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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2017

Ana Beln Montes culmina su ao diecisis tras las rejas

Miriam Montes Mock
Claridad


Una noticia devastadora: cncer del seno derecho. Una mastectoma. El trauma fsico y emocional. La soledad. Las visitas al hospital, encadenada, adolorida. El descubrimiento de la solidaridad en sus compaeras de celda. La incertidumbre. Otra vez el dolor. La aoranza de su familia. Y recientemente, la noticia que le sac lgrimas cada vez que advirti, a travs de la cadena CNN en espaol que transmite la prisin Carswell, el destrozo de Puerto Rico tras el paso del huracn Mara.

As entiendo que fue el ao 2017 para mi prima.

Se llama Ana Beln Montes. Es una prisionera puertorriquea que extingue una condena de veinticinco aos por obedecer su conciencia y solidarizarse con el pueblo cubano ante las polticas de agresin del gobierno estadounidense.

Este ao, Ana Beln cumpli diecisis aos encarcelada.

An est sujeta a las medidas administrativas especiales, las cuales limitan su acceso al mundo fuera de la prisin. Lleva diecisis aos silenciada y aislada. Slo se le permite comunicarse con un puado de familiares y amigos que la hayan conocido antes de su arresto. Nadie puede citar las palabras que Ana ha hablado a partir de su encarcelamiento. Nadie puede hacerse eco de su dolor, se que experimenta cualquier mujer ante la mutilacin de su cuerpo y la incertidumbre de su futuro. Nadie. Slo imaginarlo.

El cncer es una enfermedad debilitante para todo ser humano, mucho ms cuando se sufre dentro de una prisin. Me duele pensar que Ana enfrenta esa condicin de salud sin el apoyo de sus seres queridos, sin la posibilidad de escoger un mdico de su confianza, tratamientos alternos o paliativos, una dieta rica en vegetales y frutas frescas, o al menos alguien con quien desahogarse. Por el contrario, a Ana le ha tocado enfrentarse al cncer en un ambiente de constante vigilia. En un lugar donde impera el ruido, la violencia, la hostilidad emocional...y la soledad. En medio de ese caos, Ana convaleci de su ciruga.

Los carceleros la llevaban de la prisin al hospital, encadenada de manos y pies, con una cadena gruesa amarrada a la cintura, de la cual cuelga un grillete pesado donde se unen las cadenas de la cintura con las de los pies. Y una herida en el pecho.

Durante este ao tormentoso, Ana se dedic s recuperar sus fuerzas.

Su meta a corto plazo: estar viva y libre de cncer por los prximos cinco aos. A pesar de las condiciones en las cuales vive.

Su meta a largo plazo: regresar a la libre comunidad, si no antes, al menos el primero de julio de 2023.

Ana es fuerte. Al menos, eso es lo que pienso. Durante casi cuatro meses estuvo imposibilitada de escribir cartas. Luego comenz de a poco: media pgina, una pgina, dos mientras soportaba la punzada que le provocaba un nervio pinchado en su brazo derecho. Le volvieron los dolores de espalda. Sus compaeras en la prisin la cuidaron. Fue, tal vez, un abrazo del cielo.

Reinici sus lecturas. Conoci a Pedro Albizu Campos y su sacrificio a favor de la independencia de Puerto Rico. Se acerc a las gestas nacionalistas puertorriqueas. Viaj por el mundo con el Papa Francisco y se dej impregnar de su espritu compasivo. Sonri al escuchar los dilogos entre el Dalai Lama y el Arzobispo Desmond Tutu. Se ha interesado en estudiar, con su usual minucia, la Carta Autonmica del 1897, el Tratado de Pars, y otros documentos que evidencian la trayectoria poltica de la Isla. Pero a Ana tampoco se le permite articular pblicamente sus reflexiones sobre el trayecto poltico de Puerto Rico; ni sobre las corrientes ideolgicas a nivel mundial; ni sobre filosofas o religiones.

Hoy da, Ana Beln resiste la muerte, sa que muestra sus rostros de fealdad dentro de cualquier prisin. Da a da. Con la mente alerta. Con el corazn sensible ante el mundo que ella percibe desde sus rejas. Con la esperanza viva.

Imagino a Ana Beln durante estos ltimos tres meses, mientras contemplaba, a travs de las transmisiones televisivas, los destrozos perpetrados por los huracanes Irma y Mara. Me la imagino con el pesar que produce advertir una fatalidad y no poder hacer nada para remediarlo. No, el pueblo puertorriqueo nunca escuchar sus palabras de aliento y solidaridad luego de la devastacin que experimenta el pas.

De seguro, si estuviera en tierra boricua, Ana Beln trabajara sin descanso para ayudar al que sufre. Es lo que le nace hacer. Como si estuviera entre nosotros, la Mesa de trabajo por Ana Beln Montes en Puerto Rico ha hecho un parntesis en su labor educativa para ofrecer su solidaridad a los damnificados del pas. Como si ella lo hiciera. En el nombre de Ana Beln.

Miriam Montes Mock, prima de Ana Beln, especial para CLARIDAD.

Fuente: http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=8E1CBD5DC7872D8EF4E2B6FB66AB446D



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