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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2017

Emancipacin laicista?

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


El pasado jueves 14 de diciembre tuve ocasin de asistir al acto de celebracin del da internacional del laicismo y la libertad de conciencia organizado por Granada Laica y el seminario Galileo Galilei de la universidad de Granada. Consisti en una disertacin a cargo del filsofo francs de ascendencia espaola Henri Pea Ruiz, destacado activista del laicismo en su forma plena tal como le gusta destacar a l mismo.

Fue una delicia escuchar a alguien que construye un difano discurso en el que se percibe el latido vivo de los ideales de la ilustracin francesa y mediante el que se hace resplandecer una concepcin humanista de vocacin universal. Su fe en la racionalidad de los valores republicanos por los que apuesta sin ambages como inspiracin a la hora de ordenar la vida poltica es conmovedora. Hay pasin en su discurso y destellos de sabidura.

El profesor Pea fundamenta su concepcin del laicismo sobre tres pilares, a saber: la libertad de conciencia, la igualdad y el universalismo de inters general. Son tres principios esencialmente conectados entre s. La libertad de conciencia exige una igualdad de derechos efectiva, pues slo as se garantiza en la prctica el derecho fundamental de la libertad de pensamiento. No se trata como se suele decir demasiado a menudo de promover la tolerancia, pues sta implica que hay quien tolera y hay quien es tolerado, y ello conlleva necesariamente una asimetra de planteamiento; la igualdad real no casa con la tolerancia, sino con el respeto. Mientras que la tolerancia es una gracia que se nos concede a voluntad por parte de quienes tienen esa potestad por hallarse en situacin de privilegio en el contexto de la convivencia compartida, el respeto es un derecho entre iguales. Y esto no es algo que tenga que estar sujeto a las corrientes relativistas que soplan caprichosas en las diversas atmsferas culturales, porque no es asunto que dependa de un sistema de creencias religioso o no sino que es intrnseco a nuestra condicin humana (aqu apel nuestro filsofo al derecho natural). La humanidad es esencialmente una, por lo que a todos universalmente nos interesa la instauracin efectiva de los principios recin referidos someramente. Hermoso, me permito decir, siendo consciente de que es la ma una valoracin puramente subjetiva, y que en todo lo dicho hay mucha enjundia filosfica que requerira un anlisis ms riguroso. Pero valga lo dicho para seguir adelante con mi reflexin.

Para mostrar la bondad del laicismo apel el profesor Pea a las enseanzas de la historia. En efecto, en asuntos como este, que entra en el mbito de las opciones colectivas y que tienen una repercusin trascendental en la convivencia de las personas y que estn sujetos siempre a la diversidad de pareceres difcilmente objetivables, el nico recurso til es el que representa la historia, el laboratorio de las ciencias sociales y las humanidades. Qu encontramos en l? Los hechos histricos parecen dejar poco margen de duda: cuando se ha mezclado religin y poltica se ha generado un estado de cosas daino para el bienestar de aquellos que se han hallado inmersos en l. An hoy tenemos las pruebas que nos ofrecen los estados teocrticos de lo que significa en lo prctico unir esos dos aspectos de la vida humana (pensemos sin ir ms lejos en los efectos sobre la vida de las mujeres). En su resumen histrico de cmo en Europa fue el laicismo plantndole cara a la ideologa del sometimiento, producto del imperio de la religin y de la monarqua absoluta, seal el ponente que el momento en el que se produjo la inflexin en ese enfrentamiento fue la Ilustracin. Aqu fue desgranando las principales aportaciones de la constelacin de estrellas de la razn con las que cuenta en su genealoga de las ideas el republicanismo francs lo que no viene al caso que yo haga aqu. Para l la sentencia de la historia es inapelable: el laicismo es sinnimo de emancipacin; garanta de libertad de pensamiento. Fue congruente con su discurso, pues, su reivindicacin de la que llam emancipacin laicista, su invitacin entusiasta a convertirnos todos los que en ella creemos en activistas que la hagan efectiva, para lo cual dijo hemos de ganar la batalla de las ideas. Hermoso, vuelvo a decir; pero aqu tengo que declarar mi escepticismo. Expondr mis argumentos.

En el prembulo de su disertacin por lo dems inspiradora Henri Pea nos obsequi con una de esas perlas filosficas que se enuncian en forma de aforismo (y como reza el dicho: las mejores esencias se guardan en frasco pequeo). Nos dijo a los que nos reunimos para escucharle y anot sus palabras porque me pareci al instante una frase redonda: el hombre slo tiene identidad narrativa. Ciertamente. Y esa narrativa tiene su lgica, una lgica mitogentica que excluye a mi modesto entender la lgica de la razn. La identidad tiene mucho, por no decir todo, de mito. Un libro cuya lectura me result interesantsima hace aos lleva por ttulo El cerebro y el mito del yo del neurofisilogo de origen colombiano Rodolfo Llins. Sin entrar en honduras propias del mbito de la filosofa de la mente, el libro s que da motivos de sobra desde la perspectiva de la neurociencia para atisbar lo mucho que de ilusin construida tiene nuestra identidad, la cual, en efecto, es producto en gran medida azaroso de una serie de ingredientes heterogneos. Sin embargo, nada con mayor apariencia de sustancia fija (recuerden la res cogitans cartesiana) que lo que cada uno es. Y uno es musulmn o es del Atltico de Madrid o es de su padre y de su madre. Se puede decir que la identidad es un mito porque es un constructo de naturaleza narrativa con un alto porcentaje de ingredientes de naturaleza ilusoria, y que ms que incidir en la semejanza fundamental existente entre todos los individuos, y que constituye la esencia de lo que somos, humanos, tiene por finalidad, consciente o inconsciente, la demostracin de la singularidad de cada cual o la diferencia de una colectividad respecto de otras (el dichoso hecho diferencial de los nacionalistas). La religin como la nacin son temas siempre delicados de tratar, por encima de otros, dentro de los mrgenes del discurso racional por cuanto forma parte intrnseca de ellos el componente emocional (ya lo advirti el mismsimo Papa Francisco: quien se meta con mi madre). Sobre ellos poco poder tiene el conocimiento, pues es el sentimiento de pertenencia a un grupo humano cuyos miembros comparten las mismas creencias el que determina el sentido de identidad, conformando la base que necesita toda perspectiva sectaria, la cual se caracteriza por seccionar (de este verbo el sustantivo secta) la fraternidad humana. Esto es contrario al internacionalismo humanista que el profesor Pea postula como uno de los principios que otorgan su efecto emancipador al laicismo.

Hoy, en nuestro actual contexto, la globalizacin es un proceso arrollador y para muchos grupos humanos traumtico, que lleva aparejada una reaccin de refugio en lo tribal. As, la identidad se revela como una cuestin de primer orden que en bastantes ocasiones se manifiesta a travs de tensiones que tienen que ver con un choque de creencias, mayormente religiosas, tnicas o polticas. Es este problema el que puede hallarse entre las causas que provocan la radicalizacin express de ciudadanos europeos provenientes genealgicamente de otras culturas como la musulmana y que se sienten en tierra de nadie; el que un grupo, como cualquiera de los que se encuadra en la corriente ideolgica del yihadismo, ofrezca un asidero al que agarrarse para fijar su identidad, puede resultar de un gran atractivo para esas almas atormentadas. Puede resultar de inters para ellas la emancipacin laicista? Su mensaje internacionalista y humanista tiene ese poder de dar certeza a quienes la buscan desesperadamente, angustiados como estn en un mundo preado de incertidumbres? Hay alguna posibilidad de que su mensaje racionalista conmueva el espritu de quienes slo se dejan seducir por experiencias emotivas?

Tengo para m que no se puede obligar a nadie a emanciparse de aquello que le resulta vital, ya que adems es contraproducente. Claro que hay que prevalecer en la lucha de ideas, pero los que ponen las semillas del fanatismo no juegan segn las mismas reglas que el laicismo y me temo que tampoco en el mismo campo, que para l es el de la razn. Por ejemplo, las alumnas musulmanas que en los institutos de educacin secundaria llevan el hiyab declaran ponrselo porque quieren, que para ellas es un signo de identidad. Por experiencia s que es raro que puedan incidir en su costumbre las referencias crticas al componente machista del discurso religioso que la avala. Esto suele ser comn a los creyentes de todas las confesiones religiosas al respecto de lo que ellos sienten constitutivo de su identidad. Cabe preguntarse si la emancipacin laicista no ser producto de una evolucin cultural, y que como tal tiene que surgir por as decir de manera natural en cada sociedad para que resulte verdaderamente efectiva, como elemento que se percibe parte de su identidad narrativa. De otra forma podemos correr el riesgo de convertir en dogma la laicidad y de cometer el pecado tan europeo de incurrir en una perspectiva etnocntrica de la historia, denunciado por Georges Corm (lase su libro Europa y el mito de occidente). Dicho con otras palabras: creo que el del laicismo es un mensaje que no se puede predicar como hicieron nuestros antepasados con los evangelios en el nuevo mundo hace siglos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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