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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2017

El tiempo, el implacable, el que pas

Juan Montao Escobar
Rebelin


La nostalgia irremediable y para nada reaccionaria aprueba el ttulo de las lneas de Pablito Milans. Usted es hermana de Ral Daz-Argelles? La pregunta se la hice a la entonces embajadora de Cuba en nuestro pas, Ileana. Ocurri hace aos, que no sea tentacin al olvido, solo una huella posible de memoria. S, cmo t sabes quin es mi hermano? Mostr una conmovida curiosidad. Por Operacin Carlota, respond. Es aquella crnica de Gabriel Garca Mrquez, sobre la solidaridad de Cuba con Angola. A la mujer se le aguaron los ojos y el habla debi hacrsele difcil, por los tropiezos emocionales inesperados causados por un recuerdo imborrable. Las sombras de pena en su rostro me ahuyentaron y no volv a preguntarle sobre aquellos tiempos, en los cuales las palabras denunciaban los actos. Fue un lunes cvico del Municipio de Esmeraldas y se agradeca al pueblo y Gobierno cubanos por la efectiva presencia de sus mdicos en la ciudad e Ileana estaba invitada a recibir el ax de la gratitud. La ninguna memoria es la memoria de la opresin planetaria organizada, quien oprime prefiere las candilejas de lo instantneo con poca historia y ninguna historicidad. Los nadies de estos tiempos son quienes se silenciaron por pragmatismo liberal, distrayendo la partcula neo. Ya no se habla de internacionalismo proletario, para qu? El altruismo de los pueblos es, segn la cnica deshonestidad, cojudez poltica y muchos se toman en serio los apelativos paralizantes.

En el Ecuador de los aos setenta, la galaxia izquierdista se despedazaba casi de manera irreconciliable en chinos y cabezones, pero tambin estaban los guevaristas que postergaban para el prximo caf el alzamiento y los puros o M-L (marxistas-leninistas). En el territorio sin precisos dueos ideolgicos, con ninguna angustia de identidad poltica, errbamos los que creamos que la razn favoreca y sancionaba a esas metrpolis gemelas (Mosc y Pekn). Se lean panfletos o se escuchaba trova para jams equivocar aquella va considerada la nica, al final de la cual deba encontrarse la repblica de la justicia social. En ese ocano sideral de izquierdas flotaban asteroides: manchas coloridas de trotskistas (o troskos), izquierdistas de luxe, cristianos marxlogos y marxistas, anarquistas, socialistas sin socialismo, en fin, era militancia y era moda. Nadie era de derechas, porque era insulto a la razn vanguardista complementada por fashions, comida macrobitica, nuevas trovas, proletarismo sin proletarios, folklor indigenista con sobrecarga de paternalismo y la bohemia existencialista sartreana. Los rockeros no la tenan fcil con los comisarios estalinistas. Izquierda y derecha eran plastilina y plstico respectivamente.

S, vivamos otros tiempos y todos fuimos revolucionarios de cafetn o de esquina, de quienes vieron la montaa como una inmensa estepa verde [2] o en secreto hicieron suyas epopeyas ajenas, en pases de nombres equivalentes a la desesperacin de sus patriotas. Se cantaban canciones sociales con tal fervor, que se crea un sufrido culto de evanglicos milenaristas. Mojn de perro quin, por esos aos, no comi candela defendiendo principios que crea tan verdaderos como la ley de la gravedad. Se recitaba la leccin aprendida: el marxismo no es un dogma, sino etc. Fue un decir y ya poda irse al cementerio Highgate el barbudo de Trveris, porque la realidad copiaba a la doctrina. Hoy suena a ingenua irona, pero as fue.

De esta manera pasamos esos setentas y parte de los ochenta, primero con el Libro rojo de Mao Zedong (antes Mao Tse-tung) en uno de los bolsillos traseros del sempiterno bluyn, embobados con el foquismo romntico che-guevarista y creyendo que unos machetes locos bajaran de la montaa cualquier da de abril o de octubre. Se validaba esa metfora de Julio Cortzar por las lucirnagas de guerrillas en el continente. O donde alguien de boina negra y traje verde olivo recitaba la creacin de otro Vietnam al imperialismo. Se corra al mapa para ubicar ese pas en donde unos desesperados programaban asaltos celestiales. La Tricontinental aventaba proclamas y cosechaba mrtires en las tres cuartas del mundo que se descobijaba de los colonialismos europeos. Las paredes de dormitorios juveniles, salas de reuniones obreras y cuartelillos estudiantiles eran empapelados con afiches de hombres o mujeres alzando fusiles AK-47, con el grito detenido en la expresiva boca abierta. Eran vietnamitas, rabes o africanos annimos.

A la Revolucin Cubana llegu no soy el nico- por la revista Life, en espaol, que tenan algunas peluqueras de la ciudad; es lo que se llama el efecto contrario, buscando advertirnos de los peligros del comunismo terminamos por escuchar Radio Habana y unos discursos largusimos de Fidel, arengando sobre no s qu cosas de suceso inminente. No se olviden que yo soy de la generacin de la lectura de las comiquitas: Santo, el enmascarado de plata, Tremebunda, Pochita, Kalimn, Mandrake, el mago, etc. De la barriada de La Colectiva, ciudad de Esmeraldas, Ecuador, en donde las simpatas se decantaban por el pequeo que pone en su lugar al grandote, practicando la filosofa radical del barrio, de ah se pas a la poltica, porque los brochazos en las paredes no acanallaban a sus autores. Despus vendran lecturas y el perjuicio a alguna fachada con la pintada: Cuba s, yanquis no!. La rebelin de los humildes no es una frase de Roberto Bonafont, periodista deportivo de espectaculares metforas, sino una constante en la historia de las personas y las naciones. Y aquello no va cambiar, porque el decoro es la piedra davidiana de los que se respetan a s mismos. Es la aventura de la humanidad a pesar de esa otra humanidad, que estorba la irrenunciable soberana ajena.

Fue el 26 de julio de 1991, a propsito de la recordacin del Asalto al Cuartel Moncada, se cumplan 38 aos, y Nelson Mandela era el invitado especial, ante un conmovido auditorio mostr el estado de sus sentimientos: Hace mucho tiempo que queramos visitar su pas y expresarles nuestros sentimientos acerca de la Revolucin Cubana, y el papel desempeado por Cuba en frica, en el frica austral y en el mundo. El Madiba saba muy bien lo que deca y lo expresaba mejor: El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazn de los pueblos de frica. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribucin a la independencia, la libertad y la justicia en frica que no tiene paralelo por los principios y el desinters que la caracterizan. En su largusima lucha contra el apartheid conoci por dentro aquello que hace aos se llamaba internacionalismo proletario, meses despus de fundar el Umkhonto we Sizwe [3] , los combatientes de la organizacin armada necesitaron de sombras y presencias annimas protectoras para llegar a los destinos de entrenamiento militar.

Hay razones de Estado y del liderazgo poltico que de repente se convierten en mainstream emocional de millones de personas y sale lo mejor o lo peor de ellas. Y en el caso cubano fue uno de los mejores brotes: la solidaridad hasta sus ltimas consecuencias. Los Ancestros combatientes [4] llamaban, en esos das, a aseres y ekobios de herosmo bsico y desinteresado, a pelear contra los nuevos negreros. Sin dudas, una razn primordial para viajar a miles de kilmetros de su vecindario a combatir contra los opresores neocolonialistas, por fe sin complicaciones en el derecho de los dems. El discurso agitacional alcanza para superar la verdad del riesgo mortal definitivo. Para el herosmo no hay entrenamiento, apenas ese breve momento de una vida, con sus consecuencias, por otra. Nada ms.

El escritor venezolano Luis Britto Garca dej estas lneas: Un pueblo es su Historia. Intentar borrarla es querer anularlo [5] . Y del pueblo cubano su juventud, comenz esa historia de innegable fraternidad en la caatiga angolana, el 11 de noviembre de 1975. En esa fecha, Agostino Neto, el lder del Movimiento Popular para la Liberacin de Angola (MPLA), proclam la independencia del pas con las cuatro quintas parte del territorio ocupado por tropas sudafricanas y zairenses, mercenarios blancos, soldados de la UNITA y del FNLA [6] . Esa noche sonaba un cielo de tambores, se izaba la bandera rojinegra con la pieza de engranaje y el machete cruzados en el centro (smbolo de alianza obrero-campesina?) y se bajaba el bicolor portugus, caan 500 aos de colonialismo y racismo.

Ese 26 de julio de 1991, Nelson Mandela, habl por frica y los afrodescendientes: Hemos venido aqu con gran humildad. Hemos venido aqu con gran emocin. Hemos venido aqu conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. Qu otro pas puede mostrar una historia de mayor desinters que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con frica?. As fue ese ax internacionalista. Se perdi para siempre? Quin Dios sabe si sern tiempos implacables de humanidad disminuida.

Notas:

[1] El ttulo de este artculo es el ttulo de una cancin de Pablo Milans.

[2] La montaa es algo ms que una inmensa estepa verde , libro testimonial de Omar Cabezas, ganador del Premio Casa de las Amricas, 1982.

[3] La Lanza de la Nacin Umkhonto we Sizwe, es una mezcla de los dos idiomas principales idiomas originales de Sudfrica: zul y xhosa.

[4] De Manuel Zapata Olivella, en Chang, el Gran Putas.

[5] Tomado de www.rebelion.org del 3 de diciembre de 2012.

[6] Unin para la Independencia Total de Angola (UNITA) y Frente Nacional para la Liberacin de Angola (FNLA).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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