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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2017

Al filo de la catstrofe

Jnatham F. Moriche
Rebelin


Teorizaba Antonio Gramsci que en las sociedades capitalistas avanzadas se produce un cierto retraso histrico entre los acontecimientos econmicos y los polticos. Ese retraso se corresponde al perodo en que instituciones, valores y costumbres slidamente asentados permiten amortiguar las contradicciones entre el orden poltico y la estructura econmica que le subyace, que deben mantener entre s una serie de coherencias funcionales imprescindibles para su continuidad.

Siguiendo este patrn histrico descrito por Gramsci, el brutal primer impacto de la crisis econmica de 2008 apenas produjo efectos polticos sistmicos reseables ni en los pases centrales del capitalismo ni en el sistema de relaciones internacionales. Pero la cronificacin de la crisis econmica y sus padecimientos materiales, como consecuencia de las drsticas polticas de austeridad impuestas para su gestin, han terminado por desgastar fatalmente esos dispositivos de amortiguamiento, y la crisis econmica ha devenido tambin poltica.

2011 trajo un primer aviso de desgaste de esos dispositivos con la propagacin a Europa, Estados Unidos y otros puntos del globo de las protestas anti-oligrquicas del Norte de frica y Oriente Medio, de composicin marcadamente juvenil, urbana y progresista. Pese a su significativa extensin y predicamento, estas protestas fueron en general incapaces de conmocionar las estructuras polticas estatales e internacionales del centro atlntico capitalista. Pero, en 2016, una segunda oleada de contestacin, esta vez marcadamente adulta, rural o meso-urbana y reaccionaria, s ha logrado conmocionar esas estructuras, como ejemplifican las sucesivas victorias del Brexit en Gran Bretaa y de Trump en Estados Unidos.

El lustro de sufrimiento material y descontento poltico acumulados sobre importantes sectores de poblacin entre 2011 y 2016 han predispuesto favorablemente el terreno a esta segunda oleada de contestacin de signo reaccionario, pero tambin ha sido clave en su propagacin la distinta respuesta presentada ante ellas por las diferentes facciones del establishment neoliberal.

Desde 2011 el ala progresista del neoliberalismo, grandes sindicatos, partidos y medios de comunicacin de obediencia nominalmente socialdemcrata, han rechazado casi sin excepciones el encuentro estratgico con el descontento social nacido a su izquierda y sus expresiones polticas, como ejemplifican las polticas econmicas continuistas de Obama o Rodrguez Zapatero, la sostenida colaboracin del SPD con la CDU en Alemania, el desdn de los gobiernos francs de Hollande e italiano de Renzi a la peticin de auxilio del griego de Tsipras, la permanente confrontacin entre PSOE y Podemos en Espaa o la dura resistencia de los aparatos demcrata norteamericano, socialista francs o laborista britnico contra sus propios renovadores por la izquierda Sanders, Hamon y Corbyn.

En sentido opuesto, s se registra una mucho mayor apertura del ala conservadora del establishment neoliberal hacia las insurgencias nacidas a su derecha, como demuestran la aparicin del AfD alemn por gemacin del partido conservador de Merkel, la alianza por el Brexit entre el UKIP y la derecha del Partido Conservador britnico o las relativamente cmodas coexistencias entre el aparato del Partido Republicano y el presidente Trump o entre las instituciones europeas y los gobiernos ultraderechistas de Polonia o Hungra. Esta apertura poltica refleja una incipiente divisin entre poderes econmicos, una parte de los cuales, todava minoritaria pero muy proactiva ―pensemos, por ejemplo, en los multimillonarios Koch o Mercer, indispensables para la victoria de Trump―, apuesta, frente al capitalismo mundialista hegemnico, por un capitalismo proteccionista y desglobalizador como frmula de repuesto al neoliberalismo en crisis.

Esta asimetra relacional, que asla a la izquierda y alimenta a la derecha, se ha convertido en un rasgo compartido por los sistemas polticos de muchos pases del centro capitalista y de las periferias emergentes, y explica las enormes dificultades que las fuerzas transformadoras progresistas enfrentan para acceder al poder estatal o siquiera influir decisivamente sobre l ―con las contadas, semiperifricas y muy ambiguas excepciones de Grecia y Portugal.

Por otra parte, el modo en que el resto del mundo ha evolucionado en estos aos, en buena medida bajo el influjo de la crisis de los pases centrales del capitalismo atlntico, influye ahora sobre ellos, retroalimentando este giro reaccionario.

As, en Amrica Latina, la crisis de las materias primas ─otro sntoma, como antes la crisis financiera, de la crisis estructural del sistema econmico globalizado neoliberal━, sumada al infatigable intervencionismo norteamericano en la zona y al agotamiento y los errores acumulados en una dcada de dificilsimos gobiernos a contracorriente de la onda global neoliberal, han terminado por revertir la onda progresista hegemnica desde 2000, neutralizando un potencial contrapeso a las fuerzas conservadoras del capitalismo central y aliado de sus fuerzas progresistas.

Paralelamente, el recrudecido intervencionismo occidental a partir de 2001, la proliferacin del extremismo sectario y la resistencia de los despotismos autctonos a toda reforma democrtica han convertido la casi entera regin geopoltica de Norte de frica y Medio Oriente en un infierno generalizado de guerras declaradas o difusas, lo que sumado a las crecientes tensiones fronterizas con una Rusia autoritaria y crecida ante la crisis euroatlntica, envuelven a Europa en un arco de incertidumbre y violencia que parece estar haciendo ms proclives a sectores importantes de su poblacin a soluciones de tipo reaccionario y autoritario, en pos de una expectativa de mayor seguridad.

Y por ltimo, aunque a tener cada vez ms en cuenta, el cambio climtico est pasando de ser una expectativa difusa y lejana a tener consecuencias concretas y directas sobre comunidades humanas, en forma de prolongadas sequas y proliferacin de desastres naturales, conflictos por recursos naturales de primera necesidad y desplazamientos de poblacin. La ltima y feroz oleada de incendios fuera de su temporada habitual en todo el sur de Europa indica que esas consecuencias siguen escalando hacia el norte y los pases centrales del capitalismo euroatlntico no estarn exentos de ellas ni siquiera en el ms corto plazo.

La suma de todos estos factores ofrece un panorama inequvocamente catastrfico. Si hace dos dcadas se propona que otro mundo (mejor) es posible contra los estragos sociales y ambientales del neoliberalismo entonces rampante, ahora descubrimos que tambin otro mundo mucho peor, producto de su descomposicin desordenada, es posible. Los pronsticos son, en general, desoladores: Wolfgang Streeck prev un perodo largo y doloroso de decadencia acumulativa, puede que a escala del desmoronamiento global de la dcada de 1930; Santiago Alba Rico, evocando la fallida repblica democrtica alemana que dio paso al nazismo, describe el presente como un Weimar global agravado por la inseguridad radical de la degradacin medioambiental; Franco Berardi advierte que las dinmicas que llevaron al nazismo al poder estn operando de nuevo, con el riesgo de repetir la guerra civil yugoslava a escala continental, en el contexto de una guerra civil global.

Abrumadas por la enormidad y urgencia de las circunstancias, y duramente golpeadas por sucesivos reveses ―bien en el camino hacia el poder poltico, como el sanderismo en EEUU o Podemos en Espaa, bien despus de alcanzarlo, como Syriza en Grecia―, las fuerzas democrticas y progresistas buscan desesperadamente las frmulas ideolgicas, organizativas y estratgicas que les permitan romper esta inercia desastrosa y constituirse como alternativa autnoma, diferenciada y competitiva, frente tanto al neoliberalismo hegemnico como a las fuerzas reaccionarias que le desafan por su derecha, sin quedar atrapadas en su contradiccin relativa, como la define Alain Badiou, que enfrenta sus respectivos modelos capitalistas liberal y autoritario, mundialista y chovinista, que son ya los que protagonizan el conflicto poltico en muchos de los pases centrales del capitalismo y de sus periferias emergentes.

Esa bsqueda desesperada conduce a menudo a situaciones de tensin interna insostenible, que convierte a las fuerzas progresistas en las peores enemigas de s mismas, frustrando las oportunidades de cambio que les ofrece la coyuntura. Las disputas de la izquierda europea ante la cuestin de la reforma o ruptura de la Unin Europea, las decisiones del gobierno griego o el Brexit, el enfrentamiento entre movimientos sociales e izquierda de gobierno en Brasil o Ecuador o la divisin del internacionalismo ante las guerras de Ucrania, Libia o Siria, entre otras disputas, evocan y en muchos casos prolongan las grandes y duraderas fracturas tericas y prcticas entre movimientos transformadores, desde la escisin entre las fracciones socialista y anarquista de la Primera Internacional en 1872 hasta, un siglo despus, el desencuentro entre organizaciones de clase y nuevos movimientos sociales en la revuelta global de 1968.

Si aquella fractura de 1968 abri las puertas al gran giro histrico global neoliberal de la dcada de 1970, esta de 2018 podra abrir medio siglo despus las de su equivalente post-neoliberal de la dcada de 2020, en la que los peores rasgos depredadores, belicistas, racistas o machistas del neoliberalismo de crisis y sus alternativas reaccionarias ensayados desde 2008 se conviertan en estructurales de un nuevo ciclo de signo radicalmente regresivo, edificado al mismo filo de la catstrofe econmica, poltica y medioambiental y de muy incierta resolucin, no ya en trminos de emancipacin o bienestar, sino de mera supervivencia, para cientos o miles de millones de seres humanos.

Fuente: Publicado originalmente en T Cuentas Radio (www.tucuentasradio.com/al-filo-de-la-catastrofe/)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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