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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2018

Extrema miseria en Chile de los aos 30

Felipe Portales
Punto Final


Chile, de acuerdo a las estadsticas de la Sociedad de las Naciones, fue uno de los pases del mundo econmicamente ms afectado con la gran crisis mundial que comenz en 1929. Y si bien el segundo gobierno de Arturo Alessandri (1932-38) tuvo xito en sacar a nuestro pas de aquella crisis, lo hizo con un costo social muy alto que repercuti en una extrema miseria de los sectores populares.

As, de acuerdo a diversos analistas del periodo, la situacin de aquellos era, todava en 1938, peor de la que tenan antes de la crisis mundial. Por un lado, tenemos al joven Salvador Allende que calculaba que el nivel de remuneraciones reales de 1938 no alcanzaba los de 1928 (ver La realidad mdico-social chilena , Ministerio de Salubridad, Previsin y Asistencia Social, 1939; pp. 28-9). Lo mismo reconoca, desde la derecha, Salvador Valds Morand, quien conclua que quizs esta sea la mejor explicacin de la derrota electoral de Gustavo Ross en 1938 (Gonzalo Vial. Historia de Chile (1891-1973) , Volumen V; De la Repblica Socialista al Frente Popular (1931-1938) ; Edit. Zig-Zag, 2001; p. 362). Y el investigador estadounidense, Archibald Mac Leish, sealaba en 1938 que la disminucin de salarios ha continuado, alcanzando un nivel extremadamente agudo en los ltimos aos ( Hoy ; 5-5-1938).

Ms especficamente, Allende concluy que el salario vital familiar (que alcanzase solo para los cnyuges y un hijo) deba ser de $45,83 diarios. Y que la Inspeccin General del Trabajo estimaba, a fines de 1938, que de una poblacin activa total de 1.450.000 personas, 828.000 (57%) ganaban menos de $10 diarios, y 476.000 (33%) -casi todos campesinos- menos de $5 diarios (ver Ibid.; p. 30).

Por otro lado, el mismo Allende indicaba que el sistema previsional solo abarcaba al 13% de los obreros y la imposicin total de 5% (a su salario), que es la ms baja del mundo, hace pensar con inquietud sobre el futuro de esta institucin. Los porcentajes de imposicin de Seguro Social en otros pases son: Rusia, 18%; Polonia, 12%; Alemania, 10%; Hungra, 10%; Austria, 10%; Checoeslovaquia, 8,5% (Boletn de Sesiones de la Cmara de Diputados; 27-7-1937).

SALARIOS MISERABLES

Los psimos salarios repercutan obviamente en una muy mala alimentacin. As, y pese a que el trabajador chileno gastaba alrededor del 90% de sus ingresos en comida, dos tcnicos de la Sociedad de las Naciones concluyeron que en Chile cerca del 50% no alcanzaba a la racin bsica (hombre con trabajo sedentario) de 2.400 caloras. Un 11% estaba entre 2.200 y 2.400 caloras; otro 11%, entre 2.000 y 2.200; un 15%, entre 1.500 y 2.000 y, no menos del 10%, con menos de 1.500 caloras. Cuando se considera que se trata de hombres que viven del esfuerzo muscular en que se requiere un mnimum de tres mil caloras, y cuya exigencia fisiolgica en los trabajos sobrepasa las cuatro mil caloras, estas cifras parecen increbles. La estadstica demogrfica habla implacablemente y explica por qu en Chile la gente enferma ms y muere ms pronto que en casi ninguna otra parte del mundo (Allende; p. 38). Adems, considerando los pases donde la Sociedad de las Naciones ha hecho encuestas, resulta desalentador comprobar que slo en Chile, China, Marruecos, en capas excepcionalmente pobres, y en Polonia entre los desocupados, se han encontrado raciones inferiores a dos mil caloras (Ibid).

A su vez, de acuerdo a las estadsticas oficiales chilenas de 1935, el 30% de los nios menores de diez aos no consuma leche (ver La Hora ; 24-9-1935); y en 1938 el ministro de Salud, Eduardo Cruz Coke, sealaba que no menos de veinte mil nios moran en Chile al ao por falta de leche (ver La Opinin ; 24-6-1938). El propio diario El Mercurio editorializaba en 1937, a propsito de los estudios de Cruz Coke, que los resultados de estas encuestas e investigaciones sociales y cientficas son sencillamente deplorables, y an nos atreveramos a calificar de catastrficas para el futuro de nuestra raza (Carlos Sez. Y as vamos Ensayo crtico ; Edit. Ercilla, 1938; p. 241).

Los salarios miserables impedan tambin que los sectores populares accediesen a un vestuario digno y que los protegiese de las inclemencias del tiempo. As, el mismo estudio de la Sociedad de las Naciones conclua que los trabajadores chilenos gastaban en promedio el 1,8% de sus salarios en vestuario! Y que un gran nmero de familias anotaron cero gastos en esta columna y declararon vestirse con ropas y calzados de segunda mano, regalados por personas caritativas (Allende; p. 509). Y Cruz Coke sealaba que los miles de casos de mortalidad por enfriamiento se deban en su mayor parte a falta de ropa ( La Opinin ; 24-6-1938).

UN PAIS CATOLICO?

La experiencia del sacerdote jesuita Alberto Hurtado, a fines de los 30, nos confirma lo anterior: La mayora de los pobres se presentan todava vestidos con sumo descuido y suciedad, lleno de roturas el traje que, a veces, es un harapo ( Es Chile un pas catlico? ; Edit. por revista Ercilla , 2005; p. 40). Y la del entonces estudiante Osvaldo Puccio: Vivamos en La Cisterna, entonces un pequeo pueblito en los alrededores de Santiago () En la escuela (pblica), con sus 300 alumnos, era yo casi el nico que iba con zapatos. Todos mis compaeros de curso, hijos de campesinos de los alrededores, iban descalzos ( Un cuarto de siglo con Allende. Recuerdos de su secretario privado ; Edit. Emisin, 1987; p. 17).

La miseria se expresaba tambin en psimas condiciones de vivienda. De partida, la Direccin de Sanidad estimaba en 1937 que de un total de 770.000 personas que vivan en Santiago, 325.000 lo hacan en conventillos, donde adems del alquiler se les cobraba el agua -lo que antes no se haca- y la mayora de ellos no tena luz elctrica (ver La Opinin ; 19-12-1937). Y respecto de 891 conventillos de Santiago, la Inspeccin Sanitaria calific en psimas condiciones a 541 (61%); regulares a 232 (26%) y buenos solo a 118 (13%). En ellos viva una poblacin promedio de cinco habitantes por cuarto. El 12% de los conventillos contena un promedio de ocho personas por pieza, no siendo ninguna de stas mayor de nueve metros cuadrados (Allende; p. 58).

Es muy ilustrativa la mencin que hizo de los conventillos de la poca el ministro de Salud, Javier Castro Oliveira, al dejar su cargo en 1936, cuando dijo que como una cmara cinematogrfica, nuestros conventillos podran transmitir una imagen del infierno ms real que la de Dante () Contorsiones de hambre, gritos de dolor, este se rasca hasta herirse y mata sus insectos; ese contempla anonadado las lceras de su piel; canta, grue o pelea tambaleante el borracho, trmulo, sudoroso, los ojos desorbitados; se esconde furtivo en un rincn otro que llega, escondiendo su ltimo robo y a veces saltan los sesos al estallar el crneo bajo el golpe de un fierro. La mujer, desgreada y sucia, ayuda a insultar a los chiquillos, desnudos, esculidos, sarnosos, que baan sus almas diariamente con todas las abyecciones concebibles. Ms all, en otros cuartos, no pueden dormir: el hombre honesto y trabajador que necesita reparar sus fuerzas, ni la madre pura y amante que aumenta con sus lgrimas el pocillo de agua con que entretiene los estmagos de sus hijos (Mara Anglica Illanes. En el nombre del pueblo, del Estado y de la ciencia. Historia social de la salud pblica. Chile 1880-1973. (Hacia una historia social del siglo XX) ; Edit. por el Colectivo de Atencin Primaria, 1993; p. 268).

Otras manifestaciones de la miseria se expresaban en que solo el 39% de los chilenos tena acceso a agua potable y alcantarillado; un 5% dispona exclusivamente de agua y el 56% no contaba con ninguno de ellos (ver Allende; pp. 69-70). Y tambin en el vicio del alcoholismo: del total de las personas detenidas en 1938 (314.560), el 44% (138.607) lo fue por ebriedad, y de estos, 15.162 fueron acusados tambin de ser autores de lesiones (ver Ibid.; p. 117). Y en el frgil vnculo matrimonial, producto de las migraciones por razones laborales y la consiguiente profusin de nios abandonados. As, a fines de los 30 se calculaba en doscientos mil los nios abandonados que vagaban por las calles (ver Illanes; p. 293).

PESIMA EDUCACION

Por cierto, la educacin era inexistente o muy deficiente para los nios de los sectores populares. De partida, el 25% de la poblacin adulta era completamente analfabeta (ver Hurtado; p. 39). Y de acuerdo a un informe del propio ministro de Salud de 1937, Eduardo Cruz Coke, de un milln de nios en edad de recibir educacin, 370 mil no reciba ninguna; y que calculando que de los 370 mil nios que no concurren a las escuelas, 300 mil lo hacen por indigencia y que de los 630 mil que concurren a las escuelas, hay un 30% de indigentes, proporcin que llega hasta un 90% en algunas provincias (Chilo, Colchagua), tendremos que casi 700 mil nios chilenos necesitan de inmediato alimentacin y vestuario, asistencia mdica y tambin hogar, especialmente en las grandes ciudades y en muchas regiones campesinas. Y conclua que la indigencia de los escolares se traduce, as mismo, en desastrosas consecuencias para el progreso de la enseanza ( Lircay ; 1 semana-12-1937).

Por otro lado, Alberto Hurtado sealaba que en la dcada del 30 ingresaban cada ao a la escuela primaria unos 215.000 nios, pero de ellos terminan sus estudios una nfima minora, apenas el 5%; o sea, unos diez mil en total. Adems, agregaba que no es posible hacerse gran ilusin respecto al grado de conocimiento que adquieren los que han cursado la escuela primaria (pp. 39-40). A estos elementos, aada Hurtado la falta de recreacin y diversiones a las que podan acceder los sectores populares; y el hacinamiento en los vehculos de locomocin colectiva: Nuestro sistema de locomocin popular en gndolas y carros cuajados como racimos humanos avergonzaran a un africano (pp. 40-1).

Por supuesto que esta miseria se expresaba en espantosos ndices de mortalidad y morbilidad. As, en 1938 Chile registr 113.723 muertes correspondientes a 24,5 por mil habitantes. Y en 1936 (25,3); en una comparacin con 24 pases de diversos continentes, qued en un poco honroso segundo lugar, solo superado por Egipto con 28,6. De los pases latinoamericanos considerados, le segua Mxico con 22,4; Venezuela con 18,2; Argentina con 11,8 y Uruguay con 9,7. Y comparando las tasas del periodo de Ibez (1927-31) con las de Alessandri (1933-38), se observaba un aumento de 24,8 a 25,4 por mil (Ver Allende; pp. 20-1). Tambin el altsimo ndice de mortalidad infantil de 1938 (236 por mil habitantes) coloc a Chile en segundo lugar a nivel mundial; y con un promedio bastante mayor del gobierno de Alessandri (250) respecto del de Ibez (226) (ver Allende; pp. 79-81).

 

EL NIO PROLETARIO

Quiz la sntesis ms expresiva de la tragedia de la niez popular la hizo el acadmico Oscar Alvarez Andrews en 1937: El nio proletario chileno es () entre todos los pases () el que nace y vive en peores condiciones () nace fsicamente tarado () vive y respira desde sus primeros momentos el ambiente ms miserable que se conoce entre pases civilizados () su nutricin es casi nula () su vestuario es tambin casi nulo, como que de l naci el nombre genrico de roto para designar a los pobres () trabaja desde muy pequeo () practica el acto sexual tambin desde pequeo () practica deportes muy bruscos y sin control alguno. Todo esto influye en su dbil vitalidad y escaso desarrollo () vive desde sus primeros aos hurfano de afectos, sea por el abandono de sus padres, sea por los malos tratos de estos () igualmente recibe a cada paso la hostilidad del ambiente burgus () no recibe educacin sino apenas instruccin terica en ramos que en el 80% de los casos son intiles para su vida () gasta as su cerebro en esfuerzos intiles () atrofia por falta de ejercicio su vida afectiva () adquiere conocimientos y hbitos precisamente antisociales y es reprimido en sus tendencias sociales. Los maestros hacen lo que pueden, pero los programas los encierran a ellos tambin en crculos de fierro () La cooperacin del hogar y la escuela es nula en Chile, sencillamente porque el nio proletario no tiene hogar, en el sentido espiritual y noble de la palabra. La ignorancia y la grosera de los adultos es legendaria. Vida moral o religiosa tampoco existe en el medioambiente que rodea al nio proletario ( La Hora ; 4-11-1937).

Tambin se puede observar un lapidario diagnstico de la miseria material y moral del Chile de esos aos por parte de los cronistas extranjeros. Particularmente del acadmico estadounidense Hubert Herring, quien en 1939 deca de Valparaso que no faltan las casas confortables y hasta de lujo, pero su nmero es reducido al lado de los millares de srdidas viviendas. Las calles del centro se llenan de gente de aspecto cansado, de hombres y mujeres tan desesperanzados como jams haba imaginado. En Valdivia, Osorno, Puerto Montt y Concepcin la situacin no cambia () La pobreza de Santiago salta a la vista del viajero en cuanto baja del tren () Esta pobreza es una especie de muerte en vida, diferente de la que se advierte en otras ciudades () La miseria de Santiago es la del hombre vencido que no espera nada. Quizs la mejor manera de conocer al pueblo sea observarlo los das de fiesta. Siempre recordar una vspera de Ao Nuevo en la Alameda de Santiago () Solo hall un pueblo aptico, rostros inexpresivos, gente cansada que casi no se rea. Parecan decir que estaban ah para divertirse y que deban divertirse, pero nada denunciaba que lo hubieran conseguido () Un pueblo que no parece feliz, tuve que admitir, en que la vida parece pasar dejndolo de lado ( Chile en la presidencia de don Pedro Aguirre Cerda ; Edit. Francisco de Aguirre, Buenos Aires, 1971; pp. 88-92).

Publicado en Punto Final, edicin N 891, 22 de Diciembre 2017.

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