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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2005

Los pases ricos encierran a frica en un laberinto de la pobreza del que slo se sale asaltando Europa
El calabozo del mundo

Ignacio Ramonet
El Peridico


Con fascinacin y escalofros asistimos a los repetidos y a veces trgicos asaltos contra las murallas alambradas de Melilla, llevados a cabo por disciplinadas columnas de jvenes subsaharianos. En otras zonas (Canarias, la isla italiana de Lampedusa, las costas de Grecia, Chipre, Malta, la isla francesa de Mayotte cerca de Madagascar), los invasores llegan de noche --si no zozobran--, a las playas en silenciosas embarcaciones, como antao hacan vikingos, normandos y sarracenos. En Europa y otras partes del mundo rico, muchos tienden a considerar a esos asaltantes como agresores, delincuentes o hasta criminales. Algunos reclaman mano ms dura. Ms vigilancia, ms polica, ms Ejrcito, ms expulsiones... Sin parar a preguntarse por qu causas esas personas estn dispuestas a correr tantos riesgos para, en definitiva, poner por precio vil al servicio de nuestro confort y alto nivel de vida su fuerza de trabajo.

Para empezar a entenderlo hay que recordar que el frica subsahariana es una de las regiones ms pobres del planeta. Con una pobreza extrema que se explica por diversos factores. En primer lugar, la trata de esclavos, crimen y genocidio que vaci durante siglos al subcontinente de millones de sus hombres y mujeres ms jvenes, sanos y fornidos, obligando a comunidades enteras a vivir escondidas y aisladas en las profundidades de la jungla, sin contacto alguno con los progresos de la tcnica y de la ciencia.

Luego ha de rememorarse la colonizacin de frica, impuesta a sangre y fuego, a base de guerras, exterminios y deportaciones. Todos los poderes locales que osaron oponerse y resistir a los conquistadores portugueses, britnicos, franceses, alemanes, holandeses o espaoles fueron aplastados.

Las potencias coloniales establecieron de modo autoritario una economa fundada en la exportacin de materias primas hacia la metrpoli y en el consumo de productos manufacturados producidos en Europa. As, frica perdi en los dos tableros. Y esa doble explotacin, por lo esencial, no se ha modificado. Por ejemplo, Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao (40% del total) nunca ha podido desarrollar una industria chocolatera exportadora. Igual se puede afirmar de Mali o Nger, dos de los principales productores de algodn, quienes se han hallado en la imposibilidad de montar una verdadera industria textil. Y eso porque, en general, las tarifas aduaneras excesivas impuestas por los pases importadores ricos a los eventuales productos elaborados en el Sur arruinan toda posible competencia con los productos fabricados en el Norte.

LOS PASES desarrollados quieren conservar la exclusividad de la transformacin de las materias primas, o, en el marco de la globalizacin liberal, aceptan deslocalizar sus fbricas hacia China donde la mano de obra es hbil, dcil y, sobre todo, barata, pero no estn dispuestos a invertir en frica, ni a desarrollar en este continente un sector industrial importante. La divisin internacional del trabajo, efectuada en favor de los intereses de los pases del Norte, atribuye a frica negra un rol subalterno, marginal, lo cual impide a esta rea entrar en la espiral virtuosa del desarrollo.

Las fabulosas riquezas mineras y forestales del continente africano son vendidas a precios de saldo, para el mayor enriquecimiento de nuestras empresas importadoras y transformadoras. De ese modo, no se crean empleos ni siquiera en las industrias agroalimentarias, que es el sector bsico a partir del cual se puede edificar un verdadero desarrollo agrcola, y ms tarde industrial. Por eso tambin, frica es el ltimo continente que an conoce con regularidad crisis alimentarias, y hasta hambrunas como la actual de Nger.

Esta regin del mundo, tan a menudo calificada por los medios dominantes del Norte de "subdesarrollada, violenta, catica" e "infernal", no habra conocido tal inestabilidad poltica --golpes de Estado militares, insurrecciones, masacres, genocidios, guerras civiles--, si los pases ricos del Norte le hubiesen ofrecido reales posibilidades de desarrollo en lugar de seguir explotndolas hasta el da de hoy. La pobreza creciente se ha convertido en causa de desorden poltico, de corrupcin, de nepotismo, y de inestabilidad crnica. Y esta misma inestabilidad desalienta a los inversores tanto locales como internacionales. Con lo cual se cierra el circulo vicioso del laberinto de la pobreza.

HAY QUE aadir a este escalofriante panorama, la epidemia de sida que est diezmando a la poblacin del sureste del continente y que ya ha creado unos 12 millones de hurfanos. La pandemia priva a los menores de su familia y los expone a toda clase de peligros. Entre ellos el de ser reclutados como soldados o por redes de prostitucin infantil. Mientras un nio europeo o japons tiene una esperanza de vida de unos 80 aos, la de un menor de Zambia, Uganda o Mali apenas llega a los 33.

stas son algunas de las razones que explican por qu hoy da un (o una) joven del sur del Shara, en plena salud y a menudo con buena formacin educacional, no desea seguir viviendo en lo que es el calabozo del mundo. Decenas de miles, en este momento, estn marchando hacia los vados que conducen a Europa, con la esperanza de poder vivir, por fin, una vida de persona normal. Y quiz tambin con la reivindicacin inconsciente de que algo les debemos a ellos de nuestra riqueza actual.

Esto es slo el comienzo, y no se sabe qu tipo de muros habr que construir para desalentar el flujo. Porque el Banco Mundial acaba de advertir de que la bomba demogrfica ya ha estallado, y que ya hay en los pases pobres unos 2.500 millones de jvenes de menos de 22 aos que no encuentran trabajo en sus pases. Y cuya nica perspectiva es la de correr al asalto de las murallas de Europa...



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