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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2017

El folletin cataln

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

Escribir sobre la poltica en Catalunya (y ahora toda la poltica espaola se resume en Catalunya) es participar de un folletn interminable donde al final de cada entrega subsiste una tensin abierta para el siguiente episodio. Un folletn que absorbe el inters de la gente y que acaba colonizando cualquier debate pblico.

Tras la aplicacin del 155 y el encarcelamiento de una parte de los lderes del procs, hemos entrado en una nueva etapa en la que los principales actores estn tratando de recomponer su personaje con vistas a las elecciones del 21-D y el perodo posterior.

El bando unionista ha tratado de presentarse como el nico responsable, exclusivamente interesado en la vuelta a la normalidad (entendida como la aplicacin de la ley violada por el bando independentista). Y aunque posiblemente la forma de aplicar el 155 ha sido menos brutal de lo que caba temer, no faltan las salidas de tono ni las maniobras sucias, como la protagonizada por el fallecido fiscal general del Estado para utilizar la Audiencia Nacional como ariete contra los polticos independentistas, el recurso al delito de odio para perseguir las expresiones discordantes, las declaraciones altisonantes sobre la manipulacin de la escuela catalana o la intervencin en el conflicto de los bienes de Sigena antes de que concluya el proceso judicial (un conflicto en s mismo estpido, pero inflamado por las dos partes en clave territorial). Son actuaciones que desmienten el espritu de moderacin y que slo sirven para atizar el conflicto, dando carnaza al bando propio y argumentos al discurso victimista de la otra parte.

El bando independentista es el que ha combinado una gama ms variada de respuestas, y hay que reconocer a sus guionistas su enorme creatividad a la hora de rehacer el argumento y a sus principales actores su aplomo a la hora de cambiar de discurso. En la postura actual de los lderes de ERC y del PDeCAT se combinan diferentes planos argumentales. En primer lugar el victimista, el de los presos polticos y el exilio, el de utilizar cualquier intervencin de la otra parte como muestra de un expolio y un estado de excepcin, el ms til para seguir movilizando a sus propias bases. En segundo lugar, el de la marcha atrs: no declaramos la independencia, acatamos la aplicacin de la ley, queremos el dilogo, no la unilateralidad. Un discurso dirigido al enemigo, a evitar la represin, a volver a encontrar espacio en el juego institucional. Es un discurso totalmente contradictorio con el primero y, sobre todo, con todo lo planteado en los meses anteriores al 1-O, pero necesario cuando su ilusorio discurso sobre las posibilidades de la independencia ha chocado con la realidad de una comunidad internacional completamente opuesta a facilitarla. Aunque contradictorios, ambos discursos se apoyan entre s, especialmente a la hora de mantener predicamento en su base social: rectificamos no porque nuestro proyecto fuese errneo, pasara por alto la correlacin de fuerzas y fuera inviable desde el principio, sino porque el nivel de la represin es insoportable y preferimos cambiar de rumbo a exponer al pueblo cataln a un sufrimiento intolerable.

Hay que reconocer que, si alguien ha sido capaz de manejarse con maestra en esta recreacin de la historia, ha sido la antigua Convergncia, un partido que hace tiempo que ha perdido la hegemona electoral pero que cada vez nos sorprende con una nueva jugada que le permite mantener una gran parte del poder poltico efectivo en Catalunya. La creacin de Junts pel S, cuando Artur Mas consigui imponer la lista nica a una ERC que hubiera ganado de calle las elecciones de 2015, fue una primera muestra. Y ahora la operacin Puigdemont, con su autocreado exilio, en que la utilizacin de la ANC para fabricar una lista del president supone de nuevo un freno a las expectativas de ERC, y en que la apelacin a que es el presidente legtimo (cuando su compromiso al ser proclamado era que dejara el cargo cuando se proclamara la independencia) constituye una nueva operacin para consolidar la presencia institucional del PDeCAT; un partido que se camufla en la actual campaa electoral, cuando sus dirigentes han reconocido que en la prctica renuncian a la proclamacin de la Repblica Catalana.

Los cambios de discurso, la facilidad con que algunos pasan pantallas con suma facilidad, sonaran a farsa si no fuera por los efectos sociales que generan estas maniobras y si las rectificaciones sirvieran para buscar salidas reales a la situacin. Pero ms bien parece que vamos a entrar en una nueva fase en la que viviremos la ensima versin del conflicto Espaa contra Catalunya en forma de demanda de una negociacin bilateral y en que cada parte va a culpar a la otra de todos los problemas que generan sus propias decisiones, sus insuficiencias y los muchos problemas creados por el capitalismo espaol y las polticas neoliberales.

II

El mayor mal que ha generado esta dinmica poltica ha sido la formacin de dos bandos encerrados en s y el deterioro de la cultura democrtica y de las propias instituciones democrticas. Un proceso en el que la polarizacin de los medios de comunicacin no hace sino reforzar los prejuicios de la gente, reafirmarse en sus convicciones e impedir un verdadero debate social que tienda puentes. En Catalunya esto es ms visible porque contamos con medios de comunicacin orientados al pblico independentista y con medios estatales. En el resto de Espaa, el discurso es mucho ms monocorde y ayuda a reforzar la idea de que la manipulacin slo se produce en los medios catalanes. Pero en ambos lados predominan los mensajes unilaterales, cuando menos subliminales, para el consumo de las diferentes parroquias.

El deterioro democrtico en el conjunto de Espaa es obvio en muchos mbitos. La manipulacin realizada por el PP gracias a su control de parte del aparato judicial y de los medios de comunicacin, a la aprobacin de leyes que recortan derechos y a su desprecio sistemtico hacia las demandas democrticas de la oposicin parlamentaria es obvia, y su mbito supera con mucho el del conflicto cataln. Se extiende al conjunto de las polticas estatales. Pero el conflicto actual le ha dado nuevas oportunidades de legitimarlas con la apelacin constante al cumplimiento de una legalidad deificada, la focalizacin de un enemigo exterior y la neutralizacin de un PSOE que poda volver a resucitar. El nico problema para el PP es que uno de sus aliados, Ciudadanos, se ha apuntado con tanta eficiencia a la campaa que amenaza con convertirse en un duro rival electoral. Y si la derecha usa la lucha identitaria como eje de su posicionamiento social, lo que peligra es, una vez ms, la democracia.

La democracia es tambin el reclamo del independentismo. La mayora de las personas que defienden esta opcin viven el conflicto en estos trminos: es el Estado espaol el que no deja votar, el que mand aporrear a la gente cuando votaba, el que se niega a reconocer un mandato mayoritario del pueblo, el que encarcela a personas por defender posiciones polticas. Ms an, una parte de esta poblacin se declara independentista por considerar que sta es la nica va para escapar a la autoritaria poltica de la derecha espaola. Y esta visin en blanco y negro de la realidad, esta exageracin de los tintes antidemocrticos de la poltica espaola, contrasta con la beatificacin democrtica de todas las intervenciones de la poltica independentista. Da por buena la celebracin de un referndum en el que ha sido imposible realizar un debate sereno, documentado, de los pros y contras de la independencia (no slo porque el gobierno de Madrid lo ha impedido, sino tambin porque los medios locales han sido utilizados bsicamente como medios de propaganda). Da por democrtica una votacin en la que no ha existido ninguna garanta formal. Da por bueno que una votacin en que el s no llega ni al 50% de la poblacin es suficiente para declarar la independencia. Y, lo peor de todo, convierte a cualesquiera opositores a los postulados independentistas en meros antidemcratas.

Esta poblacin que ha sido abducida por un relato poderoso sobre la superioridad moral del independentismo (basado en parte en agravios reales como el del Estatut y en la crtica al comportamiento bochornoso del PP en muchos campos) es incapaz de reaccionar ante la evidencia de que el proceso que culmin con la DUI era, cuando menos, una insensatez y una va muerta. Por eso el gran peligro de la situacin actual, evidente en Catalunya pero extensible al resto del Estado, es la consolidacin de dos espacios sociales cerrados en s mismos, incapaces de dialogar y de tender puentes, incapaces de avanzar en verdaderos procesos democrticos de tipo deliberativo. Donde lo racional queda subsumido por una enorme carga emocional y la adscripcin a uno u otro grupo impone una peligrosa disciplina social.

III

La izquierda es la gran perdedora en esta dinmica, tanto la izquierda alternativa que en Catalunya representan Els Comuns como el moderadsimo centroizquierda del PSC. Por ms diferencias que existan entre ellos, son las dos nicas fuerzas que han tratado de plantear soluciones alternativas al conflicto, reivindicando un referndum pactado en el primer caso y un etreo federalismo en el segundo. Y ambas corrientes han sido vilipendiadas por los aparatos mediticos de los dos lados.

Para el PSOE-PSC, el envite cataln ha quemado en gran medida las posibilidades de Pedro Snchez de presentarse como una alternativa estatal. Al alinearse indiscriminadamente con la aplicacin del 155 ha acabado por guardar silencio ante los desmanes del PP (por ejemplo, renunciando a plantear en el Congreso la crtica a la operacin policial del 1-O), y corre el peligro de acabar ninguneado por el bloque centralista de PP-Ciudadanos. En Catalunya ello ha deteriorado la capacidad del partido de tener un discurso propio (incluso provocando la huida de algunos alcaldes significativos) y lo ha abocado a buscar aliados en sectores de la derecha catalana no independentista (los restos de la muy reaccionaria Uni Democrtica).

Para Els Comuns en particular, y para Unidos Podemos en general, es evidente que su toma de posicin tiene un potencial coste electoral (hasta ahora slo reflejado en las encuestas), no slo en el resto de Espaa sino posiblemente en Catalunya. Els Comuns son un fiel reflejo de la situacin catalana, en que el independentismo es claramente mayoritario en el medio rural y ha ganado predicamento entre amplios sectores de las clases medias urbanas (los asalariados con educacin y los restos de la pequea burguesa comercial), y, en cambio, es claramente minoritario entre la clase obrera industrial y de servicios (en poblaciones y barrios donde han obtenido los mejores resultados). Esta tensin se ha reflejado internamente a raz del debate (y la votacin) sobre la continuacin del pacto con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona, y quiz pueda volver a repetirse en el futuro.

La propuesta de Els Comuns-Unidos Podemos de seguir apostando por un referndum negociado es valiente, pero en el contexto actual posiblemente no es viable a corto plazo, ni tiene capacidad de cambiar la situacin ni es seguro que vaya a consolidar este espacio. La inviabilidad a corto plazo es obvia para todos los actores sociales. No tiene capacidad de cambiar porque difcilmente va a conseguir, al menos a corto plazo, romper los caparazones en los que se han encerrado los campos enfrentados, especialmente el independentista, receloso de todo lo que provenga de fuerzas con alianzas estatales e incapaz de llevar a cabo una autocrtica profunda de lo que ha significado el procs. Ha habido demasiado calentamiento emocional como para que en un breve plazo de tiempo se produzca una reflexin social serena y un cambio de actitud. Y difcilmente este espacio se podr consolidar sobre la base de un posicionamiento sobre la cuestin nacional, que es, precisamente, aquel en el que existe una mayor divisin interna.

Es cierto que el discurso de Xavier Domnech y los dems lderes plantea propuestas necesarias tanto de reforzar las cuestiones sociales, ecolgicas y de gnero en las propuestas polticas como de optar por una salida ms constructiva y transversal de la cuestin nacional. Pero es una respuesta que, para consolidarse, requiere de tiempo y de otro tipo de procesos sociales. Y tiempo es lo que no hay en la convocatoria electoral. Ni lo habr en los debates sobre la formacin de un nuevo gobierno tras las elecciones. Una situacin en la que es posible que el puado de escaos de Els Comuns sean decisivos y en que acecharn los peligros de todo tipo, peligros ya visibles en la hostilidad de la mayora de los medios de uno y otro bando. Si no quieren naufragar en el intento junto con la campaa electoral, se debera hacer un esfuerzo discursivo sobre qu hacer tras el 21-D, qu propuestas lanzar para romper la perversa dinmica actual, para no acabar cayendo en manos de proyectos ajenos. Sobre cmo construir una nueva dinmica social sobre las ruinas que ha dejado el procs. No es tarea fcil. El folletn sigue prometiendo nuevos sobresaltos.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-163/notas/el-folletin-catalan



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