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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2017

Por qu Occidente alaba a Malala pero ignora a Ahed?

Shenila Khoja-Moolji
Al Jazeera

Traducido del ingls para Rebelin por J. M.


La activista palestina Ahed con su madre Nariman [Al Jazeera]

Ahed Tamimi, una joven palestina de 16 aos, fue arrestada recientemente en una redada nocturna en su casa. Las autoridades israeles la acusan de "agredir" a un soldado israel y a un oficial. Un da antes se haba enfrentado a los soldados israeles que haban entrado en el patio trasero de su familia. El incidente ocurri poco despus de que un soldado dispar a su primo de 14 aos en la cabeza con una bala de goma y ​​dispar botes de gas lacrimgeno directamente en su casa, rompiendo ventanas.

Su madre y su primo tambin fueron arrestados despus. Los tres permanecen detenidos.

Ha habido una curiosa falta de apoyo a Ahed por parte de los grupos feministas occidentales, los defensores de los derechos humanos y los funcionarios estatales que en otros casos sepresentan como defensores de derechos humanos y del empoderamiento de las nias.

 Ahed, como Malala, tiene una historia sustancial de resistencia contra las injusticias.

Las campaas para empoderar a las nias en el Sur global son innumerables: Girl Up, Girl Rising, G(irls) 20 Summit, Because I am a Girl, Let Girls Learn, Girl Declaration.

Cuando la activista pakistan Malala Yousafzai, de 15 aos, recibi un disparo en la cabeza de un miembro de Tehrik-e-Taliban, la reaccin fue marcadamente diferente. Gordon Brown, el ex primer ministro del Reino Unido, emiti una peticin titulada "Yo soy Malala". La UNESCO lanz "Stand Up For Malala".

Malala fue invitada a reunirse con el presidente de entonces Barack Obama, as como con elsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y pronunci un discurso en la Asamblea General de la ONU. Recibi numerosos elogios por haber sido nombrada una de las 100 personas ms influyentes por la revista Time y la mujer del ao por la revista Glamour para ser nominada para el Premio Nobel de la Paz en 2013, y nuevamente en 2014 cuando lo gan.

Representantes estatales como Hillary Clinton y Julia Gillard, as como destacados periodistas como Nicholas Kristof hablaron en apoyo de ella. Incluso hay un da de Malala!

Pero no vemos campaas #IamAhed o #StandUpForAhed en los titulares. Ninguno de los reconocidos grupos feministas o figuras polticas y de derechos ha emitido declaraciones en su apoyo o cuestionando al Estado israel. Nadie ha declarado un Da de Ahed. De hecho, incluso Estados Unidos en el pasado le neg una visa para una gira de conferencias.

Ahed, como Malala, tiene una historia sustancial de resistencia contra las injusticias. Protesta por el robo de la tierra y el agua por los colonos israeles. Ha soportado el dolor personal despus de haber perdido un to y un primo por la ocupacin. Sus padres y su hermano han sido arrestados una y otra vez. Su madre recibi un disparo en la pierna. Hace dos aos, otro video que la presentaba se volvi viral, esta vez estaba tratando de proteger a su hermano para que no se lo llevara un soldado.

Por qu Ahed no es beneficiaria de la misma protesta internacional que Malala? Por qu la reaccin con Ahed ha sido tan diferente?

Hay mltiples razones para este silencio ensordecedor. La primera de ellas es la aceptacin generalizada de la legitimidad de la violencia deEstado. Mientras que las acciones hostiles de actores no estatales como los combatientes talibanes o Boko Haram son consideradas ilegales, a menudo se considera apropiada una agresin similar por parte del Estado.

Esto no solo incluye formas manifiestas de violencia, como ataques con drones, arrestos ilegales y brutalidad policial, sino tambin agresiones menos obvias como la asignacin de recursos, incluidas la tierra y el agua. El Estado justifica estas acciones presentando a las vctimas de sus injusticias como una amenaza para el funcionamiento del Estado.

Una vez que se declara una amenaza, el individuo se reduce fcilmente a una vida rada, una vida sin valor poltico. El filsofo italiano Giorgio Agamben ha descrito esto como un tiempo/lugar sancionado por el poder soberano donde las leyes pueden ser suspendidas, por lo tanto, este individuo puede convertirse en objetivo de la violencia soberana. Los terroristas a menudo caen dentro de esta categora. Por lo tanto la ejecucin de presuntos terroristas por medio de ataques de drones sin el debido proceso judicial se produce sin mucho alboroto pblico.

La polica israel ha desplegado una estrategia similar aqu. Ha abogado por extender la detencin de Ahed porque "representa un peligro" para los soldados (representantes del Estado) y podra obstruir el funcionamiento del Estado (la investigacin).

Mostrar a palestinos desarmados como Ahed, que simplemente ejerca su derecho a proteger el bienestar de su familia con todas las fuerzas de sus manos de 16 aos, bajo la misma luz que un terrorista, es ilgico. Tales encuadres abren el camino para autorizar la tortura excesiva: el ministro de educacin de Israel, Naftali Bennett, por ejemplo, quiere que Ahed y su familia "terminen sus vidas en prisin".

El sufrimiento de Ahed tambin expone el humanitarismo selectivo de Occidente, segn el cual determinados cuerpos y causas particulares se consideran dignos de intervencin.

La antroploga Miriam Ticktin argumenta que, si bien el lenguaje de la moralidad para aliviar el sufrimiento corporal se ha vuelto dominante en las agencias humanitarias de hoy, solo determinados tipos de cuerpos que sufren se designan como dignos de este cuidado. Esto incluye el cuerpo femenino excepcionalmente violado y el cuerpo patolgicamente enfermo.

Tal nocin de sufrimiento normaliza los cuerpos explotados: "estos no son la excepcin sino la regla y, por lo tanto, estn descalificados".

Las situaciones de desempleo, hambre, amenaza de violencia, brutalidad policial y denigracin de culturas a menudo no se consideran merecedoras de intervencin humanitaria. Tales formas de sufrimiento se consideran necesarias e incluso inevitables. Ahed, por lo tanto, no se ajusta al ideal de sujeto vctima para el apoyo internacional.

De manera similar las nias como Ahed que critican el colonialismo y se manifiestan por visiones de cuidado comunitario no son la feminidad empoderada que Occidente quiere validar. Ella busca la justicia contra la opresin en lugar del empoderamiento que solo beneficia a s misma.

Su feminismo es poltico, en lugar de uno centrado en consumo y sexo. El poder de esta nia amenaza con revelar la cara fea del colonialismo y, por lo tanto, est marcado como "peligroso". Su valor e intrepidez dan vida a todo lo que est mal con esta ocupacin.

La situacin de Ahed debera llevarnos a interrogarnos sobre nuestro humanitarismo selectivo. Las personas que son vctimas de la violencia estatal, cuyo activismo revela la perversidad del poder o cuya defensa de los derechos se centran en el cuidado comunitario, merecen ser incluidos en nuestra visin de la justicia.

Incluso si no lanzamos campaas a favor de Ahed es imposible para nosotros escapar de su llamado a presenciar la debilidad masiva, el desplazamiento y el despojo de su pueblo. Como dijo Nelson Mandela "sabemos muy bien que nuestra libertad est incompleta sin la libertad de los palestinos".

Shenila Khoja-Moolji es una acadmica de gnero, Islam y estudios de la juventud.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/west-praising-malala-ignoring-ahed-171227194606359.html

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelin como fuente dela traduccin.

 



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