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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2017

Alfredo Guevara y el contrapunteo de la cultura

Julio Csar Guanche
OnCuba


Alfredo Guevara seal aquel mueble, un butacn vanguardista, demasiado bajo como para que pudiera sentarse en l a la altura de sus ya ms de 80 aos, y dijo: un da Leo Brouwer me llam para avisarme que estaban vendiendo esos muebles en un Ten cent, y corr a comprarlos. Aquel da era de algn ao de la dcada de 1960, los muebles eran Knoll y, pasados los aos 2000, permanecan en las oficinas del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana.

La aficin por los muebles Knoll podra parecer contradictoria con la conocida veneracin de Guevara al mobiliario barroco y colonial. Recorriendo con la vista el butacn, su defensa de la esttica Knoll se remont al origen del formalismo ruso y del racionalismo alemn, y al contexto del estalinismo y el fascismo.

Guevara haba estudiado a fondo el movimiento de la vanguardia rusa anterior al estalinismo y lo consideraba el germen, junto a la Bauhaus, de casi toda la vanguardia occidental. Lament siempre que, en el caso ruso, esa vanguardia se perdiera por la ceguera estalinista, ceguera que lleg a ser criminal. (O, en el caso alemn, por el nazismo.) Desde esta comprensin, deca: yo no soporto Los fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca, y cuestionaba el marxismo-leninismo, elaboracin del estalinismo sobre el marxismo que no era ni marxista ni leninista.

Hay quien ver una muestra ms del elitismo de Guevara en su aficin por los muebles Knoll, mientras el pueblo cubano pasaba tantas carencias. Ni Guevara ni la Revolucin cubana son carne de santoral. La escasa presencia de directoras mujeres, y de enfoque de gnero, en el cine cubano producido por el organismo que l dirigi (el ICAIC), as como sus conflictos con el cine de realizadores negros, como Nicols Guilln Landrin, no son las pginas ms brillantes de su biografa.

Sin embargo, de su explicacin sobre la Knoll podemos tomar otro aprendizaje. Nadie como el propio Leo Brouwer le dara mejor ttulo: La tradicin se rompe, pero cuesta trabajo. Ese trabajo supona, en Guevara, un compromiso con una concepcin universalista de la cultura, una labor de visibilizacin y reconocimiento de las exclusiones perpetradas por los usos hegemnicos del universalismo, una formacin intelectual tan rigurosa como crtica, y una vocacin frontal por la justicia.

Guevara, en sus tiempos de estudiante universitario, invirti un verano completo de vacaciones en leer, con alevosa minuciosidad, a Jorge Maach, y a informarse sobre las lecturas de este. A poco tendra como profesor al autor de La crisis de la alta cultura, a quien admiraba como intelectual, pero cuyas posiciones polticas impugnaba. Su objetivo confeso era estar preguntndole cosas hasta hacerle la vida imposible. Guevara conoca, obviamente, de la biografa de Maach como ministro en el gobierno de Caffery / Mendieta / Batista, y del rol jugado por el ABC en la Mediacin, pero, en el mbito universitario, consider ms importante leerlo de veras, y cuestionar sus tesis apropindose, desde el punto de vista intelectual, de la crtica antielitista a la concepcin de la sociedad de masas de Ortega y Gasset, cuyo discpulo ms destacado en Cuba era el propio Maach.

Algo distinto hizo Guevara con Fernando Ortiz, para esa poca (segunda mitad de los 1940) el ms destacado intelectual cubano, con influencia global, aunque sin ctedra oficial universitaria. Guevara terminaba sus clases y se iba con dos o tres amigos entre ellos, Mario Garca Inchausti, como hara luego con Toms Gutirrez Alea y Lisandro Otero, a tocarle con gran frescura la puerta a Ortiz para darse sillonazos en medio de conversaciones kilomtricas sobre la cultura afrocubana.

Fue una segunda universidad para Guevara y ese grupo afn de pequeos burguesitos. Por intermedio de Ortiz trabaron amistad con un destacado santero de La Habana y fueron a todos los toques de santo habidos y por haber. Guevara haba tenido su primera socializacin poltica en crculos anarquistas y socialistas de gran presencia negra y especficamente abaka del puerto de La Habana, y ms tarde haba creado en la Universidad de La Habana un comit estudiantil contra la discriminacin racial.

Actualmente, en Cuba se ha canonizado, en cierto modo, a Fernando Ortiz, y se despolitiza esto es, no se comprende polticamente el lugar que ocup su elaboracin sobre la cubanidad como discurso especfico de un sector progresista de la burguesa cubana liberal democrtica de esos aos. (Casi nunca se estudia su argumento como un debate construido frente a otras posiciones entre ellas: marxistas, comunistas y no comunistas.) Guevara, no obstante, pudo tomar de la elaboracin de Ortiz algo que sigue siendo fundamental hasta hoy: la imagen del ajiaco reconoca la injusticia cometida contra los que entraron de modo forzado, como esclavizados, al caldero de lo nacional y expresaba un empeo cuya clave es retomada en nuestros das por la crtica a los nacionalismos concebidos como meramente tnicos.

La admiracin de Guevara por Sergio Vitier traduce su argumento. La principal virtud del guitarrista y compositor radicaba en su iconoclastia a partir del rigor. Sergio era el hombre de todas las rupturas y de todos los logros no solo por su insercin muy suya sabrosa y consciente, en el mundo negro (sus interpretaciones con Rogelio Martnez Fur, por ejemplo, son extraordinarias) sino por la formacin recibida de Jos Ardvol quien, a su vez, haba sido el fundador en Cuba del neoclasicismo musical, como manera de insertar la msica nacional en la tradicin musical universal, a travs de un eclecticismo moderno.

Desde ese lugar, cuando Guevara y Sergio Vitier pensaron en cmo musicalizar la unin del ballet clsico de Alicia Alonso con la danza flamenca de Antonio Gades comprendieron que no se trataba de un contrapunteo (dicho as, tan orticianamente) de danzas sino del contrapunteo de la cultura. Vitier hizo irrumpir, en compaa de su guitarra, a Tata Gines, el ms grande percusionista cubano despus del tamborero Chano Pozo. Para Guevara, esa pieza, Son ad libitum, sera un momento inolvidable de la cultura.

La misma base argumental puede observarse en la apropiacin tan cara a Guevara que hizo Humberto Sols de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, con msica de Jos Mara Vitier, sobre la cual pueden decirse cosas parecidas. O de la reticencia de Guevara respecto a la formacin profesional, especializada, de cineastas en escuelas de cine, pues para l, un cineasta debera ser, primero, un humanista. O sobre su concepcin del Festival de Cine como un espacio para la cinematografa regional, a la vez que una plaza para la msica, las artes plsticas, el pensamiento social y la poltica de resistencia latinoamericanas, pues el cine es cultura, y la cultura es tambin poltica.

No es noticia que Guevara haya apreciado la msica de Ernesto Lecuona, pero es menos advertida otra lucidez muy suya, como cuando expresaba: el mayor aporte de Benny Mor a la cultura cubana est, claro, en su msica, y en cuestiones ms especficas como la creacin del tipo de banda que imagin, pero tambin, y acaso sobre todo, en haberle cantado a las ciudades de Cuba en tiempos de gran penetracin de la cultura estadunidense en el pas. Lo que Maach, Ortiz, Lezama o Carpentier hicieron por un lado, lo hizo el Benny por otro. Cuando cantaba Cienfuegos es la ciudad que ms me gusta a m, o Santa Isabel de las Lajas, querida nos hizo, dira Guevara, a millones amar ms a Cuba, y comprenderla mejor en la diversidad de sus espacios geogrficos, sociales y humanos.

Esta comprensin, tan poltica como informada, y por ello muy sofisticada, es la que le haca admirar un mueble Knoll y repudiar el arte como propaganda. En breve, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano realizar en La Habana su edicin nmero 39. Ya los actuales organizadores del Festival se han preguntado en aos anteriores si es nuevo, si es cine y si es latinoamericano. Son preguntas realistas y abiertas a nuestro tiempo. Sin embargo, quizs no seran interrogantes ajenas al propio Guevara, que comprendi cmo se crea una tradicin, cun difcil es romperla, y cun imprescindible resulta para la elaboracin de la cultura: ese milagro necesario para que todo lo que llega llegue y pueda ser recibido sin rendicin posible, recibido desde el duro diamante de lo nuestro.

* He usado en este texto materiales pertenecientes al archivo pblico de Alfredo Guevara, como transcripciones de entrevistas e intervenciones ante diversos medios. Y fragmentos de su participacin grabada para el documental Identidad, de Lourdes de los Santos, sobre Sergio Vitier.

Julio Csar Guanche es un jurista y filósofo político cubano, miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, muy representativo de una nueva y brillante generación de intelectuales cubanos partidarios de una visión republicano-democrática del socialismo.

Fuente: http://oncubamagazine.com/cultura/alfredo-guevara-el-contrapunteo-de-la-cultura/



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