Portada :: Mxico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2018

Hemos ganado
Marichuy no obtendr el registro para contender en el 2018

Jorge Alejandro Surez Rangel
Rebelin


Desde hace mucho tiempo en la memoria del mundo, existe la lgica de la guerra como medida universal para todo juicio. As, todo proceso humano se ha de dividir en conquistas, batallas, itinerarios, avances, triunfos, ofensivas, etc. Es imposible imaginar la historia como un da simple, bajo el sol meridional, contra el polvo y la maleza; vislumbrar la relacin entre seres humanos simples, frente a sus utensilios campesinos, sin luchas a muerte ni hroes reivindicadores que atraviesan a la humanidad a caballo y siembran en el horizonte su utopa.

En el espectculo de la historia, hay unos cuantos triunfadores y una gran mayora de perdedores, que siglo tras siglo tienen que emprender la labor cotidiana de reconstruir su espacio fuera del tiempo, bajo el mismo sol, contra el mismo polvo. Frente a ellos se repite la misma historia de monarcas y caballeros bondadosos, elegidos de dios para acabar con la tirana y repartir bendiciones entre esa masa dctil llamada pueblo. Para ello han de darse a la labor de luchar y vencer esa oscuridad que se esconde en el mundo: la causante de todos los males que nos aquejan; la masa dctil llamada pueblo -el otro pueblo, claro-. Se trata de una proeza reservada a los iluminados: la lucha de uno contra todos; de los elegidos contra la carne del pecado. Para lograr su hazaa, habrn de armarse con fuego y metal; debern procurarse las espadas ms afiladas, las lanzas ms largas, los caballos ms veloces, los caones ms poderosos y los ejrcitos ms sanguinarios. Todo es por nuestro bien.

Al final, sin mayor patrocinio que el propio, nuestros buenos caballeros habrn mermado sus fuerzas en pos de la causa comn. A cambio de sus favores y de sus maltrechos cuerpos, se conformarn con la fama de los libros y, por supuesto, con el oro, que habr de aliviar un poco los dolores de la vejez.

Pero los simples, el vulgo, han dejado tambin -por no dejar-, registro de su opinin frente a la bondad del linaje real y su legado. Tal opinin, como usted ya sabe, no es favorable a la historia. Se trata de escepticismo e incredulidad, o bien, revisionismo francamente plagado de antagonismo, cuando no de descarado sarcasmo y desprecio absoluto por todo lo que representan las lites y sus planes arbitrarios para el resto de la humanidad.

Usted lo sabe, pero, aparte de usted alguien ms se ha enterado?

Los analistas de revista, as como los de academia, insisten en la versin del progreso: de que todo marcha hacia adelante y de que ya andamos, por cierto, muy adelantados. Por todas partes se apela a la democracia para resolver cualquier inconformidad, cualquier entuerto, cualquier feminicidio: si la justicia es injusta, vaya usted votando por otro partido poltico. Si no le gustan los que hay en la vitrina, forme usted uno; ahora hay oportunidades para todos y hasta candidaturas independientes. Candidaturas como ngeles de la independencia, como estelas de luz en honor a nuestra independencia, candidata independiente.

Y, todo esto, gracias al progreso, a nuestros hroes, a quienes lucharon por darnos patria. Caballeros que evolucionaron en soldados revolucionarios y se convirtieron, luego, en polticos, tan solo para igualarse a nosotros en la planilla electoral. La fama y el oro quedaron atrs: ha llegado el tiempo del futuro, hemos acabado con la oscuridad del mal, hemos triunfado.

Ahora debemos aceptar que no hay lugar para todos. Si la democracia es una votacin, debe haber un perdedor; si existe un acuerdo, deben quedar fuera los que no estn de acuerdo; si esto nos representa, entonces no existe lo que no est representado: si no se alcanza el registro, si no se tiene influencia en la partidocracia, si no se cumplen los requisitos; si no se tiene lugar en el gobierno, tampoco se tiene lugar en el pueblo.

Qu hemos ganado entonces?

Deshacernos de la poblacin sobrante.

Pero existen.

Continan all haciendo ruido.

Para qu?

Para qu se organizan, se postulan, se comunican entre si? Si ya los descartamos; ya perdieron, ya confrmence! Es que no entienden? Son necios? Son indios?

Son indios!

Y qu van a hacer?

Qu van a hacer? Maldita sea! No pueden hacer nada. Tenemos la democracia, tenemos la ley, tenemos la polica, tenemos al ejercito, tenemos la razn, tenemos la verdad, tenemos los medios, tenemos las mentes, tenemos el miedo. No subestimen nuestro miedo.

Poco se ha logrado.

No nos engaemos, Marichuy no obtendr el registro para contender en el 2018.

Entonces, no seremos hroes; no obtendremos la fama y el oro; no podremos excluir a los perdedores ni poner la bota sobre el rostro del enemigo. Tendremos que conformarnos con la condicin mortal, asumir nuestro rol primitivo fuera de las cmaras, entre el trabajo y la naturaleza, sin efectos especiales ni adictivas aplicaciones; tendremos que renunciar a la magia del mundo moderno y conformarnos con el aburrido paisaje de la sierra sobre las nubes; entender que siempre estaremos fuera, que no tendremos paz porque es un producto de lujo; que no seremos admitidos en las filas de lo aceptable ni recibiremos la medalla del conformismo.

Nos quedaremos para siempre flotando en la incertidumbre, como aves que vuelan a pesar de la fsica universal.

Nuestro nico refugio ser la clandestinidad.

Eso hemos ganado.

Blog del autor: http://modernidadespeculativa.wordpress.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter