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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2017

Entre las mltiples agresiones enfrentadas por las mujeres, est esa duda constante
Las sospechosas de siempre

Carolina Vsquez Araya
Rebelin

Las mujeres no son ciudadanas de segunda sino parte fundamental y muy valiosa de la sociedad.


Tena 18 aos y un embarazo complicado. Doloroso y cargado de riesgos. Mi mdico luch por evitar un aborto, pero al final termin llevndome al hospital a punto de morir desangrada. Era finales de los aos sesenta en un pas conservador apegado a la iglesia como la manera ms slida de validar sus prejuicios, y las instituciones del Estado no se libraban de esa visin fundamentalista. Recuerdo muy bien la mirada de la enfermera que me recibi en la sala de emergencia: dura, inclemente, acusadora, cargada de desprecio te lo provocaste, jovencita?. La rabia y la impotencia de la agresin en un momento tan crtico para una mujer como es perder un embarazo, es inimaginable. La imposibilidad de defenderse cuando ests ms vulnerable que nunca y dependes de otros, de su atencin profesional y objetiva, de su empata, de su sensibilidad humana, se agolpa en la garganta impidiendo pronunciar palabra.

Record este episodio casi olvidado pensando en cunta violencia enfrentan las mujeres en Guatemala y otros pases de la regin y el mundo, en todos los estadios que rodean su vida sexual y reproductiva. Vctimas de un sistema patriarcal tan inclemente y duro como la enfermera de mi historia, cualquier manifestacin relacionada con su capacidad reproductiva es objeto de duda y desconfianza. Las mujeres somos sospechosas desde el nacimiento y, a pesar de cunto hemos avanzado en la defensa de nuestros derechos, esa nube gris posada sobre nuestra cabeza permanece inalterable. Es as como miles de mujeres alrededor del mundo sufren condenas de prisin por haber abortado, no importando si la prdida fue voluntaria o espontnea, porque la culpa se instala a priori sin mayor investigacin.

Este castigo, injusto pero tolerado por amplios sectores de la sociedad, se aplica con especial saa contra las mujeres ms pobres, aquellas cuya falta de informacin y acceso a los servicios de salud y educacin las condenan al silencio y a la resignacin. Para ellas hay violencia incluso cuando dan a luz, porque ese procedimiento se realiza en las condiciones sanitarias menos apropiadas, enfrentando en cada parto un peligro de muerte. El Estado, cuya obligacin es proporcionarles una atencin digna y adecuada, est ausente para la mayor parte de ese sector de escasos recursos y, por ende, condenado a embarazos y partos de alto riesgo.

La actitud de desconfianza est tambin firmemente instalada en el momento de denunciar una violacin sexual, favoreciendo la impunidad de quienes cometen este vil crimen contra nias, nios y mujeres adultas. Considerada por algunos como una falta cometida bajo la influencia del alcohol, las drogas o el entusiasmo del grupo, la violacin sexual representa una de las mayores amenazas contra la integridad fsica y psicolgica de millones de mujeres alrededor del mundo. Sin embargo es a ellas a quienes se les exige revivir el episodio una y otra vez, ilustrando los detalles de su dramtica experiencia frente a policas, investigadores y juzgadores insensibilizados por un sistema permisivo y machista.

Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres han sido ignorados de manera deliberada por aquellos Estados sometidos a las presiones de la iglesia, pero sobre todo aliado de un sistema poltico y econmico que mantiene a la poblacin en la ignorancia, desinformada y sumisa con el fin de impedirle alcanzar el empoderamiento ciudadano indispensable para exigir el respeto de todos sus derechos. En este escenario, las mujeres enfrentan la doble tarea de romper los estigmas y demandar justicia.

Blog de la autora: www.carolinavasquezaraya.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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