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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2017

Un rugir de tripas causado por el odio

Xabier Aldekoa
La Vanguardia


Hasta hace un ao, Fanna Wardu viva bien. En su aldea de Samari, en el noreste de Nigeria, tena un pequeo rebao de cabras, algunas vacas y un pedazo de de tierra frtil donde los vegetales y las hortalizas crecan deprisa. Si la cosecha era buena, y sola serlo, venda lo que sobraba en el mercado. Cuando se refiere aquellos das, Fanna dice buena vida y se le entiende todo. Porque ya no lo es: hoy su nieto se le muere de hambre entre los brazos. Al nio, de dos aos y medio, parece que le han colocado alfileres en el lugar donde debera haber piernas y brazos. Tiene la cara consumida, la mirada hueca y emite un lamento seco, como si se hubiera cansado de llorar pero el hambre siguiera doliendo.

Fanna lleva un pauelo de colores en la cabeza del que sobresalen trenzas cortas y clava sus ojos, pintados de negro al estilo de su tribu shawa, cuando responde. No se anda con rodeos para explicar por qu lleg hace cuatro meses al campo de desplazados de Medinatu, en la ciudad de Maiduguri. La vida con Boko Haram es imposible.

Cuando la banda fundamentalista nigeriana lleg a su aldea, se qued con todo. Nos quitaron nuestros animales, nuestro modo de vida. Tenamos miedo de ir a cultivar el campo, si intentabas ir te golpeaban o directamente te disparaban. El miedo a Boko Haram ha provocado una ola de hambre sin precedentes en el noreste de Nigeria y los alrededores del Lago Chad. Al menos 26 millones de personas han huido de sus casas como Fanna, la mitad se ha instalado en la ciudad de Maiduguri y siete millones de personas dependen de la ayuda humanitaria, ms de cinco de ellos en el noreste de Nigeria.

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Es un rugir de tripas causado por el odio . Boko Haram, cuyo nombre en lengua hausa se traduce como la educacin occidental es pecado y quiere instaurar un califato radical, utiliza el terror para controlar el territorio. En los ltimos siete aos, 35.000 personas han sido asesinadas y han secuestrado a ms de 10.000 mujeres y nios. Como consecuencia, las ltimas cosechas se pudrieron sin que nadie las recogiera y los campos estn vacos. Los que an no se han ido, no se atreven a cultivar. Y en una zona pobre como el noreste de Nigeria, la interrupcin de las cosechas no slo significa un hambre atroz para hoy; tambin es una condena de futuro: muchos campesinos no han podido conservar las semillas para la prxima cosecha y, al romperse el ciclo, ya no podrn volver a cultivar cuando llegue la paz. Si llega.

El conflicto entre los ejrcitos de la regin y Boko Haram tambin dificulta el remedio. Como la inseguridad es constante y los yihadistas realizan ataques en carreteras y caminos, las organizaciones no gubernamentales deben ir escoltadas por el ejrcito, lo que ralentiza la distribucin de alimentos e impide su almacenamiento en zonas apartadas ante el alto riesgo de sufrir robos.

Mapa general de la situacin

Mientras no haya paz, la tarea titnica de evitar que millones de personas mueran de hambre recae en las organizaciones no gubernamentales. El Programa Mundial de los Alimentos (PMA), de las Naciones Unidas, es el mayor distribuidor de comida en el noreste del pas, con 136 millones de beneficiarios. El resto de oenegs internacionales llegan entre todas a ms de 400.000 personas, mientras que el gobierno nigeriano no da cifras de la poblacin a la que asiste. Tambin hay iniciativas puntuales del sector privado el nigeriano Aliko Dangote, el hombre ms rico de frica, ha organizado diversos repartos solidarios de alimentos, pero mucho menores.

En el almacn principal del PMA a las afueras de Maiduguri salta a la vista que la comida guardada no es suficiente. La mayora de las naves tienen espacio de sobras. Aunque lo normal en otras crisis alimentarias es que la organizacin tenga de margen dos meses de comida guardada, en el caso de Nigeria la falta de fondos ha acortado las reservas y en el almacn slo hay comida para los prximos diecisis das.

El objetivo tambin es reducir al mnimo las prdidas por robos o deterioro de los alimentos. De las 19.000 toneladas mensuales de comida que reparten en la zona casi el 80% se produce en Nigeria la organizacin admite un 001%-002% de prdidas durante el almacenamiento y distribucin, aunque lo dice con recelo.

Tras siete aos de terror de Boko Haram, nadie ha recogido las ltimas cosechas y los que no se han ido no se atreven a cultivar. Y esa interrupcin asegura el hambre para hoy y para maana

La sensibilidad de la cuestin, con los donantes muy atentos a la gestin de sus fondos, llev a la organizacin a negar el acceso de los datos concretos sobre el coste total y la cantidad de comida perdida en robos, plagas u otros incidentes. Pese las reiteradas peticiones, varios empleados de alto rango del PMA rechazaron proporcionar los datos a este periodista para su comprobacin. En su pgina web, la PMA ofrece cifras globales: cada ao, distribuyen 12.600 millones de raciones de comida en el mundo, con un coste por racin de 27 cntimos de euro.

En Nigeria, y pese a las dificultades de seguridad, las infraestructuras no son tan deficientes o inexistentes como en otras crisis como la de Sudn del Sur, donde se precisa distribucin area en prcticamente todo el territorio. En el caso nigeriano, desde que la comida llega al puerto de Lagos hasta que se distribuye por carretera en las zonas ms aisladas pasan cuatro o cinco das.

Para Mutinta Chimuka, responsable del PMA, el minucioso control de la organizacin en cualquier movimiento de los alimentos, y su poltica de cero tolerancia a la corrupcin permite asegurar absolutamente que el dinero de los contribuyentes llega a los ms necesitados. Aplicamos sistemas de rastreo para estar seguros de que cada dlar, peso o euro que se da al PMA llega a las personas indicadas y adems les llega a tiempo.

Dos jvenes del campo de refugiados Maiduguri se entretienen peinndose

Una visita a la localidad de Dikwa permite comprender las dificultades de la regin. Aunque la distancia entre Maiduguri y Dikwa es de apenas 89 kilmetros, la carretera es tan peligrosa que los trabajadores humanitarios deben acceder a la zona en helicptero. Desde el cielo, se observa por qu. Durante todo el trayecto, se ven decenas de poblados calcinados y decenas de postes de telecomunicaciones saboteados. La presencia de Boko Haram en la zona es tan elevada que, una vez en tierra firme, los forneos apenas pueden permanecer en la ciudad unas horas y nunca quedarse a pernoctar.

La ciudad est repleta de desplazados. En cualquier rincn se acumulan cientos de tiendas-refugio de quienes abandonaron sus casas por la amenaza de Boko Haram. Por las calles, hay cientos de nios sin nada que hacer y cada da atraviesan el permetro de seguridad de Dikwa decenas de nuevos recin llegados.

Aunque la distancia entre Maiduguri y Dikwa es de apenas 89 kilmetros, la carretera es tan peligrosa que los trabajadores humanitarios deben acceder a la zona en helicptero

Para Akura, de 42 aos, es imposible quedarse ah afuera. Ahora vive en el campo de Kyani, en una habitacin que comparte con su mujer y sus siete hijos, y anda fastidiado porque van a construir unas letrinas a dos metros de su puerta. Pero no piensa marcharse a ningn lado. Hasta hace poco, Akura era agricultor y cultivaba arroz y cebollas en su huerto, pero aquella vida termin. Boko Haram lleg y mat a mucha gente; asesinaron a mi hermano. Aqu en Dikwa no hay espacio ni tierras para cultivar, as que dependemos totalmente de la ayuda humanitaria. No me gusta pero no tenemos ms remedio.

El problema es que cada vez son ms y la ayuda es insuficiente. Hamsatu A Galadiana, consultora de proteccin infantil para Unicef en Dikwa, habla de una situacin desbordada. En los momentos de reparto de alimentos hay lucha, caos, empujones y estampidas. Una vez provoc incluso la muerte de un beb, que estaba atado en la espalda de su madre. La mujer cay al suelo y la gente le pas por encima.

Una mujer desplazada en un asentamiento informal de Maiduguri

Las organizaciones humanitarias conocen esa desesperacin porque no es exclusiva de Nigeria. A la crisis econmica global, que ha afectado a la donacin para emergencias de los estados, se une una situacin mundial llena de clavos ardiendo. Adems de la regin de lago Chad y el norte de Nigeria, hay crisis humanitarias de calado en Somalia, Siria-Irak, Repblica Centroafricana, Sudn del Sur y Yemen.

Para Galadiana, en Nigeria slo hay una solucin posible. Lo que esta gente necesita dice no es ayuda humanitaria, es que termine la violencia. Si regresa la paz, volvern a cultivar sus campos como han hecho siempre. Si hay paz, sabrn salir solos adelante.

Hamsatu A Galadiana, consultora de Unicef, solo ve una solucin posible : Lo que esta gente necesita no es ayuda humanitaria, es que termine la violencia "

Fuente: http://reportajes.lavanguardia.com/missing-food/nigeria/


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