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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2018

La violencia en la historia de la violacin de los derechos humanos

Jos Ernesto Schulman
Rebelin


Hay muchas formas de matar. Se puede clavar al otro un cuchillo en el vientre,

quitarle el pan, no curarlo de una enfermedad, confinarlo en una casa inhabitable,

masacrarlo de trabajo, empujarlo al suicidio, obligarle a ir a la guerra, etc.

Slo pocas de estas formas de matar

estn prohibidas en nuestro Estado.

Bertol Brecht

 

As como el Poder siempre ha exigido que no haya historia, tambin pretende que es el pueblo el que rompe la paz social que habra caracterizado la historia nacional por ellos contada. Nada ms lejos de la verdad.

Recordemos aquello de Rodolfo Walsh Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan hroes y mrtires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece as como propiedad privada cuyos dueos son los dueos de todas las otras cosas."

Conviene insistir en que el territorio que habitamos, los pueblos que hemos vivido aqu desde hace unos quince mil aos (en la Quebrada de Humahuaca hay culturas de ese tiempo, al sur del ro Colorado de unos doce mil) hemos sido objeto de diversos y sucesivos procesos sociales de genocidio[1]: la llamada Conquista de Amrica por parte del Imperio Espaol, la consiguiente dominacin colonial de carcter terrorista militar, los ataques militares contra los pueblos originarios sobrevivientes en los dos procesos de finales del siglo XIX: la llamada Conquista del Desierto, al sur del ro Colorado y la llamada Guerra de la Triple Alianza, contra la nacin guaran en Paraguay, procesos de enorme crueldad basados en la desestimacin de la humanidad de los pueblos originarios, los esclavos africanos y los criollos pobres que no se subordinaban a la oligarqua portea y sus aliados del interior.

As llegamos al siglo XX. Entonces llevbamos unos trescientos cincuenta aos de guerras, torturas y toda clase de formas de violencia contra nosotros, es decir, contra los indio, los paraguayos y los criollos pobres.

Y a los dos aos de comenzar el siglo se inaugur la legislacin represiva y anticomunista, la Ley 4144 sancionada en 1902 y vigente hasta 1958, sin interrupciones. La 4144 permita la expulsin administrativa (sin proceso judicial) de los inmigrantes que los Servicios de Espionaje y las Policas consideraban anarquistas, comunistas libertarios que era el modo de designar a los subversivos de aquellos tiempos.

Desde entonces hemos sufrido crceles, torturas, desapariciones y fusilamientos. Desde 1930 en adelante, los militares asaltaron con violencia la Casa Rosada y lo repitieron en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Y cada vez, como en un espiral de violencias, ms torturas, ms presos, ms muertes hasta llegar al paroxismo de la Triple A, los Centros Clandestinos y los treintamil. De qu historia de democracia, derechos humanos y paz social nos hablan los herederos de Roca y Uriburu, de Massot, Blaquier, Pea, Bullrich y dems genocidas de ayer y de hoy?

En la llamada democracia post dictadura, democraduras en el lenguaje de Galeano o gobiernos autoritarios con mscaras democrticas como entiendo al de Cambiemos, hubo intentos de nuevos golpes de Estado y rebeliones armadas como la de los Carapintadas o la de Rico en la Semana Santa de 1987 para luego estabilizarse una combinacin de formas legales y democrticas (constitucionales) con la presencia permanente de las policas y su gatillo fcil, sus mtodos de torturas aprendidos con la Inquisicin y mejorados con cada dictadura y los jueces cmplices de todo eso.

Les parece algo nuevo o que un izquierdista defensor de los derechos humanos denuncia?. En el 2013, a cien aos de la Asamblea del ao XIII que decret la disolucin de la Inquisicin y an ms, la destruccin publica de los elementos de tortura, la titular del Ministerio Pblico de la Defensa Stella Maris Martnez afirm dos verdades contundentes: la tortura hoy es un crimen y sin embargo se sigue aplicando. Es una realidad cotidiana en lugares de encierro, como mtodo de disciplinamiento, como un rgimen de terror y de castigos preventivos. Todo lugar donde haya personas privadas de libertad debe ser sometida a un control permanente del afuera, y esto no ocurre y an ms: los jueces no investigan lo poco que se denuncia en trminos de tortura, porque siguen sosteniendo esa postura que entiende que los policas y los guardias dicen la verdad y los presos mienten. Los jueces, al mirar para otro lado se convierten en cmplices, y esta tolerancia judicial perversa obedece a lo que ocurre en la sociedad que no repudia fuerte y sostenidamente la tortura.

Con la llegada de Cambiemos al gobierno (se podra decir que el Poder lo tuvieron siempre) la violencia ha pegado un salto impresionante: creci la violencia cotidiana contra la sociedad por la agresin econmica y los despojos de todo tipo que sufrimos sobre nuestros derechos y conquistas, creci la violencia psicolgica por parte de un ejercito de lenguaraces encargados de insultarnos minuto a minuto desde el ms sofisticado y poderoso aparato de propaganda jams imaginado por nadie y creci la violencia fsica de las fuerzas que el estado arma y permite torturar, disparar, y asesinar como a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel, o encerrar como a Facundo Jones Huala, a Milagro Sala y a tantos otros como Luis D Elia, Federico Esteche o Carlos Zannini. Como en un ciclo acelerado, la larga marcha asesina que los gobiernos militares recorrieron de 1930 a 1976, Cambiemos la est recorriendo en el breve tiempo que va desde las elecciones de fines del 2015 hasta la represin militarizada de este Diciembre de violencia institucional superlativa.

Nunca hubo en la Argentina, y mucho menos hay ahora, una confrontacin en el plano militar en la que se puedan reconocer dos oponentes de aproximada (al menos) dimensiones y fuerzas. Siempre desde el Ejecito Colonial Espaol arrasando aldeas mapuches hasta la Gendarmera arrasando Cushamen ha sido igual: un proceso represivo de exterminio al cual, algunas veces, se le ha opuesto algn tipo de resistencia ms o menos eficaz, pobremente armada.

Sin embargo, el pueblo, los pobres, los indios, los obreros, las mujeres indias, obreras y estudiantes, las y los estudiantes, se han rebelado una y otra vez, de una y otra manera hasta derrotar todos los intentos coloniales y neocoloniales.

No necesitaron ley o reglamento alguno, se sabe que no hay ley alguna que pueda convalidar la violacin a los derechos humanos, y mucho menos la violencia del Estado contra las personas.

Desde el mismo Derecho, desde las concepciones no positivistas (iusnaturalismo) se afirma que no puede separarse en el derecho lo formal del contenido moral (de justicia) de sus disposiciones. Una de las tesis del iusnaturalismo es que la ley injusta no es ley: lex injusta non est lex.

Su formulacin proviene de San Agustn (siglo IV y V) si verdaderamente en algn punto [la ley positiva] resulta discordante con la ley natural, ya no ser ley sino una corrupcin [corruptio] de la ley (Suma Teolgica I-II, q. 95, a. 2 c); toda ley se ordena al bien comn de los hombres y en esa medida tiene fuerza y carcter de ley, y en la medida en que se aparta de ese fin carece de fuerza obligatoria (Suma Teolgica I-II, q. 96, a. 6 c); las leyes injustas son ms violencia que leyes [] y por eso no obligan en el foro de la conciencia (Suma Teolgica I-II, q. 96, a. 4, c); la ley tirnica que no es conforme a la razn, no es pura y simplemente [simpliciter] ley, sino ms bien una cierta perversin [perversitas] de la ley (Suma Teolgica I-II, q. 92, a1, ad. 4).

Es en ese derecho natural que se basa San Martn en su guerra contra el Colonialismo Espaol desde su Ejercito Libertador. Haba tambin en esa poca, voces que estimulaban la negociacin claudicante pero San Martn, Belgrano, Moreno, Monteagudo, Gaspar Francia, Bolvar, Artigas, O Higgins desestimaron el camino de la conciliacin y fueron de frente contra la violencia colonial. Y as lo ha hecho nuestro pueblo una y otra vez, honrando un derecho que ms bien es un deber.

En 1948, al finalizar la Segunda Guerra Mundial con la derrota de la alianza de la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y el Japn imperial (ms el apoyo de la Espaa de Franco), al proclamarse la Declaracin de los derechos humanos, en el prembulo se estampa: Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un rgimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelin contra la tirana y la opresin

Para nosotros, nacidos once aos antes de dicha declaracin, los derechos humanos son las necesidades de los pueblos por las que debemos luchar, precisamente para conseguir su reconocimiento por parte de los poderosos. La jornada de ocho horas, el derecho al descanso, el derecho de huelga, el derecho al voto para todas y todos, los derechos para las personas GLTTB, la abolicin de la tortura, el derecho a la defensa en juicio, la abolicin de la monarqua y el reconocimiento formal de la igualdad ante la ley (ya que nunca fue el reconocimiento real de la igualdad, o sea la abolicin de las barreras de poder y propiedad que impiden el acceso universal y real de todas a los derechos proclamado), no fueron regalo de las autoridades, sino producto de la lucha. Mucha sangre y sufrimiento fueron necesarios para que el pueblo conquistara esos derechos.

Ese derecho fue asumido por nuestro pueblo a lo largo de toda la historia y vanos son los intentos de descalificar las luchas actuales como terroristas, narco terroristas o canalladas similares. San Martn no era terrorista, tampoco Moreno, Monteagudo, Gaspar Francia, Artigas o Bolvar. Mucho menos los obreros de la Patagonia Rebelde o las huelgas de la Forestal, los estudiantes de la Reforma Universitaria o los campesinos del Grito de Alcorta. No eran terroristas los que gestaron la Revolucin del Parque o fundaron el Partido Socialista. Ni los que resistieron a las dictaduras de 1930 y todas las sucesivas. Tampoco Santiago Pampilln, Agustn Tosco, Roberto Santucho o el Negro Quieto. Eran patriotas que lucharon, cada uno al modo que entenda adecuado a su tiempo y circunstancias. Porque nadie lucha de otro modo que con las ideas y mtodos de su tiempo. Algunos triunfan y otros no, pero todos cumplen con el deber humano de ser dignos, no como los torturadores o asesinos.

Terroristas son los que crearon los centros clandestinos y desaparecieron miles de compaeros, y terrorista es el gobierno de Cambiemos el que al violentar el orden jurdico interno y desconocer el internacional, se coloca en el terreno de lo ilegal y lo ilegitimo, contra el cual rebelarse es ms que un derecho, es un deber.

Cambiemos viene demoliendo el nico resto de la democracia en la Argentina, que era su formalidad jurdica y la igualdad formal, en dos aos ha instalado de facto varias categoras de argentinos: poblacin sobrante, poblacin execrable, poblacin indigna y poblacin criminal actuando en consecuencia de modo tal que la democracia Argentina solo existe como proyecto liberador, como prctica popular de construccin de poder, como sueo irredento que viene de San Martn y que se hace carne en Fidel y la nica revolucin triunfante que pervive en Occidente.

Cundo nos preguntan por la democracia podemos contestar con Fidel: Nosotros vemos el cuadro de esta Amrica Latina: cuando ms se habla de democracia, ms barrios marginales surgen, ms decenas de millones de personas viven en esos barrios marginales, ms decenas de personas son analfabetas, ms decenas de decenas de millones de personas estn sin empleo, ms decenas y decenas de millones de personas estn sin asistencia mdica. Y con las medidas del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones similares, esta situacin, en vez de mejorar en algn sentido, empeora cada vez ms, y tenemos pases en Amrica Latina donde el 10 por ciento de la poblacin recibe ms del 50 por ciento de la renta nacional. Cmo se puede hablar de democracia en esas condiciones?[2].

"La democracia para m significa que los gobiernos, primero estn ntimamente vinculados con el pueblo, emergen del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo. Para m democracia implica la defensa de los derechos de los ciudadanos, entre ellos, el derecho a la independencia, el derecho a la libertad, el derecho a la dignidad nacional, el derecho al honor; para m democracia significa la fraternidad entre los hombres, la igualdad verdadera entre los hombres, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, para cada ser humano que nazca, para cada inteligencia que exista. 

Para todos los hombres y mujeres, todos los derechos.

Para todos, todo.

Notas:

[1] Entendemos como tales al exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente la sociedad pre existente mediante la imposicin de una nueva identidad cultural en reemplazo de la originaria.

[2] Segn Infobae: El INDEC revel que la brecha entre el ingreso familiar promedio del 10% ms pobre de los hogares y el 10% ms rico lleg a 21,8 veces en el primer trimestre de 2017. Adems, el 10% ms rico de las familias concentra un nivel de ingresos superior al alcanzado por el 60% de la poblacin de menores ingresos. 1

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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