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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2017

Las claves de la falsa narrativa del independentismo
El inexplicable Procs: idegrafos, ilusiones y trampantojos

Martn Alonso Zarza
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Dos preguntas de situacin:

1. Cuntas toneladas de tinta, cuntas horas de radio y televisin, cuntos tuits ha consumido el Procs? Si ese gasto no es proporcional como fcilmente se convendr vistos los problemas que aquejan al planeta a la enjundia del contencioso, habr que indagar el porqu de tal derroche de atencin. Adems, si observamos tal sesgo en el cunto (y en el cmo) tendremos razones para andarnos con cuidado en el qu (los contenidos, el relato).

2. Cmo responder en cinco lneas a un corresponsal extranjero que quiere explicar a una audiencia desprevenida cmo hemos llegado hasta aqu?

No se puede atender cabalmente al aspecto subliminal del Procs que late en esas preguntas sin echar mano de dos disciplinas: una antigua, la sociologa del conocimiento y otra reciente y que es en cierto sentido el reverso de la epistemologa, la agnotologa. Para avalar este enfoque partamos de una observacin anecdtica. Una figura destacada (hoy lo es todava ms) del mbito sindical asever: El derecho a decidir, quien mejor lo puede interpretar es la sociedad catalana, que lo ha bautizado as. El derecho a decidir es hijo de la sentencia del Tribunal Constitucional [TC] sobre el estatuto de Catalua. Si Catalua quisiera decir otra cosa, lo dira1. La declaracin es a la vez sintomtica, por el relieve y la ascendencia del emisor, y emblemtica, porque presupone la asuncin del ncleo duro del relato de los procesistas: la identificacin entre secesionismo y sociedad catalana, la tesis de la responsabilidad del TC (lase, Espaa) y la doble afirmacin de que el derecho a decidir es un invento de la sociedad catalana y una consecuencia de la sentencia. Todas estas proposiciones son categricamente falsas. Desde luego no ha habido rectificacin y tampoco ninguna enmienda pblica desde el sindicato que representa; una muestra aadida de la difusin capilar de esta narrativa de parte.

El idegrafo

Aunque ningn fenmeno complejo se deja explicar por una sola variable, me ocupar aqu de algunas que permanecen en la penumbra. Los estudiosos de la retrica poltica han acuado la etiqueta idegrafo para designar a un trmino del lenguaje ordinario, de un alto grado de abstraccin, culturalmente dependiente (el significado del trmino es establecido por los protagonistas), identificado con un compromiso colectivo y portador de una funcin normativa (sirve de gua y justificacin de comportamientos que de otra manera pareceran inaceptables o irracionales). Los idegrafos son etiquetas, lemas o eslganes capaces de condensar la ideologa de un discurso poltico, de un relato. Hay un candidato aventajado para esta tarea: catalanofobia (la inquina espaola), en la versin popular ms o menos explcita. Digo en la versin popular porque conoce una culta, la que sirvi de lema para la crema de la intelectualidad catalanista en el simposio inaugural de los fastos del Tricentenario: Espanya contra Catalunya (revalidado en una monografa con el mismo ttulo de Jaume Sobrequs, su promotor). Este sinttico trigrama expresa en su contundencia la cosmovisin subyacente, una sensibilidad que fue anticipada en el editorial conjunto titulado, anticipando la ilusin mayoritaria, La dignidad de Catalunya, y publicado el 29 de noviembre de 2009 en varios medios de la prensa catalana.

El idegrafo como ncleo del relato cumple dos funciones. Es, por un lado, un marco cognitivo, es decir, una llave de paso que decide qu tipo de informacin es procesada (la que es congruente) y cul rechazada (la disonante). La prisin de los Jordi y su enmarcado como presos polticos y la (injustificada) actuacin de la polica el 1-O es congruente y reforzadora, de ah su centralidad; pero el desalojo de la Plaza de Catalua en mayo de 2011 contra los indignados u otras acciones violentas de los Mossos, no lo son; por eso no pasan el filtro cognitivo del relato matriz. La dimensin prescriptiva de los marcos hace que puedan transformarse en profecas autocumplidas. En segundo lugar, el idegrafo funciona como un mito en cuanto que proporciona, de una manera tosca, una visin del mundo. En este sentido el idegrafo podra calificarse como un producto del populismo epistemolgico. El mito es ingeniera: crea realidad; la funcin performativa del lenguaje opera aqu con toda su plenitud. Y ello es visible en la propia trayectoria de los personajes, que parece seguir la voz de una fuerza superior. El mito incorpora una peculiar cualidad epistemolgica: es apodctico e incontestable, no necesita pruebas y hasta las pruebas contrarias son metabolizadas en su favor. Esto es particularmente destacado en los mitos de urdimbre victimista como los de destino robado: son de ganar o ganar. Como la hipocondra: cuando se les da la razn se reafirman y cuando se les quita se ven confirmados en su victimismo, es decir, en sus razones. Si la tarea de desmantelar un mito es, como apunt Vidal-Naquet, mucho ms ardua que la de crearlo, en este supuesto la dificultad se multiplica hasta el lmite de esas cantidades logartmicas aludidas en la pregunta inicial.

La eficacia social del idegrafo no tiene que ver con ninguno de los fantasmas de las teoras conspiratorias sino que se explica por procesos sociales normales. En particular por dos mecanismos complementarios: uno cuantitativo, la ilusin de mayora; y otro cualitativo, la ilusin de excelencia.

Mayora aparente y contagio

La ilusin de mayora que ilustra el tropo de la sincdoque consiste en que una parte reducida de la sociedad impone su hegemona, en trminos ms precisos, en que un nosotros parcial (independentistas) se convierte en el nosotros comunitario (catalanes). Recordemos el ttulo del editorial conjunto de 2009: La dignidad de Catalua. Un detalle reciente viene a avalar esta visin del nosotros, el tuit de Joan Tard a Ada Colau tras romper con el PSC en Barcelona: @Ada Colau por favor, hagamos una campaa sin ofendernos entre nosotros!. Se ve que la decisin de Colau ha sido decisiva para ser considerada parte titular del nosotros restringido. No es solo mi percepcin, uno de los creadores de opinin afines, Francesc-Marc lvaro, lo corrobora: En este nosotros est la clave del escenario ms probable despus del 21-D. Un nosotros sin reproches ni obstculos en Barcelona. El ttulo es expresivo: Colau era la pieza pendiente para completar el lote del posesivo de los titulares. La apropiacin de la representacin est an ms clara en el lema delante de la prisin instalada en la Plaza Mayor de Vic el 18 de noviembre para pedir la liberacin de los presos: Un pueblo encarcelado2. 

La ilusin de mayora tiene dos componentes. Uno es de naturaleza discursivo-comunicacional y consiste en instalar la tesis (falsa) de que un relato determinado goza del aval del consenso social. Para ello es fundamental la funcin de la infraestructura de resonancia. Como han sealado Jack Snyder y Karen Ballentine3, el nacionalismo crea mercados de ideas imperfectos, en este caso con una posicin de preeminencia del denominado espacio cataln de comunicacin, una demarcacin que encierra, entre otras cosas, una confusin de enorme calado entre catalanista (nacionalista), social y pblico. Mejor ilustrar esta ilusin de las mayoras aparentes con una voz ajena, la de igo Domnguez: Toda Catalua sera una []. La idea es siempre la misma: el deseo de independencia es abrumador, total, y no lo que es en realidad, no mayoritario, segn las ltimas elecciones. En ese sentido las posturas contrarias son residuales. En este caso tambin el medio crea la realidad o su ilusin (spin doctoring): [Telenotcies] transmita una idea de movilizacin total y masiva, cuando basta una pequea fuerza de activistas organizada para cortar medio centenar de puntos clave. Es difcil decirlo mejor y ms breve. Es, en efecto, una msica constante que transcribo evitando las comillas: la del clamor de la calle, la del mandato democrtico, la de la fuerza de la gente, la de la transversalidad y el apoyo unnime, la de la duplicacin de la longitud de La Castellana en las Diadas procesistas (Enric Juliana), la del encomio de los ceros en la tasacin de manifestantes... Es, en resumen, el mecanismo de la legitimacin plebiscitaria. En esta misma clave hay que entender titulares como Los estibadores de Barcelona acuerdan no dar servicio a los cruceros de la Polica Nacional, la carta de 188 acadmicos, polticos e intelectuales denunciando que el Gobierno espaol ha violado libertades y derechos, la declaracin de organizaciones pacifistas de Warhda, la convocatoria de la huelga patritica, la peregrinacin de 187 alcaldes a Bruselas, los tractores en el Arco de Triunfo, las menciones a apoyos por parte de figuras como Angela Davis, Julian Assange, Noam Chomsky, Yoko Ono, Silvio Rodrguez o Rigoberta Mench. Funcionan como amplificadores y dan cuenta de la viralidad de aquellos contenidos congruentes. Lo recoge con chispa Josep Maria Corts: El todo vale es la palanca del soberanismo. Valen incluso las alianzas putrefactas con la Lega Norte de Maroni y Umberto Bossi, culmen de la xenofobia, y sirven tambin las ayudas de Theo Francken (partidario de conceder refugia a Puigdemont), el ministro flamenco, miembro del N-VA, un partido extremista que rechaza a refugiados e inmigrantes. Si, ya s, el N-VA es el partido ms votado de Blgica, como las manifestaciones de Mas y Puigdemont son las ms numerosas. Pero ser ms, no es ms. As lo aceptan quienes quieren entender el populismo, la demagogia y el desprecio que los hombres del poder sienten por las masas a las que manipulan, escribi el gran Elias Canetti en Masa y poder.

El autoconvencimiento de los afectados es tal que se desmiente a las matemticas. Cuando una corresponsal extranjera le seala a Puigdemont que los independentistas no han obtenido ms que el 48% de los votos en las ltimas elecciones. Eso no es una mayora absoluta, esta es la respuesta del entrevistado: Es falso 4.

La ilusin de la mayora encuentra un cierto aval en un proceso de naturaleza social que tiene que ver con la influencia y explica que cierta ubicacin de actores de prestigio en posiciones estratgicas de una red social puede producir un efecto de mmesis o contagio y atraer a sectores sociales hacia los postulados defendidos por la minora activa que representan. Es el otro componente. Kristina Lerman, Xiaoran Yan Xin-Zeng Wu lo argumentan con detalle en The Majority Illusion in Social Networks, ampliando la tesis de Serge Moscovici segn la cual el rumbo de las sociedades no lo trazan las mayoras sino minoras activas, grupos que saben conjuntarse y utilizar la influencia para imponer sus posiciones (Psychologie des minorits actives, 1976). Este enfoque de nodos activos permite explicar fenmenos de radicalizacin incremental o efecto domin como los vividos en el apogeo del nazismo o en los Balcanes en los 90. Lo dej magistralmente reflejado Ionesco en una fbula con referente inequvoco, Rinoceronte: son setenta, sern cien, doscientos, mil; invaden los peridicos, las revistas. Dan clases en la facultad, conferencias; escriben libros, hablan, hablan, sus voces lo ocupan todo. Desde luego el Procs cuenta con un factor determinante para ese efecto: la terna de tenores Piqu, Llach y Guardiola. No en vano la explicacin ms concisa del Procs es la doctrina Piqu, que regurgitaba el sindicalista citado: Todo empez con el Constitucional.

La repeticin (efecto Goebbels) por los amplificadores de opinin de los contenidos consonantes con el marco cognitivo y el carisma de figuras mediticas que estudia la teora de los nodos activos da cuenta de cmo posiciones minoritarias crecen o son sobrerrepresentadas: el efecto arrastre o seduccin. La casualidad de un topnimo permite aunar en una gavilla anecdtica estos procesos complementarios: Santpedor, un pueblo medieval. All naci el Timbaler (tamborilero) del Bruc, un joven que, segn la leyenda, con el sonido de su tambor, amplificado por las pantallas de las montaas circundantes, habra hecho huir a Napolen convencido de que un ejrcito descomunal le esperaba. El primer componente de la ilusin de mayora podra muy bien denominarse efecto Timbaler del Bruc. Y el segundo? Santpedor es tambin la cuna de Josep Guardiola, emblema de la identidad catalana y portavoz de la causa independentista, en palabras de Madjid Zerrouki. Su casa natal forma parte del itinerario turstico del pueblo, hoy gobernado por ERC: No se trata de ninguna joya arquitectnica, pero el tirn de Pep Guardiola la hace cotizar al alza. Esta quasi-divinidad, se ha convertido sigue la misma fuente francesa en un icono independentista, una causa a la que presta su imagen y su voz. Rene, pues, condiciones inmejorables para actuar como nodo activo. Desde esa posicin replica el mantra del idegrafo de la catalanofobia hispnica. As, en un mitin en Barcelona el 11 de junio pasado sentenci: Somos vctimas de un estado que ha emprendido una persecucin poltica indigna de una democracia en la Europa del siglo XXI. Sus palabras resonaron a lo ancho y a lo largo como los sones del tambor del Bruc. Como los eslganes de Llus Llach, cada vez menos musicales.

Puesto que la atencin y la influencia en contenciosos identitarios son de suma cero, la contrapartida de esta sobrerrepresentacin de la minora es la espiral del silencio que afecta al resto de la poblacin. No es visible, luego no existe. La extraeza ante las dos manifestaciones de octubre es un ejemplo de la influencia persistente de esta espiral. Pero la espiral del silencio no solo es fruto de una pasividad inercial, puede serlo tambin de estrategias activas de silenciamiento, prcticas que forman parte de la categora general de contramovilizacin, un concepto que designa la accin orientada a acallar la voz de los discordantes y que no rima desde luego con los colores del oasis democrtico. En consecuencia, no ha habido tenores ni otros influencerati que rivalicen en decibelios con los tenores del independentismo. Se ha impuesto la idea de que el relato catalanista es un relato no solo abrumadoramente aceptado sino bueno y conveniente; lo ltimo tiene que ver con el punto siguiente.

Ilusin de excelencia

La atribucin cuantitativa se completa con otra cualitativa. El sujeto autoproclamado titular de la minora monopoliza el campo semntico de los valores positivos. Puesto que se trata de un contencioso diferencial el resultado es una asimetra polar en la distribucin de capital simblico: a la excelsa Catalua nrdica la radicalidad democrtica, en versin independentista adoptada por Ada Colau se contrapone una Espaa mesetaria y casposa, un bloque monrquico, la ltima invencin lxica, propenso a producir cosechas interminables de fachas, presentes y pretritos, de Serrat o Coixet a Machado. Gandhi frente a Torquemada. La etnicidad catalanista se erige en identidad de prestigio, de ah su poder de seduccin y su distribucin desigual en la pirmide social con una concentracin en la cpula, como ilustra palmariamente la presencia diferencial de los apellidos. La iniciativa secesionista aparece as calzada con los menores atributos: democrtica, cvica, pacfica, dialogante, europesta, desde abajo. (Plebeyo es un adjetivo que ni siquiera se oye desde las alpargatas de diseo de la CUP)5. Love democracy o la revolucin de las sonrisas son locuciones que ilustran esta narrativa. Las impecables condiciones de la sociedad civil representada por ANC y mnium Cultural son del lote. Por eso cualquier reaccin del gobierno central a los atropellos a la ley cometidos bajo tal vestuario no puede ser otra cosa que venganza, fascismo o las dos cosas.

En este sentido hay una continuidad entre el Procs y los aos de lluvia fina de la uniformizacin/normalizacin pujolista. Aos de sementera, que haran ms tarde las veces de levadura. La autoatribucin tiene entonces su mito fundacional en el balcn histrico de la Plaza de Sant Jaume: De tica, moral y juego limpio hablaremos nosotros. All se acuaron una serie de tpicos que se asumieron como datos pese a su falta de sustento emprico: me refiero en particular a lo que tiene que ver con la lengua. De Merc Vilarrubias recojo algunos6: existe un amplsimo consenso acerca del sistema de inmersin, la educacin en lengua materna no es importante ni necesaria, el sistema de inmersin garantiza la cohesin social, presentar alternativas al sistema de inmersin implica ser facha y anticataln. La idea del modelo escolar como puntal de la cohesin social y la igualdad de oportunidades es otro de estos tpicos, tanto que el diputado del PDeCAT Jordi Xucl exigi recientemente al gobierno que no se toque ese tesoro; un remake de la condicin de Pujol a Aznar para el pacto del Majestic. En este mismo registro la falsa idea de que el cataln es la lengua ms hablada en Catalua. Mariano Fernndez Enguita pone orden en estos tpicos. Lo propio ocurre con los medios pblicos, un factor decisivo en la nacionalizacin sutil (lluvia fina) sin el cual no hubiera sido posible la eclosin tarda del Procs. Lo escuchamos a alguien de dentro, Sal Gordillo, de Catalunya Rdio y exsocio de Carles Puigdemont, anunciando, en previsin de la aplicacin del artculo 155, que no sera fcil modificar la forma de hacer de los medios catalanes: Eso no depende de la cpula, no es fcil cambiar en dos das una organizacin que funciona como lo hace desde 1983.

La estrategia de acumulacin de capital simblico (supremacismo, eleccin tnica) que conlleva la ilusin de excelencia no es mero narcisismo: se constituye en una instancia proveedora de derechos. A un pueblo (un trmino ms apropiado que sociedad en la acepcin tnica o tribal) portador de tales avales, cmo se le va a disputar el derecho a decidir su futuro? El derecho a decidir apenas un eufemismo del derecho a levantar una frontera es la clave de bveda de la neolengua del Procs y aparece estrechamente asociado con la percepcin de superioridad: nos corresponde porque somos mejores. Pero ni tal supuesto derecho un endemismo jurdico vasco-cataln, tiene aval en la normativa internacional, ni la mera adicin de cifras es fundamento slido de derechos. Michel-Louis Rouquette denomin paralogismo del nmero a la creencia de que muchas voluntades reunidas no pueden estar equivocadas. Pero, claro que pueden estar equivocadas, adems, como recuerda Flix Ovejero, la voluntad y el nmero resultan irrelevantes para fundamentar derechos.

Adicionalmente, la diferencia ontolgica que indica el supremacismo tiene connotaciones mesinicas que encontramos en algunas proclamaciones desde sectores supuestamente no identitarios, as en la tesis de que la independencia de Catalua ser beneficiosa tambin para Espaa; de otro modo, que el Procs ser el medio taumatrgico para redimir a esa Espaa de pandereta de su secular mugre. La inflacin de autoestima colectiva y el consiguiente sentimiento de omnipotencia conducen inexorablemente a una prdida de sentido de la realidad. Recordemos las amenazas de Agust Alcoberro, vicepresidente de la ANC, a la estabilidad del euro y al Ibex 357.

La ilusin mayoritaria en su doble vertiente tiene dos cometidos, la instalacin por va performativa del idegrafo como definicin cannica de la realidad y la ocultacin de los mecanismos, de la ingeniera responsable de implantar socialmente el relato. Esto ltimo se lleva a cabo mediante la fabricacin incesante de medias verdades y mentiras enteras que juegan el papel de distractor o trampantojo: miles de pginas de las mencionadas arriba estn dirigidas a achicar el alud de cuentos, mitos y falsedades cotidianamente vertidos sobre la esfera pblica. Aunque vayan a menudo precedidos, por la expresin es evidente. Oriol Junqueras es un adicto a ella pero tambin el expresident8: Es evidente que estamos amparados por el derecho internacional. La evidencia barre todo el espectro del arco semntico, desde el polo del delirio mesinico hasta el de la posverdad grosera.

Achicar patraas: ni Hrcules

Coinciden plumas como las Orwell, Primo Levi Victor Klemperer o George Steiner en la creencia de que los males de la humanidad empiezan por la corrupcin del lenguaje. La conquista del poder no consiste hoy en el asalto de la Bastilla sino en formatear la manera en que se habla y se piensa, resume Laura Kipnis. La lista de las falsedades producidas en el asunto que nos ocupa es inabarcable. Xavier Vidal-Foch y Jos Ignacio Torreblanca recogen algunas. El expolio de 16.000 millones de euros anuales por parte del Estado espaol, es una de las ms slidas; a su vez resulta deudora de una variante del idegrafo principal, Espaa nos roba. Que el inventor del eslogan lo haya desacreditado y que Josep Borrell sacara los colores a Junqueras en un debate memorable sobre el asunto, no tiene fuerza para perforar el blindaje cognitivo del idegrafo.

Seguramente esta produccin de escorias epistemolgicas (de falsedades, sofismas, tergiversaciones, fbulas, invenciones o infundios, todo el arsenal de confusin masiva que utiliza la agnotologa, pero tambin de piruetas dialcticas, contorsionismos y prestidigitaciones semnticas, como la pregunta del 9-N o el increble empate en una votacin de la CUP a 1.515) nos acerca a la clave de bveda materialista del Procs: la nmina de quienes han hecho del Procs, en sus diferentes estructuras y muy particularmente esta de produccin de posverdades y hechos alternativos, un medio, incluso un buen medio, de vida. Especialmente en el escenario de recortes y precariedad que ha dejado el tsunami neoliberal.

Este es el secreto de la longevidad del sufl, en vez del esencialismo que a menudo se aduce. Lo reconoce Jess Maestro, exdirigente de ERC: perque hi ha gent que en viu del procs i perqu no poden o no volen veure la realitat de com s el pas. As que no pueden o no quieren; es el teorema que formul hace un siglo Upton Sinclair: Es difcil que una persona entienda algo si su salario depende de no entenderlo. O de no verlo. Hay dos razones, no especficas de este caso, para la resiliencia del Procs. Una es la mstica de los verdaderos creyentes y remite a la dimensin mtica y mstica sealada al principio. No obstante, la razn principal para que no baje el sufl es utilitarista y reside en la nutrida plantilla de fogoneros que viven literalmente de l. El decurso de los acontecimientos hubiera sido otro sin las numerosas y jugosas recompensas distribuidas por el enjambre de organismos polticos, parapolticos (Diplocat) y sociales, de empresarios concertados como Oriol Soler, Xavier Vendrell o Jaume Roures, que han prosperado al rescoldo del Procs. Las denominadas estructuras de estado han resultado imaginarias como tales pero verdaderas como agencias de colocacin.

Esta oleada de reclutamiento reciente se ha integrado con toda naturalidad en la tupida red clientelar que haba creado el pujolismo. Habra ejemplos innumerables, apuntados con irona en Clave K de Margarita Rivire, pero quiero traer una ancdota, si se puede llamar as, recin salida de un armario repleto de ellas, porque desvela el circuito que construye el clamor, la ilusin mayoritaria. El primer episodio de relieve en que se invoc la tesis del clamor fue en el caso Banca Catalana. Entrevistado en La Sexta por Cristina Pardo (28/11/2017), Ricard Murga, situado en ese istmo superpoblado entre la poltica y los negocios, entre CDC y Adigsa, cuenta que cobr un milln de pesetas, entre otras ddivas, por acudir a aplaudir a Pujol en la manifestacin convocada al efecto. Hacer pas, era formatear las escuelas y crear estos aparentes clamores, bien engrasados como se ve. (Esto forma parte de lo que improbablemente conocern buena parte de los enviados especiales para dar cuenta de los acontecimientos recientes, y de lo que ms improbablemente an hablarn Piqu, Guardiola y Llach). En este lote entra tambin una parte de los medios; como ha sealado el que fuera vocal del CGPJ Alfons Lpez Tena, la prensa catalana no investiga la corrupcin porque cobra de Ayuntamientos, Generalitat y empresas 9 .

Finalmente, los propios protagonistas han acabado reconociendo el trampantojo; de Carme Forcadell a Josep Lluis Salvad (Cualquiera con dos dedos sabe que no se puede declarar la independencia), pasando por alguien tan significado como apuntalador del idegrafo desde la parafernalia del Tricentenario como Toni Soler (la estrategia soberanista era un farol) y el propio portavoz de ERC, Sergi Sabri (no estbamos suficientemente preparados para darle continuidad poltica). Y estos das no cesan las declaraciones mostrando la duplicidad. El componente teatral es una constante. No sera por ello de extraar una aparicin efectista del expresidente prfugo en vsperas electorales, con la coreografa martirial del victimismo como palma y laurel.

Sin embargo, acaso lo ms llamativo de todo es la complicidad recibida desde fuera para mantener este relato. Indagar en el cctel de nacionalismos que han fraguado en el Procs es una tarea pendiente. Me contento con citar a dos, el transferido de figuras como Jon Lee Anderson de The New Yorker que ha contado Antonio Muoz Molina, o el invertido de personas como Pablo Iglesias que no encuentra motivos para acudir a la celebracin de la fiesta nacional espaola pero se coloca a la cabeza de la manifestacin en la Diada. El empeo de este nacionalismo invertido de la nueva izquierda para desacreditar la democracia espaola y el Estado de todos, de consumo con el nacionalismo de los ricos, es ciertamente digno de estudio.

Vuelvo al principio: la pregunta de por cmo hemos llegado hasta aqu es de cuo aristotlico; a partir de la presuncin de la proporcionalidad entre efecto y causa se sospecha un factor de gran calibre capaz de haber producido tal impacto. Por eso solo se ajustan al patrn respuestas expeditivas como las tres palabras mgicas del simposio o las cinco del dogma Piqu. Pero ni el triunfo del Brexit o de Trump ni el nazismo se explican por una causa nica sino por la acumulacin progresiva de causas pequeas a menudo invisibles. Lo dej dicho Lichtenberg en su obra Aforismos: En el mundo, las cosas ms grandes se llevan a cabo gracias al concurso de otras a las que no prestamos atencin, pequeas causas que pasamos por alto y que al final acaban acumulndose.

Por eso quien no saba nada de la deriva etnoidentitaria del catalanismo no tena ms expediente para explicar las imgenes de la injustificada accin policial el 1-O que la tpica caricatura del franquismo, bien consonante con el idegrafo de la catalanofobia y difundida desde hace tiempo por el independentismo. (La protesta estudiantil del 25 de octubre se convoc bajo el lema Contra la represin franquista). Por eso el proceso es inexplicable. No es esperable que alguien est dispuesto a tragar pginas y pginas hasta desvelar la tramoya, la escoria, ni la cocina que la produce. As que la opcin por defecto es al atajo cognitivo. Lo resume Antonio Muoz Molina: Pocas cosas pueden dar ms felicidad a un corresponsal extranjero en Espaa que la oportunidad de confirmar con casi cualquier pretexto nuestro exotismo y nuestra barbarie. Hasta el reputado Jon Lee Anderson, que vive o ha vivido entre nosotros, miente a conciencia.

La mentira nunca es inocente, escribi Camus en Calgula. La tarea de descontaminacin de la escombrera postfactual exigira al Hrcules que desvi el curso de dos ros para limpiar las cuadras de Augias. Pero no hay tales remedios mgicos en poltica. Solo la acumulacin los vuelve parcialmente obsoletos: miramos los peridicos de dos semanas y parece que ocurri hace mucho tiempo. Pensemos por ejemplo en el montaje, valga la ambivalencia, del vdeo Help Catalonia de mnium Cultural; o de la declaracin del presidente de la organizacin hermana definiendo el 1-O como una jornada de violencia como no se haba visto desde la Segunda Guerra Mundial (represe en el papel de la ilusin de excelencia: la ms porque se refiere a nosotros), o el anuncio solemne hace un mes por Junts pel S y la CUP de que boicotearan unas elecciones convocadas por el Gobierno central. Tambin los encargados de alimentar el alud de posverdades aseguran, como los fogoneros citados, la persistencia del Procs. A veces es difcil diferenciar entre ellos. Antes he mencionado a Oriol Soler, considerado como un personaje clave en el sanedrn de Puigdemont. Sabemos que su productora, Batabat, fue la encargada de realizar el vdeo de propaganda de mnium Cultural, recin citado.

Pero hay ms. Se ha aludido a Julian Assange como nodo amplificador; pues bien, Soler se entrevist en Londres durante cuatro horas con Assange10, autor en las ltimas semanas de miles de mensajes de apoyo al movimiento independentista. Soler tambin se entrevist con el exconsejero de Sanidad Toni Comn para la cesin de los centros de salud para las votaciones del 1-O. Y en este apartado de cocina y fontanera vale la pena sumar otro ejemplo. He mencionado antes la carta de los 188 intelectuales promovida desde Bruselas. La trazabilidad de ese documento publicado a primeros de noviembre deja pocas dudas. Entre los firmantes haba varios eurodiputados, entre ellos los tres de Junts pel S. Los mismos que haban denunciado las amenazas a los alcaldes y dado su apoyo al referndum11. La referencia al referndum no es gratuita. El exconsejero de cultura Joan Manel Tresserras (ERC) comenta a un prximo a Oriol Junqueras con responsabilidad en la organizacin cmo se deben procesar los datos de participacin: Si podemos decir que han participado tres millones, sera imparable, pero si van dos millones se tiene que sofisticar ms y decir que habran sido tres pero lo han impedido, nos han boicoteado. El domingo por la noche se tiene que afinar bastante. Tresserras de tamborilero amplificador; sofisticacin y afinamiento para nutrir la espesa tectnica postfactual. Entre tanto escombro, el nmero real de participantes en el sedicente referndum es un misterio tan insondable como el origen de los dineros aparaisados de Pujol. Por no hablar de esas noticias falsas, pero muy difundidas, como que la polica haba roto uno a uno los dedos a una mujer el 1-O (lo que fue desmentido por la protagonista: tena una mera inflamacin de cartlagos); lo que lleva a Guillem Martnez a recomendar una medida de cautela: Y, despus de cinco aos de nada, tengo claro tambin que cada acusacin procesista, cada construccin procesista, cada obra procesista, debe de ir acompaada de papelito. O no es nada. O es otra regin de propaganda despus de otra.

En este rubro de la fabricacin de materiales postfactuales no pueden olvidarse un par de figuras. La primera es la monja feminista y anticapitalista Teresa Forcades, firme promotora del independentismo y con posiciones tan polticamente modernas como esta: la religin debe estar implicada en los debates democrticos; religin y poltica deben mezclarse. La mayor parte de las monjas de su comunidad fueron a votar el 1-O, segn sus palabras. Ese mismo artculo recoge otros ejemplos de la imbricacin religiosa en el Procs, algo que a uno le suena a nacionalcatolicismo. La otra es Jordi Bilbeny, el director del Institut Nova Histria (INH) que ha descubierto el verdadero origen (cataln) de personajes como Da Vinci, Cervantes, Santa Teresa, El Bosco o Coln; y fabricado una novedosa teora sobre el descubrimiento de Amrica. El 10 de marzo de 2017 y en representacin del INH, Bilbeny se reuni con la presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Segn la informacin proporcionada por el propio INH, la reunin dur ms de una hora y en ella Bilbeny, tomando como eje vertebrador la censura del Estado, le resumi la tesis de una de sus conferencias ms conocidas titulada Recuperar la histria, qesti dEstat. Pero no hay solucin de continuidad entre estas figuras y esas paraestructuras de estado encuadernadas en expresiones como consejo fantasma, comit invisible, cpsula de mando (las dos ltimas de F-M lvaro) estado mayor, Gobierno en la sombra, o sanedrn del Procs.

Uno de los efectos del idegrafo es que funciona como una pantalla cognitiva que impide la visin de la realidad. Por eso una parte de la audiencia ha credo a los mesas del ilusionismo y se ha desentendido del principio de realidad, pese a los antecedentes cercanos. Lo expresa claramente Enric Juliana: Quin fue el aventurero que convenci a los dirigentes soberanistas de que el Brexit y Trump eran marcos favorables? Hay ah un interesante hilo a seguir para la reconstruccin crtica de lo sucedido. Quin vendi un marco que era una falsa ilusin?. Solo habra que aadir tras saludar la afortunada referencia al trampantojo, que mejor si tal declaracin se hubiera hecho con un espejo cerca; el editorial conjunto y otros de sus escritos posteriores no son por completo ajenos a lo que Juliana ahora critica. Pero acierta de pleno al evocar la figura del trampantojo, lo mismo que al apuntar un elemento incipiente e indito en el catalanismo que no se asocia con buenas compaas, la eurofobia.

Podemos resumir este punto con unas palabras de Jordi Canal, profesor en la cole des Hautes tudes en Sciences Sociales (EHESS) de Pars: Es un proceso construido a partir de mentiras y de exclusiones, dirigido por hombres y mujeres mediocres, que se acaba hundiendo tras el anunciado choque de trenes. Detrs de los discursos y las proclamas no haba nada de solidez. Ha sido una gran estafa. Probablemente el rastro ms abrumador del Procs ser la ubicuidad y la cantidad de bazofia epistemolgica que ha producido. Tampoco es una particularidad catalana: todas las derivas vlkish llevan incorporada esta virtualidad. Pero el periodista forastero que pide una respuesta rpida difcilmente se har cargo de tales intrngulis y en consecuencia tender a adoptar como sucedneo de explicacin alguna variante del idegrafo de la catalanofobia cocinada en la factora cognitiva del independentismo.

Hay otro elemento del trampantojo que no se puede olvidar: el coste de oportunidad. Todos los dems problemas han desaparecido; los beneficiarios de las polticas neoliberales tienen razones para estar agradecidos.

Un poema de ngel Gonzlez anticip los derroteros de la posverdad: Pues las mentiras viejas se convierten/ en materia de fe,/ y de esa forma/ quien ose discutirnos/ debe afrontar la acusacin de impo. Por eso Piqu sigue goleando a los mulos de Hrcules despus de haber driblado a Aristteles. La conclusin, en boca del maestro de la sociologa Robert K. Merton, nos devuelve al principio, ilustrando una funcin del idegrafo consonante con su condicin de marco cognitivo: La nica manera de romper el crculo vicioso de la profeca que se cumple a s misma es abandonar la definicin inicial; pero aade, irnico, que difcilmente puede uno sorprenderse de este transparente juego de prestidigitacin social, por el que se nos muestra con aire triunfal el conejo que habamos visto colocar cuidadosamente en la chistera.

Contra estas profecas siniestras, el contrapunto de una receta saludable entre los versos luminosos de Joan Margarit: La mateixa ciutat noms dura el seu temps / totes les Barcelones sn unes dins les altres / com unes invisibles nines russes.

Notas:

1: El Pas, 07/03/2016.

2: elnacional, 17/11/2017.

3: Nationalism and the Marketplace of Ideas, International Security, vol. 21, n. 2, 1996, pp. 5-40.

4: Le Monde, 23/09/2017.

5: La CUP se ha distinguido por el empeo en presentarse como representante del pueblo (Pere Vilanova, Apuntando maneras, El Pas, 10/08/2017). Pero habra un sentido de pueblo en el que invitan a pensar expresiones como els carrers sern sempre nostres.

6: Sumar y no restar (El Viejo Topo, 2012).

7: Le Monde, 21/10/2017.

8: Le Monde, 23/09/2017.

9: Entrevistado por Steven Forti, Atlntica XXII, mayo 2017, pg. 24.

10: Segn informa El Confidencial (16/11/2018).

11: La Vanguardia, 13/09/2017.

Martn Alonso Zarza es politlogo y autor de El catalanismo, del xito al xtasis (tres vols.; 2014-2017)

Fuente: http://ctxt.es/es/20171213/Firmas/16693/martin-alonso-zarza-catalu%C3%B1a-pdecat-proc%C3%A9s-erc-cup-puigdemont-espa%C3%B1a-pp-Rajoy-Junqueras-independentismo-Assange.htm



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