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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2017

La crcel de Coronda, 40 aos despus
Expresos polticos enjuician a comandantes de Gendarmera por torturas y homicidios calificados

Sergio Ferrari
Rebelin

Un laboratorio que intent la destruccin de los detenidos


Los hechos se remontan al periodo 1976-1979. El escenario de los crmenes de lesa humanidad: la crcel de Coronda en la provincia argentina de Santa Fe. El juicio oral que comienza este 14 de diciembre y que podra extenderse hasta mitad del 2018, convocar durante una veintena de audiencias pblicas a casi un centenar de testigos querellantes. Los acusados1 son Adolfo Kushidonchi y Juan ngel Domnguez, quienes dirigieron el penal en el momento de los hechos en tanto comandantes de la Gendarmera, fuerza de seguridad de naturaleza militar.

Lo particular y novedoso de este juicio que se abre 40 aos despus de los eventos que lo motivan, es contar como parte acusadora a la Asociacin Civil El Periscopio2, que representa a los presos polticos3 que pasaron por Coronda durante la ltima dictadura, explica Luis Larpin, uno de los promotores de la causa.

El inicio mismo de este juicio oral es ya una victoria de la memoria colectiva. Durante mucho tiempo dudamos que se pudiera concretar este proceso, que tiene sus antecedentes en 1984, cuando se dan las primeras declaraciones de algunos de los exdetenidos, denunciando el rgimen de terror cotidiano, recuerda Larpin. Este proceso legal se convirti en una especie de maratn jurdico, con momentos de freno, relanzamientos momentneos y ahora, la etapa del envin final, precisa.

No faltaron en esta larga carrera obstculos de todo tipo: burocrticos, para estirar los trmites judiciales en el tiempo; legales, para intentar reducir la responsabilidad de los acusados con el argumento que cumplan rdenes en el marco de una cadena vertical de mandos; o bien pretextos formales como que las pruebas eran difusas.

Nuestra acusacin es clara, directa y tiene rostro humano. Est dirigida contra los responsables del rgimen carcelario de tortura cotidiana que soportamos los presos polticos y que llev a la muerte, en el mismo penal de Coronda, de los compaeros Juan Carlos Voisard, Ral Manuel San Martn y Luis Alberto Hormaeche, subraya Larpin.

Redefinir la tortura

23 horas de encierro por da; ningn tipo de lectura o entretenimiento permitidos, la actividad fsica o laboral en las celdas totalmente penalizada; aislamiento absoluto de los detenidos en Coronda del mundo exterior durante casi un ao -entre marzo de 1976 y febrero de 1977-; atencin mdica y odontolgica deplorables; el desprecio grotesco de los guardias como clave de la relacin con los detenidos; amenazas sistemticas de toda ndole; golpes corporales como norma; regulares requisas vejatorias; reglas punitivas totalmente arbitrarias que conllevaban a la prdida de la visita o el recreo Sin olvidar el traslado de detenidos hacia comisaras y juzgados para torturarles, cuyo caso ms emblemtico fue el traslado hacia Rosario y posterior fusilamiento de nuestro compaero Daniel Gorosito.

Y el relato de Alfredo Vivono, presidente actual de la Asociacin Civil El Periscopio, es apenas, como l mismo lo subraya, una breve radiografa ilustrativa de ese rgimen carcelario inhumano al que pudimos sobrevivir solo en base a la resistencia colectiva, la unidad y la solidaridad incondicional que protagonizamos.

Una parte de esa cotidianeidad represiva y al mismo tiempo resistente, se plasm en 2003 en el libro Del Otro lado de la mirilla. Olvidos y memorias de expresos polticos de Coronda 4. Los relatos, escritos annimamente por unos setenta de entre ellos -pero en un proceso colectivo que involucr al menos a 150 exdetenidos-, constituyeron tambin la base de una iniciativa multimeditica que incluy una obra de teatro participativa y testimonial5, as como un video documental y una exposicin de elementos carcelarios.

Para asegurar la redaccin-difusin e inscripcin legal del libro, se cre entonces la Asociacin Civil El Periscopio, que promovi tambin centenas de intervenciones y actos pbicos, y que ahora es querellante colectiva en el ya denominado Juicio de Coronda. Un cambio de roles de nuestra asociacin que pas de la sensibilizacin pblica a la tramitacin jurdica para lograr el castigo de los responsables, subraya.

En algn momento, sigue reflexionando Vivono, en tanto colectivo de expresos tuvimos una idea casi generalizada y errnea sobre lo qu significaba la tortura. Recuerdo que, en presentaciones pblicas del libro, contbamos, por ejemplo, que permanecamos atados, vendados y desnudos y luego ramos torturados.

Los abogados que nos patrocinaban nos corrigieron radicalmente: las leyes y tratados internacionales consideran que el hecho de estar atado, vendado, incomunicado y ser maltratado, vejado, amenazado, constituyen ya formas de tortura. Y nos explicaban que esas condiciones inhumanas no solo fueron constatadas en centros clandestinos ilegales de detencin por donde pasaron miles de detenidos-desaparecidos6, sino tambin en las crceles legalizadas, una de las cuales fue Coronda.

La justicia reparadora, esencia democrtica

Coronda, fue el nico establecimiento carcelario en esa poca que estuvo dirigido por la Gendarmera y no por personal de Institutos Penitenciarios, recuerda Augusto Saro, otro expreso poltico activo promotor de Del otro lado de la Mirilla.

Elemento adicional que prueba que nuestro penal se convirti, como parte de un plan framente elaborado por los militares, en un laboratorio de prueba de los ms diversos mtodos de destruccin fsica, psquica y moral de la persona. En ms de una oportunidad el hoy enjuiciado comandante Kushidonchi afirm con arrogancia: de aqu saldrn muertos o locos, recuerda Saro.

Y de all el valor esencial de este proceso en marcha. Arribar a esta instancia de juicio oral despus de cuadro dcadas de producidos los hechos demuestra claramente la decisin de la sociedad civil argentina de no cesar en la bsqueda de la verdad y la justicia. Y enmarca este juicio en el complejo contexto poltico actual que vive Argentina. Se trata de un momento en que el poder poltico y los medios hegemnicos de comunicacin intentan persuadir a la opinin pblica de la necesidad de no mirar ms hacia el pasado, de cerrar la etapa horrenda de la dictadura militar de 1976 a 1983. Actitud que se explicita, por ejemplo, en presiones sobre algunos magistrados que siguen promoviendo, ejemplarmente, investigaciones sobre crmenes de lesa humanidad, una tipologa que no admite ni perennidad ni impunidad.

Los que promovemos el Juicio Coronda estamos convencidos que no se puede hablar de Estado de derecho sin independencia de los diversos poderes. Pero, sobre todo, que es imposible construir una sociedad realmente democrtica sin llegar a una justa condena de todos los responsables del genocidio perpetrado por la dictadura cvico-militar, subraya. Porque est comprobado que la impunidad envalentona a los genocidas que no dudan en justificar sus crmenes e inclusive conspiran contra la vida democrtica, acota.

Por los que no estn

A los que participarn como testigos en los prximos meses, nos mueven ideales de justicia verdadera y definitiva. Es decir, un ejercicio curativo, sanador, no solo de los que estuvimos presos en Coronda. Sino tambin de nuestras familias que soportaron de igual forma vejmenes sistemticos7, subraya Guillermo Martini, quien ser uno de los primeros en declarar en la segunda semana de diciembre.

Pensamos tambin en todos los presos que vivieron tormentos en numerosos centros de detencin, legales o clandestinos, durante esa horrorosa etapa de la vida institucional del pas, enfatiza.

Sin olvidar en especial, al Gringo Voisard, dirigente sindical de pueblo chico con su gorrito ladeado y su risa franca. Al Palito Gorosito, con sus convicciones innegociables y su gran humildad. Al Negro Hormaeche, con su militancia sindical y su msica. A Ral San Martn, obrero metalrgico a quien los carceleros dejaron morir con un cuadro agudo de meningitis.

Y el recuerdo-homenaje no puede limitarse a nombres individuales, insiste Martini. A nuestro lado estarn nuestros hermanos y familiares que ya no viven y los miles de compaeros y compaeras que se jugaron por una patria inclusiva, para todos, y que perdieron su vida o su libertad en el intento de realizarlaEn su memoria, nuestro compromiso por la Memoria y la Verdad, con Justicia, concluye.

Notas:

1 El tercer involucrado en la causa, el tambin comandante de Gendarmera Octavio Zirone, falleci en 2014

2 El nombre de la Asociacin viene de periscopio, instrumento de vital utilidad para la resistencia en Coronda. Consista en un minsculo trozo de vidrio, pegado sobre masa de pan oscurecida con ceniza y encapsulado parcialmente en plstico verde obtenido de las tapitas del tubo de dentfrico. Era sostenido por una paja de escoba. Se sacaba por los agujeros de la parte inferior de la puerta de la celda, para controlar los movimientos de los guardia-crceles.

3 Se calcula que 1.153 presos polticos pasaron por Coronda entre 1974 y 1979, fecha de su cierre en tanto centro de detencin para detenidos por causas polticas, gremiales y estudiantes.

4 El escritor uruguayo Eduardo Galeano, fallecido en 2015, escribi en el eplogo del libro: Este testimonio de los presos de Coronda es otro aporte al rescate de la memoria colectiva. Ella respira, escondida bajo la amnesia obligatoria. El libro fue presentado a partir del 2003 en ms de un centenar de actividades pblicas realizadas tanto en Argentina como en el exterior: Suiza, Francia, Canad, Per

5 Coronda en Accin, propuesta por la periodista Mara Moreno, dirigida por Graciela Camino y cont con el apoyo del artista plstico Julio Flores. Fue presentada en diversas salas en el 2005 y 2006.

6 Organismos de derechos humanos calculan en 30 mil la cifra de detenidos-desaparecidos. Segn diferentes fuentes los presos polticos reconocidos oscilaron en 10 mil. En tanto hubo decenas de miles de exiliados externos e internos.

7 Los vejmenes contra los familiares fueron tan brutales como contra los detenidos. A pesar que a partir de 1977 en las visitas de escasos 15 minutos cada 45 das no haba ningn contacto fsico, a las esposas y madres de los presos polticos se les oblig en muchas ocasiones a desnudarse y ser objeto de requisas corporales que incluan el tacto vaginal. En miles de casos se enteraban al llegar a Coronda que no podran ver a su familiar por estar castigado.

Sergio Ferrari, periodista, as como el fotgrafo Jos Cettour, autor de las imgenes, son expresos polticos del Penal de Coronda y miembros de la Asociacin Civil El Periscopio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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