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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2018

El hombre del pasamontaas

Leonardo Sciascia
Topoexpress


En junio de 1977 se present en la Vicara de la Solidaridad de Santiago de Chile un joven que quera, dijo, hacer una confesin: y quera que fuese grabada, como testimonio para el futuro. La Vicara de la Solidaridad fue creada por el arzobispo para socorrer a las vctimas del golpe de Estado y a sus familias: mal tolerada, pues, por la Junta de Gobierno. La sospecha de que aquel hombre fuese el instrumento de una provocacin era ms que legtima. Fue por consiguiente rechazado. Se volvi a presentar y fue de nuevo rechazado. Cuando volvi por tercera vez, quizs considerando que un verdadero provocador no habra insistido tan desesperadamente, se acept grabar su confesin. Tuvo as identidad nombre, historia y, muy poco despus, destino la ms espantosa figura de los das del golpe de Estado y de la represin: pareca una evocacin de los tiempos de la Inquisicin: atroz alucinacin, atroz smbolo. El hombre del rostro oculto, el hombre del pasamontaas. Aquel que sin decir una palabra, solo con el gesto de la mano, escoga de entre los prisioneros hacinados en el estadio nacional al que mandar a la tortura y a la muerte. Uno de los liberados recuerda: El siniestro personaje, escoltado por militares, pasaba revista a millares de prisioneros. A pesar de su estatura insignificante, su ropa nueva y cursi y su paso inseguro, el hombre del pasamontaas se impona a todos como una fantasmagrica presencia e impona en los graderos un silencio lleno de pnico Nosotros lo mirbamos con ansiedad Algunos volvan la cabeza para no ser identificados o trataban de escabullirse hacia los retretes. Cualquiera de nosotros poda encontrarse ante el ndice del hombre del pasamontaas: en una tensin que llegaba al paroxismo, encontraba expresin el drama de un pueblo prisionero frente a la tortura y la traicin. Esta delacin nos daba una especie de vrtigo. Se trataba de un traidor o de uno que siempre haba sido enemigo nuestro? De qu partido era, de qu condicin social haba salido, cmo haba logrado estar entre nosotros sin que lo descubriramos? El hombre se acercaba, se detena, continuaba la bsqueda: a veces volva atrs para reconocer mejor a alguno. Sus ojos, aquellas oquedades orladas de negro del pasamontaas, se cruzaban con miradas aterrorizadas, miradas interrogantes, miradas intrpidas. l caminaba lentamente y lentamente escoga las vctimas: bastaba un gesto de su mano

Bastaba un gesto de su mano o al menos as lo haba credo, como lo haban credo los prisioneros hacinados en el Estadio Nacional para dar tortura y muerte; y helo aqu ahora, ya sin aquel poder, intentando ponerse, miserable, innoblemente, de parte de las vctimas: delante de una grabadora y, presumiblemente, delante de un cura.

Me llamo Juan Ren Muoz Alarcn, carnet de identidad 4824557/9. Tengo treinta y dos aos, estoy casado y vivo en el 331 de la calle Sargento Menadier, en Puente Alto, Poblacin Malpo. Soy un ex dirigente del Partido Socialista, ex miembro del comit central de la Juventud Socialista, ex dirigente nacional de la CUT (Central nica de Trabajadores). Pertenec a la confederacin de trabajadores del cobre El hombre del pasamontaas del Estadio Nacional soy yo. As comienza la confesin. Pero cae sbitamente en la reticencia en cuanto a las razones que lo haban decidido a dejar el Partido Socialista, cuatro o cinco meses antes del golpe de Estado militar: no estaba de acuerdo en ciertas cosas; y, sin ms, es ambiguo al hablar de las persecuciones de que fue objeto por parte del Partido Socialista. Dice: quemaron mi casa, he perdido a mi familia. Si lo entendemos literalmente, parece que su familia (mujer y seis hijos) muri en el incendio de la casa. Pero poco antes ha dicho que era casado y no viudo: da la sensacin de que hablaba figurada, metafricamente, de una ruina econmica que ocasion la disgregacin familiar (en Sicilia, por ejemplo, la expresin bruciare la casa, quemar la casa, quiere decir tambin ruina econmica: no es infrecuente el sobrenombre de ardicasa, quemacasa, a quien por excesiva prodigalidad destruye la propia familia). Y, por otra parte, si de verdad hubiese vivido tanta tragedia la casa quemada, la familia muerta, se habra detenido en contarla con ms detalles y ms obsesivamente.