Portada :: frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2017

Zimbabue. Entrevista a Jean Nanga
Hacia un capitalismo abiertamente neoliberal

Stfanie Prezioso
Viento Sur


Despus de la forzada dimisin del Robert Mugabe y su sustitucin por el que durante mucho tiempo fue su supuesto delfn, Emmerson Mnangagwa, se puede esperar un cambio en la poltica de Zimbabue o se trata sencillamente de la sustitucin de un jefe por otro?

Desde la dcada de 1960 en la poca de las luchas de liberacin nacional, hasta la primera semana de septiembre de 2017, E. Mnangagwa, el nuevo Jefe de Estado de Zimbabue, ha sido un camarada de Robert Mugabe y cmplice, a veces oculto, de sus delitos. Desde su investidura a la cabeza del Estado y del partido en el poder, la ZANU-PF, muestra signos inequvocos de continuidad con su predecesor asegurndole una inmunidad completa y dorada, la institucin de su cumpleaos como una de las fiestas nacionales, conservando la constitucin de 2003, manteniendo del calendario electoral, etc.

Sin embargo, como ha demostrado la lucha por la sucesin que condujo a la destitucin de Mnangagwa de la vicepresidencia y a su expulsin de la ZANU-PF, la lealtad de sus dirigentes y el Estado respecto a Mugabe, la depredacin compartida de la riqueza nacional, el deterioro de los derechos y libertades, estos ltimos tiempos de desacuerdos o divergencias vienen acompaadas de la existencia de fracciones opuestas en el partido del poder; por diversas causas, entre ellas, la actitud respecto a las potencias occidentales y a la neoliberalizacin econmica.

Al nacionalismo (negro-)africano, una de las caractersticas ms mediticas de Robert Mugabe, al nacionalismo econmico (capitalista) supuestamente de Grace Mugabe, el G40 1/ representado por, entre otros, el entonces Ministro de Educacin superior, Jonathan Moyo, se oponan los y las partidarias de un capitalismo abiertamente neoliberalizado, uno de cuyos representantes era E. Mnangagwa. Este ltimo formaba parte de la nfima minora dirigente que se consideraba que se haba enriquecido faranicamente en el poder: polticos y polticas, oficiales superiores, personas capitalistas emprendedoras pero que formaban parte de la lista negra de los y las dirigentes zimbabuenses elaborada por Estados Unidos.

De ah, que el nuevo gobierno haya suprimido la agenda de indigenizacin de la economa (refuerzo de los capitales privados locales en las empresas extranjeras con capital superior a 500 000 $; es decir, 51 % del capital autctono en las grandes empresas-) despus de la positiva alusin en su discurso de investidura del principio de la economa de mercado, como seal de su disposicin a respetar las reglas del capital internacional. La antigua potencia colonial, Gran Bretaa, prometi acompaar econmicamente la transicin - de hecho, el final del mandato presidencial heredado de Mugabe-, el FMI declar que enviara una misin para las reformas estructurales cuya aplicacin era obstaculizada por Mugabe desde la reanudacin de las relaciones del estado de Zimbabue con las instituciones de Bretton Woods.

Las consecuencias sociales de la aplicacin del programa de ajuste estructural neoliberal a comienzos de 1990 fue el principal factor de deslegitimacin popular del rgimen de Mugabe ante los movimientos sociales. Estos llevaron a cabo una huelga general a finales de esa dcada y crearon a partir de una convencin sindical, el principal partido de la oposicin , Movimiento para el Cambio Democrtico (MDC). Una situacin que Mugabe y su partido haban intentado neutralizar realizando una reforma agraria muy torpe, movilizando el sentimiento racial contra los granjeros blancos y distribuyendo tierras expropiadas a los y las zimbabuenses blancos entre cargos del partido en el poder y sus allegados, a menudo, incapaces de ocuparse de ellas. Aunque, estos ltimos aos, se haya rectificado esta expropiacin de cara a una restitucin y de una redistribucin organizada, Mugabe segua relativamente vinculado al capitalismo nacional con efectos catastrficos que irritaban tanto a la comunidad internacional como a la fraccin encarnada por Mnangagwa, a pesar de ser beneficiario del caos econmico zimbabuense.

Adems, a la vista de la prxima eleccin presidencial, a pesar de su triste reputacin de cruel cmplice del dictador Mugabe, Mnangagwa est llamado a representar al dirigente respetuoso de los derechos y libertades, a alguien preocupado por la situacin de los pobres que suponen una aplastante mayora de la poblacin. No est descartado que en caso de ser elegido, como para comprar la paz social el Banco Mundial y sus socios occidentales le concedan un cosmtico programa de lucha contra la pobreza que acompae a las reformas estructurales, como se hizo en el caso de Sudfrica en los primeros aos post-aparteheid (en una situacin econmico-social mucho menos crtica que la zimbabuense). Incluso si el neoliberalismo es compatible con una poltica muy represiva, hacer de entrada esta opcin corre el riesgo de comprometer el pretendido relanzamiento de la economa zimbabuense y la estabilidad.

El ejrcito, con los veteranos de la guerra de la independencia, ha desempeado un papel en esta crisis. Va a pedir su parte correspondiente al nuevo hombre fuerte del pas?

De 2000 a 2016, los y las antiguas combatientes de la lucha armada de liberacin nacional, organizados en la Zimbabwe National Liberation War Veterans Association (ZNLWVA), en compaa de las milicias de la ZANU-PF, apoyaron al rgimen de Mugabe contra los granjeros blancos y en la represin de la oposicin as como de los activistas de derechos humanos. Algunas y algunos de sus miembros, estando en la cpula del poder, se beneficiaron de la expropiacin de los granjeros blancos. Pero las luchas fraccionales en la ZANU comenzaron a deteriorar las relaciones entre algunos de sus representantes y el matrimonio Mugabe, a instancias de la vicepresidenta de Zimbabue y la ZANU-PF, Joice Mujuru, una antigua combatiente (cesada en 2014, despus de haber sido acusada de prevaricacin por Grace Mugabe que la consideraba una oponente en la sucesin a Robert), y del entonces presidente de la ZNLWVA, Jabulani Sibanda, excluido del gobierno por haber apoyado a Joice Mujuru, contra el poder sexualmente transmisible de Robert a Grace. La retirada del apoyo de la ZNLWVA tuvo un gran repercusin en el llamamiento a la dimisin de Mugabe. Su dirigente, sucesor de Sibanda, Christopher Mutsvangwa est -al igual que su compaera- en el gobierno de Mnangagwa. Sin duda, existen vnculos entre antiguos y antiguas combatientes de quienes forman parte el propio Mnangagwa y los mandos del ejrcito.

Un informe de Global Witness de 2012, sobre la explotacin diamantfera (minas de Marange) consider al ejrcito como uno de los principales actores y beneficiario -con el servicio de informacin zimbabuense- de esta explotacin de la que lar arcas del Estado no reciben casi nada. La jerarqua militar est considerada corrupta y muy activa en el mbito econmico. Algunos generales, al igual que Salomn Mujuru, el marido de Joice y Constantino Chiwenga, jefe del Estado Mayor y protagonista de las jornadas del noviembre de 2017, estn considerados en un documento de la embajada estadounidense, incluso como multimillonarios. Adems se confiesan, como Mnangagwa, partidarios de un capitalismo ms abierto, situndose frente a Grace Mugabe -que a principios de noviembre pidi pblicamente a Robert su nombramiento como vicepresidenta- y su G40. Los jefes militares estaran dispuestos a repatriar el dinero depositado en el extranjero como ha pedido el nuevo presidente? El ejrcito ha recibido su parte correspondiente con el nombramiento de dos generales para los Ministerios de Asuntos Exteriores y de la Tierra. Esperemos a ver si la hiptesis del nombramiento del jefe del Estado Mayor para la vicepresidencia se confirma.

Hemos visto a Sudfrica intervenir activamente en la transicin. Cules son sus intereses en esta regin?

Sudfrica es un socio histrico de Zimbabue, uno de sus principales socios junto con China y la Unin Europea. Exporta all sus productos e importa de all. Est presente en diferentes sectores, desde la explotacin minera a los bancos, en una situacin que podemos decir de imperialismo de baja intensidad (heredado del imperialismo del apartheid). Una situacin inestable en el pas vecino afectara a la economa sudafricana y sera perjudicial para sus inversiones. Dirigentes de la ANC son accionistas en empresas de Zimbabue. De la misma forma que los perodos de retroceso del crecimiento sudafricano tienen repercusiones en la economa de Zimbabue 2/. Adems, Sudfrica es uno de los principales refugios de zimbabuenses que huyen de la inseguridad social, exponindose a las explosiones de xenofobia a veces mortales en ciertos lugares del pas de acogida. Por aadidura, Sudfrica al presidir en este momento la Comunidad de Estados de frica Austral (SADC), est llamada a contribuir al arreglo de estas situaciones, si bien existen viejas relaciones tejidas durante las luchas de liberacin entre la ANC y la ZANU que explican, por ejemplo, la mediacin de Thabo Mbeki en la crisis postelectoral zimbabuense de 2008, que desemboc en la formacin de un gobierno de unin nacional (2009-2013). A diferencia de Mbeki que, en aquella poca, se haba propuesto salvar a Mugabe, Zuma, ms bien, se ha inclinado por lograr la dimisin de Mugabe.

China parece ser un modelo para El cocodrilo como llaman a E. Mnangagwa. Tambin ha tenido un papel en esta crisis del rgimen?

Incluso si la China de hoy no es la misma que la de Mao Zedong, es una vieja aliada de los dirigentes de Zimbabue. Apoy a ZANU durante la guerra de liberacin, formando militar e ideolgicamente a sus cuadros, entre ellos, el joven Mnangagwa, desde el inicio de los aos 60 del siglo pasado; desde 2105 es el principal socio econmico de Zimbabue. Participa en la construccin de infraestructuras, ha multiplicado las inversiones pblicas y privadas en diferentes sectores (minas, telecomunicaciones, negocio agrcola -1 importadora de tabaco, principal producto agrcola exportado zimbabuense-, automovilstico, etc.), supone alrededor de la mitad de las inversiones en este pas. Incluso bajo la forma de empresas mixtas con capital zimbabuense; algunas, por ejemplo, en la explotacin de diamantes, que estn involucradas en manejos denunciados como el de la Chinfrica. Como otros Estados africanos, Zimbabue, actualmente desprovisto de moneda nacional, como acabamos de decir, ha colocado el yuan/renmibi chino como su cesta de divisas. Sin embargo, estos ltimos aos, el capital chino no ha dejado de estar afectado por la poltica econmica de la presidencia de Mugabe, suscitando alguna inquietud sobre el futuro. Especialmente, por ejemplo, en el caso de la estricta aplicacin de la ley de indigenizacin. La visita de Constantino Chiwenga unos das antes de la dimisin de Mugabe, antiguo amigo de los dirigentes chinos, se interpret que tuvo como objetivo asegurar al Estado chino la garanta de sus inversiones, es decir, ponerle al tanto de la susodicha operacin y de la continuidad de la cooperacin. Lo que, como es habitual, fue desmentido por el gobierno chino.

Mnangagwa, como otros, habra expresado ms de una vez su admiracin por la historia de xitos del capitalismo chino y la voluntad de favorecer la participacin del capital chino en el desarrollo de Zimbabue. As la supresin de la agenda de indigenizacin fue tambin para asegurar a China. La intencin de Mnangagwa de recibir nuevas inversiones europeas y estadounidenses es totalmente compatible con el desarrollo de la inversin china, de la cooperacin con China , y tambin con India. Adems, desprovista de cultura democrtica, la clase dirigente zimbabuense puede estar tentada por una democracia minimalista -tolerar la existencia de una oposicin que no se oponga de forma efectiva a la orientacin neoliberal- cuyo neoliberalismo est bien acomodado en el Singapur de Lee Kuan Yew, en el cual se ha inspirado la China de Deng Xiaoping.

En un pas con una economa devastada, sin autnticos derechos democrticos ni verdadera organizaciones independientes del poder, qu puede hacer la oposicin y qu representa?

Se ha mencionado ms arriba la posibilidad de que la comunidad internacional ayude de forma relativa a Mnangagwa a comprar una especie de paz social. Pero esta paz social no ser fcil, salvo el caso de que, de entrada, la opcin sea la de un rgimen represivo. Hablamos de una sociedad en la que alrededor del 90 % de la poblacin est en paro, en la que se anunci una reduccin de la masa salarial en la funcin pblica, repitiendo insistentemente sobre sus efectos en el presupuesto, que solo se puede llevar a cabo mediante la reduccin del nmero de funcionarios (ms paradas y parados, incluso si no se reponen las bajas por jubilacin) o mediante la reduccin de los salarios (ms pobres), y en un pas en el que las promesas que se hacen ahora de crear empleo corren el riesgo de no ser mantenidas, al igual que los salarios dignos en la agricultura, por ejemplo. Si bien se puede temer que los actuales partidos en la oposicin no denuncien las consecuencias sociales de las reformas estructurales neoliberales.

Esto partidos, que gozan de buena reputacin, visto que no son antineoliberales, como ha demostrado la participacin del MDC (salido de las movilizaciones, de la combatividad sindical de finales de los aos de 1990) en el gobierno de unidad nacional de transicin con Mnangagwa (fruto de su alusin, ms bien implcita, a la unidad o reconciliacin nacional en su discurso de investidura) y la decepcin expresada despus de la proclamacin de un gobierno que manifiesta, justamente, la victoria de una fraccin o de una alianza de fracciones del partido en el poder sobre otra de sus fracciones.

Les era ms fcil combatir la dictadura de Mugabe que la del Capital, visto que son partidarios de ella. No se les ocurrir informar y movilizar, sobre la referencia de Mnangagwa en su discurso, de seguir pagando la deuda pblica exterior contrada por un rgimen sometido a sanciones durante aos por su carcter represivo, corrupto y que no asumi sus responsabilidades en materia de salud pblica, ni de alimentacin.

Esta deuda, de 7 231 mil millones debera ser auditada para saber si ha servido, entre otras fines, a la compra de material represivo. Es odioso que las personas parias de la tierra zimbabuenses deban apretarse el cinturn para el pago de semejante deuda, despus de haber sido reprimidas con la ayuda del material de represin comprado con estos prstamos. Auditar esta deuda, para ver si no ha servido para satisfacer, por ejemplo, la locura de las grandezas patrimoniales del matrimonio Mugabe, mientras centenares de miles de zimbabuense se hundan en la desnutricin. Si los Estados llamados democrticos que prometen acompaar al gobierno de Mnangagwa, tuvieran sentido de la decencia, le ayudaran ms bien a lograr la anulacin pura y simplemente. Sin resolver los problemas estructurales, este dinero servira para aliviar momentneamente el sufrimiento de una parte de las personas condenadas.

La situacin corre el riesgo de no ser diferente a la de otras sociedades africanas: demagogia de los candidatos y decepcin popular postelectoral. Claro, los sindicatos fueron debilitados numricamente por la crisis, la combatividad de las personas asalariadas tambin, con el fantasma del paro y la corrupcin de las burocracias sindicales. Sin embargo, teniendo en cuenta que las luchas se produjeron bajo el rgimen represivo de Mugabe, existe la posibilidad que los sindicatos se fortalezcan, que las personas explotadas se autoorganicen en sus lugares de trabajo (tanto pblicos como privados, formales o informales), parados y paradas, vctimas de diferentes tipo de explotacin en los barrios, establecimientos escolares, etc. Las personas jvenes pueden ejercitar sus primeras clases de ciudadana movilizndose, por ejemplo, contra el pago de la deuda pblica externa para que se haga un uso social de la misma.

Por otra parte, a diferencia de la aplastante mayora de las sociedades africanas, en Zimbabue existe una militancia anticapitalista, organizada, presente en la medida de lo posible en las luchas y las movilizaciones de estos ltimos aos, reprimida por la expresin pblica de su solidaridad con las revueltas populares en Tnez y en Egipto y que puede contribuir, con una lenta impaciencia, a la autoorganizacin contra los dispositivos de explotacin cotidiana de los seres humanos y de la naturaleza -extrativismo que corre el riesgo de aumentar-, contra las diversas opresiones cotidianas -entre ellas, la homofobia que no era una exclusividad del autcrata expulsado- y a favor del respeto de los derechos y libertades en vigor sin la centralidad concedida al capital-, incluyendo los derechos econmicos y sociales para la satisfaccin de las necesidades fundamentales (democrticamente definidas) articuladas con los principios ecolgicos.

Notas:

1/ G40. Grupo de apoyo a Grace Mugabe en el seno del Zanu-PF, haciendo el 40 referencia a su edad: cuadros que no participaron en la liberacin nacional.

2/ Como consecuencia de la crisis monetaria a finales de la dcada del 2000 que le priv del uso de su moneda, el dlar zimbabuense, utiliza, entre otras, el ran sudafricano y el dlar estadounidense (sin embargo, hay una moneda obligatoria...), lo que nos oblia a decir que se trata de una dolarizacin de la economa zimbabuense.

Jean Nanga, corresponsal de Inprecor en frica Central

Traduccin Viento Sur



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter