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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2018

Catalua, y ahora qu?

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


El da 2 de noviembre pasado, tras la proclamacin unilateral de independencia y recin aprobada la aplicacin en Catalua del artculo 155 de la Constitucin, en estas mismas pginas digitales me preguntaba si acaso no era precipitada la convocatoria de las elecciones autonmicas y cules podan ser las razones para tanta premura.

Sin embargo, la sola invocacin del artculo 155 genera una especie de alergia y no tanto por la dificultad de aplicarlo, sino porque muchos consideran una hereja el hecho de que el Gobierno central intervenga en una Comunidad Autnoma (a ese punto hemos llegado). No solo entre los nacionalistas, sino entre otros que no se tienen por tales, como los miembros de Podemos o como una parte del PSC. Lo que subyace tras esa postura es la negativa a considerar al Gobierno de Espaa como un gobierno propio (autogobierno). Ello es tan absurdo como si los habitantes de Barcelona creyesen que su gobierno radica exclusivamente en la corporacin municipal y que las instituciones de la Generalitat son extraas por el solo hecho de que no son exclusivas de Barcelona Quizs haya que buscar en estos escrpulos del PSC y en el oportunismo de Ciudadanos -formacin que cree tener buenas expectativas electorales- la urgencia en convocar desde el primer momento elecciones autonmicas. Convocatoria a todas luces precipitada y a ciegas porque se desconoce la situacin en la que la sociedad catalana puede encontrarse dentro de 54 das. Se supone que el objetivo del artculo 155 no es la convocatoria, de cualquier modo, de elecciones, sino el regreso a la legalidad. La convocatoria de elecciones es tan solo el final lgico de esa normalidad conseguida, pero no puede precederlaLa convocatoria de elecciones para una fecha tan prxima, el 21 de diciembre, plantea muchos interrogantes. Tras lo que ha costado llegar hasta aqu, no parece razonable quedarse a mitad del camino y encontrarnos con que a los tres meses estamos de nuevo en el inicio del problema. A estas alturas no se conoce el grado de dificultad que va a tener la aplicacin del 155 y es muy dudoso que en tan poco tiempo la sociedad catalana haya vuelto a ese mnimo de neutralidad necesaria para celebrar unas elecciones con ciertas garantas. Son muchos aos de errores, de cesiones y de inhibiciones del Gobierno espaol y de sectarismo de las instituciones catalanas. Sin duda, no es fcil invertir todo esto y menos a corto plazo, pero por eso mismo no se ve la necesidad de fijar desde el primer momento la fecha de las elecciones. Existe, desde luego, el peligro de que se quieran convertir estas elecciones de autonmicas en plebiscitarias y, si los resultados son los mismos, de que retornemos al principio.

Por desgracia y como caba temer, los resultados han sido casi los mismos que los de 2015. Las formaciones independentistas han conseguido dos escaos menos, pero as y todo van a tener mayora en el Parlament, lo que les va a permitir con toda probabilidad formar gobierno. El resultado, sin embargo, no les legitima para emprender o continuar un proceso secesionista. Primero porque estas elecciones no eran plebiscitarias, y segundo porque, de serlo, las habra perdido el independentismo al obtener tan solo el 47% de los sufragios. Ahora bien, una cosa son los hechos y otra cmo los venden los independentistas. En 2015, con idnticos resultados, se creyeron mandatados por todo el pueblo de Catalua para dar un golpe de Estado y declarar la independencia.

En cualquier caso, lo cierto es que el haber convocado con tanta premura las elecciones nos adentra en una situacin kafkiana, difcil de asimilar. Quirase o no, se van a entremezclar los sucesos polticos y los judiciales. Puede ocurrir que el mismo gobierno cesado por dar un golpe de Estado y acusado de sedicin y rebelda vaya a ocupar de nuevo los mismos cargos, y que dentro de unos meses recaiga sobre sus miembros una condena de inhabilitacin y muy probablemente de prisin. Todo ello sin contar con que el juez instructor pueda considerar que, al ocupar idnticos puestos, hay riesgo de reincidencia y decrete la prisin incondicional, a lo que se aadira el riesgo de fuga en el caso de Puigdemont y los cuatro consejeros evadidos a Blgica.

Nadie discute que los jueces deben actuar con criterios estrictamente jurdicos y al margen de cualquier suceso poltico. Los votos pueden lavar en todo caso la responsabilidad poltica, pero nunca la penal. No obstante, eso no es bice para admitir que la situacin va a ser en extremo complicada y que los sediciosos van a querer utilizar los resultados electorales para librarse de las condenas. Todo ello se poda haber evitado con solo haber retrasado las elecciones, al menos hasta que los procesos judiciales hubiesen estado ms adelantados y la inhabilitacin hubiese recado sobre los golpistas. Quizs el resultado hubiese sido similar, pero con otros actores. El problema no es que haya ganado el independentismo (en escaos, no en votos). Ello es perfectamente asumible si esa es la voluntad de una parte importante de la poblacin catalana. La dificultad se encuentra en que entre los electos se encuentran los investigados, lo que puede dar lugar a escenarios bastantes paradjicos y fcilmente usables y manipulables por los sediciosos.

En este posible error el PSC ha tenido mucho que ver y, en consecuencia, el PSOE de Pedro Snchez, que practica el seguidismo de su marca catalana ms de lo que sera conveniente. En un primer momento mantuvo una oposicin frontal a la aplicacin del 155. Las declaraciones de Iceta y de Margarita Robles no dejaban lugar a dudas. Ello, al menos, colabor a que este artculo no se instrumentase con anterioridad, cuando se aprobaron las leyes del referndum y de la desconexin con Espaa, claramente inconstitucionales. Entonces, tal vez hubiese bastado con asumir las competencias de Interior y de Hacienda, con lo que se habra impedido el referndum del 1 de octubre y cualquier medida que la Generalitat hubiera querido implementar en esa direccin. Es posible que entonces el Gobierno de Rajoy tampoco tuviera muchos deseos de aplicar el 155, pero desde luego a lo que no estaba dispuesto era a acometer esa aventura en solitario.

Tras el referndum ilegal y la declaracin unilateral de independencia, y ante las crticas internas, a Pedro Snchez no le qued ms remedio que dar su aquiescencia a la aplicacin del 155, pero, una vez ms y condicionado por el PSC, puso todo tipo de limitaciones, descafeinando en buena medida la propuesta del Gobierno. Presion para que los comicios se convocasen cuanto antes, y se opuso a la posibilidad de que se ejerciese un cierto control sobre los medios de comunicacin de la Generalitat, cuando resultaba evidente que haca mucho tiempo que se haban convertido en meros canales de publicidad y propaganda del independentismo. La idea de que el 155 se aplicase sobre la televisin y la radio pblicas tampoco fue muy bien recibida en el gremio periodstico. Es curiosa la prevencin que los periodistas sienten ante la posible influencia del poder poltico en los medios pblicos, sin que se produzca esa misma susceptibilidad respecto al poder econmico en los medios privados. En cualquier caso, en el mbito cataln, oxigenar, establecer la pluralidad y erradicar el fanatismo, incubado durante cuarenta aos de control nacionalista, hubiese sido una operacin de salud democrtica y una condicin necesaria para celebrar unos comicios con cierta neutralidad.

Haba ms razones que justificaban la prolongacin del artculo 155, por ejemplo el conocer con cierto detalle las finanzas de la Generalitat -que han gozado de total opacidad- y averiguar, de este modo, los recursos que se han dedicado a actividades ilegales cuando no delictivas, al tiempo que se desmontaban todas las llamadas estructuras de Estado, tareas todas ellas que, dada la complejidad de la administracin autonmica, necesitaban tiempo y difcilmente se han podido acometer de forma adecuada en un periodo tan reducido. Es ms, tampoco ha habido tiempo suficiente para que los ciudadanos tomen conciencia de los daos que el procs est causando a la economa de Catalua. En ese orden de cosas, el boicot a los productos catalanes, al margen del juicio poltico que cada uno tenga, tiene la facultad de mostrar de forma fehaciente algo que los que votan independentismo no quieren reconocer: que gran parte de su prosperidad y bienestar depende del consumo del resto de Espaa. Y no vale afirmar que todas las economas estn relacionadas, lo cual es cierto, pero eso no quita para que el saldo del intercambio comercial sea altamente positivo a favor de Catalua, de tal manera que si no pudiera vender sus productos al resto de Espaa, sera su economa la que se vera fuertemente daada.

Tambin Ciudadanos ha tenido parte de responsabilidad en la precipitacin con la que se han convocado comicios autonmicos. Si bien es verdad que defendieron antes que nadie la aplicacin del 155, no es menos cierto que siempre aadan la coletilla de que era con la finalidad exclusiva de que se convocasen inmediatamente elecciones. La razn de esa postura debe buscarse en intereses partidistas, el convencimiento de que en ese momento las urnas, como as ha sido, les favorecan. Han cosechado ciertamente un triunfo, tal como se afirma histrico, pero hay que preguntarles y ahora, qu? Una gran victoria, pero victoria prrica, triste victoria, porque Ahora qu? Ins Arrimadas ha manifestado que treinta aos de nacionalismo no se solucionan en unas elecciones. Ciertamente, pero por eso no se tendra que haber ido a ellas apresuradamente.

Ciudadanos se ha beneficiado de defender la postura ms dura y ms inequvoca en contra del secesionismo. Se ha presentado sin ninguna ambigedad, lo que ha captado a una buena parte de la poblacin que est harta del procs y de tanto fanatismo y al mismo tiempo rechaza ya las medias tintas y las terceras vas. Tal actitud, ciertamente, es fcil cuando no se tienen responsabilidades de gobierno. Es una clara ventaja con la que ha jugado Ciudadanos.

La situacin contraria es con la que se ha encontrado el PP. Como Gobierno de Espaa, ha tenido que enfrentarse con el reto separatista, hallndose en la diana de todas las crticas. A su vez, a los golpistas les convena personalizar en Rajoy y en su Gobierno ese Estado, segn ellos opresor y antidemocrtico, que les persegua. Es una tctica comn del nacionalismo construir un pelele imaginario al que llaman Estado y del que predican toda clase de males y perversiones, por supuesto la de ser continuacin del franquismo. Curiosamente son los nicos que en los momentos actuales estn obsesionados con el franquismo. Tal vez porque en el fondo tiene con l bastante semejanza, una concepcin cuasi religiosa de la poltica. Es posible que el nacional catolicismo franquista no est demasiado lejos del nacional catolicismo cataln o vasco. Sera un buen tema para un artculo, y constatar cmo estos dos ltimos tambin han nacido en las sacristas.

El Estado parece que no es de nadie y a nadie representa. En este planteamiento el nacionalismo no se encuentra solo, le acompaan todos aquellos que se inclinan de una o de otra manera por la tercera va. Resulta fcil reclamar al Estado un pacto fiscal, o la conmutacin de la deuda. As no se ve que sobre los que en realidad recae estas demandas es sobre Extremadura, sobre Andaluca, o sobre Galicia, en fin sobre todas aquellas regiones y Comunidades con una situacin econmica mucho peor que Catalua.

El error del PSC ha consistido en la ambigedad y en situarse en tierra de nadie, por eso hace tiempo que han perdido a sus votantes tradicionales, que en esta ocasin se han ido tras Ciudadanos. Desde que el PSOE renunci a tener representacin en Catalua y se ech en brazos del PSC, en el mal llamado socialismo cataln se da una situacin paradjica, un divorcio bastante pronunciado y durante mucho tiempo latente, entre la elite, perteneciente en su mayora a las clases favorecidas y de mentalidad catalanista cuando no nacionalista, y las bases, pertenecientes casi en su totalidad a las clases populares. Ese divorcio dej de estar latente y sali a la luz con Maragall y el tripartito, a partir del cual comenz la desafeccin de muchos de sus votantes.

Iceta durante la campaa ha lanzado propuestas desconcertantes, desde la condonacin de deuda hasta la transferencia a la Generalitat de todos los impuestos, pasando por la peticin de indulto de unas penas aun no impuestas. Los resultados han sido ms bien mediocres, por eso se entiende tan mal que Pedro Snchez, tras haberse implicado de lleno en la campaa, compareciese, despus de los comicios, sin la menor autocrtica (se ve que la autocrtica no es lo suyo) y centrando toda su exposicin en reproches e invectivas a Mariano Rajoy, emplazndole a que haga una oferta. Lo de la oferta, o lo de hacer algo, se ha convertido en un mantra que se dice cuando no se sabe qu decir.

Como en algn momento manifest Albert Boadella, lo peor del nacionalismo es que su discurso, de tanto repetirlo, termina siendo introyectado por otros muchos que no son nacionalistas. En el fondo, todos acabamos asumiendo de forma inconsciente su lenguaje y algunos de sus planteamientos. Detrs de la decisin de acortar lo ms posible la vigencia del artculo 155, y por tanto de convocar elecciones deprisa y corriendo se encuentra la creencia de que el nico gobierno legtimo de Catalua es el de la Generalitat, que el Gobierno de Espaa es algo ajeno y que su intervencin en Catalua constituye una injerencia intolerable.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2017/12/28/cataluna-y-ahora-que/



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