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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2017

Realineamiento estratgico y desequilibrio social
Estonia, Letonia y Lituania: de la URSS a la Unin Europea en trece aos

Jess Aller
Rebelin


Las tres repblicas blticas, Estonia, Letonia y Lituania, integradas en la URSS a comienzos de 1991, alcanzan la independencia ese mismo ao y tras no pocas vicisitudes, en 2004 pasan a convertirse en miembros de pleno derecho de la Unin Europea y la OTAN. Esta pasmosa transformacin no pudo dejar de producirse sin una conmocin social que tiene un inters extraordinario, aunque sus detalles apenas se han divulgado. El libro La Europa bltica de Ricardo Martn de la Guardia y Guillermo A. Prez Snchez, publicado por Sntesis en 2010, es una buena base para acercarse a estos procesos, que puede fcilmente perfilarse y completarse con la abundante informacin disponible en Internet sobre ellos.

Los territorios que ahora comprenden las tres naciones se gobernaron a s mismos en algunas pocas, pero estuvieron sometidos ms frecuentemente a sus poderosos vecinos: Polonia, Prusia, Suecia y Rusia. A lo largo del siglo XVIII toda la regin es incorporada al imperio ruso, y hay que esperar a la paz de Brest-Litovsk en marzo de 1918, para que la Rusia revolucionaria acuerde conceder la independencia a las repblicas de Estonia, Letonia y Lituania. Esta se mantiene hasta 1940, cuando tras el pacto germano-sovitico son integradas en la URSS, y en ella permanecern hasta 1991, con el breve interregno de la ocupacin alemana durante la II Guerra Mundial. Tal parece que la independencia de estas naciones va ntimamente asociada a la debilidad de su gran vecino del este, y as logran alcanzarla en dos momentos clave de la historia de este, que coinciden con los estertores del nacimiento y la disolucin de la URSS.

Los movimientos que culminarn en la secesin de 1991 empiezan a gestarse con la llegada de Gorbachov a la secretara general del PCUS en 1985 y son liderados por los propios dirigentes locales del partido que se declaran partidarios acrrimos de la Perestroika. Es interesante constatar que en el caso de Estonia en ese momento, solamente un 61,5% de poblacin era de origen estonio, pero copaba el 82,2 de los puestos de responsabilidad en la administracin. La misma tendencia encontramos en Letonia: 52 contra 63,15, y en Lituania: 79,6 frente a 91,5. Sin embargo, estas elites locales apenas tenan influencia sobre las grandes directrices econmicas y esto generaba malestar en ellas, asociado a la instalacin de industrias contaminantes y la inmigracin masiva de rusos para trabajar en ellas, as como al predominio del ruso en la enseanza y la administracin.

En 1988 se constituyen, aglutinando corrientes ecologistas, nacionalistas y comunistas pro-perestroika, los frentes populares que liderarn los cambios en el futuro, y ese mismo ao notorios reformistas son elegidos secretarios generales del partido en las tres repblicas. A partir de 1989, los frentes y los propios soviets derivan hacia un abierto separatismo, basado en la denuncia del pacto germano-sovitico, que es respaldada desde la URSS. En 1990 los soviets proclaman la soberana de los tres estados, y esta es refrendada en elecciones semilibres. Los partidarios de la perestroika quieren ahora abandonar la URSS, mostrando a Gorbachov lo mal que haba calculado la fuerza del nacionalismo en la regin. Las minoras rusas, atacadas en ocasiones con alegatos etnicistas, comienzan a organizarse, pero conscientes de cmo van las cosas en Rusia no se oponen abiertamente a la independencia. Tengamos en cuenta que en ese momento los rusos representaban en Estonia un 28% de la poblacin, en Letonia el 32% y en Lituania slo el 9%.

En 1991 se pone en marcha el sistema multipartidista y la secesin es aprobada en referendos con amplias mayoras. Las nuevas constituciones son ratificadas en 1992 y poco despus se eligen los parlamentos nacionales. Los aos siguientes estn marcados por la liberalizacin de la economa, notorios casos de corrupcin y el hecho vergonzoso de que la poblacin de origen ruso no accede a la ciudadana plena y no puede votar en las elecciones. En Estonia, por ejemplo, las 1.144.309 personas con derecho a voto en 1991 pasan a ser slo 689.319 en 1992. En 1995 arrancan las conversaciones para la adhesin a la UE, lastradas por el espinoso asunto de las minoras, que poco a poco se va solventando. En 2001 se decide que se cumplen ya los compromisos requeridos, aunque en 2005 en el caso de Estonia an un 15% de la poblacin (180.000 personas) seguan sin pertenecer a ningn estado, y en 2003 en Letonia haba ms de medio milln de no ciudadanos. De hecho Estonia y Letonia son consideradas an por muchos analistas democracias tnicas.

La integracin de las tres repblicas en la Unin Europea y la OTAN, aprobada en referendos en 2003, fue un duro golpe para los intereses estratgicos de Rusia, que sin embargo sigue conservando el enclave de Kaliningrado, entre Lituania y Polonia, con una gran base naval. La respuesta de Mosc ha sido sobre todo a travs de la presin econmica y la adquisicin de empresas que operan con el suministro de petrleo y gas y refineras del rea bltica. Adems, no ha dejado de insistir en el carcter tnico de los regmenes establecidos tras la independencia y la marginacin de las minoras en ellos, lo que a su vez ha sido un acicate para la presin europea que pretenda corregir estas situaciones. Es importante sealar que Rusia no hizo reivindicacin territorial alguna sobre las zonas con amplia mayora rusa que existen en Estonia, ni auspici movimientos secesionistas en ellas, y que la retirada de su ejrcito de las tres repblicas se realiz de forma ordenada sin dar lugar a incidentes reseables.

La historia que se acaba de sintetizar aporta un ejemplo emblemtico de realineamiento estratgico y corrimiento de fronteras entre reas de influencia de grandes potencias. En este caso, tal vez lo ms notable sea el esfuerzo propagandstico por publicitar el reclutamiento por parte de la OTAN y el vasallaje econmico a las elites burocrticas de Bruselas como una genuina emancipacin. Hay que indicar adems que esta liberacin se asocia con la implantacin de un nacionalismo tnico excluyente capaz de negar derechos elementales a un amplio porcentaje de la poblacin, considerados no ciudadanos. Tengamos en cuenta que, segn datos de 2016, por lo que respecta a Letonia, pas en el que esta situacin es ms grave, todava existe ms de un cuarto de milln de personas (11,75% de la poblacin), con este estatus legal, sin derecho al voto ni a ocupar puestos en la administracin, entre otras discriminaciones.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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