que le dicen coge esa pistola y no sabe coger el arma, porque ni siquiera haba hecho la mili.

S, humor, pero las torturas que describe son siniestras.

Para empezar, le meten en un saco y lo envuelven con cinta de precinto como una momia y le dejan fuera del saco la cabeza y las manos. Rasgan el envoltorio para sacar las manos porque al introducirlo en el ro para ahogarlo, la coloracin de las uas da informacin sobre si est a punto de morir o no. Para controlar el terror y la muerte. El hombre es como una momia con las manos a los costados sueltas. Entonces lo introducen en un ro, as, durante la noche, que es como probablemente muri Mikel Zabalza esa misma noche. Lo que hay en l es una superioridad humana, insisto, humana.

Esa superioridad humana frente al torturador la muestra sin mostrarla.

La expone, est ah, solo eso, no hace panfleto, no hace poltica, por as decirlo. No hace ms que narrar, y lo que se percibe es la superioridad humana de un hombre que est ah sometido a esa tortura y en un momento dado se inventa lo que sea. Y ese invento tiene un aire de retranca.

Leyendo a Ion desaparece la suposicin de inteligencia en el torturador, queda solo la obediencia animal.

Es la obediencia debida. Si uno lee los protocolos de la tortura de la Inquisicin, son exactamente los mismos que los de la Brigada Poltico Social franquista. Y los mismos que la tortura en la actualidad, en este Estado monrquico. Consiste en lo siguiente: Nos obligas a hacerlo. Cuntanos lo que nos tienes que contar y ya est, pero no nos obligues Nos vas a obligar a hacer esto. Nos vas a obligar a hacer esto. En los protocolos de la Inquisicin era lo mismo. Se deca: y si insiste el interrogado en no contar la verdad, y se produce derramamiento de sangre, la responsabilidad de este derramamiento o muerte ser del interrogado.

Ha dicho en la actualidad.

Lo terrible es que, en los ltimos 20 aos, en este mundo en el que vivimos, la tortura no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado.

Por qu no hablamos de ello?

Porque hay una parte de la poblacin amplsima que la acepta, e incluso que la pide. No contra ellos, sino contra quienes considera sus enemigos.

De verdad cree que la piden?

Lo creo de verdad porque lo he odo pronunciar en voz alta. Pero no en pblico, cuidado Y porque se vota insistentemente a partidos que ejercen la tortura.

En qu mbito lo ha odo?

Pues hasta en un bar de men del da, vamos. Y tambin lo he odo en algn gabinete de prensa de algn partido que tiene diputados. Es ms, Intxaurrondo no se ha reprobado socialmente. En el campo del periodismo, los periodistas de determinados medios, los que podramos llamar periodistas polica, que hay muchos, estn perfectamente al cabo de la calle de las torturas que se han hecho en este pas, desde la Brigada Poltico Social hasta Intxaurrondo o en los aos 80 o 90 o 2000. Lo saben perfectamente.

Y por qu lo callan?

Lo ocultan porque lo aprueban y lo callan porque lo aprueban. Quien calla la existencia de la tortura no lo hace porque cree que no existe, sino porque conscientemente la oculta. No hay nadie, nadie en Espaa, ninguna persona con un oficio o profesin pblica de informacin que no sepa que en Espaa se ha torturado y que se siguen dando casos de tortura hoy en da. Y aquellos que lo niegan lo hacen por ocultamiento, un deseo consciente de ocultamiento y en muchsimos casos por sus propias relaciones de inters con los gabinetes de prensa de los cuerpos y fuerzas del Estado del Estado, un nombre perfecto, no de la sociedad.

Por qu los grupos polticos no insisten en que salga a la luz?

Porque la sociedad est a favor de la tortura.

A favor o no quiere verla?

A favor, Cristina, a favor Y no quiere verla porque est a favor. Es una relacin hipcrita como otra cualquiera, como la seora que sabe que el marido viola a la hija y no quiere verlo.

Entiendo, se refiere a algo comparable a la violencia machista. De alguna forma hasta ahora no se ha permitido que se vea.

Es cierto que no se ha permitido. En el caso de la tortura, quienes no lo han permitido son la primera lnea que la aprueba y la ejerce. En sus mbitos gubernamentales la ejerce. Luego est el sector de el ciudadano que vota, que piensa que los aparatos armados del Estado tienen que cumplir unas funciones y ah est la educacin del cine, las series, la literatura, donde dicho cumplimiento les exige determinadas actividades moralmente reprobables pero necesarias para nuestra seguridad. Ahora mismo mientras hablamos se estn produciendo muertes bajo tortura en Siria, en Irn, en Pakistn, en Marruecos, en Afganistn, Israel y en todos estos pases se estn produciendo desapariciones bajo tortura.

Permtame que vuelva a la comparacin con la institucionalizacin de los millones de mujeres torturadas en hogares y burdeles. Se escapa al delito/castigo.

Se escapa del vaso. El vaso esencial donde radica la tortura es en los aparatos del Estado. Adems, hoy son tan numerosos y de ah se expande a la sociedad. Hay una hipocresa de no aceptacin de la violencia.

Y una herencia

La tortura forma parte de la cultura de la represin en Espaa. Hay que tener en cuenta que la dictadura fue econmica. Los militares solo se pusieron en marcha cuando los March, los Urquijo, etc., soltaron el dinerito.

Y manteniendo eso intacto se mantiene una forma de violencia constante contra una gran parte de la poblacin.

En el franquismo, desde fines de los 50 se produce una reconversin general de la economa y se desplaza de la Espaa agrcola a las grandes ciudades entre 6 y 8 millones personas. Hay que ver cuntos de ellos, en lugar de irse al andamio o a Alemania, deciden meterse en la Guardia Civil o en la Brigada Poltico Social []. Estoy hablando del perfil humano del torturador. Es un tipo repugnante. En el mejor de los casos, un psicpata. En el mejor de los casos Se trata de un castigo en trminos de poder social. Placa y pistola: la placa es impunidad y la pistola poder. Es un acceso al poder por la va rpida.

Cabe la posibilidad de que la tortura no deje mella?

S que dejaron mella en Ion. Lo que ocurre es que fue capaz de sanar. Me recuerda a algo que deca Virginia Woolf, que el gran escritor se desprende de las mellas, de la visceralidad, de lo inmediato para profundizar en lo que quiere decir. Para hacer universal su discurso. Para hacer arte, en definitiva. Es interesante en Intxaurrondo lo que tarda Arretxe en estar en disposicin de escribir algo tan estremecedor y al mismo tiempo tan humano y profundo. Es porque el tiempo le ha dado sabidura, distancia, y es importante, muy importante, la inteligencia.

A usted le torturaron hace 42 aos.

S, pas por los despachos de la Brigada Poltico Social, y no, no lo pas muy bien. Pero uno no puede vivir toda la vida en la tortura. De la misma forma que si una ha salido de un campo de concentracin no puede instalarse toda la vida ah.

Entonces la grandeza de Ion es que es capaz de sublimarlo y hacer arte con ello.

No es una escritura teraputica sino artstica. Cuando sale y se lo cuenta a esas dos desconocidas ya inicia, de forma espontnea, una cura por su cuenta. En el caso de Ion como en el de muchos ms, hay una opcin por la vida.

E imagino que un ejercicio individual, ntimo.

S. Es un ejercicio individual, tiene un componente social, pero es un ejercicio fundamentalmente individual. Por ejemplo, yo hice ma la idea de Ion del retrovisor, de ver cmo esas personas se van haciendo cada vez ms pequeas, quedan atrs y uno avanza.

Fuente: http://www.lamarea.com/2017/12/12/torturas-intxaourrondo/



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