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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2017

Entrevista a Andreu Espasa sobre Estados Unidos en la Guerra Civil espaola (I)
La novedad de mi libro es el nfasis que se da a la influencia de Amrica Latina en la poltica de Roosevelt hacia la Espaa en guerra

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo


Con numerosas publicaciones en The International History Review, Estudios de Historia Moderna y Contempornea, LAven, mientras tanto y www.rebelin. org, Andreu Espasa de la Fuente es doctor en Historia Comparada, Poltica y Social por la Universitat Autnoma de Barcelona y miembro del Instituto de Investigaciones Histricas de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM). Nos centramos en esta conversacin en su ltima publicacin (Los libros de la Catarata, Barcelona, 2017), con prlogo de Aurora Bosch e introduccin de Josep Fontana.

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Felicidades por el libro. Me centro en l en esta entrevista y aviso al lector/a que me voy a dejar mil novecientas diez preguntas en el tintero. No queda otra. Djame explicar su estructura: prlogo, presentacin, siete captulos, un eplogo y bibliografa. 616 notas a pie de pgina, 11 pginas, a doble columna de bibliografa, cuntos aos de trabajo te ha costado este ensayo sobre Estados Unidos en la Guerra Civil espaola?

En primer lugar, muchas gracias por el inters y poder darme la oportunidad de poder hablar contigo sobre el libro. Esta obra es el producto de una larga investigacin, que empez en 2010 con el inicio de la tesis doctoral. Incluyendo varios intervalos de tiempo en los que no poda dedicarme a tiempo completo, me ha costado unos seis o siete aos de trabajo. A parte del gran trabajo de investigacin, debo confesar que tambin he invertido mucho esfuerzo en encontrar un estilo de redaccin fluido y transparente. Ojal lo note el lector.

Lo nota, se nota, yo mismo lo he notado. De dnde y por qu tu inters por este tema?

En 2007, con los primeros indicios de la crisis, empec a investigar sobre el presidente Roosevelt y su programa de reformas polticas y sociales, el llamado New Deal, las bases sobre las que se fund la versin norteamericana del Estado del Bienestar. Los paralelismos entre la Gran Depresin de los aos treinta y la Gran Recesin actual atraparon mi inters. En aquellos tiempos, escrib un breve trabajo sobre los intelectuales cercanos al Frente Popular estadounidense de la poca, concretamente sobre Lewis Corey, Arthur Rosenberg y Max Lerner. Lo que en aquel momento me pareci ms interesante eran sus propuestas para forjar alianzas antifascistas entre el movimiento obrero y la clase media progresista.

Tambin me pareci interesante estudiar las dificultades especficas del "frentepopulismo" en Estados Unidos. La tradicin poltica norteamericana tiene particularidades muy importantes. La ms notable es la ausencia de un gran partido obrerista de races marxistas. Ante esta situacin algo complicada, la izquierda norteamericana de la poca tuvo que apoyar de forma externa al gobierno de Franklin D. Roosevelt, alguien que, por su trayectoria, muy difcilmente podra ser considerado de izquierdas. Sin embargo, como se sabe, la Administracin Roosevelt se destac por implantar reformas sociales profundas, que, con el tiempo, se han convertido en conquistas legislativas populares que ni cuarenta aos de hegemona neoliberal han logrado borrar del todo.

En poltica exterior, a Roosevelt se le identifica, con razn, como el presidente que lider la contribucin norteamericana a la derrota del fascismo internacional. En cualquier caso, como no poda ser de otra manera, el periodo "rooseveliano" tuvo sus claroscuros. Entre estos, sin duda, destaca su posicin ante el conflicto espaol. Al impedir la venta de armas estadounidenses a la Espaa republicana, la Administracin Roosevelt tuvo que saltarse sus propias leyes de neutralidad y los principios bsicos del derecho internacional. Cmo era posible que el presidente ms progresista del siglo XX estadounidense hubiera contribuido de una forma tan notoria al asesinato de la democracia en Espaa? Esta pregunta gui los inicios de mi investigacin.

Debemos seguir utilizando la expresin "Guerra civil espaola"? Fue realmente una guerra civil?

Creo que todo el mundo est de acuerdo en que el conflicto fue, en muchos sentidos, una guerra civil. El problema es que no fue nicamente una guerra civil. Por eso la expresin "Guerra Civil espaola" es problemtica, porque parece eclipsar la importancia de la dimensin internacional del conflicto. Aunque los motivos que provocaron el inicio de la guerra fueron eminentemente nacionales, la duracin y el desenlace solo se pueden entender por los factores internacionales. Sin la ayuda de Hitler y Mussolini a Franco, la insurreccin militar hubiera fracasado. Sin el auxilio de la Unin Sovitica y de las Brigadas Internacionales a la Repblica espaola, Madrid habra cado en el otoo de 1936. Ms importante todava, la Poltica de No Intervencin de Francia, Reino Unido y Estados Unidos provoc un desequilibrio en el acceso al armamento militar que acab aniquilando las posibilidades de victoria del bando republicano. De hecho, la expresin "Guerra Civil espaola" siempre ha convivido con otras expresiones que son, en trminos histricos, algo ms precisas. Yo mismo, en el libro, combino varias expresiones: "conflicto espaol", "guerra en Espaa", "guerra de Espaa", etc.

Sin embargo, no soy partidario de abandonar completamente "Guerra Civil espaola". Hay que tener en cuenta que la denominacin de este tipo de conflicto muchas veces se explica por factores polticos y de memoria colectiva que no se pueden desdear. Pensemos, por ejemplo, en la historia de Mxico e Irlanda. El conflicto militar en Mxico durante la segunda dcada del siglo XX tuvo mucho de guerra civil, aunque tambin hubo una importante intervencin exterior por parte de Estados Unidos, que contribuy a definir el resultado final. Si hablamos de Revolucin Mexicana y no de Guerra Civil mexicana, se debe, en gran parte, a que, por diversos motivos, casi nadie reivindic el legado de Victoriano Huerta tras el conflicto. El caso irlands sera el opuesto.

La Guerra Civil irlandesa (1922-1923) no fue un asunto puramente irlands. El apoyo militar del Reino Unido al bando ganador fue crucial. La guerra dej escindida a la sociedad durante dcadas. Dos de los principales partidos irlandeses actuales, el Fianna Fil y el Fine Gael, provienen de este conflicto. Es la perduracin del conflicto en la memoria colectiva la que explica, en gran parte, que se hable de una "Guerra Civil irlandesa".

En Espaa, el conflicto todava provoca, ocho dcadas despus, importantes escisiones polticas y sociales, con lo que no deja de ser comprensible que la expresin "Guerra Civil espaola" siga siendo la ms popular. En cualquier caso, tampoco soy muy partidario de las batallas nominalistas. Creo que las expresiones "Guerra Civil espaola" y "Guerra de Espaa" pueden convivir de forma parecida al uso alternativo que hoy se da a "Guerra de Siria" y "Guerra Civil siriana".

La prologuista, Aurora Bosch, escribe: "Por otro lado, en lo que resulta su aportacin ms original: qu papel jug en la evolucin de la poltica exterior estadounidense y en la poltica del Buen Vecino la repercusin de la guerra en Latinoamrica, especialmente en el cambio de postura hacia Espaa desde otoo de 1937. Esta es la conexin americana y, sobre todo, mexicana de la que habla el autor". Est bien visto? Esta es la aportacin ms original de tu investigacin?

Sin duda, como bien seala Aurora Bosch, este no es el primer libro sobre el papel de Estados Unidos en el conflicto espaol. Ella misma public un libro importante sobre la cuestin hace poco aos, que se sum a los existentes hasta el momento, entre los que cabra destacar los de Dominic Tierney y Richard P. Traina. La novedad de mi libro es, en efecto, su enfoque americanista, concretamente el nfasis que se da a la influencia que tuvo Amrica Latina en la poltica de la Administracin Roosevelt hacia la Espaa en guerra. En aquellos aos, cuando Estados Unidos estaba atravesando un gran debate de poltica exterior en el que se debata si era mejor consolidar la hegemona continental o asumir el liderazgo mundial, la guerra en Espaa se juzg a partir de sus posibles consecuencias en Amrica Latina.

A partir del otoo de 1937, Estados Unidos empieza a dudar de la conveniencia de mantener el embargo de armas contra Espaa. Estas dudas tienen que ver con lo que est pasando en Amrica Latina. El autogolpe de Vargas en Brasil con la creacin del llamado Estado Novo brasileo, de indudables resonancias fascistas- hace pensar que las potencias fascistas europeas pretenden extender su influencia geopoltica en el Hemisferio Occidental. En este caso, si Franco gana en Espaa, se cree que Berln y Roma tendrn un nuevo aliado til para provocar insurrecciones parecidas en las repblicas hispanoamericanas, que, por razones obvias, mantienen unos lazos de afinidad cultural y lingstica que las hace ms vulnerables a la influencia franquista. Desde entonces, Washington se plantear en numerosas ocasiones la necesidad de terminar con el embargo de armas contra Espaa para evitar una victoria franquista.

Josep Fontana abre su introduccin con estas palabras: "Solemos identificar a Franklin D. Roosevelt con el New Deal, esto es, con la poltica interior que salv la paz social en los Estados Unidos en una poca de crisis: pero su actuacin en el campo de la poltica exterior fue tal vez ms transcendente". S que hemos hablado de ello anteriormente pero djame insistir. En este mbito, en el de la poltica exterior, estuvo Roosevelt a la altura de las circunstancias? Lo estuvo en el caso espaol? Una cita con la que abres el libro, de Louis Fischer (de 1941), seala alguna crtica no menor. La de George Seldes, de 1970, es an ms rotunda: "fue Roosevelt, ms que cualquier otro individuo, el responsable, a travs del embargo de armas, de la destruccin de la Repblica espaola. Probablemente fue el mayor error que cometi el presidente, uno de los ms grandes errores de la historia".

En efecto, est es la clave del inters de este episodio histrico. Como bien dice Fontana, la poltica exterior de Roosevelt fue, como mnimo, tan trascendental como su poltica interior. Conviene recordar que, a finales de los aos treinta, haba una fuerte corriente de opinin en Estados Unidos, el llamado "aislacionismo", que era visceralmente contraria a la idea de reeditar la alianza con los dos grandes imperios democrticos del momento, Francia y Gran Bretaa. El mismo Roosevelt tuvo que gobernar en sus primeros aos respetando los principales aspectos del programa aislacionista: no pidi el ingreso en Sociedad de Naciones, intent no provocar excesivamente a Tokio y, en el mbito europeo, combin una actitud de aparente distancia ante el aumento de las tensiones intereuropeas con un apoyo indirecto a las polticas de Pars y Londres. Washington no se quera comprometer a una defensa militar del statu quo en Europa. Un ejemplo significativo de esta actitud fue la respuesta de Estados Unidos a la anexin de Austria por parte de la Alemania nazi en marzo de 1938. Washington cerr la embajada en Viena para abrir un consulado general una forma encubierta de reconocimiento diplomtico y traslad a las autoridades de Berln su principal preocupacin: Quin asumira a partir de entonces la deuda del Estado austraco?

Sin embargo, a finales de los aos treinta, sobre todo despus de los Acuerdos de Mnich de otoo de 1938, Roosevelt hizo un gran esfuerzo para reorientar la poltica exterior estadounidense hacia un mayor confrontacin con las potencias del Eje. Para lograrlo, tuvo que hacer frente a una enorme oposicin interna, una oposicin ideolgicamente diversa que iba ms all de los crculos conservadores. Hay una novela de Philip Roth, La conjura contra Amrica, que retrata de una forma muy interesante y verosmil una hiptesis de escenario histrico contrafactual: Qu hubiera pasado si Roosevelt hubiera perdido las elecciones de 1940 contra un candidato del movimiento aislacionista America First? Dada la popularidad del antisemitismo en los Estados Unidos de los treinta -en aquel entonces, las principales universidades privadas limitaban el acceso de estudiantes judos-, no se puede descartar que Washington hubiera permanecido al margen de los intentos para derrotar al fascismo internacional.

Este cambio en la poltica exterior de Estados Unidos, esta tensin entre el internacionalismo liberal y el "aislacionismo continental" continental en el sentido de que nadie propona aislar a Estados Unidos del mundo, sino limitar sus objetivos geopolticos al continente americano, esta transicin, decamos, es lo que David S. Haglund llam en su momento "la transformacin del pensamiento estratgico estadounidense". En este proceso de cambio, la Espaa en guerra jugara un papel decisivo y trgico. Por un lado, fue el ltimo episodio importante en el que Washington adopt una actitud comprensiva hacia las demandas y los engaos de las potencias fascistas. Por el otro, gracias al ejemplo de Espaa y a sus temidas consecuencias en los pases de Amrica Latina principalmente, en Mxico-, Roosevelt aprendi ciertas lecciones sobre lo que no deba volver a pasar y, sobre todo, encontr una lnea argumentativa de sntesis para superar el aparente bloqueo del debate geopoltico del momento. Gracias a Espaa, Roosevelt poda hacer pedagoga sobre lo que implicaba la amenaza fascista europea en Amrica Latina. A partir de la potencial amenaza del surgimiento de nuevos "Francos" latinoamericanos dirigidos por Berln y Roma, el problema ya no era elegir entre ser el lder de las Amricas o una nueva potencia mundial. Segn este nuevo escenario, lo que estaba en juego era la seguridad nacional. Si no se enfrentaba a las potencias fascistas en Europa, ms pronto que tarde Estados Unidos tendra que defender su frontera de conflictos militares inspirados en el eficaz ejemplo espaol. Intervenir en Europa se convirti en un requisito para la seguridad en las Amricas.

El primer captulo se titula: "La diplomacia norteamericana de entreguerras". Quines fueron los mximos responsables? Cules fueron sus finalidades ms importantes en ese perodo? Los diplomticos eran, como sealas, polticos frustrados?

Los diplomticos estadounidenses de los aos veinte y treinta del siglo XX tenan algunas caractersticas especiales. Por un lado, como en la mayora de pases, la carrera diplomtica era un feudo de las lites econmicas. En el caso concreto de Estados Unidos, este hecho sola venir reforzado por las peculiaridades del sistema poltico norteamericano. Al fin y al cabo, aunque plagado de sesgos de clase y de raza, los Estados Unidos de la poca no dejaban de ser un sistema bastante democrtico, en el que los lderes parlamentarios tenan que pasar por la prueba del voto popular. Esto tena el efecto de reforzar la tendencia a convertir el Departamento de Estado en un refugio de las lites. Los hijos de la clase alta, educados en las prestigiosas y exclusivas universidades del Ivy League de la Costa Este, pasaban por una dura y frustrante experiencia cuando intentaban hacer carrera poltica. Muchos de ellos no podan disimular su origen social de cuna dorada. Su aspecto y sus modales los hacan poco atractivos para la contienda electoral. Al fracasar en su intento de ser elegidos por las urnas, se refugiaban en la carrera diplomtica como una forma alternativa y segura de hacer poltica sin tener que competir en la arena de la confrontacin democrtica.

Los aos de entreguerras fueron aos muy importantes en la historia de la diplomacia estadounidense. En esta poca, se profesionaliz definitivamente la carrera diplomtica, con lo que se asegur que, independientemente de quien ganara las elecciones, la diplomacia norteamericana poda seguir unos consensos bsicos que seran ejecutados por unos profesionales comprometidos y experimentados. Adems, tambin fue un importante periodo de transicin. Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos era la primera potencia econmica. Sin embargo, se mostraba reacia a asumir un liderazgo claro a nivel geopoltico. En vez de implicarse en Sociedad de Naciones y coordinarse con el resto de potencias vencedoras, la diplomacia norteamericana se concentr en la promocin de la inversin extranjera y del comercio internacional. Se crea que, para asegurar la prosperidad estadounidense y favorecer la causa de la paz mundial, las naciones deban estrechar sus vnculos comerciales. Segn la llamada "teora liberal de la paz", la mejor forma de evitar las guerras era bajando las tarifas arancelarias. A mayor comercio internacional, se deca, mayor amistad entre los gobiernos del mundo. Entre los mximos responsables de esta poltica, habra que sealar al republicano Henry L. Stimson (secretario de Estado con Hoover) y al demcrata Cordell Hull (el sucesor de Stimson en la Administracin Roosevelt). Los dos, a pesar de numerosas diferencias, estaban comprometidos con la teora liberal de la paz y con el combate a las tendencias aislacionistas en la sociedad y en el Congreso. El aspecto progresista de este modo de entender las relaciones internacionales era la apuesta por un mundo relativamente desarmado, en el que la competencia por la hegemona mundial se definira por la capacidad de penetracin econmica en el exterior, no por el tamao de los ejrcitos. Conviene recordar que, en el periodo de entreguerras, Estados Unidos tena un ejrcito de tamao reducido.

El anticomunismo impregnaba esa poltica? Era importante el movimiento comunista norteamericano en esos momentos? Antes de la caza de brujas y del intento, parcialmente conseguido, de destruccin de la izquierda estadounidense?

Sin duda. La poltica exterior norteamericana del periodo de entreguerras tambin se debe entender como una respuesta al desafo sovitico. Incluso antes de finalizar la Primera Guerra Mundial, la Administracin Wilson estaba muy condicionada por su voluntad de contener y aplastar el experimento bolchevique. Cuando los revolucionarios rusos recin llegados al poder denuncian los tratados secretos entre las potencias aliadas, Wilson responde con unos objetivos de guerra claros, los famosos 14 puntos (los cuales inspirarn, veinte aos despus, los 13 puntos del gobierno de Juan Negrn). Con el fin de la guerra, Wilson y los soviticos se disputan tambin la bandera del derecho a la autodeterminacin para ganarse la opinin pblica mundial, tal y como ha sealado acertadamente el historiador Erez Manela. La promocin de la inversin extranjera y del comercio internacional en los aos veinte tambin forma parte de la apuesta para reducir los riesgos de nuevas revoluciones en el mundo.

Al fracasar la intervencin aliada en la Guerra Civil rusa, los Estados Unidos no dejan de intentar aislar a los soviticos. En los aos veinte, Washington tiende a interpretar cualquier desafo nacionalista en Amrica Latina por ejemplo, la revuelta de Sandino en Nicaragua- como el resultado de una maniobra encubierta de los soviticos. El anticomunismo del Departamento de Estado queda reforzado por la llamada Ley Rogers de 1924, por la que, entre otras cosas, se crea una escuela diplomtica en la que los alumnos reciben un fuerte adoctrinamiento anticomunista. Cuando Roosevelt llega a la presidencia en 1933, rompe parcialmente con la poltica seguida en los aos veinte y reconoce diplomticamente al gobierno de Mosc. El cambio est motivado por la conciencia de que los intentos de aislar a los soviticos han fracasado de hecho, los comunistas en el poder parecen ms consolidados que nunca y por la esperanza de que la apertura del mercado sovitico podra ayudar a superar la crisis econmica que sufre Estados Unidos. Sin embargo, muy pronto las relaciones entre ambos pases vuelven a congelarse, principalmente por el disgusto que cre en Washington la presencia de delegados norteamericanos en el congreso de la Internacional Comunista en agosto de 1935 en Mosc y por la insistencia de la Administracin Roosevelt en el cobro de las deudas contradas por el rgimen zarista.

El sentimiento anticomunista en Estados Unidos se deba, en parte, a una percepcin exagerada de la fuerza real de los comunistas norteamericanos. Sin embargo, lo que s estaba justificado era el pnico de las lites por la oleada de huelgas que vivi el pas justo al finalizar la Primera Guerra Mundial. En 1919, un muy joven Franklin D. Roosevelt, en aquel tiempo subsecretario de la Marina con Wilson, lleg a proponer un servicio militar obligatorio permanente como medio para combatir la amenaza comunista. De hecho, aunque es muy famosa la caza de brujas encarnada por el senador McCarthy a principios de los aos cincuenta, lo cierto es que la primera caza de brujas se dio en 1919, con las Redadas Palmer, que implicaron la deportacin de cientos de extranjeros acusados de subversivos. Entonces el sentimiento anticomunista estaba parcialmente animado por un fuerte sentimiento xenfobo contra los inmigrantes europeos del Este y del Sur de Europa: en 1924 se aprobara la primera gran ley de inmigracin con cuotas restrictivas en funcin del origen nacional. Para el conservadurismo estadounidense, los comunistas tambin representaban una inquietante impugnacin al sistema de dominacin racial. El Partido Comunista de los Estados Unidos fue, de hecho, la primera organizacin poltica predominantemente blanca que otorgaba un carcter prioritario a la lucha contra la discriminacin racial. Sobre los primeros aos del Partido Comunista, es recomendable ver el retrato que se hace en la pelcula Reds (1981) de Warren Beatty, basada en la vida del clebre periodista comunista John Reed.

A finales de los aos treinta, el Partido Comunista logra llegar al cenit de su influencia en la sociedad norteamericana. En aquellos aos, los comunistas alcanzan una notable influencia en el movimiento obrero, entre los estudiantes politizados y en amplios sectores intelectuales y artsticos. Es bien conocida la importancia que llegaron a tener entre los guionistas comunistas de Hollywood. La influencia de la izquierda norteamericana en el mundo de la cultura lleg a ser tan fuerte que, segn el historiador Michael Denning, se necesit una "guerra civil cultural" as define Denning a la caza de brujas de McCarthy para poder erradicarla de forma definitiva.

Varios factores favorecieron este crecimiento. Por un lado, la Gran Depresin sacudi fuertemente a la poblacin trabajadora y supuso un serio desprestigio para la ideologa capitalista. Adems, la estrategia "frentepopulista" aprobada por la Internacional Comunista en 1935 encajaba muy bien con las necesidades y peculiaridades del movimiento progresista estadounidense. La defensa de las libertades democrticas y de la unidad contra el fascismo resultaban muy apropiadas para un pas cuya identidad nacional estaba basada tericamente en valores republicanos e ilustrados. En este contexto, el activismo a favor de la democracia espaola jug un papel muy importante. Ya fuera en las colectas humanitarias para enviar comida y medicinas, en las campaas polticas para derogar el embargo impuesto por la Administracin Roosevelt o en los esfuerzos por reclutar voluntarios para la Brigada Lincoln, los comunistas demostraron un gran compromiso y eficiencia militantes, lo que sin duda contribuy a aumentar su prestigio entre la izquierda y romper con su anterior aislamiento sectario. Tambin es muy importante tener en cuenta que la solidaridad con la Espaa republicana les permiti ensayar una nueva forma de hacer poltica que iba ms all del mundo del trabajo. Los comunistas lograron implicar a los sectores de la clase media progresista a travs del North American Committee to Aid Spanish Democracy (NACASD), una plataforma de asociaciones liderada por un obispo metodista, Francis J. McConnell. A travs de la solidaridad con Espaa, los comunistas pudieron demostrar que su nuevo compromiso con la defensa de la democracia parlamentaria no era meramente retrico. Tambin pusieron en prctica su discurso antirracista. Aunque es un hecho poco conocido, lo cierto es que Espaa ocupa un lugar relevante en la historia de las relaciones raciales de Estados Unidos. Fue en la Brigada Lincoln donde, por primera vez, oficiales afroamericanos tuvieron bajo sus rdenes a soldados blancos estadounidenses.

Hablas en el apartado final del nacimiento de los appeasement en Europa y en Estados Unidos. Te pregunto sobre ello a continuacin. Un descanso para nosotros y para el lector.

De acuerdo. Descansemos.

Fuente: El Viejo Topo, noviembre de 2017



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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