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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2017

Otro diciembre, otra Argentina

Pablo Touzon
La Diaria


La historia contempornea argentina est marcada por sus diciembres. Cercano a las fiestas se produjeron tanto las rebeliones masivas del 19 y 20 de diciembre de 2001 que terminaron con la presidencia de Fernando de la Ra, el incendio del local nocturno de Repblica de Cromaon en 2004, el clmax de la lucha del gobierno de Cristina Fernandez contra Clarn (en el denominado 7D) en 2012, y la huelga policial y los disturbios sociales, saqueos y muertos que esta trajo consigo en 2013. Diciembre es el mes del drama argentino, y de la catarsis colectiva de sus heridas mal curadas.

Mauricio Macri y el gobierno de su coalicin Cambiemos tuvo en estas semanas su bautismo de fuego, reproduciendo la clsica triloga nacional de las pocas de vacas flacas: ajuste-represin-cacerolazo. Durante los dos aos que transcurrieron entre el 10 de diciembre de 2015 y la actualidad, el macrismo procastin la agenda econmica y social, entendiendo con acierto la paradoja de su victoria. Versados en el mapeo de los humores sociales, su propio big data les seal desde el inicio los lmites de sus posibilidades: el hasto generalizado con el kirchnerismo no implicaba necesariamente la adopcin de una agenda (sobre todo econmica) neoliberal. El nuevo gobierno de Cambiemos viva una situacin anloga a la del gobierno de la Alianza que reemplaz al peronismo menemista en 1999: en aquel entonces, el rechazo masivo a la corrupcin de los gobernantes y sus desbordes se complementaba con un adhesin igual de masiva a la piedra angular de su poltica econmica, la convertibilidad, que fijaba por ley la paridad entre el dlar y el peso. El recuerdo marcado en piedra de la hiperinflacin de 1989 y 1990 haba hecho de este instrumento econmico uno de los mas populares que tuvo Argentina en el siglo XX.

Aunque suene paradjico tratndose de un gobierno compuesto mayoritariamente por CEO de grandes empresas y con una fuerte impronta de centroderecha, el macrismo no fue votado para hacer el ajuste. Al menos, no de manera literal. Puede decirse que en el seno del gobierno de Cambiemos conviven dos almas: una encabezada por el gur electoral ecuatoriano Durn Barba, que, monitoreando el humor social con la ciencia del focus group y la filosofa poltica del algoritmo, declara que el ajuste es imposible; y la otra, ligada al ncleo del rea econmica, que proclama, en voz baja, que el ajuste es inevitable.

Los dos primeros aos fueron claramente duranbarbianos. El nico ajuste del gobierno, el de los tarifazos de los servicios pblicos de gas, luz, agua y dems naufrag parcialmente, entre reclamos a los tribunales y las idas y vueltas de la misma administracin. Le tom en ese entonces meses para ejecutarlo, y fue la primera derrota poltica de su primer ao de gobierno. Opt entonces y lo hizo pblico en foros nacionales e internacionales, frente a inversores y empresarios de todo tipo por priorizar la variable poltica. El argumento frente a los sectores del poder econmico que se preguntaban Cundo empieza el gobierno de Macri? era contundente, y podra resumirse as: Somos un gobierno resultado de un balotaje, con minora en ambas cmaras, en un pas de una cultura poltica histricamente populista. No es posible consolidar una gobernabilidad alternativa al peronismo empezando por las medidas antipticas de un ajuste masivo. Tenemos que ganar las elecciones antes, y las elecciones se ganan siendo populistas. La agenda de reformas tendr que esperar. Era el teorema del pas del ajuste imposible, explicado por aquellos que se supona que deban realizarlo. El leninismo macrista invent su propia Nueva Poltica Econmica tal como hizo la joven Unin Sovitica, financiada por la toma de deuda masiva posible gracias al pago del juicio a los holdouts y la salida del default.

En octubre de este ao, el momento lleg. Las elecciones parlamentarias consolidaron y ampliaron de manera dramtica los resultados obtenidos dos aos antes, y el pas entero se ti con los colores del Cambio. El resultado electoral (en el que la referente principal de la oposicin, la ex presidenta Cristina Fernndez de Kirchner, fue derrotada por un ignoto y anodino candidato oficialista, Esteban Bullrich, en la estratgica provincia de Buenos Aires) profundiz aun ms la crisis del peronismo en la oposicin, y sobre todo el foso existente entre aquellos sectores con alguna responsabilidad de gobierno (gobernadores, intendentes, sindicalistas y movimientos sociales inclusive) y el kirchnerismo, aislado casi del Estado y con muchos de sus dirigentes presos o camino a serlo, como el ex candidato a vicepresidente de 2015 Carlos Zannini. Sin nada que perder, el cristinismo profundiza su deriva maximalista. Con todo para perder, el peronismo de gobierno profundiza su deriva acuerdista. Y con la crisis profunda del peronismo massista (que se vea a s mismo, y as hizo campaa en 2015, como una avenida del medio entre el macrismo y el kirchnerismo) se perdi toda interfaz posible entre ambos polos.

El resultado electoral, el panorama opositor y su propia preocupacin frente al crecimiento del dficit estatal dejaron sin excusas a Cambiemos, que present entonces el mes pasado una versin embrionaria del paquete de reformas estructurales que hasta entonces slo se discuta en sordina.

Paquete de reformas

El gobierno decidi, en un primer momento, atar una reforma a la otra: la reforma laboral con la previsional con la tributaria. El contenido es un clsico, y no dista del recetario prototpico de los organismos multilaterales, con un agregado fundamental. La construccin del consenso con los gobernadores peronistas implica una reorientacin de los recursos de las cajas previsionales a las cajas provinciales, atando el destino del pago de los empleados estatales al desfinanciamiento de los fondos de retiro. El cuadro se completa con una pieza econmico-poltica clave para su propia ingeniera poltica con la discusin sobre los recursos de la decisiva provincia de Buenos Aires. Una maniobra inteligente que aspiraba a economizar recursos, y a cerrar en una sola ronda de discusiones (y de poltica) el corpus fundamental del resto de su agenda de gobierno.

Fin de ao pareca el momento ideal, luego del espaldarazo electoral y antes de las largas vacaciones de verano que en Argentina todo lo disuelven. La agenda electoral nacional parece diseada por Dick Morris y su campaa electoral permanente: la proliferacin de instancias electorales hacen que los momentos polticos sin elecciones sean muy pocos. Por ende, la ventana de oportunidad para meter un ajuste dura muy poco. El gobierno calcul bien, en ese sentido, el tiempo y la oportunidad. Pero algo pas.

Parejas letales

Jubilados y neoliberalismo son una pareja letal en la Argentina moderna. Desde los aos 90, el rgimen previsional argentino es blanco y caja de distintas administraciones que cifran en su reforma gran parte de su esquema de financiamiento. Esto hizo que una discusin tcnica y palaciega se viralizase en los medios y redes sociales: por una vez, la discusin no devena abstracta ni mora en los eslganes de la oposicin cristinista. Se hizo carne en la sociedad y los sectores medios argentinos, que ven asomarse, detrs de la reforma, el horizonte de futuras reformas posteriores. El gobierno finalmente haba tocado un tab, recordando a la anterior reforma de la Alianza, cuando el gobierno de Fernando de la Ra quit 13% de sus ingresos a los jubilados.

Pero el ingrediente principal para la tormenta perfecta lo aport el Ministerio de Seguridad, que preside Patricia Bullrich. Desde el inicio de la gestin de Cambiemos, la ministra quiso consolidar un papel de halcn en la administracin macrista, tratando de hacer realidad la promesa ms difcil de cumplir del presidente: la de terminar con los piquetes y dems formas de protesta social callejera. En grajeas y en pirotecnia verbal ya iba adelantando lo que fue un ensayo general el jueves de la semana pasada: un giro de 180 grados en la poltica de no represin a la protesta social que haba marcado, con sus ms y sus menos, la forma global de encarar el tema en los ltimos 12 aos.

La dura represin llevada a cabo en una de las principales plazas polticas del pas, en un pas con fuerte tradicin de activacin poltica callejera, contra militantes, diputados de la oposicin, fotgrafos de diarios y transentes en general, constituy la ruptura de otro tab, y no slo hizo caer la primera ronda de sesin parlamentaria. Tambin sent las bases violentas de la prxima. Parece que en este punto tambin el gradualismo ha tocado su lmite.

Fantasma cacerolero

El jueves 14 de diciembre Argentina se despert diferente, en un clima caldeado y violento como no se viva en aos. Fueron das de furia en los que el Gobierno logr retener el apoyo del peronismo federal y conseguir un ni del triunvirato sindical, cristalizado en la foto con los gobernadores y el presidente y en el paro slo parcial de la CGT.

El voto positivo del Congreso fue un triunfo del oficialismo, a un costo singularmente alto. No slo por las imgenes de las protestas violentas, los desmanes y la represin posterior que dieron vuelta al mundo. Tampoco solamente por el costo de volver a asociar a las polticas neoliberales con el desfinanciamiento de los abuelos argentinos. Ms bien, por haber vuelto a despertar el fantasma de todo gobernante argentino posterior a 2001: el cacerolazo de los sectores medios urbanos contra una medida de su gobierno. No puede Cambiemos atribuir esta forma de protesta a resistencias corporativas de sindicatos o movimientos sociales, a mafias enquistadas en el poder o al demonio kirchnerista. Para un gobierno singularmente preocupado por el humor social, y que ha elevado su monitoreo a la categora de ciencia, este es un dato preocupante. Un primer lmite a la hegemona macrista?

Sea como sea, un etapa parece haber terminado. Incluso con resultados electorales favorables, las imgenes de gases lacrimgenos y sangre en las calles parecen hablar del fin de la etapa fcil del reformismo cambiemista. Tal vez, del fin de cierta forma de primavera.

Fuente: http://findesemana.ladiaria.com.uy/articulo/2017/12/otro-diciembre-otra-argentina/#!


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