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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2018

Salario mnimo y mercado laboral

Albert Recio Andreu
mientras tanto


El acuerdo sobre el aumento del salario mnimo firmado el pasado 26 de diciembre entre Gobierno y sindicatos ha sido presentado por algunos comentaristas como el inicio del cambio en el mercado laboral. De llevarse a cabo, representara un aumento del 20% del salario mnimo. Su impacto queda diluido porque se produce en un periodo de cuatro aos y el aumento ms significativo se plantea al final. Se trata de un primer cambio radical en el mercado laboral? Va a tener un impacto importante en la transformacin del mercado laboral? Que el salario mnimo aumente significativamente es una buena noticia, aunque cabe ser escpticos respecto a sus resultados por distintos motivos.

En primer lugar, por la propia historia del salario mnimo. ste se encuentra, en trminos de capacidad de poder adquisitivo, entre los ms bajos de Europa. Y ha experimentado un deterioro real de largo plazo, porque durante largos perodos creci por debajo de la inflacin. En la era Aznar se impuso la norma de aumentarlo cada ao el 2%, muy por debajo de un ritmo inflacionario en torno al 5% (la devaluacin real era mayor porque en el clculo del IPC no se incluye la compra de vivienda, que en plena burbuja ya se haba convertido en uno de los problemas ms graves de mucha gente). Cuando lleg Zapatero, se comprometi con los sindicatos a elevar progresivamente el salario mnimo hasta los 800 euros. Y, cuando trat de incluir un mecanismo de revisin automtica ante la inflacin, Zapatero se enfrent (y cedi) ante la feroz rebelin de su propio Ministro de Economa (Pedro Solbes) y de la cpula del Banco de Espaa. Al final de su mandato el salario mnimo se haba quedado en 641,4 uros mensuales (por catorce pagas). Rajoy lo ha tenido congelado hasta finales de 2016, y tras dos aumentos en 2018 se situar en 736 Euros, lejos del objetivo de Zapatero y de los 850 que se anuncian al final. Unos 850 euros condicionados a la marcha de la economa espaola, o sea con un futuro tan incierto como el compromiso que alcanzaron en el pasado los sindicatos con UGT y CCOO. De llegar a aplicarse la medida, su cuanta situara el salario mnimo espaol en el 44% del salario medio a tiempo completo en 2015 (ltimo dato disponible), o en el 51,5% del salario medio total, o sea claramente en una situacin de ingreso insuficiente. Lejos de los 1000 mensuales que los sindicatos plantean como salario mnimo en la negociacin colectiva.

En segundo lugar, el escepticismo proviene del limitado papel que juega el salario mnimo en la fijacin de salarios. El mismo gobierno calcula que este afecta a medio milln de personas, una cifra no despreciable pero que no cubre la elevada precariedad y depravacin laboral. De hecho, el salario mnimo en Espaa ha jugado un papel menor en la fijacin de salarios, pues stos han estado ms influidos por la negociacin colectiva, que salvo en unos pocos sectores, nunca han tomado el salario mnimo como referencia contractual. Es ms, en los pases donde los sindicatos han sido ms poderosos, como es el caso de los pases nrdicos (y, hasta tiempo reciente, Alemania), no ha existido salario mnimo. La inmensa mayora de salarios se fijaban en la negociacin colectiva. La introduccin del salario mnimo en Alemania ha sido el resultado de una demanda sindical cuando las grandes centrales (IG Metall, Verdi) constataron su prdida de poder contractual, la aparicin de sindicatos amarillistas que negociaban a la baja y la desregulacin provocada por la llegada de trabajadores extranjeros de forma desregulada. El salario mnimo es la ltima lnea de proteccin para evitar un excesivo deterioro salarial. De hecho, es casi la nica lnea de proteccin all donde los sindicatos y la negociacin colectiva es casi inexistente (como ocurre en partes importantes del mercado laboral anglosajn). En Espaa, hasta hace poco, la negociacin colectiva ha sido un instrumento ms importante para regular salarios que el salario mnimo. Y el deterioro salarial actual ha venido de la mano de la erosin de la negociacin colectiva provocada por las reformas laborales (especialmente la de 2012), las enormes oportunidades que se ha dado a las empresas para eludir los convenios colectivos y el uso creciente de empleos temporales y a tiempo parcial que generan rentas insuficientes. Con un suelo tan bajo como el plantea el nuevo salario mnimo y sin cambios en la negociacin colectiva, en los derechos laborales y en la organizacin productiva, persistirn las fuerzas que conducen a una situacin laboral deteriorada.

El salario mnimo ha jugado un papel reducido en el funcionamiento del mercado laboral, pero ha tenido un papel relevante en otro orden: el del gasto social. Ello es debido a que muchas de las prestaciones sociales, tanto directas (subsidio de desempleo) como indirectas (por ejemplo, acceso a ayudas a la vivienda) se utilizaba el salario mnimo como ndice de referencia. Por ello, al fijar anualmente el salario mnimo, el Gobierno determinaba una gran parte del gasto social. Y por eso el deterioro del salario mnimo ha sido uno de los mecanismos utilizados para mantener un reducido nivel de gasto social. Cuando se produjo la reforma de Zapatero, los sindicatos propusieron que se desligase el salario mnimo (orientado a regular parte del mercado laboral) del gasto social. Y para ello se introdujo un nuevo ndice, el IPREM (Indicador Pblico de Renta de Efectos Mltiples), que pasara a utilizarse para la fijacin de una variada gama de prestaciones sociales (y garantizara su bajo nivel). Su cuanta es inferior al salario mnimo. Su nivel actual es de 537,84, y no se prev un incremento para 2018, con lo que queda inalterada otra de las patas que explica la enorme desigualdad de renta en nuestro pas.

Y, a pesar de su modestia y de su poca capacidad de introducir cambios en la distribucin de la renta, hay que esperar que antes de 2020 volvern a reaparecer las presiones para que el acuerdo descabalgue. El argumento volver a ser el de siempre: que un alza del salario mnimo pone en peligro el empleo. Un argumento que se basa en la teora neoclsica de la demanda de trabajo, segn la cual las empresas operan en un contexto de productividad marginal decreciente (cada nuevo trabajador contratado aporta un aumento de produccin menor que el anterior, y por eso llega un momento que el coste, es decir el salario, de un nuevo empleado supera el de su aportacin marginal) que hace inevitable que cualquier aumento salarial se traduzca en reduccin de empleo. Da igual que esta teora haya sido cuestionada con buenos argumentos tericos y empricos. Da igual que exista una amplia evidencia emprica, especialmente en Estados Unidos, que muestra el nulo impacto que han tenido los diversos incrementos de salario mnimo a escala nacional o local. La alianza entre los intereses del capital y el sesgo ideolgico (y a menudo la ignorancia) que predomina en la tecnocracia econmica muestra una incansable capacidad de manipulacin.

Estamos pues ante un acuerdo ms vistoso que efectivo. En el mejor de los casos, slo un pequeo paso de mejora. En el peor, una nueva maniobra de Rajoy para lanzar una cortina de humo tras su estruendoso fracaso electoral en Catalunya. Se puede ser piadoso con UGT y CCOO, que llevan tantos aos contra las cuerdas que araar cualquier reforma puede sonar a victoria. Pero lo que resulta evidente es que la lucha contra la pobreza, la precariedad y la desigualdad, exige de medidas ms contundentes. E incluso exigir movilizarse para que este descolorido acuerdo se cumpla efectivamente.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-164/notas/salario-minimo-y-mercado-laboral



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