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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2017

Cultura de paz?

Pedro Lpez Lpez
Crnica Popular

Texto basado en la i ntervencin del autor en la mesa redonda Cultura de Paz, celebrada el pasado 7 de diciembre de 2017, en el marco del Festival de Cine y Derechos Humanos de Madrid, junto a Federico Mayor Zaragoza y Ramiro Pinto.


El derecho a la paz est implcitamente sealado en la Declaracin Universal de Derechos Humanos cuando el artculo 28 establece queToda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaracin se hagan plenamente efectivos.

El nico orden internacional y social que puede hacer efectivos los derechos humanos es un orden que asegure la paz. Recprocamente, solo con la proteccin efectiva de los derechos humanos puede conseguirse la paz. El 10 de diciembre de 1997, celebrando el Da Internacional de los Derechos Humanos, el secretario general de Naciones Unidas de aquel momento, Kofi Annan, declaraba: Los derechos humanos, bien entendidos e interpretados de manera justa, no son extraos a ninguna cultura; son inherentes a todas las naciones. (...) Los principios consagrados en la Declaracin Universal de Derechos Humanos tienen profundas races en la historia de la humanidad. Pueden encontrarse en las enseanzas de todas las grandes tradiciones culturales y religiosas del mundo. Efectivamente, encontramos numerosos documentos histricos en los que aparecen ideas seminales sobre los derechos humanos. Pero no solo eso, numerosos pasajes nos muestran la necesidad de proteger los derechos si se quiere conseguir la paz. Una muestra:

considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad Prembulo de la Declaracin Universal de Derechos Humanos, 1948.

...considerando que la ignorancia, la negligencia o el desprecio de los derechos del hombre son las nicas causas de las calamidades pblicas y de la corrupcin de los gobiernos. Prembulo de la Declaracin de Derechos del Hombre y del Ciudadano, Francia, 1789.

si la sociedad no reconoce los derechos del individuo, se producen conflictos para mitigar la angustia y eliminar los conflictos, lo mejor es instituir una sociedad que reconozca claramente los derechos del individuo. Siun Tseu (seguidor de Confucio), siglo III a.C.

Estas citas nos muestran no solo que la idea de que sin paz no hay derechos humanos y sin derechos humanos no hay paz ha estado presente a lo largo de la historia, sino que el sentido comn nos dice lo mismo: si los derechos no estn protegidos no solo proclamados- no podremos evitar conflictos que desestabilizan las sociedades.

Pero consideremos tambin brevemente las relaciones entre paz y democracia. A la hora de enfrentarnos a intentar una definicin de democracia que vaya ms all de las retricas habituales y de la nocin extremadamente pobre de democracia representativa que se va imponiendo, que va dificultando cada vez ms el derecho a la disidencia, podemos proceder indicando los requisitos que requiere una democracia. Aparte del control de los gobernantes a travs de la rendicin de cuentas, la democracia requiere una serie de derechos y libertades sin las cuales se convierte en una cscara sin ningn fruto dentro. En relacin con esto, en 1941 el presidente Roosevelt, cuya viuda encabez unos aos despus la comisin redactora de la Declaracin Universal de Derechos Humanos, pronunci ante el Congreso de los Estados Unidos el que se conoce como discurso de las cuatro libertades, un discurso que influy en la redaccin de la Carta de las Naciones Unidas y tambin en la redaccin de la Declaracin Universal de Derechos Humanos. La cuarta de las libertades que mencion es la libertad de vivir sin miedo, o el derecho a vivir en paz, como titul una de sus canciones Vctor Jara.

Esta libertad de vivir sin miedo es imprescindible para que podamos hablar de un concepto de democracia que vaya ms all de la indigencia del concepto a la que quieren acostumbrarnos las lites y los poderes econmicos. El miedo ha sido histricamente un instrumento al que han recurrido los gobernantes y las lites. En la etapa actual del capitalismo, el miedo se prodiga en mltiples direcciones. El neoliberalismo ha domesticado a un ciudadano que en los pases ms desarrollados (no me detengo ahora en la discusin en torno al concepto de desarrollo) tiene miedo a la prdida del trabajo (precariedad laboral que, encima, se vende como algo positivo, porque te permite ser emprendedor), a un futuro sin pensiones o con pensiones insuficientes, al terrorismo y a las guerras.

Un ciudadano asustado acata dcilmente las leyes que limitan sus derechos y libertades, como estamos comprobando en los ltimos tiempos. Y para esto es absolutamente funcional el escenario que se ha ido creando bajo el lema de la lucha contra el terrorismo, que pretende justificar un estado de excepcin permanente y unas guerras de ocupacin bajo las falsas banderas de la lucha contra el terrorismo y de la proteccin de la democracia y los derechos humanos. Esta ltima falsa bandera la denuncia con gran lucidez Jean Bricmont en su libro Imperialismo humanitario: el uso de los derechos humanos para vender la guerra.

Como dos requisitos imprescindibles para hablar de democracia son disfrutar de una sociedad en paz y que la ciudadana est libre de miedos, y estos requisitos distan hoy da de reflejar la realidad, tenemos una democracia con serias carencias.

Pero, adems, no podemos ignorar otro aspecto que gravita permanentemente sobre el tema de la paz. En El nuevo imperialismo (2004), David Harvey, uno de los ms lcidos analistas del capitalismo neoliberal que sufrimos, seala que la guerra y la acumulacin por desposesin son los dos mecanismos primordiales del capitalismo tanto histrico como actual. El capitalismo necesita constantemente nuevos espacios, nuevos mercados y nuevos recursos que expoliar, y el expolio solo puede ser violento, una violencia que puede ser ms visible o que puede ser invisible porque es estructural.

El neoliberalismo ha encontrado en el recurso al miedo un mecanismo eficaz de control. Todos estamos asustados porque el trabajo no es seguro, porque no va a haber fondos para las pensiones, porque no sabemos si seremos bien atendidos si tenemos un problema de salud, porque nos amenazan los terroristas, por las migraciones crecientes, etc. Frente a ese discurso del emprendimiento que ridiculiza la bsqueda de seguridad, la seguridad es una necesidad humana que est justo por encima de las necesidades fisiolgicas, como muestra la clebre pirmide de las necesidades humanas del psiclogo Maslow.

Pero esta seguridad humana poco tiene que ver con la seguridad que plantean determinados sectores, especialmente el militar. Tambin es de Maslow ese pensamiento que dice Si tu nica herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo. El concepto de seguridad manejado desde estos sectores, y ms concretamente la Doctrina de la Seguridad Nacional, condujo durante dcadas a una forma aberrante de tratar los problemas de los pases y de tratar a sus ciudadanos disidentes como si fueran enemigos de guerra. Todava recordamos cuando en febrero de 2012 el comisario Antonio Moreno Piquer en Valencia declaraba: no es prudente revelar al enemigo cules son mis fuerzas. El enemigo eran los estudiantes que protestaban en esta ciudad por los recortes educativos. El comisario en cuestin era el responsable de las fuerzas policiales que en vez de proteger el derecho de manifestacin de los ciudadanos se dedicaba a ejercicios de guerra, llevando a gala ser implacable con los manifestantes.

Desde una perspectiva de derechos humanos, que es la que tenemos que adoptar si queremos un mundo en paz, el concepto de seguridad que debe interesarnos es el de seguridad humana. Un concepto que debe llevarnos a tomar conciencia de que el mayor problema que tiene el planeta no es el terrorismo, como quieren hacernos ver, sino la indignante desigualdad que hace que cientos de millones de seres humanos sobrevivan en condiciones infrahumanas, sin que esto se deba a falta de recursos.

En el mundo existen actualmente entre 30 y 45 conflictos blicos, que, aparte de los muertos, mutilados y heridos, provocan las lgicas migraciones ante las que Europa, especialmente, se est comportando miserablemente. Este escenario no parece que vaya a cambiar en el futuro inmediato. El mundo est dominado en gran parte por una potencia militar con un poderossimo complejo industrial militar que no est dispuesto a seguir la mxima clsica Si quieres la paz, prepara la guerra; estos sujetos quieren la guerra y preparan la guerra. En una reciente entrevista , la politloga experta en geopoltica del Oriente Medio Nazann Armanian declaraba: El salto de la administracin Trump es convertir la guerra en s en un objetivo, destruir los pases y convertirlos en estados fallidos para saquearlos con compaas de todo tipo, no slo energticas, y hacer negocio con la reconstruccin.

Pero no nos equivoquemos, la administracin Trump no est haciendo algo tan novedoso. En la reciente entrega de premios del gremio de escritores de 2017, el cineasta Oliver Stone recordaba: en las trece guerras que hemos comenzado durante los ltimos treinta aos y los catorce billones de dlares que hemos gastado y los cientos de miles de vidas que han perecido en esta tierra, recuerden que no ha sido un lder, sino un sistema, ambos republicano y demcrata. Llmalo como quieras: el complejo de la industria militar, seguridad, dinero, medios, [] todos sabemos que hemos intervenido en ms de 100 pases con invasiones, cambios de rgimen y caos econmico. O guerra escondida, golpes blandos, como quieran llamarlo, es guerra de algn tipo.

En 2005 surgi desde la Asociacin Espaola para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH) la iniciativa para promover precisamente el derecho a la paz como derecho humano emergente reconocido por las Naciones Unidas. El primer paso fue la Declaracin de Luarca sobre el Derecho Humano a la Paz, de 30 de octubre de 2006, redactada por quince especialistas espaoles y latinoamericanos. En 2011 un total de 1795 organizaciones de la sociedad civil lideradas por la AEDIDH respaldaron la iniciativa y presentaron ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas el proyecto de codificacin de este derecho. En 2012, el Consejo de Derechos Humanos, con 47 miembros, vot la propuesta y hubo un nico voto en contra, el de Estados Unidos. Y este es el pas ms poderoso de la tierra y que marca en gran parte la agenda y los acontecimientos mundiales. La iniciativa ha seguido adelante, pero al parecer en marzo de 2016 se vot una resolucin que descafeinaba bastante la propuesta original y que aun as fue votada nuevamente en contra por Estados Unidos, en este caso con la lamentable compaa de Espaa. Incluso bajo el mandato del reconocido pacifista Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, Estados Unidos no ha querido reconocer no ya el derecho a la paz, sino la propia existencia de un debate en Naciones Unidas sobre la propuesta.

No podemos esperar de un pas con ms de 800 bases militares desplegadas por todo el mundo y cuyo gasto militar supone el 40% de todo el gasto mundial, que encabece un movimiento hacia una cultura de paz. Y hay que insistir en estos datos porque Estados Unidos es hoy el emblema supremo del capitalismo, el pas que sirve de espejo a los dirigentes de la inmensa mayora de los pases capitalistas del planeta, incluida una Unin Europea que sigue servilmente el camino marcado por este imperio y su instrumento favorito, la OTAN.

Necesitamos una cultura de paz porque la paz es una necesidad humana, mientras que la guerra es una necesidad de una industria y de unos sectores vinculados a ella que trabajan contra la humanidad. Necesitamos revertir esta ola de militarismo, inculcar a travs de la educacin y la cultura los valores de paz, derechos humanos, defensa del medio ambiente, ciudadana todo aquello que ayude a conducir a la humanidad por una senda de coexistencia pacfica, de solucin diplomtica de los conflictos internacionales, como seala la Carta de las Naciones Unidas.

Por eso es tan importante recuperar la Educacin para la Ciudadana y los Derechos Humanos, una educacin laica para formar ciudadanos conscientes de sus derechos y respetuosos con los derechos de los dems; ciudadanos que se opongan a la industria de la muerte y no acepten el chantaje de los puestos de trabajo que podran perderse cerrando bases militares y fbricas de armamentos.

Cuando veo imgenes de policas o militares enseando armas a nios en colegios, ferias del libro y entornos parecidos, llevando a esos entornos una visin militarista del mundo recuerdo la frase de Maslow: el martillo solo ve clavos. Cmo se combate la delincuencia, el terrorismo, los problemas sociales?, con ms armas y militarizando el mundo hasta el infinito?, no vemos que esto conduce a una espiral sin trmino? Deca Vctor Hugo: abre una escuela y cerrars una crcel. Posiblemente sea una frase ingenua, pero esta es la manera de abordar los problemas sociales. Las soluciones no pasan por recortar derechos, sino por ampliarlos. Si queremos la paz, eduquemos para la paz y protejamos y ampliemos los derechos humanos, este es el nico camino para la paz.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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