Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2017

De qu va realmente la historia de Jerusaln en estos momentos?

Colectivo Al-Jumhuriya
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Tras la palestinizacin de los sirios, ahora llega la sirianizacin de los palestinos.

La historia no va del reconocimiento de Jerusaln como capital de Israel de la administracin de Donald Trump, ni del consiguiente desprecio hacia el pueblo palestino y sus vnculos con la ciudad que ocupa un lugar central en el nacionalismo contemporneo palestino y en los sentimientos islmicos y cristianos. De eso no va la historia, porque tanto las distintas administraciones de EEUU como el sistema internacional que tras la II Guerra Mundial reconocieron un Estado fundado esencialmente sobre una limpieza tica, basado en la discriminacin racial hasta este mismo da, han albergado siempre tal predisposicin. La historia tiene que ver ms bien con la supresin, por parte de las potencias que dirigen el sistema internacional, de cualquier pretensin de justicia o esfuerzo autntico por la paz, aunque slo fuera puramente formal, enterrando de una vez por todas el penoso proceso de paz israelo-palestino y convirtiendo la dispersin actual de los palestinos en enclaves desconectados en el fin ltimo de su empresa.

En la vecina Siria, donde la presencia del sistema internacional es ms directa hoy en da, el destino palestino se muestra con toda su crudeza. Se muestra en la imagen de la proteccin internacional otorgada al rgimen asadista en el Consejo de Seguridad, de forma tal que recuerda la proteccin a Israel; en la imagen de la extirpacin fsica de los revolucionarios sirios, que es continuacin de la extirpacin poltica del pueblo en general, recordando en cierto modo la extirpacin poltica de los palestinos de su tierra; en la imagen de la monopolizacin tanto por parte de Asad como de Israel de las armas de destruccin masiva y del poder areo; en la imagen de clasificacin de los seres humanos, que hace que algunos de ellos se merezcan la soberana y el reconocimiento por parte del sistema internacional, obteniendo as la capacidad para matar cuando se les antoje al estar exentos de cualquier ley, mientras que otros deambulan sin rumbo, sin que se reconozca su sufrimiento, despojados de todos los derechos, con su propia humanidad y derecho a la vida bajo sospecha.

El Estado asadista ha diseado la palestinizacin de los sirios de esa manera a lo largo de los aos de la revolucin, para satisfaccin israel y regional, con total impunidad e inmunidad a la hora de rendir cuentas, garantizadas internacionalmente, al menos desde el ataque con armas qumicas en Ghuta de septiembre de 2013. Y parece que este terrorfico suceso est hoy intentando cruzar la carretera en direccin opuesta, sirvindoles en bandeja a los palestinos el tratamiento sirio; negndoles significado, as como una patria, en el modelo encarnado por la decisin de Trump. Esta decisin no es un acto presidencial aleatorio, como algunos pretenden decirse a s mismos confiando, quiz, en que despus de Trump se produzca el advenimiento de un presidente estadounidense racional que mantenga un poco mejor las apariencias que el insolente millonario-, sino que va unido a transformaciones estructurales en el sistema internacional, que se desliza por todas partes en direcciones antidemocrticas, con una sensibilidad cada vez menor frente al racismo en la medida en que, en el mismo territorio que una vez alberg Auschwitz, se emiten llamamientos a favor de un holocausto islmico.

Desde hace ya casi siete aos, Siria ha sido un campo de experimentos para algunas de esas transformaciones contrarrevolucionarias y antidemocrticas. En todos estos largos aos, perpetrar masacres incluso con armas de destruccin masiva- se ha convertido en una herramienta poltica aceptable, al igual que la industria de la tortura y el asesinato en prisiones e instalaciones de seguridad. De ahora en adelante, el experimento de campo sirio proporcionar precedentes de los que echarn mano las potencias internacionales para matar a otros pueblos y probar nuevas armas, como se jactan de estar haciendo en Siria los militares rusos. Si los palestinos fueran a embarcarse ahora en una nueva intifada, la perspectiva de que se encuentren con un destino sirio sera mucho mayor que en cualquier momento anterior, fortalecida por el precedente asadista y los cambios reaccionarios llevados a cabo en el sistema internacional.

Es respecto a estos cambios estructurales que merece la pena mirar, reflexionar y trabajar para construir polticas de liberacin que los enfrenten, y no la engaosa suposicin seudo-antiimperialista que se desprende de considerar que las poblaciones de nuestros pases son descuidadas e ignorantes; fcilmente engaadas por los discursos de demagogos como Hassan Nasrallah, lder de Hizbollah, que les dice que sus dolores y dignidad no tienen importancia y que lo nico que importa son las decisiones que adoptan los fanticos como ellos. Y la peor respuesta ante estas mentiras es su imagen especular, que obedece a su forma de imponer ms de lo mismo a la inversa y que muestra escepticismo sobre el valor de cualquier lucha o significado, culpando constantemente a las vctimas por su irracionalidad o incluso por su estupidez. Ninguna de esas trayectorias puede ser el camino a seguir. La verdad est en otra parte: en los hechos de la extirpacin fsica y poltica en curso en Siria; en el despojo de las dimensiones morales y simblicas de suma importancia para el nacionalismo palestino tras la expulsin de la mayor parte de su pueblo de su patria natal y las prcticas de discriminacin racial contra los que all permanecen; y en la colusin de las facciones locales de nuestros pases con las ocupaciones y potencias internacionales de creciente racismo.

Y si hay un hecho adicional que seala la palestinizacin actual de los sirios, es el proceso de paz sirio emulando a su miserable antepasado palestino y superndolo en bajeza, insolencia y engao. Para empezar, ni siquiera se sabe bien si este proceso tiene lugar en Ginebra, en Astana o en Sotchi. Con una oposicin domesticada claramente pergeada y manipulada para que no se oponga a los ocupantes ni al asesino local que trabaja para servirles. Y, mientras, quien todava defiende los valores de la revolucin y se pronuncia por los pobres y destituidos del futuro de su pas es acusado de extremismo. Este proceso no promete al pueblo sirio en general nada ms que una ciudadana de segunda clase en su propio pas; estableciendo de hecho un rgimen similar al de Israel, slo que en esta ocasin se trata de ocupaciones mltiples y al parecer con un rgimen dinstico y hereditario cuya historia se ha ido construyendo a base de masacres. Lo que le espera a los sirios tras su supuesta paz no es una situacin de estabilidad, ni siquiera la antigua Siria asadista, sino un rgimen de guetos y de discriminacin racial.

La conclusin que puede sacarse hoy del estado de la causa palestina, y del destino de las revoluciones rabes, es la necesidad de una nueva generacin revolucionaria y de una mentalidad y prcticas nuevas orientadas hacia la liberacin, para poder pasar pgina sobre el seudo-antiimperialismo y su opuesto, y que la poltica s en que los pueblos en general asuman la propiedad de sus pases y decidan sus destinos. Esto es lo que podra convertirse en la contraHistoria: la historia de su emancipacin.


[Nota del editor: Este editorial se public originalmente en lengua rabe el 11 de diciembre de 2017. Su traduccin al ingls se debe a Alex Rowell.]

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/editorial-what%E2%80%99s-story-jerusalem-today

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a los autores, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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