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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2017

Elecciones regionales no plebiscitarias

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


De las pocas cosas en las que he estado de acuerdo con Zapatero es en aquello de que la nacin es un concepto discutido y discutible. El contenido se hace tanto ms confuso cuando nos movemos en la Europa actual, similar, por una parte, a un enorme puzzle cuyos territorios se han barajado demasiadas veces para formar distintas unidades polticas y, por otra, a un extenso espacio de emigraciones y de mestizaje, en el que resulta difcil -por no decir imposible- encontrar unidades homogneas y diferenciadas, sean cuales sean los criterios que se establezcan. No obstante, en esa bsqueda los nacionalismos grandes o pequeos han convertido a Europa, a menudo, en campo de desolacin, muerte y miseria. En contra de lo que nos pueda parecer en este momento, Espaa no ha ocupado un puesto aventajado en ese baile; sus contornos y fronteras desde hace siglos estn bastante definidos y su presunta diversidad interna es inferior a la de otros muchos pases.

Hoy se afirma continuamente que Espaa es plural. Con tanta o mayor razn se podra decir lo mismo de cualquier otro Estado, y otras regiones europeas podran aducir tambin iguales o mejores motivos para reclamar la independencia que Catalua. Toda entidad es plural. Desde su inicio, desde los griegos, la filosofa plante el problema de la unidad y la multiplicidad. Uno y mltiple son la cara y la cruz de una misma moneda. Catalua es tambin plural. No solo porque en estos momentos el secesionismo haya dividido en dos a la sociedad catalana, sino porque Barcelona, por ejemplo, es muy distinta de Gerona. De hecho, como pone de manifiesto un interesante artculo en el diario El Pas de Santos Juli, en la estructura administrativa de Espaa no existan hasta 1906 las regiones, solo las provincias. Fue en esa fecha cuando varios diputados catalanes demandaron al gobierno la agrupacin de las cuatro provincias en regin, lo que no se consigui hasta la Repblica.

La defensa de la Espaa plurinacional puede resultar una trampa de difcil salida que nos retrotraiga a estructuras de la Edad Media. Desde luego, la solucin no pasa por contraponer la Espaa grande y libre, tanto o ms errnea y que incurre en el mismo vicio identitario. Archivemos el trmino nacin, porque si se trata nicamente, como se afirma, de un concepto cultural, no tiene utilidad en la realidad poltica. Ms bien lo contrario, puede ser un peligro, ya que induce a confusin, y nunca sabremos si nos estamos refiriendo a la cultura o a la poltica. Hablemos de Estado, de Repblica, no en el sentido de forma de gobierno contrapuesto a Monarqua -que si se quiere, tambin-, sino como res pblica (cosa pblica). Estado compuesto, no de territorios ni de pueblos, sino de ciudadanos (citoyens), sin privilegios y con los mismos derechos. A los independentistas, y por contagio a los de Podemos, se les ha vuelto todo en hablar de los derechos civiles, pero los derechos civiles no son los derechos de los territorios, ni los fueros (privilegios) propios de una organizacin feudal, sino los derechos de los ciudadanos. El pensamiento nacido en la Ilustracin supera las estructuras medievales, los reinos de taifas y por supuesto tambin los planteamientos imperiales, para situar el problema poltico en la igualdad ante la ley, e incluso, tambin y muy importante, en una cierta igualdad econmica. Lo dems es retroceso y reaccin.

Europa se compone de Estados democrticos. Con un dibujo invariable, al menos en la parte occidental, desde hace 75 aos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ha sido esa constancia de diseo la que ha permitido una poca de paz y prosperidad. Desde luego, el mapa poda ser otro, pero es el que es, fruto si se quiere de guerras y tratados, pero cristalizado en constituciones que, con todos sus defectos, mantienen fundamentalmente los principios de la igualdad de todos ante la ley, el autogobierno (democracia) y en cierta medida los derechos sociales y econmicos. Cualquier cambio del diseo que se pretenda hacer al margen o en contra de esas constituciones supone abrir la caja de Pandora, retornar a los nacionalismos y romper el equilibrio conseguido a lo largo de todos estos aos.

La nacin, para justificarse, recurre a realidades identitarias y a supuestas constantes histricas o ms bien metahistricas. Los secesionistas catalanes estaran encantados, a no ser por quien era el autor, de predicar de Catalua la expresin que Primo de Rivera usaba para definir Espaa, una unidad de destino en lo universal, y es que el nacionalismo sea del signo que sea hunde sus races en el romanticismo del siglo XIX y se acerca bastante al fascismo. Solo que en el siglo XXI ciertas cosas resultan ridculas y un poco paletas. El destino en lo universal se transforma en hacer pas de tipo botiguer, al ritmo de tres por cientos y varas de alcaldes.

El Estado se conforma como algo mucho ms humilde, no recurre a ideas grandilocuentes, solo se justifica por lo fctico, simplemente por el hecho de existir. No es esencialista, sino funcionalista. Su razn de ser se encuentra exclusivamente en que realiza una funcin, pero funcin sustancial, organizar polticamente a la sociedad, y permitir por tanto su existencia. Aunque sea en sentido figurado hay que acercarse a la teora del pacto social. Todos los ciudadanos renuncian a una parte de su libertad para poder conservar el resto. Mi derecho termina all donde comienza el de los dems. El Estado de derecho es la salvaguarda de los ms dbiles frente a los fuertes, y el Estado social, el escudo de los ms desprotegidos frente al poder econmico. El Estado constituye tambin la defensa de las regiones menos desarrolladas frente a las prsperas. All donde no existe un Estado que vertebrador (en el orden internacional entre pases), los desequilibrios econmicos se tornan lacerantes y escandalosos.

Es verdad que en buena medida el pacto casi siempre se nos da hecho, pero en las sociedades democrticas todos tenemos la ocasin de modificarlo da a da mediante los procedimientos democrticos. De la ley a la ley, pero a travs de los instrumentos que la propia ley prev para cambiarla. Cuando se pretende alterar la constitucin por otros caminos (caminos subversivos), si se hace desde abajo se llama revolucin, pero si es desde el poder, con armas o sin ellas, constituye un golpe de Estado.

Y golpe de Estado est siendo la actuacin que el secesionismo cataln ha denominado el procs. Se ha pretendido corregir la Constitucin sin sometimiento a los mecanismos que la propia Constitucin establece para reformarla. Una minora, las autoridades e instituciones de una regin, poder constituido, se han proclamado poder constituyente sin serlo. En aras de un imaginario e ilusorio derecho de autodeterminacin, inexistente, se ha querido despojar a todos los ciudadanos espaoles de su derecho, ese s existente por la Constitucin, a ser ellos en conjunto los que determinen la estructura territorial de Espaa. Se ha pretendido usurpar la soberana que pertenece en exclusiva a la sociedad espaola.

El discurso independentista muestra a menudo sus contradicciones. Entre las medidas que se contemplan para la futura repblica, figura el conseguir del Gobierno espaol que todos los catalanes que lo deseen pudiesen tener la doble nacionalidad. Aceptan de hecho que la nacionalidad espaola es un derecho de todos los catalanes. Lo que sin duda es cierto, pero entonces cmo no asumir que habra que conceder la doble nacionalidad tambin a todos los espaoles? La supuesta nacionalidad catalana sera tambin un derecho de la totalidad de los espaoles, por lo que se supone que tendran capacidad de votar. Carece de sentido que esta facultad se reconozca a posteriori y no previamente para decidir la propia independencia.

Entre las mltiples trampas tendidas por los secesionistas figura la pretensin de transformar el 27 de septiembre de 2015, unas elecciones a una cmara regional, en un plebiscito para la independencia. Plebiscito que en todo caso perdieron, pero, como ocurre siempre con el independentismo, no aceptaron el resultado tal como ellos mismos lo haban planteado (en un plebiscito lo sustancial es el nmero de votos) y se aferraron al nmero de escaos para iniciar lo que llamaron el procs, un camino hacia la independencia.

Una vez perdido este primer envite, es casi seguro que, de cara a las elecciones del 21 de diciembre, el secesionismo va a intentar plantear de nuevo las elecciones en trminos plebiscitarios. Sin duda, ese es el sentido de las palabras que Puigdemont ha comenzado a repetir con cierta frecuencia -frecuencia que seguramente ir aumentando segn nos vayamos acercando a los comicios- acerca de si el Estado espaol o incluso Europa respetarn el resultado de las urnas. Como siempre, son palabras saduceas, porque los resultados a los que se refiere no son los relativos a la conformacin de un parlamento regional que es lo que se elige el 21 de diciembre, sino el resultado de un supuesto y falso referndum que no se celebra y en el que pretenden transformar los comicios. Si alguien no ha respetado los resultados en el pasado, y es previsible que no los respete en el futuro, son los secesionistas que han querido transformar un poder constituido en un poder constituyente.

Lo peligroso en este debate es que, a menudo, desde fuera del secesionismo, bien sea en Catalua o en el resto de Espaa, se termina cayendo en la trampa de su discurso capcioso, y debatiendo en su terreno. Conviene tener muy claro que lo nico que se elige en las prximas elecciones es un parlamento autonmico, con las competencias tasadas que le otorgan la Constitucin y el Estatuto de autonoma, y que deber elegir un gobierno regional con funciones y competencias tambin tasadas. Sea cual sea la cifra de secesionistas que en estas elecciones se pongan de manifiesto, no pueden usurpar los derechos de todos los catalanes, y mucho menos de todos los espaoles.

Me da miedo cuando se habla de solucin poltica o de salida negociada al conflicto cataln. Porque el primer y principal conflicto, no lo olvidemos, est planteado entre las dos partes en que hoy se divide la sociedad catalana. Ah se encuentra quizs la primera tarea que debera acometer el nuevo Parlamento. La primera negociacin debe darse en ese marco, pero conscientes siempre de cules son las limitaciones de un parlamento regional, de manera que la factura de la concordia y de la reconciliacin en Catalua no la terminen pagando otras regiones de condiciones econmicas menos favorecidas. Como afirm con cierta irona un presidente de Extremadura, tener dos lenguas no significa tener dos bocas.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2017/11/16/elecciones-regionales-no-plebiscitarias/



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