Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2017

Jerusaln, discursos de normalidad y balcanizacin de facto

Ricardo Orozco
Rebelin


Por irnico que parezca, en todo lo concerniente a la administracin de Donald Trump, al frente del gobierno estadounidense, el principal problema y la amenaza ms inmediata para la humanidad no es, en estricto, el propio presidente, sino el vasto universo de sujetos que observan en su gestin una especie de anormalidad que lleg a alterar, de manera intempestiva, y hasta imprevisible, el relativamente alto grado de refinamiento y normalidad que se haba logrado obtener, en el desarrollo de la historia de la poltica internacional, a travs de la experiencia que dejaron dos Guerras Mundiales y medio siglo ms de proxy wars motivadas por ideologas excluyentes.

Es decir, hoy, teniendo en perspectiva la serie de eventos que se acumulan detrs de cada decisin y afirmacin del actual presidente de Estados Unidos, es posible afirmar que no son ni la persona al frente del ejecutivo estadounidense ni su gabinete, as como tampoco lo son los intereses legales o ilegales, institucionales o facticos que soportan cada uno de sus actos y cada una de sus palabras, quienes representan la mayor amenaza para la humanidad, sino que lo son, por lo contrario, todos aquellos actores (medios de comunicacin tradicionales, homlogos del mandatario al frente de otras naciones, think tanks, universidades, analistas a sueldo, empresarios privados, el vulgo), quienes, al aferrarse a la idea de que Trump es una anormalidad, una lamentable excepcin a las reglas de la alta y solemne poltica, continan interpretando el mundo e intentando explicarlo a partir del imperativo de recobrar esas formas cortesanas, esos simbolismos tan polticamente correctos, al margen y a pesar de las polticas estadounidenses desplegadas alrededor del mundo.

Por qu? No porque los despliegues militares estadounidenses, sus cambios introducidos en las reglas del comercio internacional, sus modificaciones forzadas en el sector financiero global, sus alteraciones en el reparto de los mercados regionales (con particular nfasis en los energticos) o sus refuncionalizaciones en una multitud de otros campos (migracin, medio ambiente, ciencia, educacin, cultura, etc.) no sean, por s mismas, preocupantes por las devastadoras consecuencias que ya comienzan a tener y que proyectan para el futuro inmediato, con la posibilidad de alcanzar puntos de no retorno en algunas de ellas. De hecho, lo son, en toda la extensin del trmino.

Ms bien, Trump y su gabinete son riesgos civilizatorios de segundo orden, frente a aquel que representan todos esos actores que observan el acontecer cotidiano con la aspiracin de regresar a ese viejo orden pretrumpiano, porque, en estricto, el mayor o menor grado de xito de la actual agenda de intereses globales de Estados Unidos depende de una correcta percepcin del significado que realmente tiene cada modificacin en las polticas internacionales vigentes.
Es claro que con Trump o sin l, el gobierno de Estados Unidos, en general, y su complejo militar-financiero-cientfico-tecnolgico, en particular, representan la mayor amenaza civilizatoria de los ltimos tres siglos. Y en este sentido, la administracin Trump significa, ms que un cambio de sentido, ms que un retroceso o una abierta negacin a alguna especie de movimiento inercial, un potenciador de prcticas, proyectos y polticas que ya ocurran por debajo de la percepcin pblica (la mayora de las veces, como denuncias de movimientos de resistencia que la ahora oposicin al trumpismo y antes, como hoy, establishment del capitalismo moderno ignoraba por considerarlas radicales, reaccionarias).

Quiz el evento que mejor ejemplifica esta perversa dinmica o por lo menos el ms reciente de una larga lista sea el reconocimiento de la ciudad de Jerusaln como la capital histrica, legtima del estado de Israel. Y es que, si algo ha dejado entrever la situacin que se desat a partir de este viraje (si es que se le puede nombrar as a una decisin que ya se haba legislado desde 1995, en la the Jerusalem Embassy Act, pospuesta cada seis meses por cada presidente despus de Clinton) en la poltica estadounidense sobre la ciudad, es que esa masa amorfa de observadores, analistas e intrpretes de las acciones del gobierno de Trump se mantienen en una lnea narrativa en la que cada acto y sentencia del presidente estadounidense es considerada como una decisin irracional, aleatoria y sin ninguna finalidad objetiva que beneficie a Estados Unidos, pues se aprecian apenas como meras ocurrencias.

No tenindose necesidad de profundizar y solidificar las relaciones que existen entre Israel y Estados Unidos, la decisin de Trump sobre Jerusaln parece simplemente incoherente, ms aun, teniendo en cuenta, por un lado, que los principales estrategas de Estados Unidos en la regin no han escatimado recursos en apoyar a los movimientos ultraderechistas del judasmo; y por el otro, que en el plano domstico el apoyo a la decisin, por trmino medio, no rebasa porcentajes de entre el cuarenta y el cincuenta por ciento incluyendo a los sectores evanglicos ms conservadores y ortodoxos.

En ltima instancia, el reconocimiento de Jerusaln como capital israelita se percibe como la nica decisin que no se deba tomar si no se busca ir en contra de cada una de las polticas estadounidenses activas en Oriente Medio, Asia Central y el Norte de frica; es decir, se concibe como la anttesis de la pacificacin regional, de los mandatos del Consejo de Seguridad en diversos temas, del combate al terrorismo islmico y de la contencin de la influencia iran en la zona. As pues, en el mejor de los casos, las ocurrencias del actual presidente estadounidense podran explicarse como un error de clculo en el que la percepcin del mundo musulmn se vio viciada por la ilusin de que el reconocimiento no sera lo suficientemente grave como para sacar a los musulmanes del letargo en el que se encuentran sumidos, en sus realidades, problemas y carencias ms inmediatas.

Dos son los problemas que se desprende de estas estrategias discursivas. Por un lado, continan invisibalizando el hecho de que con o sin reconocimiento de Jerusaln como capital israel, por parte de Estados Unidos, las condiciones de facto que se desenvuelven en el curso de la cotidianidad son, ya, las que en el imaginario colectivo general se suponen reservadas para un escenario en donde la diplomacia, las negociaciones y los procesos de paz han fracasado. Es decir,(re)producen y legitiman la idea de que hay dinmicas de pacificacin que se estn llevando a cabo de manera efectiva, cuando lo cierto es que, a pesar de las once ocasiones en las que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha votado en el sentido de afirmar que el establecimiento de asentamientos por parte de Israel en territorio palestino ocupado desde 1967, incluida Jerusaln Oriental, no tiene validez legal y constituye una flagrante violacin del derecho internacional y un obstculo importante para el logro de la solucin biestatal, la ocupacin sigue.

En este sentido, se pierde de vista, tambin, que en diez de esas once votaciones (la ltima de las cuales se llev a cabo el 23 de diciembre de 2016) el gobierno estadounidense bloque la aplicacin del derecho internacional a la cuestin palestina, ya por la emisin de su derecho a vetar una resolucin del Consejo de Seguridad; por boicotear en el terreno bilateral las negociaciones que no resultaran favorables para su alianza con Israel; incrementando sus presupuestos de asistencia militar a este Estado (tres mil millones de dlares anuales); bloqueando las cadenas de produccin y suministro palestinas; catalogando a las organizaciones polticas palestinas como agrupaciones terroristas; desplegando campaas mediticas para justificar moralmente los actos genocidas de Israel, y un largo etctera.

Pero tambin, por otro lado, se encuentra el problema de no alcanzar a observar los despliegues militares que se dieron, incluso, antes de que la decisin de Trump se anunciara de manera formal. Y aqu, los eventos a observar son principalmente dos, pues si no se captan en su articulacin conjunta se corre el riesgo no slo de pretender que cada una es una situacin aislada de las dems, sino de obviar la racionalidad que subyace a la decisin del reconocimiento de Jerusaln.

a) La ltima semana de noviembre, diplomticos de Siria, Irn y Rusia, as como sus respectivas cadenas mediticas afines, y hasta el propio presidente ruso, Vladimir Putin, informaron que el conflicto con el Estado Islmico ya haba llegado a su fin; teniendo como garanta de dicha victoria la recuperacin de la totalidad de los territorio sirios bajo ocupacin la agrupacin extremista.

b) Simultneamente, el gobierno iraqu anunci que en sus propios territorios la lucha en contra del Estado Islmico haba finalizado, con la recuperacin, tambin, de la totalidad de territorios que aquella agrupacin dominada con su despliegue militar.

Mientras esto ocurra, la administracin estadounidense, por medio de su Comando Central (CENTCOMM), instancia encargada de las operaciones militares y de inteligencia estadounidenses en Oriente Prximo y Asia Central, comenz con el despliegue de tropas adicionales a las ya emplazadas en todos los pases que se encuentran bajo el rango de operaciones de dicho comando adems de en la regin Norte de frica, a cargo del AFRICOMM. El cinco de diciembre, por ejemplo, el Comando Central inform, a travs de la plataforma digital de la revista de estudios estratgicos y posicionamiento geopoltico estadounidense, Foreign Policy, que parte del plan de contingencia que se tena preparado para los meses venideros contempla el emplazamiento de un nmero mayor de la Flota Antiterrorismo del cuerpo de la Marina (Fleet Antiterrorism Security Teams, o FAST Companies); ello, adems, enmarcado en una campaa de reposicionamiento militar mayor, alrededor del globo, denominada Operation New Normal, cuyos detalles an no se dan a conocer por completo, pero que incluyen el destacamento de mayores contingentes militares en cada pas en el que Estados Unidos cuente con una Embajada.

Pero no slo, pues en caso de que las operaciones desarrolladas por las Compaas FASTpara hacer frente a cualquier contingencia no fuesen suficientes, tambin se tienen preparadas compaas adicionales, denominadas Special Purpose Marine Air-Ground Task Forces, acompaadas, por cierto, por los mayores portatanques de los que dispone la Armada estadounidense: KC-130 aerial tankers con una alta capacidad de fuego; por algunos ejemplares de uno de sus mejores aeronaves militares polivalentes, Bell-Boeing V-22 Osprey; as como por maquinaria de tipo: AV-8B Harrier jump jets, F/A-18 Hornet fighter jets; y, EA-6B Prowler electronic warfare aircraft; todas, parte del mejor armamento que el gobierno estadounidense despleg en sus bombardeos en Siria.

Y lo cierto es que estas previsiones no son para sorprenderse: estn pensadas para sostener conflictos armados de alta intensidad espacial y temporal, como aquellos que se suelen sostener con agrupaciones guerrilleras o terroristas. Y es que s, la racionalidad subyacente a este tipo de decisiones mantiene activa la previsin de la cantidad de los estallidos sociales, armados y pacficos, que se pueden desatar en esta regin tan balcanizada por las actividades comerciales y militares de Occidente. Conflictos previsibles que, no sobra sealarlo, seran suficiente motivo para comenzar una nueva avanzada blica, es decir, justificantes necesarios para ampliar la escala de las operaciones militares que se requieren mantener en la zona para contener la creciente influencia de la triada China-Rusia-Irn. Primero se da un pretexto al enemigo para ser violento, y luego se justifica la guerra contra ese enemigo, por esa violencia.

Tal proceder, por supuesto, no carece de riesgos: la formula mantiene los elementos esenciales que se emplearon, de un lado, para balcanizar el Norte frica (en eso que desde Occidente se nombra Primavera rabe); y del otro, para intervenir en sociedades como Siria y Yemen. Y por ello mismo, la ecuacin tiene todo el potencial de desarrollar resultados contrarios a los esperados por los aparatos de inteligencia estadounidenses como los obtenidos en esos otros eventos. Despus de todo, por la cantidad de intereses que se pondran en juego, el margen para mantener a Rusia, China e Irn fuera de la jugada es mnimo. Slo balcanizar a la regin por balcanizarla, esto es, viendo al proceso como el objetivo y no como el medio, alcanza a mejorar la apuesta: en Irak, por lo menos, funcion como antesala para la reconfiguracin que el pas tuvo bajo el comando de las empresas estadounidenses.

Cualquiera que sea el caso, mientras fluye la informacin, lo importante es ser consciente de que la decisin del presidente Trump (y de todo el aparato de inteligencia detrs de l) tiene que ver con muchas dinmicas, menos con el puro reconocimiento de Jerusaln como capital de Israel. Continuar con esa narrativa oculta series ms complejas de intereses en juego que son, por donde se las quiera ver, mayores que el mantenimiento de la colonizacin de Palestina.


Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/12/jerusalen-discursos-de-normalidad-y.html

Ricardo Orozco, Lic. en Relaciones Internacionales. Universidad Nacional Autnoma de Mxico

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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