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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2017

El pas Borges y la admonicin de la palabra

Leandro Andrini
Rebelin


El hombre, Horacio Gonzlez, ese que debera ir a un taller literario para aprender a escribir segn sostienen algunxs-, deca en Pgina 12: aliviamos as la vida con el recurso a la irona y otras armas plausibles del dislocamiento de las creencias. Hacer del lenguaje un collage permanente y aludir a sus estereotipos, hayan sido o no trgicos, es una forma de salvarnos para otras conversaciones que imaginamos nicas, fuera de toda repeticin [1]. Involuntariamente se convirti en balbuceo y farsa su palabra, en virtud de lo que algunos presuponen inteligente e irnico.

Siempre he desconfiado de los talleres literarios: un da uno se encuentra escribiendo como no escriba y sin diferencias notorias con la de todos sus compaeros y peor an: igual al maestro. El taller viene a hacer borramiento de la diferencia. Y lo que molesta es la diferencia y no ya la calidad de una articulacin lingstica. Eso es lo que no puede tolerarse: la diferencia, que se escriba sin los ruidos insuflados por el sentido comn, que la escritura remita a pausas, silencios, a la dificultad de la contingencia enraizada en cadenas causales u homologables histricos, a un abanico de posibles en el campo de lo poltico, a fundar y/o descubrir tradiciones.

Retomo eso del sentido comn, proceso caro a la inquisicin y usado frente a la evidencia dificultosa copernicana-galileana. Bajo ese recurso no existe verdad, todo retoma canales propios de la sofstica, y las condiciones veritativas son reemplazadas por condiciones sensitivas, por el sentido creado al que luego se designa sentido comn. Era un evidente a priori que la Tierra no se mova. Hoy pretende ser un evidente a priori que detrs de toda puerta hay una bveda, y que dentro de todo bolso hay dinero mal-habido, y si es un evidente a priori Qu necesidad de instancias probatorias? Qu necesidad de otra cosa que un lenguaje llano que es ms que la prueba es axioma. Alcanzan un par de imgenes que dan por justificado el contexto y unas maquetas para facilitar la imaginacin. Por ello cuando la diferencia discursiva siquiera refuta- pone en duda al discurso (porque eso que entendemos como realidad es, en ltima instancia, irreductible al discurso) surge el avasallamiento y el descrdito. Aqu tenemos un interesante ejemplo de cmo se construyen/constituyen los sectarismos. Al punto tal, que una manifestacin de cientos de miles es ridiculizada en la abyeccin de un lenguaje que, por rampln, exuda violencia. Y con toda la carga propia del macartismo, se argumenta cnicamente que a pesar de todo lo que hicieron, la democracia funciona, como si el cuerpo poltico por excelencia en el espacio pblico, i.e. la manifestacin, no fuera un soporte ms dentro de los discursos propios de la democracia. Este cinismo argumental parafrasea aquello que Brecht propuso en la seriedad que el teatro requiere, en esa idea que esta democracia no tiene el pueblo que se merece, por lo que estos gobernantes piden cambiar el pueblo (y al pedido, en su dimensin de sometimiento al amo autoritario, lo trafican como emanado de la autoridad democrtica conferida a partir de su dilogo).

No debemos sustraernos de lo esencial, porque lo que emerge antes que subyacer- es propiamente la poltica. Ejemplarmente en El Desacuerdo [2] J. Rancire nos indica que hay poltica porque o cuando- el orden natural de los reyes pastores, de los seores de la guerra o de los poseedores es interrumpido por una libertad que viene a actualizar la igualdad ltima sobre la que descansa todo orden social. Vale usar las propias palabras de este autor para hacer an ms preciso el concepto: no hay poltica simplemente porque los pobres se opongan a los ricos. Antes bien, hay que decir sin dudas que es la poltica esto es, la interrupcin de los meros efectos de la dominacin de los ricos- la que hace existir a los pobres como entidad. Sobre esa cisura posiblemente nos encontremos en la actualidad, en esta irrupcin que intenta la interrupcin temporal de los meros efectos de dominacin de los ricos (inclusive con las falencias que contiene esa puesta en interrupcin). De all tambin se desprende el aclamado tema de la libertad, que nos retrotrae a las reflexiones prodigadas por Arturo Jauretche, dado que cuando los sectores postergados ganan derechos en virtud del exceso de privilegios de los sectores dominantes, estos ltimos defienden sus privilegios apelando al sentido abstracto de prdida de libertad, y ahora le han agregado la muletilla democracia.

Notas:

[1] http://www. pagina12 .com.ar/diario/elpais/subnotas/106112-33454-2008-06-16.html

[2] https://desidentificacion.files.wordpress.com/2017/02/ranciere-el-desacuerdo-completo.pdf

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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