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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2017

"Montera a sol y sombra. (De la fbula a la postmodernidad)", de Jos Luis Garcs Gonzlez. Ediciones El Tnel, 2010.
Este libro es de un valor incuestionable sobre las transformaciones que demanda la traumtica historia de Colombia"

Len Arled Flrez
Rebelin


Libro impactante. No es un viaje al pasado, como parece. Es ms bien, como la historia, una reflexin crtica y particular sobre la realidad que nos determina y que nos oprime. Es tambin un llamado de angustia reivindicando la necesidad inaplazable del cambio social. Es un cuestionamiento de la Montera contempornea, atascada en la prehistoria. Es un cuestionamiento del pueblo que crece por metstasis, de una sociedad embriagada, de una sociedad donde impera el ruido, el hambre, el barro, la miseria, la violencia, los mosquitos y el polvo. Es tambin una nostalgia del pueblo pequeo y romntico, de aquel que evoc Guillermo Valencia Salgado, con calles llenas de arena y personas que dorman con las puertas abiertas. Con planchones soolientos y aceras cubiertas de naranjas (p. 247).

Es un libro construido a travs de relatos de conquistadores, de locos, de inmigrantes, de poetas, en general de humanistas y hombres del comn. Desde los cronistas de indias Juan de Castellanos y Fray Pedro simn, pasando por Antonio de la Torre y Miranda fundador de pueblos, por Maria Varilla, la reina del porro, por Jorge Ramrez Arjona, el presidente desconocido, por Rafael Yances Pinedo, el personaje que ms aparece a lo largo del libro como fundador, participe y gestor cultural. Hasta Julia Len, que descubri, en tierra de jaguares, la humanidad, no en la compaa de los humanos, sino de los gatos. No es solo a travs de estos y de muchos otros personajes del comn, todos impactantes, sino del rescate de eventos, ancdotas, lugares y tradiciones, que Jos Luis Garcs Gonzlez da cuerpo y contenido a la nocin de ciudad. A la nocin que l tiene de la sociedad Monteriana actual. Una nocin que con intermitencias parece derivar de la visin pesimista que del pasado histrico de la Monteria del siglo XIX tena el inmigrante francs Luis Striffler. La misma que de forma lapidaria parece sintetizar el profesor Eduardo Pastrana Rodrguez, cuando escribe que: En Crdoba el suelo es el ms frtil del mundo; el estril es el hombre que lo puebla (p. 272).

Aunque no esta sintticamente formulada, la vision de Jos Luis Garcs Gonzlez sobre la Montera actual, no es la visin pesimista y en parte racista de Luis Striffler; tampoco se asemeja a la vision positiva de la historia de la costa, sintetizada en la tesis de la cultura anfibia, de Orlando Fals Borda. Tesis, esta ltima, que el historiador norteamericano Charles Bergquist, crtic por ser mas literaria que cientfica. Tesis que impregnada de determinismo geogrfico, parece ignorar el carcter deteminante de las relaciones sociales en el desarrollo del hombre en sociedad. Creo que el orden social de los Zenes, no consista solo en su capacidad de adaptacin a los cambios del clima, rasgo caracterstico que otorga Fals Borda a los costeos, sino que el orden social de ellos era ms bien el orden natural, del cual hacian parte. Ese orden natural indivisible era su despensa, su habitad. Por eso vivan al da, no acumulaban, no lo necesitaban. Cuidaban, guardaban con su presencia el equilibrio ecolgico. Es, a mi modo de ver, la vida armnica con la naturaleza, con el ro, lo que constitua su cultura, incluso cuando vivan ya mezclados y sedentarizados en ese cazerio llamado Montera. Es esa lgica, esa mentalidad de los Zenes, la que parece escapar a la lgica y mentalidad modernista, es decir, capitalista de Luis Striffler. Creo que la mayora de personajes de la Montera contempornea que evoca Jos Luis Garcs Gonzlez, ni cultural ni socialmente hablando eran estriles. Evocan, al contrario, una Montera muy humana y de gran riqueza cultural.

Garcs Gonzlez, al subrayar la importancia ecolgica de La ronda del Sin, evoca con nostalgia y certeza ese pasado de la cultura sinuana: el regreso a lo natural y a lo sencillo, lo cual es, de nuevo y ojal para siempre, una de las expresiones ms bellas de la utopa (p. 283).

No obstante, no es el hombre en si, sino las relaciones sociales, sobre todo las agrarias, las que han reconfigurado la sociedad monteriana contempornea. Una sociedad donde la corraleja no es solo un smbolo folclrico de un departamento ganadero, sino una forma de sociedad y de exterminio. De exterminio de aquello que se halla en el lugar equivocado. Como el toro perdido - relato, segn el autor, de donde deriva la fiesta de la corraleja -, el bovino que llega al centro de la ciudad y es despresado vivo por una multitud enceguecida por el miedo y el hambre. En fin, la corraleja es, entre otras, una metfora de la sociedad, que bajo la hegemona paramilitar que ha gobernado al departamento y en buena parte al pas, es la causante de la disolucin y de la debacle de la sociedad monteriana y colombiana de nuestros das.

En este contexto, la alternativa propuesta por el autor, esa de convertir a los habitantes en ciudadanos, a travs de la educacin, aunque sugestiva, me suena utpica. La educacin puede ser un complemento, pero no es la panacea frente los problemas del desempleo, del hambre, de la miseria y de la violencia; generados, no solo por la ignorancia del pueblo; mucho menos por la falta de gente con pergaminos acadmicos, que en Montera no faltaban, como lo demuestra este libro; sino por el tipo histrico de relaciones sociales que reproducen la hegemona de unas lites, que guiadas por lgicas primitivas de acumulacin capitalista, han capturado para su beneficio particular, el poder del estado.

Al respecto, aunque no se trate aqu de hacer un debate, creo que hay que volver a Georg Lukcs, a sus reflexiones sobre la historia, sobre la conciencia social y sobre la lucha de clases, para replantearse desde all, la cuestin de la educacin y del cambio social. En otras palabras, para replantearse desde all la cuestin de la democracia.

Por lo dems, este libro, armado de relatos que evocan distintos tiempos, distintos personajes, distintas emociones, tradiciones y espacios, es de un valor literario, histrico y testimonial incuestionable; no solo para los cambios anhelados de la Montera actual, sino para las transformaciones que demanda la traumtica historia de Colombia.

Una nota al margen. Leyendo la obra, me acord del Camajn, incluso me lo imagin de cartula de una futura edicin de este libro. Ese rbol frondoso entre el P5 y las Granjas, que era un smbolo, junto con el ro Sin, de la ciudad. En un viaje que hice a mediados de los noventa del siglo pasado a Monteria, fui a visitarlo. De acampadero natural de transeuntes en espera de bus, al Camajn ya moribundo, lo haban convertido en orinal y basurero de un kiosco de gaseosas y de cerveza. No obstante, me qued esperando que Jos Luis Garcs lo mencionara en alguna lnea, pues para m ese rbol, junto a las golondrinas migratorias, que tenan como refugio y escala, las inmediaciones de la calle primera; y que hasta donde se, al ser consideradas plaga, fueron exterminadas o ahuyentadas. Ellas, junto al Camajn, en mi parecer, podran ser la metfora perfecta, tal vez el smbolo de la mutacin, de la Montera contempornea, al sol y a la sombra.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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