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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2017

Violenta crisis del 'madurismo'
"Dolor pas"

Maristella Svampa
Le Monde Diplomatique


El alcance devastador de la crisis social en Venezuela, cuyas causas son mltiples y complejas, genera una empata imposible de trasladar al gobierno caricatura de lo que fuera el chavismo, o a la oposicin cuyo objetivo es acabar con la experiencia democratizadora plebeya.

Venezuela transmite una sensacin ambivalente de cercana y a la vez de distancia. El sentimiento de cercana remite a lo que expresa desde abajo, alcance devastador de la crisis social y humanitaria, al esfuerzo de maysculo que da a da hacen los venezolanos (hombres y mujeres) por sobrevivir, incluso el deseo en algunos de creer que no todo est perdido y que todava es posible reconducir el proceso en un sentido democrtico y emancipador. La distancia adviene inevitablemente frente a la imposible identificacin poltica que Venezuela nos impone desde arriba, de un lado como del otro; sea que analicemos framente el gobierno de Nicols Maduro, el cual aparece como una caricatura grotesca de lo que fue el chavismo en sus mejores tiempos; sea que hagamos referencia a su contracara, la derecha clasista que anida en la dividida Mesa de Unidad Democrtica (MUD), cuyo objetivo es cavar con cualquier experiencia de democratizacin plebeya.

El actual desastre venezolano se expresa en una suerte de inabarcable dolor pas, en contraposicin al riesgo pas, para parafrasear a la psicoanalista Silvia Bleichman a la hora de hablar del impacto de la crisis sobre las subjetividades en la Argentina de 2001.

Rentismo y polarizacin

Las causas de la crisis en Venezuela son mltiples y complejas. Desde Arturo Uslar Oietri, pasando por Fernando Coronil hasta Edgardo Lander, son numerosos los intelectuales venezolanos que reflexionaron sobre la consolidacin de un Petroestado en ese pas, de su relacin con una burguesa parasitaria y una cultura social rentista. En esa lnea y en trminos estructurales, el chavismo conllev una profundizacin del rentismo, basado en la exportacin de petrleo. Recordemos que cuando en 1999 Hugo Chvez asumi el poder, el precio del barril de petrleo estaba en 7 dlares, mientras que en 2008 alcanzaba los 120 dlares. As, entre 2003 y 2013, como en otros pases latinoamericanos, en el contexto del boom de los precios de los commodities, el chavismo expandi el gasto social, logrando una importante disminucin de la pobreza y el analfabetismo. Al mismo tiempo, ms all de las expresiones de deseo acerca de la necesidad de la diversificacin de la matriz productiva, el chavismo profundiz el carcter monoproductor y rentista del Estado, lo cual se vera potenciado posteriormente por los nuevos planes de desarrollo, basados en la expansin de la frontera extractiva (petrolera y minera).

Asimismo, el populismo chavista se instal en una escena poltica inestable, a raz del acoso permanente de sectores de la derecha. Sin embargo, el liderazgo de Chvez -que tendra una dimensin regional/internacional- estaba ah para suturar transitoriamente las brechas abiertas por la polarizacin poltica. Su muerte en 2013 y el ascenso de Maduro a la Presidencia por un ajustado porcentaje en la votacin, simultneamente a la cada de los precios del petrleo, fueron colocando en tembladeral los logros sociales realizados y exacerbaron las fallas estructurales y coyunturales.

En la actualidad, la crisis del Estado rentista se manifiesta de diferentes maneras: desde la incapacidad para producir bienes bsicos para la poblacin (alimentos y medicamentos) e incluso para importarlos de manera eficiente, hasta el incremento sideral de la corrupcin, que atraviesa a las clases gobernantes.

Por ltimo, no es un secreto que hay sectores extremistas de la oposicin que buscan una salida violenta a la crisis. Estos grupos cuentan, por lo menos desde el golpe de Estado de 2002, con apoyo poltico y financiero de Estados Unidos. Pero tambin es necesario reconocer que en el marco de la crisis actual no solo la derecha se ha movilizado. La oposicin es heterognea e incluye sectores polticos identificados con el chavismo de la primera hora, as como sectores populares, golpeados por el desabastecimiento y la pobreza.

Mutacin poltico-subjetiva

Algunos elementos ilustran la mutacin poltico-social venezolana. No son los nicos ni tal vez los ms importantes, pero muestran las aristas de una sociedad golpeada y en proceso de reconfiguracin.

1. La dureza de la vida cotidiana

El da a da de los venezolanos pobres y de clases medias se reduce a una desgastante lucha por la sobrevivencia. Al calor de la crisis, los individuos van desarrollando diferentes lgicas de accin, que combinan los que se puede obtener a travs de las redes estatales, las redes de reciprocidad (trueque, familia, amigos), con el bachaqueo (venta en el mercado informal de bienes a precios regulados) e incluso, el delito. Algunos estudios recientes revelan tendencias contradictorias, a partir de las cuales un mismo individuo puede alterar la lgica del cazador con la apuesta colectiva; coexisten as lazos de coercin y competencia con relaciones de solidaridad. La situacin conlleva destruccin de lazos sociales y cambios en las formas de sociabilidad, en el marco de una subjetividad sufriente. Por otro lado, ciertos cambios en los modos del consumo, an pueden ser beneficiosos (se prioriza la produccin artesanal, en algunos casos se ms sano), es muy probable que no tengan un alcance duradero. En Argentina, por ejemplo, sabemos que experiencias como el trueque, en 2002, generaron un discurso anticonsumista de patas cortas, pues en cuanto la situacin econmica social mejor, la vuelta a la normalidad sumergi a esos mismos sectores nuevamente en el modelo de consumo dominante.

El elemento ms radical del populismo chavista ha sido la centralidad que adquiri la democracia participativa, en los ltimos aos a travs de los consejos comunales. sta se convirti en el paradigma por excelencia de la transformacin de la poltica y, a la vez, en la clave del dispositivo legitimador. Sin embargo, la democracia participativa encontr diferentes obstculos y lmites, tanto econmicos como polticos. En esta lnea, en el marco de la gran crisis venezolana, la creacin de los Comits Locales de Abastecimiento y Produccin (CLAP) implic un giro hacia polticas sociales focalizadas. Este modelo centralizado de distribucin directa funciona en todo el pas y alcanza a 4 millones de venezolanos. Las opiniones sobre los CLAP son contradictorias, debido a la discrecionalidad y la situacin de abuso de poder que su implementacin genera. Para muchos estaran desplazando desde arriba a los Consejos Comunales y la Comunas, para otros, ms bien se entremezclan con stos, lo cual no quiere decir que ello se traduzca necesariamente en un mayor empoderamiento social.

2. Los diferentes rostros del chavismo

Que no existe un solo chavismo no es ninguna novedad. Aunque el gobierno pretenda unidad social y se arrogue el monopolio de la representacin poltica, luego de la muerte de Chvez, pero sobre todo a partir de la crisis de 2015 en adelante, es posible identificar varios chavismos realmente existentes, tanto desde el punto de vista social como poltico. As, desde abajo, existen diferentes variantes del chavismo social organizado, las cuales se instalan en una especio de geometra variable, desde el apoyo irrestricto, hasta aquellos que plantean diferencias y crticas del rentismo, las consecuencias del desabastecimiento, la corrupcin y la discrecionalidad en la entrega de los recursos. Para algunos militantes chavistas que se politizaron con el barril de petrleo a 100 dlares, que fueron la generacin dorada, la que iba a comerse el mundo, como me dijera un joven en barrio perifrico de Caracas, hay que hacer la crtica al rentismo, pero la apuesta de cambio sigue en pie: la crisis puede ser una oportunidad de generar alternativas, desde la ampliacin del rol de las comunas.

Por otro lado, existe un chavismo poltico crtico, que se expresa no slo en trminos individuales. Entre los colectivos de autoconvocados se destaca la Plataforma Democrtica en Defensa de la Constitucin (1), en la cual confluyen partidos de izquierda como Marea Socialista, ex ministros de Chvez, intelectuales reconocidos y activistas de derechos humanos y polticos. Tarea nada fcil la de estos chavistas de izquierda, que rechazan la polarizacin y la violencia, y apuntan a construir un lugar desde una oposicin democrtica creble. En octubre, la Plataforma hizo un llamado a votar por candidatos despolarizados o votar nulo en las elecciones regionales.

Asimismo, no son pocos los que sostienen que durante el perodo de protestas entre abril y septiembre, sectores populares del oeste de Caracas as como en ciudades del interior participaron de las movilizaciones contra el gobierno. Pero, en trminos masivos, como afirma Alejandro Velasco, especialista en el tema, los pobres no bajaron de los cerros. (2)

3. El Estado de excepcin

Desde hace dos aos Venezuela vive bajo un Estado de excepcin, a partir del cual el gobierno fue intentando cimentar un poder absoluto. Esta dinmica que arranc del desconocimiento por parte del Ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa, donde la oposicin cuenta con la mayora luego del triunfo en las elecciones de 2015), se fue agravando y potenciando exponencialmente con el posterior bloqueo y postergacin del referndum revocatorio -una herramienta democratizadora introducida por la propia Constitucin chavista- la postergacin de elecciones primero y la construccin de una cancha electoral inclinada para el oficialismo despus. Todo ello gener un nuevo escenario poltico, marcado por la violencia y la ingobernabilidad, especialmente entre los meses de abril y septiembre, con ms de 170 vctimas, 3.000 detenidos y 1.000 heridos, producto de los enfrentamientos entre la oposicin y las fuerzas gubernamentales. En esa lnea, sin descartar las tendencias golpistas de ciertos sectores de la derecha y sus guarimbas, el principal responsable de la situacin en Venezuela -en tanto garante de los derechos fundamentales, que controla el aparato represivo- es el Estado.

En medio de lo que pareci un empate catastrfico, el gobierno de Maduro retom la iniciativa poltica con el llamado a una Asamblea Constituyente que la oposicin rechaz en bloque. Pese a que sta sera considerada por numerosos especialistas como anticonstitucional, la iniciativa prosper y termin consolidndose luego del llamado y realizacin de las elecciones a gobernador, en octubre pasado, que dieron el triunfo al chavismo en 18 de 23 estados. Slo en uno de ellos hubo denuncias consistentes de fraude, no por casualidad en el estratgico estado de Bolvar, que est dentro del Arco Minero. Y ya a mediados de noviembre, poda respirarse algo de tranquilidad en las calles, lo que el gobierno atribuy a la Constituyente. Montado en la ola de entusiasmo de las regionales, el gobierno llam a las elecciones municipales para antes de fin de ao. El cierre -temporario- del ciclo de la violencia no asegura la gobernabilidad , pues la falta de dinero circulante, crisis alimentaria y sanitaria, la vertiginosa inflacin y, ahora, el llamado a la reestructuracin de la deuda, vuelven a empujar a Venezuela al borde del abismo.

Das antes de la crisis de la deuda, la Asamblea Constituyente sancion la Ley contra el Odio, un engendro jurdico que parece superar a las leyes antiterroristas y que revela el avance del gobierno en el control de cualquier posibilidad de disidencia, a travs de una puntillosa poltica de criminalizacin de la opinin mediante la crcel.

Cierto es que, de aplicarse esta ley, debera hacerse, en primer lugar, contra el nmero dos del rgimen, Diosdado Cabello, quien tiene un programa televisivo llamado Con el mazo dando, en el cual fustiga a la oposicin sin escatimar amenazas y discursos hiperblicos, mientras exhibe en su escritorio un mazo o garrote. No obstante, la oposicin cuenta todava con algunos espacios en los medios y aunque su lenguaje es a menudo tan simplificador y virulento como el del oficialismo, en su performance est lejos de compararse con la sobreexposicin meditica del presidente Maduro.

En suma, el chavismo/madurismo, en tanto, rgimen poltico, se va consolidando como un Estado de excepcin, un rgimen de control biopoltico que interviene cada vez ms en la vida cotidiana de la gente, en un contexto de gran crisis econmica y alimentaria, y que genera cada vez ms herramientas y dispositivos jurdicos para criminalizar las disidencias.

4. Pranato minero y economa criminal

En el marco del Estado de excepcin, se crearon las zonas econmicas especiales. La megaminera aparecer como una nueva salida mgica en la bsqueda de la diversificacin del extractivismo. La apertura a la explotacin megaminera de casi 112.000 cuadrados (12% del territorio nacional), mediante la creacin de una Nueva Zona de Desarrollo Estratgico Nacional Arco Minero, tir por la borda el discurso antiimperialista del gobierno. El gobierno suscribi alianzas y acuerdos con diferentes empresas transnacionales (chinas, rusas, entre otras), cuyo contenido se desconoce, pues el decreto de Estado de excepcin y emergencia econmica permite que las contrataciones puedan tener discrecionalidad y no requieran autorizacin de la Asamblea Nacional. Como varios analistas han denunciado (3), los nuevos megaproyectos unen expoliacin econmica y virtuales graves daos ambientales, entre ellos la amenaza de la deforestacin masiva.

Asimismo, investigaciones recientes sobre el tema coinciden en sealar la emergencia y consolidacin de bandas criminales en los estados del Arco Minero del Orinoco, ligadas a la minera artesanal e ilegal. Aunque la masacre de Tumeremo, en el estado de Bolvar, con el trgico saldo de 28 mineros asesinados (4) no fue la primera, otorg visibilidad a la relacin creciente entre rentismo, criminalidad y minera artesanal e ilegal (5), un fenmeno que se habra acentuado en los ltimos aos. Es cierto que la expansin de estructuras criminales ligadas a la minera artesanal/ilegal no es una figura especfica de Venezuela, pero rl caso es que all asume rasgos ms contundentes, ligados a la crisis del Estado y la fenomenal debacle econmica que expulsa a poblaciones a la bsqueda de nuevas estrategias de sobrevivencia.

Lo que se conoce con el nombre de pranato minero (6) revela los contornos de una nueva territorialidad violenta , que tiene como contracara un Estado con escasa capacidad de regulacin y de control territorial, que al mismo tiempo desarrolla vinculaciones con las bandas armadas. As, lo que describen diferentes trabajos de investigacin es la emergencia de una esfera paraestatal, desde abajo, que involucra un gran nmero de actores legales e ilegales, y sujetos sociales. Dichas estructuras criminales no slo controlan territorios sino tambin la poblacin y las subjetividades, lo cual constituye un golpe importante para cualquier tentativa de reconstruccin de un proyecto democrtico. Y todo sucede, aun antes que las empresas transnacionales ingresen con su lgica depredadora a los territorios...

En suma, Venezuela contina siendo el escenario de gran tragedia social y poltica; un punto ciego para parte de las izquierdas latinoamericanas, que an hoy continan brindando un apoyo incondicional a un rgimen cada vez ms autoritario; un dilema para todos aquellos que buscan pensar en trminos de horizontes democrticos contrahegemnicos, en fin, un dolor pas que tie las subjetividades del pas caribeo, al tiempo que impacta en trminos polticos en toda la regin latinoamericana.

* Sociloga y escritora. Su ltimo libro es Del cambio de poca al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en Amrica Latina. Edhesa, Buenos Aires, junio de 2017.

Le Monde Diplomatique, edicin Cono Sur, Buenos Aires, diciembre 2017

www.eldiplo.arg

Notas

1) Vase el manifiesto de la Plataforma en Defensa de la Constitucin de la Repblica Bolivariana de Venezuela y de la Democracia, publicado el 19-20-2016 en el sitio de Aporrea: www.aporrea.org/

2) Venezuela por qu no bajan de los cerros?, entrevista a Alejandro Velasco de Pablo Stefanoni, Nueva Sociedad, Buenos Aires, junio de 2017: http://nuso.org/

3) Emiliano Tern Mantovani, Los peligros del Arco Minero del Orinoco: un breve anlisis desde la economa ecolgica, Alai, 11-6-2016: http://www.alainet.org/

4) Daniel Pardo, Lo que se sabe de la supuesta masacre de 28 mineros en Venezuela, BBC Mundo, 15-3-2016.

5) Vase Carlos Egaa, El Arco Minero del Orinoco. Ambiente, rentismo, violencia en el sur de Venezuela, Prodavinci, 28-3-2016: http://prodavinci.org/

6) En sentido estricto, Pran en la jerga carcelera significa jefe. Se suele atribuir esa sigla al titulo de preso reincidente asesino nato.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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