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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2018

As se vivi la ltima incursin paramilitar en San Jos de Apartad

Comunidad de Paz de San Jos de Apartad
Prensa Rural


Desde cerca del medioda del 29 de diciembre hasta el medioda del 30, la Comunidad de Paz de San Jos de Apartad vivi una experiencia de 24 horas de agudos contrastes y profundas sensaciones. Desde la masacre de Mulatos y La Resbalosa, el 21 de febrero de 2005, la Comunidad no viva colectivamente esa confluencia misteriosa de muerte y vida que se entrelazan y se desafan de manera conmovedora.

El 29 de diciembre la incursin de cinco paramilitares en la bodega de comercio de cacao, con la intencin de arrancarle la vida a varios de los lderes, fue como un relmpago de muerte que toc las puertas anunciando el retorno macabro a los aos en los que los funerales se sucedan en cadena y con escasos intervalos. Sin embargo, la reaccin espontnea e inmediata de seis miembros de la Comunidad que se encontraban cerca al sitio del ataque, en un esfuerzo desesperado se logr desarmar e inmovilizar a dos de los victimarios y poner en fuga a los otros tres, no sin dejar charcos de sangre, pero salvaguardando la integridad de todas las vidas. Se vivi con la emocin desbordante de quien le abre paso a la vida desde corredores de muerte.

Con una rapidez inusual, la noticia congestion las memorias de los celulares y a los pocos minutos el asentamiento de San Josesito comenz a ser colmado por los trabajadores que abandonaron precipitadamente sus campos y bajaron apresurados de las veredas para enfrentar colectivamente este nuevo desafo de muerte. La emocin de la solidaridad de cuerpo creca por momentos hasta que lleg la noche, casi todos los integrantes de la Comunidad pasaron de claro en claro, alrededor de ollas de tinto y haciendo rondas de grupos para inspeccionar los linderos del asentamiento y evitar nuevas incursiones de muerte. Haba que vigilar a los dos paramilitares inmovilizados y al mismo tiempo velar por la satisfaccin de sus elementales necesidades humanas. Fue una noche inolvidable donde las incomodidades y el trasnocho se vivieron con emocin solidaria.

Un discernimiento colectivo tuvo que disear, paso a paso, la estrategia a seguir frente a las instituciones del Estado, de manera acorde con los principios y trayectorias de la Comunidad. La ruptura de una administracin de justicia corrupta impeda entregar a los retenidos al aparato judicial local y regional hundido en la podredumbre. Se ech mano entonces de la tradicin de dejar constancias de alto nivel con el fin de apelar a la conciencia tica por lo alto y no a las trilladas burocracias que consolidan permanentemente la impunidad. Hubo comunicaciones con altos funcionarios del Estado para pedirles que recibieran a los retenidos (Vicepresidente, ministros, viceministros, altos funcionarios de control, organismos internacionales) y slo se logr que un viceministro acudiera a recibirlos. No se buscaba asegurar una justicia eficaz y recta lo que hoy da en Colombia es imposible- sino que el alto gobierno tomara contacto directo con el hecho en s, mirando las caras de los victimarios, firmando actas y sintiendo el aliento colectivo de una comunidad adolorida pero resistente.

La Comunidad tena en su poder el arma incautada a uno de los victimarios [pistola]. Entregada a la cadena institucional para impedir a que esa arma fuera utilizada para destruir otras vidas. En otras ocasiones la Comunidad haba preferido destruir el arma; esta vez tambin se lleg a esa conclusin y as se dej consignado en el acta de entrega de los inmovilizados. El proveedor de esta arma tena 12 proyectiles y habra podido eliminar las vidas de varias personas de la Comunidad. Tal artefacto no debi existir jams.

A lo largo de las horas llegaron a la Comunidad innumerables mensajes de solidaridad de muchos rincones del mundo: parlamentarios, comunidades, consejos, parroquias, ayuntamientos, movimientos sociales. Todo el mundo deploraba y condenaba la perversidad de los hechos victimizadores; se alegraban por la valenta y valores de la Comunidad y repudiaban la indiferencia del gobierno y de las instituciones del Estado ante la multitud de crmenes sufridos por la Comunidad. Al mismo tiempo, en el contexto actual de las respuestas del Estado ante la multiplicacin de ejecuciones de lderes sociales, subrayaban que este hecho desmiente los discursos perversos del Ministro de Defensa y de otros funcionarios del Estado que niegan empecinadamente, contra toda evidencia, el carcter sistemtico de la eliminacin de lderes sociales.

En esta intensa jornada se destaca y agradece nuevamente el papel jugado por los acompaantes internacionales, quienes demostraron de manera extraordinaria el amor con que desempean su oficio. Se agradeci tambin la presencia del Obispo de Apartad, Monseor Hugo Alberto Torres, como testigo cualificado en el acta de entrega de los paramilitares inmovilizados. A la inmensa red de amistades, nuestra ms profunda gratitud.


Fuente original: http://prensarural.org/spip/spip.php?article22538



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