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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2018

El grito de guerra del filsofo griego Epicuro de la antigua Atenas en su Academia a sus discpulos...
Lejos de la poltica!

Jaime Richart
Rebelin


Desde hace muchos aos, despus de los primeros compases de la transicin de la dictadura a lo que luego se ha manifestado como una medio farsa democrtica, a Espaa entera le ha absorbido el seso la poltica. Dirase que los 40 aos anteriores ayunos de poltica y de polticos necesitaban otros cuarenta de abotargamiento de poltica y de polticos. Ha habido cambios. Pero no tantos sustanciales. Por ejemplo, si en el rgimen anterior eran unos cuantos los que acechaban los favores, las prebendas, las canonjas y los privilegios que reparta la dictadura, en el actual se cuentan por miles. Por ejemplo, si entonces no haba libertad de prensa, ahora oficialmente la hay, pero esa libertad la administran los dueos de los medios oficiales de comunicacin eligiendo minuciosamente al opinante y orientando los pareceres y las tendencias hacia donde a ellos les conviene para mantener en lo posible el statu quo del rgimen. Por ejemplo, si antes no haba libertad de reunin, ahora la hay slo a veces, pues situaciones hasta ayer novedosas o inditas, como la efusin soberanista en Catalua, las reprime el gobierno con la dureza del tirano

En todo caso, al menos las legislaturas del actual partido del gobierno desprenden el tufo de una dictadura, blanda por los tiempos que vivimos y los compromisos con Europa, pero al fin y al cabo dictadura, no de un solo dictador sino por cooptacin. Es decir, manteniendo un cupo ortodoxo en las instituciones del Estado repartido principalmente entre los adictos a los dos partidos principales. De momento sabemos que veinte de estos ltimos cuarenta aos cientos del partido postfranquista los ha dedicado sobre todo a maquinar, dicho por la propia Justicia, y el desvalijamiento de las arcas pblicas que se ha ido descubriendo poco a poco despus ha sido el resultado. Por eso dejo a un lado el nulo inters en seguir hablando de ese partido cuyos miembros siguen en la gobernacin y no merecen ms que el desprecio que se dispensa al oportunista, al ventajista, al dspota, al prepotente y al ladrn de lo pblico... Pero es que tampoco el otro partido, se que hace ms de un siglo era socialista, que se ha alternado en la gobernanza a lo largo de ese mismo tiempo, sale mucho mejor parado en prestigio. Pues, aparte el pillaje o irregularidades cometidas asimismo en relacin a los caudales pblicos aunque ciertamente menos escandalosos, el incumplimiento de sus promesas ilusionantes en materias estructurales del Estado le han puesto en evidencia y probado que tampoco es digno de crdito. Es ms, su deriva a lo largo de estos cuarenta aos y despus de haber prestado servicios estimables, es lo ms deprimente que quepa imaginar. Partido que no slo se ha limitado a compartir el poder con el otro de ideologa y praxis execrables, es que no ha cumplido ninguna de las promesas de cambio y de fondo hechas en los aos 80: no ha hecho el ms mnimo intento de propsitos originarios de su ideologa: referndum monarqua/repblica, denuncia del Concordato con la Santa Sede, reforma de la ley electoral, denuncia de las Bases americanas, etc; es que en lugar de socializar todo lo posible, como se supone corresponde a una ideologa socializante, ha privatizado empresas energticas, telefona, banca, etc.; propsitos cuyos lderes fueron pregonando de mitin en mitin antes de acceder a su primera legislatura. Un partido que ha respaldado y robustecido la ideologa contraria ensanchando con ello la desigualdad y ahondando la exclusin social de grandes porciones de poblacin. Pero no menos deprimente y grave es esta otra deriva: una ideologa que naci republicana y que desde hace al menos dos dcadas se ha ido convirtiendo poco a poco en el principal baluarte de la monarqua y de los tteres que la representan...

S, ya sabemos que la esencia de la poltica, en todas partes, est en el mentir y el desmentir, en el decir y el desdecirse, en el prometer y el incumplir. Es ms, no imagino a un poltico ntegro, coherente y de conciencia recta a menos que su ejercicio sea de breve plazo, pasajero o de ocasin. Pues, muy raro ser el que, tras un balance de su participacin en la poltica o en la gobernacin, no resulte culpable; si no por accin, por omisin. Por este motivo pero tambin porque el poltico al uso no tiene escrpulos en faltar a la palabra dada, al compromiso o al pacto, en incumplir promesas hechas a quienes le han elegido, la poltica es la actividad humana ms opuesta al ideal de ciudadano libre, hombre y mujer, educados en la rectitud de conciencia. Virtud y galanura sta que estn presentes en toda pedagoga universal impartida en cualquier centro de enseanza o de educacin bsicas cuyo propsito no fuere inculcar depravacin y canallismo. Ellos, los profesionales de la poltica, se excusan diciendo que es de imbciles no cambiar de opinin cuando han cambiado las circunstancias. Sin embargo, basta un poco de perspicacia para observar cun a menudo son ellos mismos quienes cambian las circunstancias con el fin de justificar despus los cambios de su discurso... La nmina de las imperfecciones del poltico, en fin, dejando al margen la seduccin eventual de su peroracin y de su tarea poltica, tan alejada, por cierto, de la idea de servicio a la comunidad que es lo que le dara sentido, son notables.

Desde luego, y aunque acapare la mxima atencin en Espaa en buena medida precisamente porque la impostura, la mentira y el fcil cambio de rumbo ideolgico provocan una atencin en general enfermiza, aparte la corrupcin, la poltica que bulle permanentemente en este pas es desde luego radicalmente antagnica con el pensamiento filosfico y las actitudes que le son propias. Pues slo la poltica prudente y eficaz para todos, sa que no da que hablar y apenas es noticia es la que puede considerarse til y respetable: justo la contraria de la que se ha enseoreado de una Espaa sumida en el escndalo que no cesa. El caso es que la percepcin para millones de ciudadanos es que el rgimen que se inaugur aquel da hace casi cuarenta aos, en lugar de estar manejado por uno como el anterior pas a estar manejado por muchos, y que lo que se ha ido revelando despus hasta ayer es que se entronizaba con l en Espaa un medio simulacro de democracia que inmediatamente ya muchos pensaron que deba removerse. Los fondos recibidos de la Unin Europea para desarrollar el proceso de aggiornamiento poltico actuaron como un espejismo que dur las dos primera dcadas. Las dos siguientes, de unas desastrosas consecuencias econmicas para millones, en buena medida causadas por la rapia crnica, dieron paso al desencanto, a mucha ms desigualdad social y a una justicia mucho ms proclive a la benevolencia con los fuertes y ms implacable con los dbiles sociales. Como siempre ha sido. En suma, los favores, los privilegios, las concesiones y la cada vez mayor distancia entre los ciudadanos de primera y los de cola, han ido haciendo ms y ms abominable la poltica en Espaa.

En resumidas cuentas, si la poltica en su conjunto es una actividad sospechosa en cualquier parte, y la democracia burguesa es el menos malo de los sistemas, en Espaa la poltica y especialmente la atencin persistente a la poltica es slo para los espritus vulgares. Por eso se hace fcilmente comprensible a todo ciudadano, hombre y mujer, sensitivos, despiertos, responsables y cabales la sugerencia de Epicuro : lejos de la poltica!


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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