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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2017

Nuestro pacto

Julio Antonio Fernndez Estrada
OnCuba


Vivir un proceso revolucionario es una aventura inolvidable. Los que han brindado sus aos de lozana a la transformacin social y al montaje del nuevo proyecto de pas, esperan a cambio de sus prdidas y sacrificios algunos resultados, sobre todo que beneficien a las nuevas generaciones, donde se encuentran los hijos y los nietos de los hacedores de la nueva cultura.

Nunca entend que el agradecimiento debiera ser lo nico que nos conectara a los que dieron su vida por la Revolucin. Mi padre, que fue un luchador de la clandestinidad del Movimiento 26 de Julio, en los barrios de La Habana a fines de los aos 50, repeta que l no haba hecho nada para que se lo agradecieran.

La Revolucin cubana se hizo para que cambiara el pas, su poltica, su economa, sus relaciones de poder, sus relaciones exteriores, su manera de hacer arte, de producir la vida espiritual tambin.

Crec admirando a todos los que murieron por la libertad, pero no cre jams que deba solo darles las gracias sino seguir su legado.

En 1968 Fidel dijo en Demajagua que la Revolucin cubana era una sola desde 1868 hasta el presente, pero los jvenes de mi generacin, nacidos en los 70, nos hemos encontrado con muchas trabas para cambiar todo lo que debe ser cambiado.

Contra la idea de Fidel muchos funcionarios cubanos repiten, dentro y fuera de nuestras fronteras, que la Revolucin lo hizo todo, que todo fue logrado en 1959.

Nos preguntamos entonces la Revolucin continu o no lo hizo, despus de los aos intensos de los 60? Qu ha significado para los nacidos en los 70 ser revolucionarios si ya todo se haba transformado con el triunfo y unos pocos aos ms? Cmo ser revolucionarios en Cuba en 2017 sin ser tachados de centristas, reformistas, neo socialdemcratas, anexionistas, hipercrticos?

Por qu nadie recuerda que la Constitucin de la Repblica nos ordena a usar la crtica y la autocrtica como principio de organizacin y funcionamiento del Estado y a esto le llama democracia socialista? Por qu no nos llaman demcratas socialistas cuando cumplimos el mandato constitucional?

Los que hemos aceptado el pacto simblico de vivir en y con la Revolucin cubana, aunque esta hace mucho tiempo se haya convertido en Estado, en Gobierno y en Administracin Pblica, con todos los vicios que esto conlleva, hemos aceptado algunas clusulas del contrato original, que nos parecieron dignas, humanas, justas y hermosas. Entre ellas, preferir la solidaridad a la competencia del mercado, la paz a la guerra, ser no alineados que pertenecer a un bloque militar, ayudar al Tercer mundo porque pertenecemos a l, preferir la frugalidad al derroche, amar la imagen de los nios y nias en las escuelas y nunca en las calles pidiendo dinero en las noches.

Pero el pacto que aceptamos tambin inclua vivir en una repblica en democracia, en un Estado de derecho, en un socialismo donde no se diluyera la libertad. Es decir que no aceptamos el despotismo, ni la impunidad, ni la falta de transparencia de la actividad de los funcionarios pblicos, ni la prdida de espacios de participacin popular, ni el desprecio de la ley por los burcratas, ni la ausencia de pluralismo poltico.

Otras zonas del pacto no han sido renovadas. Los que aceptamos vivir en revolucin no aceptamos por eso vivir en silencio ante la ineficiencia estatal, la corrupcin o la pobreza creciente de nuestro pueblo.

Tampoco aceptamos con nuestra primera anuencia que lo ganado se enfermara y decayera, como la calidad de la educacin y de la salud, pblicas, que no se parecen en nada a aquellas que disfrutbamos en los aos 80, cuando ramos felices y no lo sabamos.

El pueblo de Cuba que ha querido vivir en una revolucin para superar los aos tristes del capitalismo neocolonial, no entiende cundo fue que nos preguntaron si estbamos de acuerdo en aceptar inversiones extranjeras que disminuyeran nuestra propiedad social; cundo fue que nos preguntaron si aceptbamos contratar mano de obra de la India antes que cubana para construir nuestros hoteles; cundo fue que nos preguntaron si aceptbamos sacar del concepto de prosperidad el uso del papel sanitario, del queso amarillo, del Internet de banda ancha.

El pacto social revolucionario debe ser puesto al da.

Del lado de la administracin no aparecen propuestas nuevas que nos hagan ilusiones; y a nosotros nos piden el mismo esfuerzo, la misma tolerancia a vivir con veinte dlares mensuales, la misma aceptacin de un transporte pblico que no nos lleva a ninguna parte, de una alimentacin apenas humana, el mismo silencio como prueba de nuestra confianza en un sistema que no nos habla de frente ni nos pide permiso para subir precios y desaparecer productos del mercado, para siempre.

Nuestro pacto es otro, algunos de nosotros, que aceptamos vivir en revolucin, verificamos un contrato ms rico, que traa consigo el derecho humano a pelear por la libertad, por la repblica, y por la democracia.

Nosotros hemos aceptado un pacto que nos hace responsables del futuro de Cuba, y para empezar nos obliga a pensar, a decir, a organizarnos y a luchar por la justicia.

Nuestro pacto no puede ser un documento viejo y de museo, debe servir y cuadrar a las nuevas generaciones, debe dar esperanzas a los viejos y a los nuevos, debe abrir el camino a una revolucin ms grande.

No es tiempo de aceptar un pacto lleno de deberes y al que cada da se le desgaja un nuevo derecho.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/nuestro-pacto/



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