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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2018

El mundo paralelo del MAS

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


Parece ciencia ficcin, pero no es, deberamos llamarla poltica ficcin. Afligido por los conflictos sociales, que, obviamente no los entiende, desde la ideologa estrecha de un populismo trasnochado, el Movimiento al Socialismo (MAS), partido de gobierno, no solamente ha atinado a recurrir a la invencin poltica de la realidad1, sino para darle como cuerpo, aunque sea un cuerpo insostenible y no vital, conformar desesperadamente organizaciones sociales paralelas. Cree que con esto, eso de crear un mundo paralelo, mundo que pertenece al mundo de las representaciones, muy lejos del mundo efectivo, puede escapar como el avestruz, que oculta su cabeza en un hueco ante el peligro, para no mirar. Sea o no sea adecuada esta interpretacin de la conducta del avestruz, que se ha hecho comn, lo cierto es que en el MAS, que no es una avestruz, es una conducta constatada.

Esto ha ocurrido ya varias veces; durante el conflicto del TIPNIS, que puso en evidencia problemas de legitimidad del llamado gobierno progresista, el MAS, adems de participar abiertamente en la represin a la marcha indgena, que defenda su territorio, sus derechos consagrados en la Constitucin, conform organizaciones paralelas indgenas apcrifas de tierras bajas y de tierras altas (CIDOB y CONAMAQ). Estuvo a punto de hacerlo con la legendaria Central Obrera Boliviana (COB). Respecto a la CSUTCB, Confederacin Sindical de Trabajadores Campesinos de Bolivia, no se vio empujado a hacer lo mismo; toda la dirigencia est cooptada y nombrada a dedo, en Congresos escandalosos, donde preponder la intervencin desvergonzada del gobierno. Ahora, respecto al conflicto mdico que ya se alarga y parece no concluir, afligido el caudillo, atareado el ejecutivo, mareado el Congreso, el MAS conforma una organizacin paralela de mdicos; paralela al institucional y representativo Colegio de Mdicos de Bolivia.

El mundo paralelo del MAS est conformado por organizaciones sociales paralelas apcrifas; por la propaganda apabullante y la publicidad compulsiva, que se desesperan por convencer que la revolucin democrtico y cultural avanza y est vigente, frente a una realidad efectiva, que evidencia no solo la regresin del proceso de cambio, sino su decadencia; por una ideologa decrpita de un populismo tardo, que combina, sin coherencia, nacionalismo, indigenismo y socialismo del siglo XXI, tres versiones retricas de la demagogia galopante del siglo XXI. Es decir, el mundo paralelo del MAS es ficticio. La forma de gubernamentalidad clientelar gobierna basndose en este mundo paralelo; por eso, no es una sorpresa, que constantemente se choca con la materialidad social de la realidad efectiva.

La obsecuencia por el mundo paralelo es un delirio poltico, sobre todo, cuando el gobierno cuestionado se encuentra en plena crisis de legitimidad y de gobernabilidad. Esta invencin poltica puede aquietar la angustia de los gobernantes y de la masa elocuente de llunkus, pero no puede cambiar la realidad efectiva. La imaginacin poltica acosada se deja llevar, en la desesperacin, a la invencin fantasiosa de otra realidad, que emerge del deseo incumplido, buscando llenar los vacos y huecos abismales, que encuentra en su camino acortado. Se inventa un desecho o atajo para no cruzar el recorrido de la distancia, que demandan las tareas polticas, sobre todo, cuando se ha promulgado una Constitucin que establece una transicin hacia el Estado Plurinacional Comunitario y Autonmico. El mundo paralelo es el escape de la forma de gubernamentalidad clientelar, agobiada por la crisis de legitimidad, una vez agotados los circuitos y las redes clientelares. Pero, no es un escape, en pleno sentido de la palabra; no es una salida efectiva; sino, otra trampa en la que se enreda el gobierno clientelar. Las organizaciones apcrifas no son solidas, no representan a nadie, por lo tanto, no pueden defenderlo, no tienen la fuerza para hacerlo.

Lo nico a mano que tiene el gobierno, sitiado por movilizaciones, son, prcticamente, los dispositivos de emergencia del Estado, el ejrcito y la polica. Por eso, tampoco es una sorpresa, que los que se encuentran en la calle defendiendo a un gobierno ilegitimo sean los policas y cuando es necesario los soldados y oficiales militares. Entonces tenemos una figura poltica barroca alucinante; una hipertrofia del mundo paralelo, montado en el caballo de la represin, que es lo que efectivamente se da en la marcha regresiva y el derrumbe decadente del gobierno clientelar. Entonces estamos ante lo que hace cualquier gobierno, sea de derecha o de izquierda, sea liberal o progresista, recurrir a su arquetipo original, el Estado de Sitio.

Tomando en cuenta la figura barroca que nos ofrece la forma de gubernamentalidad clientelar, vemos que el gobierno progresista no es tan distinto a los gobiernos que le precedieron; la diferencia es discursiva, adems, si se quiere, ideolgica. Quizs al principio, en el periodo inicial, cuando todava haba entusiasmo e irradiaba el viento de la movilizacin prolongada (2000-2005), incluyendo al lapso correspondiente a la Asamblea Constituyente, pareca que se daban pasos a recorridos polticos distintos; empero, no tard de derrumbarse esta expectativa. El gobierno del MAS no escap a la regularidad repetida en distintas formas de gobierno, sobre todo, los gobiernos que intentaron reformas, de moverse en el crculo vicioso del poder. Repite las prcticas de los gobiernos que lo precedieron, sobre todo, de los gobiernos con caractersticas populistas; solamente que lo hace de manera desmesurada. Algo parecido pas con los gobiernos de la revolucin de 1952; quizs se deba esto precisamente a porque se trata de gobiernos que se sustentan en una convocatoria amplia, popular; tambin porque emergen de rebeliones y subversiones sociales. Se dan como certezas populares de que se trata de su gobierno, puesto por la voluntad popular. Entonces el momento constitutivo abre un horizonte de aperturas, adems de impulsar una temporalidad que promete largo alcance. El substrato social sobre el que se sostienen estos gobiernos es la materialidad que prolonga el momento constitutivo, lo dilata convirtindolo en periodo posible, en clico largo posible. Sin embargo, para que esta tendencia, inscrita en los procesos del acontecimiento poltico, se d, se requiere de condiciones de posibilidad histricas-polticas-sociales-culturales; como, por ejemplo, del acompaamiento participativo de la sociedad rebelada, lo que llamamos la sociedad alterativa2. Cuando el gobierno revolucionario, en vez de incorporar la participacin social, la desecha, optando por formas de gobierno acostumbradas, como las de perfil vertical y piramidal, otorgando ms peso a la burocracia del partido que a la movilizacin de los alzados en armas, entonces se trunca la tendencia inscrita en el momento constitutivo.

Los gobiernos del MNR de los primeros periodos de la revolucin nacional no solo relegaron a las milicias obreras y campesinas, sino que las equilibraron con la reorganizacin del ejrcito y la polica. Con esta actitud lo que expresaban estos gobiernos era que preferan el Estado-nacin clsico que aventurarse por senderos, que consideraban peligrosos. Despus, el equilibrio entre ejrcito, polica y milicias se rompi a favor del ejrcito. El ejrcito se convirti en la defensa principal de la revolucin, dejando de lado a las milicias. Este recular vino acompaado por retrocesos en las medidas revolucionarias, en la nacionalizacin de las minas, en la reforma agraria, en la reforma educativa. La desnacionalizacin comenz con la indemnizacin millonaria a los barones del estao, descapitalizando a COMIBOL. Por otra parte, antes del desencanto, todava en la etapa del entusiasmo, el MNR se inclina por la forma de gubernamentalidad clientelar; algo que poda postergar, pues contaba todava con una amplia convocatoria. Sin embargo, bajo el lema de la constitucin de una burguesa nacional, jerarcas del partido se enriquecen, a nombre de la revolucin. Este realismo poltico convertido rpidamente en pragmatismo utilitarista, despus en oportunismo, deriva flagrantemente en una de las prcticas conocidas de la economa poltica del chantaje: la corrupcin. Todo esto merma, por dentro, la consistencia misma de una revolucin que se efectu con las armas, apoderadas por el pueblo. El momento constitutivo irradiante, que anunciaba un ciclo largo, se reduce al momento constitutivo y a los actos de las nacionalizaciones, que se efectuaron con las milicias obreras, comandadas por la COB; tambin a las acciones campesinas de toma de tierras. Esto es lo que se llama acto heroico de la revolucin; despus el partido se enfrasca en luchas intestinas y divisiones. Uno de los lderes, el ms connotado, no respecta el pacto de caballeros, para turnarse en la presidencia, ocasionando las divisiones del partido de la revolucin nacional. Como dice Sergio Almaraz Paz, el proceso de la revolucin ingresa al tiempo de las cosas pequeas. En este periodo es cuando se comienza a producir la implosin; la mquina de poder del MNR se desmorona poco a poco; lo que ocurre en 1964, con el golpe militar, es nada ms que el golpe de gracia.

Como se puede ver hay fuertes analogas con el proceso de cambio que conduce el MAS, ciertamente, tambin diferencias. Lo que llama la atencin es que el MAS, como el MNR, opta por inclinarse por la forma de gobierno vertical, fuertemente concentrada en el caudillo. La diferencia con la revolucin nacional es que el MNR era un partido y el MAS nunca lleg a serlo. El proyecto inicial que era convertirse en el instrumento poltico de las organizaciones sociales se desvaneci, una vez que se ganaron las elecciones de 2005. No solo porque cambio de sigla de Asamblea por la Soberana de los Pueblos a MAS, que era una sigla de propiedad de una fraccin de la Falange Socialista Boliviana, partido de tradicin conservadora y de ideologa fascista; esto sera lo de menos; sino que, efectivamente, se opt por una estructura de mando de carcter palaciego. Como se puede observar, los dispositivos organizativos de mando son ms vulnerables en el MAS que los que tuvieron los del MNR.

Si bien podemos encontrar diferencias ideolgicas entre el MNR de la revolucin nacional y el MAS de la revolucin democrtica y cultural, tienen espacios de interjeccin, como los relativos al nacionalismo revolucionario. Como hemos anotado en otros escritos, la ideologa del MAS responde a una composicin barroca, no del todo lograda; el nacionalismo revolucionario se combina con el discurso indigenista; en sus expresiones ms elaboradas y radicales, con el discurso indianista; sin embargo, el indianismo entra en menor dosis. La composicin ideolgica no termina ah, algo as como una concepcin comunitarista se incorpora, empero, ms como diseo del discurso intelectualizado. En realidad se deja de lado la concepcin anti-estatal comunitarista, forzando su encajamiento en la ideologa estatalista, como una pieza puesta torpemente en el rompecabezas. Nos falta mencionar la incorporacin de moda, el llamado socialismo del siglo XXI. Estos son los componentes de la ideologa barroca del MAS; se trata de los componentes visibles y audibles; faltan los componentes no necesariamente visibles ni audibles, los componentes de substratos ms profundos de la narrativa ideolgica. Solo tocaremos uno, en todo caso, nos remitimos al ensayo Crtica de la ideologa3; este es el que corresponde a la memoria religiosa mesinica y milenarista. La llegada del mesas redentor. En la convocatoria del caudillo, la convocatoria del mito, se halla su ncleo mesinico. Quizs sea este mito y alegora simblica, que reproduce la antigua narrativa de la lucha entre el bien y el mal, el que vincula afectivamente al pueblo y al caudillo. El pueblo interpreta desde los arquetipos ms simblicos, ms alegricos, ms encarnados, el acontecimiento poltico, en pleno desenvolvimiento y despliegue.

Tanto la revolucin nacional de 1952 y la movilizacin prolongada (2000-2005), con la continuidad del proceso constituyente y el interregno de la victoria electoral, no dejan de ser acontecimientos polticos trascendentales, en pleno sentido de la palabra. No se trata de disminuir su impacto en lo que se acostumbra llamar historia poltica nacional, como habita hacer la ideologa liberal, que, obviamente, no entiende la dinmica poltica, en su complejidad, sino que solo atina a interpretar los procesos polticos desde el paradigma elemental jurdico-poltico. Su centro de comparacin o referente es su arquetipo ideal de Estado de derecho; lo que se aleja de este modelo es criticable, lo que se acerca al modelo es valorado. Con estos instrumentos de anlisis no es pues posible comprender el acontecimiento poltico. De lo que se trata es de responder a la pregunta: Cmo semejantes acontecimientos polticos, revolucin nacional, uno, revolucin democrtico-cultural, el otro, se desmoronan tan rpido?

En Ethos y politeia y en Praxis y acontecimiento4, sugerimos que cuando el acto heroico se dilata, es decir, se prolonga, entonces el proceso de la revolucin, se alarga y realiza, por lo menos, parte de su programa, por as decirlo. Empero, para que el acto heroico se mantenga, motivando e impulsando el proceso de transformaciones, se requiere del cumplimiento de la condicin de posibilidad tica. No hay revolucin que no se sostenga sino en la tica convertida en praxis. Bueno pues, es esto lo que no ocurri ni con la revolucin nacional, tampoco con la revolucin democrtica y cultural. No fueron la excepcin de la regla en la historia de las revoluciones, como es el caso de la revolucin cubana5.

Lo que no van a entender los apologistas, esa intelectualidad que se agarra del acontecimiento poltico reciente, para mantenerse vigentes, en su versin gubernamental y estatal, como si se tratara de una revolucin pura, sin contradicciones; menos los llunkus, tampoco el idelogo del gobierno progresista, es que el proceso de cambio est muerto, sustituido por ellos por un contra-proceso; que el ciclo de la forma de gubernamentalidad clientelar vigente se encuentra en su etapa decadente; que estn ante una implosin, todas las columnas del Estado estn podridas, ya no pueden sostener nada. Que fueron parte de la paradoja de las revoluciones modernas, que no salen del fetichismo estatal, que cambian el mundo y se hunden en sus contradicciones; por lo tanto, fueron y son parte del crculo vicioso del poder.

No interesa convencer a apologistas, menos a llunkus, tampoco al idelogo encaracolado en su delirio narciso; sino que importa compartir estas reflexiones con los colectivos activistas, que son la reserva tica, la posibilidad de activar la potencia social. Importa continuar con la revolucin, usando este trmino heredado de la modernidad; no parapetarse en la ideologa revolucionaria o lo que sea para defender una verdad que no existe.


Notas

1 Ver La invencin poltica de la realidad.

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-invencion-politica-de-la-realidad/.

2 Ver Imaginacin e imaginario radicales. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/imaginaci__n_e_imaginario_radicales .

3 Ver Crtica de la ideologa.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_ideolog__a_i.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_ideolog__a_ii_de57ea240bb751.

4 Ver Ethos y politeia; tambin Praxis y acontecimiento.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/ethos_y_politeia.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/praxis_y_acontecimiento.

5 Ver La isla que contiene al continente. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/la_isla_que_contiene_al_continente .


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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