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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2017

Se puede construir el socialismo sin socialismo?

Marcelo Colussi
Rebelin


El petrleo hay que sacarlo de la economa, porque su presencia interfiere toda la actividad econmica y lo peor, obnubila las conciencias, destruye al individuo.

Juan Pablo Prez Alfonzo


Cada la Unin Sovitica y revertido el socialismo chino, con la desintegracin del campo socialista europeo, la derecha internacional cant triunfal. Para los aos 90 del pasado siglo, todo pareca indicar que los ideales libertarios socialistas quedaban en la historia. Las conquistas sociales de la clase trabajadora mundial eran suspendidas, y hablar de cambio social era presentado como una absoluta hereja anacrnica. Pero en el medio de ese desolador paisaje apareci la figura de Hugo Chvez y la declaracin de una Revolucin.

Visto ahora con la mayor objetividad puede entenderse el fenmeno: Chvez no era un socialista, un revolucionario de izquierda. Por el contrario, abjuraba del marxismo como militar formado en las doctrinas contrainsurgentes, al igual que cualquier oficial latinoamericano que recibi la influencia de la estadounidense Escuela de las Amricas. Pero en medio de esa maraa ideolgica que puede haber sido su pensamiento, comenz a reivindicar conceptos que la derecha haba condenado al museo, al bal de los recuerdos. De ah que en Venezuela volviera a hablarse nuevamente de socialismo, de revolucin, de antiimperialismo.

Todo ello, como no poda ser de otro modo, suscit esperanzas. El campo popular y la izquierda de todas partes del mundo vieron en Chvez, en la Revolucin Bolivariana y en su preconizado nuevo Socialismo del Siglo XXI una ventana de esperanza. Naturalmente, ante tanto golpe recibido por parte de las clases subalternas, de la clase trabajadora mundial y de quienes siguen albergando anhelos de justicia, esa pequea cuota de esperanza se vio gigantesca.

Hoy, desaparecido Chvez y con casi dos dcadas de iniciado el proceso bolivariano, Venezuela est en un atolladero. Sin ningn lugar a dudas la derecha (nacional e internacional) ha hecho y sigue haciendo lo imposible por descabezar esa experiencia. Un proceso popular que le habla de igual a igual al imperio y que confiere poder y protagonismo a los olvidados de siempre, es inadmisible para una visin conservadora. Pero adems de las esperanzas renovadas, con la ms absoluta objetividad del caso hay que estudiar lo sucedido en Venezuela para entender exactamente qu est pasando, y encontrar caminos que, hoy por hoy, permitan seguir manteniendo viva y ampliando esa esperanza. O, ms an, hacer que ese proceso de cambio pueda extenderse a otras latitudes.

Pero all, justamente, radica el problema. Qu se ha construido en el pas caribeo en todos estos aos? Se estn sentando las bases firmes de una sociedad socialista? Visto en detalle, todo indica que no. Y esto no es lo creemos con firmeza una afiebrada visin principista, un infantil pensamiento ultra que dispara pirotecnia revolucionarista a mansalva. Es as se lo pretende con toda la fuerza! una reflexin crtica que busca servir como aporte, como necesario llamado de atencin, como granito de arena que contribuya a un debate que pueda hacer crecer esa esperanza insuflndole ms vida.

Venezuela tiene una maldicin: es la principal reserva petrolera del mundo, y durante aos vivi, y sigue viviendo, de esa reserva natural. Ello ha servido para generar una cultura rentista y de despilfarro por todo un siglo que la Revolucin Bolivariana no ha podido (no ha sabido, no ha querido) transformar.

Algn tiempo atrs, en otro anlisis de la realidad venezolana, nos permitamos decir: En Venezuela toda actividad econmica productiva choca con el petrleo, el dios todopoderoso que todo lo puede, sin coto ni medida. La renta petrolera no se debe repartir: se debe dejar guardada igual que estaba cuando era petrleo. Prez Alfonzo lcido intelectual venezolano, padre de la OPEP deca que el petrleo es como una alcanca de la cual slo se puede sacar, pero no se le puede meter. Hay que sacar slo lo indispensable. A lo que se saca hay que darle utilidad como ahorro, no como gasto pblico ni menos como incentivo de la economa. La economa debe ser altamente productiva, no rentista el subrayado es nuestro; debe defenderse por sus propios medios, por sus propios mecanismos, por su propio dinamismo y no por la muleta de la renta petrolera. Existe en Venezuela una economa ficticia, por cuanto todo, absolutamente todo est subsidiado. La construccin del socialismo, en tanto modelo de una sociedad de justicia donde todos producen y todos igualitariamente reciben una parte de esa riqueza social, no puede basarse en una dispendiosa chequera que subsidia todo, tal como vino haciendo el proceso bolivariano estos aos. Los noruegos siguieron las recomendaciones de Prez Alfonzo y son la economa ms fuerte de Europa, sin las angustias de los dems pases de la Unin Europea, con reservas por 900 mil millones de dlares. Por qu no hizo lo mismo la Revolucin Bolivariana?

Incluso lleg a hablarse (Chvez lo hizo) de un socialismo petrolero. Est claro, sin el ms mnimo lugar a dudas, que los primeros aos de la Revolucin Bolivariana generaron un crecimiento exponencial de los satisfactores de la poblacin venezolana. Eso fue lo que hizo que la poblacin, masivamente, apoyara ese proceso y que el chavismo ganara prcticamente todas las elecciones que tuvieron lugar en el pas en estos aos. Pero el socialismo es algo ms que una buena intencin, que una dispendiosa chequera paternalista que obsequia misiones y beneficios (maldita herencia de la cultura rentista que marc a la sociedad venezolana por largas dcadas?).

Quiz dos ejemplos de la cotidianeidad para graficarlo: 1) Chvez me regal la casa, expresin de algn beneficiario con planes habitacionales. Eso es el socialismo? 2) En algn momento, una funcionaria del proceso propuso la creacin de una misin (suerte de ministerio paralelo) para dotar de implantes mamarios de siliconas (pechos plsticos, como una Miss Universo) a las mujeres de escasos recursos. Eso es el socialismo?

No hay dudas que cambiar la cultura, los profundos y complejos procesos ideolgicos que gobiernan nuestras vidas, es infinitamente ms complicado que llegar a la Casa de Gobierno. En Venezuela sucedi algo de eso: por una eleccin dentro de los marcos de la institucionalidad burguesa un personaje dscolo a los tradicionales factores de poder lleg al Palacio de Miraflores. Pero sus lmites ideolgicos y el proceso que puso en marcha no lograron ir ms all de un capitalismo reformista, repartiendo con mayor equidad la renta petrolera, aunque sin superar los marcos de la empresa privada. Sin dejar de reconocer los grandes avances en justicia social que permitieron los altos precios del petrleo durante la presidencia de Hugo Chvez, con un barril que lleg a los 120 dlares (precio extraordinario que permiti los planes sociales, ms asistencialistas que socialistas), ese modelo muestra hoy sus falencias. No hay dudas que la derecha ataca despiadadamente, que hay bloqueo, que hay mercado negro, que hay un sistema financiero privado que le dicta las reglas al gobierno bolivariano. Pero un socialismo basado en el rentismo es imposible.

Por supuesto que la Revolucin Bolivariana abri esperanzas, dentro y fuera de Venezuela. De ah que recibi, y sigue recibiendo, amplios apoyos de la izquierda, de sectores populares, de todos aquellos que pueden verse en ese espejo como una alternativa al capitalismo, siempre injusto, consumista y depredador. Pero en definitiva, ms all de una encendida retrica antiimperialista y un declarado Socialismo del Siglo XXI que nunca termin de concretarse, el proceso iniciado aos atrs por Chvez y continuado ahora por Nicols Maduro no ha tocado los resortes bsicos de la economa capitalista. Y no solo eso, sino que es preciso decirlo, aunque suene horrible en el actual momento de crisis ha comenzado a apelar a recetas neoliberales, condenando al pas a la monoproduccin primaria (petrleo y minerales estratgicos), con lo que se sigue en el esquema del rentismo tradicional (y las Miss Universo como cono cultural de la sociedad?)

Nos permitimos citar un agudo anlisis de Lenin Bandres que lo dice sin ambages: Naomi Klein ha demostrado que la implementacin de polticas de ajuste econmico no siempre ha adquirido la misma forma en todos los lugares donde se han empleado. No obstante, la creacin de condiciones de desastre, caos o disfuncionamiento sistmico de la economa es una constante que ha permitido imponer por la va de la desorientacin y el desasosiego medidas que en condiciones normales, la poblacin no hubiese tolerado ni admitido. Utilizando la premisa segn la cual la finalidad es la misma, pero los mtodos son distintos, la mquina de guerra del capitalismo ha sabido metamorfosearse tanto geogrfica como histricamente para insertar nuevos mercados en el circuito global e irrestricto de capitales y mercancas. Tal fue el caso del Chile de Allende, del Irak pos-Hussein y de la crisis de la deuda griega. Lamentablemente tal parece ser tambin el caso venezolano. La nica diferencia es que estas medidas de choque han sido implementadas en el marco de una creciente retrica de confrontacin contra los EEUU y en menor medida contra Europa, sin que por lo tanto esto afecte negativamente los trminos del intercambio econmico y de la inversin directa extranjera de estos pases en Venezuela. Prueba de ello es que tanto en la Faja Petrolfera del Orinoco como en el Arco minero, participan innumerables empresas multinacionales, tales como Chevron (EEUU), Total (Francia), Statoil (Noruega) o Gold Reserve (Canad) adems de la britnica British Petroleum, la anglo-holandesa Shell, la rusa Rosneft, la espaola Repsol, la italiana ENI, la india ONGC, la china CNPC, la brasilea Petrobras , las cuales gozan de un rgimen especial de inversiones implementado durante el gobierno de Maduro, que comprende desde el despliegue de medidas para el estmulo a las inversiones en la zonas econmicas especiales, hasta la creacin de tasas de cambio preferenciales para las empresas internacionales de petrleo. Cmo se explica esta escalada retrica a nivel poltico y que a nivel econmico las transacciones tengan lugar as business as usual?

Estas medidas abren serias dudas sobre lo que se est construyendo en Venezuela y el futuro de la Revolucin Bolivariana. El socialismo parece siempre un lejano horizonte hacia el que, supuestamente, se est caminando, pero al que nunca se llega. Cundo se llegar?

Rosa Luxemburgo, analizando la revolucin bolchevique de 1917, dijo: No se puede mantener el justo medio en ninguna revolucin. La ley de su naturaleza exige una decisin rpida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaa de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollar en su cada a aquellos que quieren, con sus dbiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojndolos al abismo. Otro tanto podramos decir respecto a Venezuela, a nuestra amada Repblica Bolivariana de Venezuela, smbolo actual de la Patria Grande Latinoamericana, fuente de esperanza para futuras transformaciones sociales. O se avanza de una buena vez hacia el socialismo!..., o inexorablemente se caer.

Lo cual equivale a decir: se seguir siendo un pas abiertamente capitalista, que sigue las directivas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, basado en la monoproduccin primaria de hidrocarburos y minerales contribuyendo as al sostenido deterioro medioambiental, que no puede atender las necesidades de su poblacin, la que se empobrecer cada vez ms porque los precios de esos productos de exportacin no se fijan en Caracas sino en las Bolsas de Valores de voraces pases capitalistas, y que no puede transformar efectivamente su historia porque no se ha alejado de un planteo de libre mercado.

Todo lo anterior no descalifica en modo alguno lo actuado por la Revolucin Bolivariana, y mucho menos en absoluto! pretende colocarse junto a la derecha venezolana troglodita reunida en la Mesa de la Unidad Democrtica MUD ni en la derecha internacional visceralmente antichavista que inunda y envenena el espacio meditico presentando la situacin del pas como una narcodictadura de la que huye la gente. Es, lo repetimos, el llamado a un debate honesto y constructivo para que lo iniciado aos atrs por Hugo Chvez se fortalezca, se profundice, se transforme efectivamente en una propuesta socialista. Por supuesto que buena parte del atolladero en que se encuentra hoy Venezuela tiene que ver con la infame presin ejercida por las multinacionales que desean sus recursos y por la descarada poltica intervencionista de Washington, que no ha ocultado su posibilidad de intervencin armada. Pero tambin es hora de discutir sobre el socialismo.

Deseo cerrar estas breves reflexiones con una cita del Martn Fierro, para que se vea cul es el espritu que anima el presente texto: Mas naides se crea ofendido, Pues a ninguno incomodo; Y si canto de este modo, Por encontrarlo oportuno, No es para mal de ninguno, Si no para bien de todos.


Bibliografa

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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