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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2018

El hombre ms peligroso del mundo
A quin le importa?

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


No a ellos, no al planeta, no a l; tampoco a nosotros, evidentemente

Empecemos por el universo todo e internmonos en nuestro mundo. A quin le importa? A ellos los extraterrestres, no; por lo que sabemos, ellos no estn ac. Hasta donde sabemos, en nuestra galaxia y tal vez en otros sitios ms, aparte de nosotros (y el resto de criaturas en este modestsimo planeta nuestro) no hay existencia humana. Entonces no contamos con aliengena alguno por ah que se preocupe por lo que le pasa a la humanidad. No existen.

Y, por supuesto, en cuanto al planeta la Tierra en s, no puede preocuparle, no importa qu podamos hacerle. Y estoy seguro de que para el lector no es una novedad que cuando se trata de l y me refiero a l, por supuesto, el presidente Donald J.Trump, de quien se sabe que tiene un vaco en el sitio donde en el ser humano normal podra estar la empata... no le d demasiada importancia. Ms all de l mismo, sus negocios y, posiblemente (solo posiblemente) su familia, es claro que no podramos importarle menos ni, para el caso, lo que pueda pasarle a cualquiera de nosotros una vez que l haya dejado este mundo.

En cuanto a nosotros, al menos quienes vivimos en Estados Unidos, ya sabemos algo sobre la naturaleza de nuestras preocupaciones. Un estudio de la Universidad de Yale publicado el pasado marzo deca que el 70 por ciento de los estadounidenses una sorprendente proporcin, aun as lejos de abrumadora (si se tienen en cuenta los muy conocidos peligros que ello supone), cree que el calentamiento global es algo que ya est sucediendo. Sin embargo, menos de la mitad de nosotros imagina que este fenmeno pueda afectarle personalmente. Entonces. Citemos al eminentemente citable Alfred F. Newman: Qu... preocupado yo?.

Digmosle eso, de paso sea dicho, a los vecinos de Ojai y otros puntos calientes del sur de California verdaderos infiernos, en estos momentos, que estn siendo reducidos a cenizas en este diciembre, un mes que hasta no hace mucho era poco significativo en relacin con los incendios en este estado. Pero esas quemazones no deberan sorprendernos, ya que las temporadas de incendios se estn haciendo ms prolongadas en este recalentado planeta. Simplemente, un diciembre ardiente forma parte de lo que el gobernador de California llam hace poco tiempo la nueva normalidad, mientras inspeccionaba los daos producidos por el fuego; como probablemente lo sean tambin otros exponentes de la nueva normalidad de nuestro mundo estadounidense los cada vez ms fuertes huracanes en el Atlntico, que aumentan su intensidad a su paso sobre las caldeadas aguas del Caribe y el golfo de Mxico antes de castigar a este pas.

En la estela de los aos ms calurosos registrados, todos vivimos en un planeta con una nueva normalidad, es decir, un planeta ms extremo. Entonces, tal vez sea adecuado que la versin poltica de esa nueva normalidad implique un presidente desaforadamente recalentado, autoritario, hiperpromocionado, exageradamente tuiteado (aunque solo el 60 por ciento de nosotros crea que l podra de verdad hacernos dao). Se trata de un hombre que, como inform hace poco tiempo el New York Times, empieza a ser asaltado por las dudas y la inquietud si no ve su nombre en los titulares de la prensa, si no est en el centro de la imagen de la TV por cable durante un da o dos. Se trata de un hombre que solo pareciera sentirse de maravilla cuando el caldero est hirviendo y l es el centro del universo. Y qu mundo hemos preparado para este incendiario personaje! (Volveremos sobre esto ms adelante.)

En estos momentos estamos inmersos en una Trump-apocalipsis en pleno desarrollo. En cierto sentido, ya los estbamos antes de que Donald entrara en el Despacho Oval. Solo pensemos qu significa el haber elegido a un ser humano evidentemente trastornado para que se desempee en el ms alto cargo de la nacin ms poderosa y potencialmente destructiva de la Tierra. Qu os dice eso? Una posibilidad es, que dado que prcticamente la mayora de los votantes estadounidenses lo llevaron a la Casa Blanca, durante la campaa de 2016 ya estbamos viviendo en un pas profundamente trastornado. Y pensando en las elecciones del 1 por ciento, el crecimiento de la plutocracia, el florecimiento de una nueva Era Dorada cuya desigualdad en el reparto de la riqueza ya debe estar compitiendo con su predecesora del siglo XIX, el crecimiento del estado de la seguridad nacional, nuestras interminables guerras (convertidas ahora en generacionales), el aumento de la militarizacin de este pas y la desmovilizacin popular por mencionar solo algunos de los rasgos estadounidenses del siglo XXI, esto no debera sorprender en absoluto.

Podra Donald Trump ser el final de la historia de la evolucin?

Hace unos das, mientras reflexionaba sobre lo extremado de este momento trumpiano, apareci en mi mente una descripcin de la evolucin que haba conocido en mi juventud. Recuerdo que las ilustraciones empezaban con una criatura pisciforme que surga del agua para transformarse en un reptil; otra, conocida como La marcha del progreso, comenzaba con una criatura encorvada similar a un mono. Las siguientes eran una sucesin de figuras que, de izquierda a derecha, se enderezaban cada vez ms hasta llegar al Homo sapiens, un tipo musculoso que andaba oh! completamente erguido.

l, por supuesto, era un orgulloso espcimen igual a nosotros, y nosotros ramos sin explicitarlo ramos el presuntuoso final de la lnea en este planeta. Nosotros ramos eso: el progreso personificado! Sin embargo, incluso en mi juventud, tambin nosotros estbamos en el proceso de actualizar ese punto final de la evolucin. En el punto culminante de la Guerra Fra entre Estados Unidos y la Unin Sovitica, el temor a otro tipo de final, uno que poda ser el autentico final de todo lo conocido, se haba convertido en un pesadillesco lugar comn en nuestra vida.

Por ejemplo, puedo recordar vvidamente una noche de hace casi 60 aos en la que yo estaba a cuatro patas avanzando lentamente entre los escombros de una ciudad que haba sido devastada por un bomba atmica. Era solo una pesadilla, por supuesto, pero de un tipo muy normal para los adolescentes de entonces. Y hubo momentos especialmente en 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba en los que esas pesadillas nucleares dejaron el mundo de los sueos y saltaron a la cultura de la vida cotidiana. E incluso antes de eso, cuando ramos nios, era normal sentir miedo cada vez que ululaba la sirena de alarma por ataque areo mientras estbamos en la escuela, y en la radio en el escritorio de la maestra se oan las advertencias; entonces, corramos a guarecernos debajo del poco slido escritorio.

Con la implosin de la Unin Sovitica en 1991, esos temores se desvanecieron, a pesar de que no debera haber sido as en un mundo en el que creca el nmero de pases con armas atmicas. Para entonces, ya sabamos de la amenaza del invierno nuclear. Su significado sera terrorfico. Una guerra nuclear perfectamente imaginable, no entre superpotencias sino entre potencias regionales como India y Pakistn poda poner tanto humo y tantas partculas en la atmsfera como para impedir durante aos la llegada de la luz del Sol a la Tierra y enfriar drsticamente el planeta: resultado posible, la muerte por hambre de la mayor parte de la humanidad.

Sin embargo, solo ahora esos temores de aniquilacin nuclear han vuelto de un modo significativo. Ms de medio siglo despus de las imgenes de La marcha del progreso se hicieran populares, si quisiramos ponerlas provisionalmente al da deberamos agregar un personaje particularmente reconocible (y bastante apropiado) en el ltimo lugar de ese diorama: un hombre corpulento, ligeramente encorvado, con mentn prominente, de expresin furibunda y un inconfundible arreglo capilar de color anaranjado.

Lo que nos lleva a una cuestin bastante sencilla: podra ser que Donald Trump resultara ser el final de la historia de la evolucin? La respuesta, bien que provisional, es que s podra. Como mnimo, ahora mismo l puede ser considerado el hombre ms peligroso de la Tierra. Ciertamente, respecto de todo lo que conduce al momento actual, para nosotros l podra ser la parada final (o al menos el hombre que indic el camino hacia ella) en la historia humana.

Qu bestia tan bruta; habr llegado por fin su hora...?

Sin embargo, haga usted lo que haga, no culpe solo a Donald Trump por esto. l no fue ms que la versin particularmente inquietante de Homo sapiens llevado a la Casa Blanca por una fuerte reaccin de descontento en las elecciones de 2016. Imprevistamente, una vez ah, se encontr con unos poderes incomparables que le estaban esperando como sendas pistolas a punto de disparar. Automticamente, tal como pas con los dos presidentes que le precedieron, se convirti no solo en el comandante en jefe de este pas sino tambin en el asesino en jefe, es decir, se encontr con el control personal de una fuerza area de drones que obedeciendo sus rdenes de matar a quien a l se le antojase, podan ser enviados a cualquier lugar de la Tierra. Siempre a su entera disposicin, l tambin tena el equivalente de lo que el historiador Chalmers Jonson llam una vez el ejrcito (hoy en da, ejrcitos) privado: tanto los agentes irregulares de la CIA (bien conocidos por Johnson) como las enormes y secretsimas unidades de Operaciones Especiales de las fuerzas armadas. Sin embargo, por encima de todo eso, se encontr al frente del mayor arsenal nuclear del planeta, un armamento que l y solo l poda ordenar que se utilizara.

En resumen, como los dems presidentes de este pas desde agosto de 1945, l estaba totalmente armado y con la capacidad de sin ayuda de nadie convertir en un abrir y cerrar de ojos a este mundo, o una importantes parte de l, en un infierno, un pramo de fuego y furia, segn su incendiaria frase dirigida a Corea del Norte. Dicho con otras palabras, el 20 de enero de 2017, Trump se convirti en la personificacin de un planeta del slvese quien pueda (aunque en realidad desde los aos cincuenta ya no hay un sitio donde esconderse). Da lo mismo que su ignorancia acerca de la naturaleza y potencia de semejante armamento sea supina.

Hablando de infiernos planetarios, cuando se trat de la segunda panoplia de instrumentos de destruccin masiva acerca de las cuales no era menos ignorante y estaba aun ms subyugado, l tambin se encontr equipado. Trump llev al Despacho Oval su Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande y, con esta frase, su nostalgia por un mundo de los combustibles fsiles de su infancia en los cincuenta. Armado por la corporacin de la Gran Energa, lleg preparado para asegurar que el pas ms rico y ms poderoso del globo poda allanar el camino hacia ms oleoductos, gasoductos, fractura hidrulica, perforacin en el mar y prcticamente todas las formas imaginables de explotacin del petrleo, el gas natural y el carbn (pero de ninguna manera las energas alternativas). El significado real de todo esto es: a partir de sus rdenes ejecutivas y de las decisiones de los variopintos negacionistas del cambio climtico y los entusiastas de los combustibles fsiles que l nombr en los puestos clave de su administracin, Trump puede asegurar que en los prximos aos habr cada vez ms descarga de gases de efecto invernadero emitidos por la quema de combustibles fsiles en la atmsfera, creando as las condiciones para otro tipo de apocalipsis.

Sobre la aceleracin de calentamiento global alentada durante su primer ao en el cargo, es razonable decir con cierto orgullo trumpiano que una vez ms el presidente ha hecho lo necesario para que Estados Unidos sea de verdad un pas excepcional. En noviembre, solo cinco meses despus de que el presidente Trump anunciara que tan pronto como fuera posible EEUU se retirara del acuerdo climtico de Pars de lucha contra el calentamiento global, Siria (entre todos los pases) finalmente lo firm; este fue el ltimo pas que lo hizo. Esto signific que nuestro pas se quedaba realmente... bueno, no se puede decir a la intemperie, pero mostraba, bastante literalmente, su excepcionalidad en su determinacin por garantizar la destruccin del medioambiente que durante tanto tiempo ha asegurado el bienestar de la humanidad y hecho posible la existencia de aquellas imgenes del progreso de la evolucin.

Aun as, tampoco es posible culpabilizar solo al presidente Trump por esto. l no es responsable de la inventiva ese regalo evolutivo, que nos ha conducido, deliberadamente, en el caso de las armas nucleares e inconscientemente (al principio) en el caso del cambio climtico pusiera en nuestras manos unos poderes que antes solo manejaban los dioses y de hecho, desde el 20 de enero de 2017, en las de Donald J. Trump. No le responsabilicemos, solo a l, del hecho de que el momento ms terrorfico de la historia humana podra llegar no por la cada de un asteroide llegado del espacio exterior sino desde la Torre Trump.

Entonces, henos aqu viviendo con un hombre cuyo impulso ltimo parece ser el convertir el mundo a su alrededor en un caldero hirviendo. Es posible que ciertamente l pueda ser el primer presidente desde Harry Truman en 1945 que ordene la utilizacin de armas nucleares. Como coment hace poco tiempo Beatrice Fihn, directora de la Campaa Internacional por la Abolicin de las Armas Nucleares, las amenazas a Corea del Norte podran ser solo un pequeo berrinche [de Trump], lejos de una guerra nuclear en Asia. En ltima instancia, es posible que l est propiciando una carrera armamentstica nuclear en la que pases que van desde Carea del Sur y Japn hasta Irn y Arabia Saud podran acabar con unos arsenales capaces de terminar con el mundo, dejando el invierno nuclear en las manos de... bueno, mejor ni pensarlo.

Ahora, imaginemos otra vez ese diorama de la evolucin ya corregido o tal vez, para honrar el reciente anuncio de Donald Trump de que Estados Unidos reconocera a Jerusaln como la capital de Israel, recordemos las palabras del poeta William Butler Yeats sobre un mundo en el que lo mejor carece de toda condena y lo peor est lleno de apasionada intensidad mientras alguna bestia brutal, habr llegado al fin su hora? arrastra los pies en la direccin de Beln para nacer. Pensemos entonces en qu autntico horror es que tanto poder destructivo est en las manos de cualquier ser humano; nada menos que en las de semejante trastornado e inquietante sujeto.

Por supuesto, mientras Donald Trump podra representar el final de la lnea evolutiva iniciada en algn valle africano hace millones de aos, cuando se trata del ser humano nada en este mundo est esculpido en piedra. An tenemos la libertad potencial de elegir otra cosa, de hacer otra cosa. Tenemos la capacidad tanto de la maravilla como del horror. Tenemos el talento tanto para crear como para destruir.

Parafraseando a Jonathan Schell, el destino del planeta Tierra no est solo en las manos de Donald Trump sino tambin en las nuestras. Si a ellos, esos inexistentes aliengenas, no les importa, si al planeta no le puede preocupar y si el extraterrestre en la Casa Blanca le importa un bledo, nos corresponde a nosotros preocuparnos. A nosotros nos corresponde manifestarnos, resistir y cambiar, comunicarnos y convencer, luchar por la vida y contra su destruccin. Si el lector tiene cierta edad, todo lo que tiene que hacer es mirar a sus hijos o nietos (o a los de sus amigos y vecinos) y sabr que nadie ni siquiera Donad Trump debera tener el derecho de condenarlos a las llamas. Qu han hecho ellos para acabar en un infierno en la Tierra.

2018 est en el horizonte*. Trabajemos por un tiempo mejor no por el final de los tiempos.

* La nota original en ingls fue publicada el 21 de diciembre de 2017.

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176367/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_most_dangerous_man_on_earth/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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