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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2017

El especialista

Jaime Richart
Rebelin


Desde mi madurez vital he desconfiado de los especialistas ms all de su utilidad en cada circunstancia. Pero incluso de sta desconfo tambin. Y me refiero no slo a los expertos dentro de un rea de conocimiento sino tambin a los expertos con carcter general acerca de una materia, respecto a quienes la desconocen en absoluto. El mdico o el abogado o el juez o el poltico o el economista o el militar o el fsico, por ejemplo, respecto al resto de la sociedad. Todos, cuanto ms sesudos y ms celosos del objeto de su estudio, ms deformados en relacin al resto de porciones de realidad que les rodea. Cuanto ms esmero y ms empeo ponen en ampliar el conocimiento de su inters, ms alejados estn de la sabidura. El que sabe un poco de todo, no sabe nada. Pero el que sabe mucho de algo, acaba ignorando todo lo dems hasta que eventualmente algo le despierta. Ese despertar que le hizo decir al genio Einstein dos y dos son cuatro hasta nueva orden...

Raro es el especialista que sabe lo que ignora y raro es el que relativiza su parecer... Se manifiesta ordinariamente sin humildad frente al profano como el telogo frente al pagano. Dirase que el especialista de categora, no sabe nada de otras cosas que no sean las suyas. Adems, raro es el que es capaz de reconocerse como un terico ms dentro del mbito cultural al que pertenece, y ms raro el que tiene en cuenta que existen otros mbitos culturales en los que su tesis seguramente no tendr cabida, y por eso no advierte hay otras teoras, otras formas de hacer las cosas; la ma, las mas son stas, y sta es mi oferta. Esto es para m el lastre suficiente que me impide animarme a hacerle mucho caso. La deformacin global de la personalidad del especialista y su habitual arrogancia son la causa de mi desconfianza y tambin de mi antipata desde un punto de vista didctico y cultural. S, porque sabemos hasta qu punto todo cuanto forma parte de nuestra civilizacin es el resultado, primero del consenso de minoras y segundo de frecuentes correcciones no ya de corolarios sino tambin de principios y de fundamentos en todos los rdenes. Y esto me lleva a enlazar con lo inicial. Una cosa es que sea utilitaria una teora porque permite trabajar sobre ella y aquietar a los espritus inquietos necesitados constantemente de certezas, y otra que est revestida de una certidumbre universal y concluyente. Sin embargo, nunca sabremos a ciencia cierta hasta que protagonicemos nuestra muerte qu nos espera tras ella. Nunca sabremos cul es el verdadero origen del universo. Nunca sabremos de dnde venimos y a dnde iremos. Nunca sabremos si los fundadores de las religiones, sobre todo las monotestas, fueron enviados por un dios, fueron extraterrestres o fueron simples humanos dotados de un sentido comn pero especial y universal dirigido a dar sentido a la vida del ser humano y de paso a organizarla; si vinieron o no para despertar la conciencia dormida del salvaje o de toda la especie humana... Las grandes incgnitas jams se desvelan ms all de lo que desea el inters o la voluntad individuales y colectivos.

Pues bien, el ser humano de esta civilizacin, el que domina a travs de un laberinto de intereses heterogneos que al final le hace padecer trgica ceguera, es el especialista de nuestro anlisis y descripcin. se que carece de la visin de conjunto, se que tiene sus miras puestas en el slo objetivo de la ganancia y la depredacin. se al que la estulticia, la deformacin y la ambicin a la postre le han atrofiado el instinto y mutilado la inteligencia que precisa la colmena para su supervivencia. se que tala y trafica con la madera, se que explota los hidrocarburos, se que poluciona ciudades y pases con la industria petroqumica se que altera ecosistemas, destroza mares, lagos, montaas y ros. se que ha provocado ya neciamente la destruccin paulatina, si medimos el tiempo a escala csmica pero galopante si la medimos por el que dura una vida humana, de las condiciones de vida en la nica casa que posee l y poseemos todos: el planeta Tierra. Maldito sea...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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