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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2017

El futuro de la negociacin en dominicana

Michael Penfold
Prodavinci


Es probable que contra todo pronstico el pas culmine con un acuerdo en Repblica Dominicana. El acuerdo, si bien no ser perfecto, puede llegar a cambiar la situacin poltica tan desfavorable que actualmente enfrenta Venezuela. Ciertamente, despus de los resultados electorales tanto del 15 de octubre como del 10 de diciembre, el gobierno asiste a la negociacin para ver cmo se queda con el poder. En ningn momento esta negociacin es vista por el oficialismo como un mecanismo de transicin democrtica y mucho menos de abandono de su dominio sobre la totalidad del pas. Su principal objetivo en la negociacin es otorgarle suficientes concesiones a la oposicin para que la comunidad internacional, luego del desmantelamiento institucional que ha sufrido el sistema poltico venezolano, relegitime una potencial reeleccin del presidente Maduro para el perodo 2018-2024. Como veremos, esta negociacin pasa por tres temas centrales, sin los cuales la comunidad internacional difcilmente puede llegar a reconocer una potencial reeleccin: cambio en las condiciones electorales, reconocimiento de la Asamblea Nacional y disolucin de la Asamblea Constituyente.

La negociacin se mueve sobre dos ejes. Una primera dimensin est referida al intercambio de mejoras en las condiciones electorales (cronograma, renovacin del CNE y observacin internacional) a cambio de acceso a las aprobaciones de crdito publico necesarias por parte de la Asamblea Nacional, lo cual supone tanto su reconocimiento formal como la eliminacin del desacato judicial. En teora, esta parte de la negociacin, tambin incluye la abolicin o por lo menos ciertas limitaciones en el funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente, que contina siendo la principal motivacin por parte de los EEUU para mantener vigente las sanciones econmicas introducidas en agosto de este mismo ao. Un segundo eje est vinculado a la eliminacin de las inhabilitaciones y de la liberacin de los presos polticos a cambio de un desmantelamiento progresivo o una flexibilizacin parcial de las sanciones econmicas e individuales tanto de los Estados Unidos como de Europa.

Este ltimo tema es fundamental para el gobierno. An si suponemos que el presidente Maduro logra ser reelecto en el 2018, su viabilidad futura est seriamente afectada por unas sanciones que en la prctica impiden cualquier reestructuracin o refinanciacin de la deuda; y adicionalmente limitan severamente la capacidad de PDVSA de utilizar a Citgo para realizar la procura de bienes y servicios de la industria petrolera al restringir a 90 das el crdito comercial de corto plazo en los Estados Unidos. PDVSA, debido a su situacin financiera as como a la corrupcin y a su psima gestin gerencial, paga en el mejor de los casos a ms de 150 das o sencillamente no paga. Esta realidad financiera supone que en la prctica el crdito comercial de la empresa estatal se cerr y sus proveedores dejaron de prestar servicios. China y Rusia tampoco han salido al rescate con dinero fresco tal como el gobierno anticipaba. Bajo estas condiciones, y sin un cambio radical en la poltica econmica, es virtualmente imposible estabilizar la produccin petrolera y mucho menos resolver el problema del financiamiento internacional que enfrenta tanto el gobierno central como PDVSA. En los ltimos dos meses, PDVSA ha perdido ms de 200,000 barriles diarios de produccin. A esta tasa de decrecimiento de la produccin, PDVSA podra llegar a caer a poco menos de 1.6 millones de barriles diarios para el primer trimestre del 2018. En el mejor de los escenarios incluso con una produccin de 1.9 millones barriles y con un precio para la cesta venezolana de cincuenta dlares las necesidades de financiamiento de Venezuela superan los 7 mil millones de dlares.

Cunto va a ceder el gobierno? Lo suficiente como para garantizar un reconocimiento internacional, pero tampoco tanto como para permitir unas elecciones perfectamente competitivas. Cunto va a aceptar la oposicin? Todo aquello que le permita mostrar algunas mejoras en las condiciones electorales, la eliminacin de las inhabilitaciones y la liberacin de los presos polticos. A pesar de la voluntad de ambas partes de hacer concesiones, la incertidumbre de la negociacin radica en un tema que ninguna de las partes controla: las sanciones. Dentro de este proceso de negociacin, la comunidad internacional, y muy especialmente los Estados Unidos y la Unin Europea, deben aceptar definir unilateralmente las condiciones bajo las cuales podran estar dispuestos a desmontar las sanciones en un futuro inmediato. Para la comunidad internacional esto es un tema complejo: las sanciones fueron diseadas para producir un cambio poltico en Venezuela y su desmantelamiento nunca fue pensado para legitimar una potencial reeleccin del presidente Maduro.

La alternativa para el chavismo

La reeleccin del oficialismo, sobre todo su sostenibilidad, pasa por la negociacin. Esto es indudable. Ir a la reeleccin, sin una negociacin exitosa, implica asumir una presidencia que es inviable y que plantea unos problemas de gobernabilidad que son totalmente insuperables tanto desde el punto de vista internacional como econmico y financiero. De ah que el gobierno haya dicho que sin negociacin y sin remocin de las sanciones no habr elecciones presidenciales en el 2018. Pero esta amenaza es poco creble. Unas condiciones econmicas signadas por la hiperinflacin y en especial por el colapso de la produccin petrolera, le imprimen un sentido de urgencia a un gobierno, que a pesar de la retrica, entiende perfectamente las consecuencias polticas de un aceleramiento del deslave social. El gobierno, en cualquier caso, pareciera preferir adelantar contra viento y marea estos comicios a ms tardar para finales del primer semestre del ao entrante.

La alternativa para el chavismo frente a la negociacin es sustituir a su candidato a la presidencia sin necesariamente sacrificar su hegemona sobre el control institucional del pas; lo cual implica no hacer concesiones electorales ni polticas a la oposicin. Con ello se sacrifica la reeleccin de Maduro, se abandona la negociacin en Dominicana y se busca resolver tanto el tema internacional y financiero a travs de un nuevo gobierno que asegure la continuidad chavista, pero que produzca una ruptura con el modelo econmico actual. Esta alternativa buscara consolidar el poder sin necesariamente aceptar la negociacin, acelerara las elecciones presidenciales sin cambio en las condiciones electorales y conllevara a impulsar un programa de estabilizacin econmica sin cooperacin del mundo opositor. No obstante, para el chavismo este escenario contina siendo incierto, pues an si lograran alternar el candidato para promover un refrescamiento controlado en el gobierno, es difcil pensar que obtendran el reconocimiento internacional. Las sanciones, al menos en el corto plazo, difcilmente sern removidas. Para flexibilizar las sanciones, tanto los Estados Unidos como Europa, tendran que cambiar su objetivo de poltica exterior de una poltica orientada al cambio de rgimen a una mucho ms pragmtica que busque tan slo un cambio de comportamiento.

Hasta ahora la voluntad de Maduro de impulsar su reeleccin pareciera que se va imponiendo. Su aspiracin a ser reelecto se basa en haber forzado la instauracin de la Asamblea Nacional Constituyente as como su amplia victoria en las elecciones regionales y locales. Su carta de presentacin frente a sus rivales internos son su control total sobre la Constituyente, el triunfo en 19 gobernaciones y 308 alcaldas. Quin dentro del chavismo apost que iban a estar en esta situacin luego de cuatro meses de protestas y de haber permitido el colapso de la economa ms grande de la historia venezolana? Pero an con estas fortalezas, el futuro de Maduro se muestra incierto si no logra un nuevo reconocimiento internacional y un cambio en las sanciones. Y sus rivales internos, quienes tambin aspiran sustituirlo, y quienes prefieren un sistema hegemnico de partido como el del PRI en Mxico, es decir, sin reeleccin, entienden perfectamente estas limitaciones.

La oposicin tiene que enfrentar este dilema a la inversa. Dejar de negociar con Maduro es permitir que se imponga un tercero dentro del chavismo que a su vez no va a aceptar ninguna negociacin. Estos potenciales sustitutos chavistas desean imponerse y apuestan a que la comunidad internacional estar ms dispuesta a entenderse con ellos, si hay un cambio de comportamiento, que si Maduro decide quedarse en la presidencia. Desde este punto de vista, la Revolucin queda mejor blindada con alternabilidad partidista y sin negociacin que con concesiones polticas y reeleccin. Para los rivales internos, e incluso tambin para una parte del estamento militar, la negociacin ms bien podra ser riesgosa, pues un cambio tanto en las inhabilitaciones como en las condiciones electorales podra aumentar las oportunidades de triunfo de un candidato opositor (sea alguno que actualmente est inhabilitado o de un potencial outsider). Frente a esta realidad, la oposicin tiene pocas alternativas. Su nica opcin es abordar con seriedad la negociacin, tal como lo viene haciendo, especialmente porque los incentivos para que Maduro efectivamente acepte un acuerdo son mucho ms altos que los que muchas personas suponen.

El problema es la implementacin

Culminar con xito una negociacin en Dominicana probablemente sea ms sencillo que implementarla. La razn tiene que ver con los holdouts polticos, es decir, los grupos que decidieron ex profeso no sentarse en Dominicana, tanto del mundo opositor como de las esferas chavistas. Los grupos que no apoyan la negociacin van a tratar de impedir a toda costa que cualquier acuerdo se implemente, tanto elevando su costo en la opinin pblica, como obstaculizando la toma de decisiones dentro del poder judicial, el estamento militar, la Asamblea Nacional, la Asamblea Constituyente y tambin dentro de los partidos polticos. La implementacin tambin ser compleja porque los diversos actores que se resisten a la negociacin promovern un cabildeo activo sobre los Estados Unidos y Europa para impedir cualquier flexibilizacin de las sanciones, incluso en caso que se haya verificado la implementacin de las partes centrales del acuerdo. De modo que el xito del pacto depende de mltiples actores que no necesariamente van a estar comprometidos con su ejecucin.

La nica forma de resolver este problema central es que la negociacin incluya un tema sobre el cual ninguna de las partes hasta ahora ha querido hablar: una amnista general. La inclusin de este tema permite que la implementacin sea mucho ms sencilla para todos. La razn es que una amnista general crea beneficios en toda una gama de asuntos (fiscal, derechos humanos y polticos) que hara que an aquellos actores que se oponen a un potencial acuerdo se beneficien abiertamente de su implementacin. Hasta ahora este es un tema que el gobierno esquiva recurrentemente (en parte porque percibe que est seguro que se mantiene en el poder y prefiere seguir hablando de una Comisin de la Verdad) y porque es un asunto que tambin divide a las diversas facciones opositoras (pues tendran que abortar su deseo de llevar adelante una justicia transicional). Esta percepcin es un verdadero escollo. Lo cierto es que Venezuela es un pas que ha vivido un conflicto civil, que si bien no es una guerra civil, igual ha dejado un saldo negativo tanto en lo econmico y en lo social de la misma envergadura. Sin una amnista general difcilmente el pas pueda enfrentar con xito la estabilizacin econmica, la emergencia social y su urgente reinstitucionalizacin.

Maduro puede ganar una eleccin presidencial?

Tal como hemos visto, lo nico que justifica la negociacin desde el punto de vista del gobierno es la percepcin que tiene, sobre todo despus de los ltimos eventos comiciales, que aun haciendo concesiones sustantivas puede llegar a ganar la reeleccin y obtener el reconocimiento internacional que carece en estos momentos. Realmente puede Maduro ganar una eleccin aceptando un cambio en las condiciones electorales? La evidencia estadstica de la reeleccin en Amrica Latina (aun en condiciones de normalidad democrtica) no es alentadora para la oposicin: la probabilidad que un presidente que aspira a la reeleccin obtenga el triunfo es altsima. Son pocos los casos de derrotas, entre ellos los de Daniel Ortega en Nicaragua o Hiplito Mejas en Repblica Dominicana, y ms bien la regla es que la reeleccin presidencial termina siendo exitosa. El mejor inductor a la alternabilidad democrtica en Amrica Latina es limitar la reeleccin y lamentablemente en el caso venezolano la reeleccin es indefinida. Los cambios polticos en Amrica Latina suelen surgir cuando quien aspira a la reeleccin no puede presentarse, tal como acabamos de ver en Ecuador con Rafael Correa o en Argentina con Cristina Kirchner. Son las limitaciones constitucionales y no las elecciones las que promueven la alternabilidad.

Maduro tienen un problema central que es innegable: ms all de controlar la presidencia, para poder garantizar su reeleccin debe frenar en seco la hiperinflacin. Sin un programa de estabilizacin econmica, Maduro corre el mismo riesgo que Daniel Ortega en Nicaragua a finales de los ochenta, quien perdi la reeleccin luego de una guerra civil y en medio de un proceso hiperinflacionario de larga duracin. Los paralelismos con el caso venezolano son evidentes. El gobierno se ha volcado al Carnet de la Patria y al uso clientelar de los CLAPS como mecanismo de compensacin social para inflar con esteroides su desempeo electoral. Los efectos de ambos instrumentos son significativos. 71 por ciento de la poblacin dice tener acceso (aunque irregular) a los CLAPS; de ese grupo que recibe las bolsas de comida, 70 por ciento dice ser oficialista y 30 por ciento opositor. 63 por ciento de la poblacin dice tambin poseer el Carnet de la Patria; de aquellos que poseen el plstico y se autodefinen como oficialistas, y dicen tambin haber participado en las elecciones regionales, el 95 por ciento termin efectivamente votando por el gobierno. En el caso de los que se autodefinen como opositores, el 31 por ciento dice haber terminado votando por el PSUV (probablemente porque se sintieron coercionados). Es evidente que el Carnet de la Patria tiene un poder significativo en su capacidad para reforzar por la va de los hechos la lealtad partidista y en su capacidad (parcial) de lograr la conversin del voto por parte de aquellas personas que dicen no ser oficialistas.

La fragilidad del pas

En Venezuela los problemas son cada vez ms estructurales: 82 por ciento de la poblacin vive actualmente en situacin de pobreza y los niveles de inseguridad alimentaria son verdaderamente alarmantes. Hemos perdido en trminos reales en los ltimos cuatro aos casi un 40 por ciento de nuestra economa. La produccin petrolera ha retrocedido a los niveles de la dcada de los ochenta mientras que la poblacin es tres veces ms grande. Una hiperinflacin que puede cerrar por encima de 1600 por ciento en el 2017 implica que en cuestin de das una persona de clase media puede pasar a ser vulnerable y otra que vive en situacin de pobreza puede pasar a vivir en la pobreza extrema. Venezuela es simplemente un pas que agoniza.

La negociacin tambin debera estar orientada a resolver estos problemas estructurales. Ambas partes deben reconocer que el pas requiere enfrentarlos colectivamente, lo cual conlleva inexorablemente a construir instituciones para resolver los dilemas del desarrollo, para impulsar el crecimiento econmico, el bienestar, la calidad de vida y la equidad social. Sin estos factores, el proceso de negociacin es ms dbil y muchos venezolanos lo percibirn como irrelevante o al menos lo vern con mucho escepticismo.

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