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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2017

Controlar y castigar las voces ciudadanas independientes

Eduardo Gudynas
Rebelin


Das atrs, en Argentina, el gobierno de Mauricio Macri ech del pas a un par de activistas ciudadanos que criticaban los tratados de libre comercio y que esperaban participar de reuniones alrededor de la Organizacin Mundial de Comercio. Adems, impidi la entrada al pas o a esa cumbre a ms de 50 personas provenientes de los movimientos sociales (1). Ms o menos al mismo tiempo, en Bolivia se est estrangulando a una organizacin de la sociedad civil. Y al tiempo que en Buenos Aires se justificaban aquellas expulsiones sosteniendo que los deportados eran radicales disruptivos, en Bolivia se dice que la ONG en cuestin es de derecha por defender los derechos humanos y a la Naturaleza.

Estos y otros casos son ejemplos de la ambigedad conceptual que se extiende por Amrica Latina. Ideas e ideologas pierden sus significados y se convierten, poco a poco, en meras armas que usa el poder para justificar sus actos. Estamos rodeados de ejemplos. Desde una postura ideolgica, en Argentina, Macri recorta las jubilaciones pero dice que se incrementarn (2). Desde la otra, en Uruguay, el tercer gobierno del Frente Amplio usa el slogan de proteger la tierra y a quienes la trabajan, pero en los ltimos aos se vendieron 8 millones de hectreas, la mayor parte a extranjeros, se perdieron ms de 8 mil agricultores familiares (la cada ms alta desde que hay registros) y acaban de aprobar 12 variedades transgnicas (3).

Entre todo ese entrevero, uno de los objetivos predilectos de los ataques gubernamentales son los grupos independientes de la sociedad civil, especialmente los que denuncian la explotacin de la Naturaleza y de las personas.

En los pases con gobiernos conservadores esos grupos son denunciados como izquierda radical, y bajo los gobiernos progresistas se dice que son de derechas, descafeinados o infantiles. Se repite el hostigamiento y slo cambian los trminos utilizados. Por ejemplo, en Per, las administraciones conservadoras llaman a varias ONGs y los militantes que denuncian los derrames petroleros o la contaminacin minera por metales pesados, como radicales izquierdistas, comunistas o etiquetas por el estilo.

Entre los pases progresistas se puede citar uno de los casos ms recientes, donde se acusa de ser parte de la derecha a una organizacin ciudadana que tambin aborda los derechos humanos y las cuestiones ambientales y territoriales (4). Esto ocurre con el Centro de Documentacin e Informacin de Bolivia (CEDIB) de la ciudad de Cochabamba, recibiendo otra vez los ataques ms duros en una dinmica que no cesa y que revela, posiblemente, algunas de las contradicciones ms oscuras en las que se puede caer.

No es sencillo reconocer las contradicciones en aquellas posturas polticas que uno apoya. Por el contrario, siempre es ms sencillos que los conservadores las encuentran en la oposicin poltica y los progresismos las denuncien ante todos sus adversarios. Es necesario superar esas limitaciones, y debe hacerse desde el compromiso con los derechos de las personas y la naturaleza. Muchos grupos y militantes en el corazn de los movimientos sociales estn mostrando el camino.

Contradicciones entre izquierda y progresismo

Desde esa perspectiva, la repetida embestida contra CEDIB en Bolivia ilustra varias facetas de esa problemtica y merece ser comentada otra vez. Toda esa situacin muestra la creciente divergencia entre el proyecto original de la izquierda y los progresismos realmente gobernantes.

Esa diferenciacin produce un abanico de contradicciones. La primera resulta en que ahora se ataca a un grupo ciudadano comprometido con los derechos humanos, aunque la defensa de esos derechos era precisamente una de las banderas de la izquierda popular a inicios de los aos 2000. Una segunda resulta en que los progresismos tratan de acallar a las voces crticas y son muy poco tolerantes con los que les indican sus errores. Pero aquella izquierda de aos atrs slo pudo construirse desde su propia postura contestaria. En tercer lugar, se silencian o atacan algunas de las posiciones y saberes indgenas y campesinos, especialmente cuando alertan sobre los duros impactos de los extractivismos. Tambin en ese terreno, las voces campesinas e indgenas aseguraron el empujn electoral inicial que permiti ganar el gobierno.

Entonces, el ataque que se mantiene sobre CEDIB en Bolivia no es solamente una guerrita contra una ONG, sino que slo puede entenderse bajo esas contradicciones. Si se persistiera en el programa inicial de aquella izquierda, que intentaba ser plural, respetuosa y comprometida con los derechos y los movimientos sociales, seran inconcebibles los ataques a las organizaciones ciudadanas. Pero con el paso del tiempo esa izquierda se convirti en progresismo, y esa mutacin reforz un desarrollismo clsico, obsesionado con los extractivismos para mantener las cuentas pblicas y que no toleraba las crticas. Se invisibilizan los impactos y costos sociales y ambientales, se festejan los indicadores macroeconmicos, se invoca a la Pacha Mama pero se la contamina, y se ahonda la brecha con movimientos indgenas y campesinos. La consecuencia inevitable fue el hostigamiento a las organizaciones ciudadanas independientes.

Por lo tanto, no es que grupos como CEDIB sean de derecha, como dice el vicepresidente, sino que son atacados precisamente por ser fieles a aquella izquierda en su sentido original, y no progresistas como se practica en la actualidad.

El escarmiento

A lo largo de los ltimos aos, CEDIB ha padecido todas las consecuencias de esa deriva progresista. Se los cuestion desde los discursos gubernamentales y desde los medios de prensa afines. Se amenaz con exilarlos o clausurarlos. Todo ello es posible en un ambiente donde los conceptos se desenganchan de sus significados, y lo hacen de modos que asombran. Entonces un viceministro de autonomas dice que las organizaciones ciudadanas no tienen autonoma para cuestionar la estrategia de desarrollo gubernamental, o un encargado de temas ambientales afirmaba que se busca salir de la dependencia extractivista cuando las medidas concretas que se tomaron las acentan (5).

Bajo las ambigedades y disoluciones en el marco de los derechos muchas cosas se vuelven posibles, y basta observar lo que sucede en los pases vecinos. Por ejemplo, el gobierno Macri en Argentina dice estar asegurando una recuperacin democrtica pero a la vez embiste contra los indgenas mapuches y tolera un nuevo racismo.

Esas posturas se replican y reproducen desde otros espacios, y lo que bajo condiciones de normalidad difcilmente se concretara por intolerable y desproporcionado, encuentra ahora un campo frtil para expresarse. Siguiendo con el caso boliviano, pocos meses atrs el rector de la universidad local logr echar a CEDIB del local que usaba desde hace treinta aos. En otras universidades habran operado necesarios contrapesos, y se le recordara al rector que un centro universitario estara interesado en lo opuesto, en aumentar sus relaciones con uno de los archivos bibliogrficos ms grandes del propio pas. El costo de aquella medida en la imagen en el mundo acadmico internacional fue muy alto (el debate no estaba puesto en un logro educativo o cientfico, sino en que se echaba a una pequea ONG). El rector reconquist los salones, pero el hostigamiento no se detuvo, y ahora se sum una demanda que congel el acceso a las cuentas bancarias de CEDIB. Entonces la disputa no parece estar centrada en los salones sino que apunt a estrangular financieramente a un grupo ciudadano (6).

Estamos ante una avalancha, en cmara lenta, de medidas que buscan sepultar a CEDIB. Algo as como un vigilar y controlar. A los que persisten en su trabajo independiente se les castigar, pero adems se deja en claro a otros que si son tan atrevidos como para continuar, habr un escarmiento.

Ese instrumento, el escarmiento, aparece tanto desde los flancos conservadores como progresistas. Es una de las contradicciones que es necesario reconocer y analizar, y desde ya aprender a elaborar antdotos para no repetir esos extremos. Es que una verdadera izquierda no puede obsesionarse con las revanchas.

Notas

1. Conferencia de la OMC: el gobierno argentino deporta a una periodista britnica y a un activista noruego. Nodal, B. Aires, 9 diciembre 2017.

2. Macri insiste con la reforma previsional. Ahora quiere hacer creer que las jubilaciones subirn. Pgina 12, B. Aires, 6 diciembre 2017.

3. Crisis en el agro: hay 8 mil productores familiares menos que hace 16 aos. El Observador, Montevideo, 21 diciembre 2017.

4. Garca Linera tilda al CEDIB de "ONG de derecha" y este lo denuncia por linchamiento pblico, Opinin, Cochabamba, 12 diciembre 2017. 5. Siles a ONG que no se adecuaron a ley 351: "cometieron desacato y hay consecuencias". Agencia de Noticias Fides, La Paz, 6 diciembre 2017. Estamos en transicin del extractivismo al Vivir Bien, entrevista a D. Pacheco, Pgina Siete, La Paz, 6 diciembre 2015.

6. Ante el nuevo empuje contra CEDIB se han lanzado varias campaas nacionales e internacionales. Amnista Internacional tiene en marcha una accin urgente, distintas personalidades y grupos han adherido a una nota de apoyo, y ms recientemente, ms de 40 instituciones y redes reclamaron respetar los derechos del centro. Entre las adhesiones estn la Coordinadora de Organizaciones Indgenas de la Cuenca Amaznica (COICA), dos redes continentales enfocadas en temas de ambiente y de minera, seis instituciones especializadas en temas de derechos humanos, incluyendo las coordinadoras de Per y Ecuador, y el SERPAJ de Argentina, junto a grupos e instituciones de 13 pases latinoamericanos.

Eduardo Gudynas es investigador en temas de ambiente y desarrollo. Una primera versin de este artculo se public en Pgina Siete, La Paz (Bolivia), el 17 de diciembre de 2017.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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