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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2017

China
Desahuciar a los ms pobres

Eli Friedman
Jacobin magazine


La campaa en China para expulsar a los trabajadores migrantes de Beijing est diseada para exprimir ms beneficios del suelo urbano y reservar la ciudad para las lites.

El 18 de noviembre, un incendio en las afueras de Beijing mat a diecinueve personas, entre ellas ocho nios. La escalada de los alquileres en el ncleo urbano ha empujado a la clase trabajadora -especialmente a los trabajadores migrantes sin permiso de residencia local- a unas casas mal construidas, llenas de gente, y mal reguladas, que han preparado el escenario de esta tragedia completamente predecible. Unas condiciones de vida peligrosas, desplazamientos excesivamente largos, y la exposicin a riesgos para la salud son el precio que los migrantes pobres tienen que pagar para acceder al creciente mercado de trabajo urbano.

Tras el incendio, el gobierno de la ciudad de Beijing -casi con toda seguridad, tras consultar con la direccin nacional- se cuadr. En cuestin de das, lanz una campaa de cuarenta das para hacer frente a las violaciones de seguridad de los edificios. Pero la intencin real se ha hecho rpidamente evidente: librar a la ciudad de la gente considerada superflua.

Estas expulsiones son consistentes con antiguas polticas que deshumanizan y excluyen a los trabajadores migrantes en China. Pero la purga en Beijing de esta poblacin tambin va a liberar terrenos para usos ms rentables, dando a la municipalidad, hambrienta de ingresos fiscales, una motivacin aadida.

Como resultado, la tragedia original se ha transformado rpidamente en una catstrofe dirigida por el Estado a una escala mucho mayor, ya que decenas de miles de personas se enfrentan al desalojo, el despojo, y la falta de vivienda cuando el invierno se acerca rpidamente. Las imgenes de los edificios demolidos y las colas de personas cansadas se parecen ms a las de una ciudad en estado de sitio que a las de una importante metrpolis. Y as es porque el estado ha declarado la guerra total contra los pobres de la ciudad.

Muchos elementos de esta campaa parecen innecesariamente crueles y han generado resistencia no slo entre los migrantes, sino tambin entre los intelectuales y otros residentes que se han solidarizado con los deshauciados. Sin embargo, el gobierno ha cerrado las ONGs y prohibido a los ciudadanos particulares que traten de proporcionar vivienda u otras formas de asistencia a las personas desplazadas.

El discurso del gobierno de eliminar a la poblacin ms pobre tambin ha provocado una indignacin generalizada. El estado dio a mucha gente apenas unas horas para desalojar sus apartamentos; en algunos casos, se cort la electricidad y el agua. Incluso han arrasado barrios enteros. La escala y ferocidad de la campaa han sido impactantes, incluso para una ciudadana relativamente acostumbrada a un aparato estatal sin contemplaciones.

De hecho, el gobierno central ha estado esperando el momento adecuado para atacar. Durante muchos aos, Beijing y otras grandes ciudades han expresado sus intenciones de mejorar la calidad de sus poblaciones urbanas. Aunque Beijing ha establecido (y superado) lmites para su poblacin, algo cambi en 2014.

Ese ao, el gobierno central lanz el Plan Nacional de Nueva Urbanizacin (2014-2020), que estableci la urbanizacin, en lugar de la industrializacin, como el motor de un modelo ms equitativo y sostenible de desarrollo capitalista. El objetivo del plan es que las ciudades muy grandes -con una poblacin urbana en el distrito superior a cinco millones de personas- ejerzan un control estricto del crecimiento de la poblacin. Ciudades ricas como Beijing, Shanghai, Guangzhou, y Shenzhen sern destinadas a las lites, mientras que la poblacin menos afortunada sera relegada a ciudades de rango y calidad urbana menor.

Para acelerar el programa, Beijing y otras metrpolis han estado haciendo la vida imposible a los inmigrantes de clase trabajadora: revocan el acceso a la educacin de sus hijos, deslocalizan sectores intensivos en mano de obra cada vez ms lejos de los ncleos urbanos y, en ocasiones demuelen las escuelas o asentamientos de viviendas. Esta ronda actual de expulsiones no es un nuevo enfoque de urbanizacin, sino la extensin de un proceso que viene de antiguo.

La lgica poltica en que se apoyan estas acciones tiene races an ms profundas. Desde la formacin de la Repblica Popular China, el Partido Comunista ha intentado tratar el trabajo como si fuera un elemento ms del proceso productivo. En 1957, Mao Zedong dijo: [China] tiene planes de produccin en las fbricas para la produccin de tela, mesas, sillas, y acero, pero no existe un plan para la produccin de seres humanos. Esto es anarquismo -ningn gobierno, ninguna organizacin, ninguna regla. La gestin de este tema tal vez deba tener un ministerio especial- qu tal un ministerio de control de la natalidad?

A pesar de que China nunca llev a la prctica la sugerencia de Mao, si desarrollo, por supuesto, la poltica ms completa y eficaz del mundo para la regulacin de la reproduccin humana. Y, en 1958, el gobierno central introdujo el hukou, un sistema de registro de hogares, que lig la prestacin de servicios sociales a lugares especficos, haciendo muy difcil -si no imposible- para los ciudadanos trasladarse sin la aprobacin oficial. Estas dos tecnologas dieron al estado una capacidad sin precedentes para controlar la produccin y distribucin de los seres humanos.

En la era de la transicin al capitalismo, las ciudades prsperas han utilizado estas herramientas para filtrar sus poblaciones, con el objetivo de admitir slo la fuerza de trabajo en las cantidades y con las habilidades necesarias en cada momento -un enfoque que he denominado urbanizacin en tiempo real. La utilizacin de mano de obra barata ha alimentado una acumulacin de capital de alta velocidad, pero las lites urbanas se enfrentan a presiones contradictorias para atraer y expulsar a los trabajadores: deben garantizar la disponibilidad de trabajadores flexibles sin provocar el caos social o gastar demasiado en escuelas, salud, vivienda y pensiones. Esta tensin explica, al menos en parte, por qu ciudades como Beijing han superado continuamente sus lmites autoimpuestos de crecimiento.

Esta campaa de desahucios masivos demuestra que el estado urbana est ahora dispuesto a arriesgar que el capital carezca de trabajadores a fin de realizar su utopa de unas metrpolis ordenadas y socialmente estriles, en los que viva exclusivamente la lite. Tambin indica que el estado est dando la espalda a los empleadores que dependen de una mano de obra barata, alinendose en cambio, con intereses inmobiliarios deseosos de obtener ms beneficios que el alquiler de vivienda barata puede proporcionar.

Desde que comenz la campaa, las empresas de trabajo intensivo han estado intentando mantener sus trabajadores en Beijing, y gigantes del comercio electrnico Alibaba y JD.com proveen vivienda para sus mensajeros desplazados. Los residentes se han quejado de que los vendedores ambulantes de los que dependen han desaparecido, y los trabajadores que mantienen el aeropuerto de Beijing tambin han enfrentado a desalojos. Los trabajadores migrantes pueden ser una subclase despreciada, pero la ciudad no puede funcionar sin ellos. Estas presiones contradictorias hacen que el estado tenga un comportamiento esquizofrnico, y la poblacin ms vulnerable de la nacin es la que paga esta inestabilidad.

No hay ninguna excusa para la muerte de diecinueve personas y que decenas de miles de personas se queden sin hogar. Pero una seal de esperanza han sido los diferentes actos de apoyo de los residentes urbanos. No debemos exagerar las implicaciones y alcance de este respaldo, y algunos esfuerzos son, sin duda, asistencia paternalista en lugar de actos de solidaridad. Pero a medida que los precios de la vivienda siguen aumentando, los salarios de la mayora no logran mantenerse al da con el coste de la vida, y las escuelas y el mercado de trabajo siguen siendo intensamente competitivos, por lo que un segmento de la poblacin urbana oficialmente reconocida y en situacin legal podra empezar a experimentar las consecuencias de la vida precaria de los trabajadores migrantes.

Despus de todo, la proteccin del estado frente al mercado no es lo que sola ser, incluso para aquellos con una residencia en Beijing altamente codiciada. A medida que el gobierno desahucia a migrantes no residentes de sus casas, el mercado asegura que millones ms no puedan participar en la vida urbana -independientemente de su estatus de residente.

Eli Friedman es autor de Insurgency Trap: Labor Politics in Postsocialist China. Es Profesor de estudios chinos en la Universidad de Cornell, EE.UU.

Fuente: https://www.jacobinmag.com/2017/12/beijing-fire-migrant-labor-urbanization

Traduccin para Sin Permiso de G. Buster



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