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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2018

Nieve mortal sobre Argentina
Cambiemos y lo que no cambi

Roberto Gargarella y Rubn Lo Vuolo
Revista Anfibia


Una forma cada vez ms comn -engaosa siempre- de entender la vida pblica nacional, consiste en leer los sucesos de hoy como producto de un sbito devenir de los tiempos, esto es decir, no en continuidad sino como ruptura drstica frente a la historia anterior. Se trata de una explicacin al estilo de la que poda dar Juan Salvo, el protagonista de El Eternauta de Hctor Oesterheld, a finales de los 50. ElEternauta, en efecto, dio cuenta de la tragedia que afectaba a la Argentina en su poca mostrando de qu modo los males del pas tenan que ver con una invasin repentina llegaban los Ellos- cuyos agentes se dedicaban a capturar a inocentes locales, convirtindolos en hombres-robots, mientras un minsculo grupo de hroes los resistentes- buscaban confrontar con los invasores. La explicacin del tipo Eternauta se reconoce en quienes presentan los penosos sucesos polticos de la primera etapa del gobierno de Macri (represin de la protesta; maltrato y muerte a las comunidades indgenas; desacertada poltica minera; claudicacin en la poltica de medios; polticas de ajuste econmico; etc.) como hechos sin historia, desenraizados del tiempo. Dicha mirada presenta los problemas nacionales como si se tratara de una nieve mortal que, de repente, y de forma ms o menos inesperada, cay sobre el pas, desatando las peores desgracias sobre una sociedad que viva en calma.

La explicacin tipo Eternauta, llamativamente, apareci en estos meses en muchas ocasiones, de forma explcita. De modo ms significativo, ella puede reconocerse cotidianamente, implcita en notas, informes, y reportes que quieren dejar constancia del duro estado de situacin actual, al que se presenta como cataclismo impensado. Lecturas semejantes buscan encubrir que la situacin actual es producto de una obra colectiva vinculada con una degradacin de la prctica poltica que lleva aos. Por lo dems, la idea de que hoy nos gobiernan usurpadores imprevistamente cados del cielo, nos impide reconocer que el actual gobierno es el resultado de una construccin cuyo xito y legitimidad se debe en buena medida a lo que hicieron y dejaron de hacer muchos de quienes hoy se presentan como lderes de la resistencia. Aproximaciones del tipo Eternauta no sirven para explicar lo que necesitamos entender (por qu el actual presidente gan las elecciones presidenciales, o por qu tuvo una excelente eleccin de legisladores a dos aos de su mandato), salvo de un modo estrambtico, ms propio del relato de Oesterheld (los medios de comunicacin como herramienta enemiga que genera alucinaciones sobre las vctimas locales). Finalmente, explicaciones del estilo nieve mortal sobre la Argentina nos llevan a pensar que una poltica justa exige, ante todo, liberarnos de los usurpadores para abrir el acceso al poder de los resistentes. Ello, como si las prcticas no muy lejanas de muchos de los que se pretenden hroes, hubieran sido de naturaleza esencialmente diferente de la que hoy predomina.

Poltica sin historia y sin contexto. La historia y el contexto, ms que lo excepcional y lo repentino, dan cuenta de los males de hoy. Por lo dems, es slo as -reconociendo las continuidades y relaciones de precedencia entre ayer y hoy- que podemos evitar un nuevo trnsito por la senda de los errores repetidos. Para ilustrar las implicaciones tan diferentes entre un tipo de explicacin (estilo nieve mortal) y otra con la vista puesta en la historia nacional, podemos repasar cualquiera de los sucesos ms relevantes de los ltimos meses.

Comencemos, por caso, por algunos de los hechos ms trgicos del 2017, vinculados con las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Una lectura posible de tales sucesos asocia a esas muertes con un giro enloquecido de la historia, que nos vuelve a colocar frente a un Estado criminal, que persigue y mata a los miembros de las minoras ms dbiles. De acuerdo con este enfoque, la llegada del nuevo gobierno resulta el factor determinante para explicar muertes como las mencionadas, y para anticipar las que, sin dudas, van a repetirse en el corto plazo. Una lectura alternativa a la anterior, ms preocupada por el contexto y la historia, vinculara en cambio a tales muertes con prcticas que nuestro Estado desarroll de modo consistente durante siglos. Se trata de polticas que se agravaron en las ltimas dcadas al calor de medidas neo-desarrollistas y extractivistas, que reconocen como principal lmite el desafo que les imponen las comunidades indgenas. Tales polticas explican por qu coaliciones tan diferentes como los que gobernaron en Chile, Ecuador o la Argentina, en distinto tiempo dictaron, todas ellas, leyes antiterroristas muy similares. Dichas leyes antiterroristas surgieron, en nuestro pas, en defensa de proyectos de dudosos beneficios para la sociedad y de probado impacto ambiental negativo, como el de Vaca Muerta; y polticas irracionales, como las que se llevaron a cabo en violacin de la ley de glaciares.

Enfocada de este modo, la situacin que enfrentamos hoy se avizora distinta: no estamos, entonces, frente a un caso de nieve mortal, sino frente a polticas que llevan dcadas, y que se expanden a lo largo del pas y mucho ms all de nuestras fronteras. Tal lectura sugiere, por lo dems, la necesidad de reconocer continuidades antes que rupturas, como as tambin la necesidad de adaptar reformas estructurales que no se limitan a remover a un grupo improvisado de invasores, recin cado del cielo.

Tomemos otro caso paradigmtico de estos meses, como lo es la prisin preventiva para Milagro Sala. Otra vez, algunos han querido ver en el hecho un sbito devenir represivo de la poltica un cambio compatible con la llegada de los Ellos. La prisin preventiva para Milagro Sala representa as, para algunos, la reaparicin de los presos polticos en la Argentina, un hecho que a la vez vendra a confirmar que el pas se encamina a consolidar un rgimen de dictadura civil. Sostener esa lectura, sin embargo, requiere barrer bajo la alfombra un tema mayor el de la protesta social- al que la poltica argentina viene respondiendo indebidamente desde el mismo momento en que se torn viral, esto es, desde la destruccin del viejo modelo industrial; el debilitamiento del sindicalismo; la explosin del desempleo y la crisis del 2001.

A partir de esa gran crisis, hubo protocolos de protesta de corta vida; apareci Proyecto X, destinado a monitorear a la izquierda a travs de la Gendarmera que controlaba Nilda Garr; un agente vinculado con los servicios de inteligencia, Sergio Berni, fue designado como autoridad mxima en el rea de Seguridad; se produjeron actos continuos de represin terciarizada; el general Milani qued a cargo del espionaje para el gobierno; y un largo etctera.

Lecturas del tipo nevada mortal sobre la Argentina no quieren ver -y quieren impedir que veamos- que estamos frente a una poltica represiva sostenida en el tiempo, que desde hace dcadas viene regando de muertos nuestras calles (2 muertos en situacin de protesta social durante la presidencia de Menem, 45 durante la de De la Ra; 2 durante la de Duhalde, 2 durante la de Nstor Kirchner, ms de 20 durante el gobierno de Cristina Kirchner). A la luz de todas las muertes producidas en nuestro pas desde el 2001, a travs de gobiernos en apariencia muy diferentes, resulta particularmente grave que la actual administracin no haya aprendido la leccin, y siga privilegiando el uso de la coercin estatal como principal medio para lidiar con el conflicto social. Debemos impedir, por tanto, que ese camino represivo se mantenga, pero en todo caso siempre- conscientes de que no nos encontramos frente a la excepcin, sino frente a una continuidad agravada: la criminalizacin de la protesta parece ya una poltica de Estado, que distintos gobiernos han ejercido en su momento por distintos medios y que el actual busca consolidar sostenido en normas y prcticas de gobiernos anteriores.

Un ejemplo ms cercano en el tiempo es el vinculado con las polticas de ajuste econmico, que se expresaron recientemente en los cambios impuestos en el tema jubilatorio. El ajuste en la movilidad del haber jubilatorio que se acaba de aprobar no es el punto de partida de un cambio sbito (impulsado, aparentemente, por un comando aliengena recin llegado a la Tierra). Se trata, ms bien, de otro jaln en una historia que lleva dcadas, que incluye a gobiernos que con buenas o malas razones- privatizaron el sistema quitndole fondos y recortando beneficios, se negaron a pagar derechos adquiridos incluso luego de re-estatizarlo; se rebelaron frente a la sentencia emitida por la Corte Suprema en Badaro; dispusieron, de modo cruel, que cada jubilado que quisiera cobrar lo suyo tuviera que iniciar y ganar un nuevo juicio; y finalmente ante el panorama de que los jubilados seguan litigando y ganando sus juicios- decidieron impulsar una nueva ley aquella que de modo agraviante se llam de democratizacin de la justicia- para agregar una instancia ms a los reclamos de la tercera edad, apostando as a la muerte de los litigantes, como forma de que ellos no cobraran nunca lo que les corresponda por derecho. Esta reconstruccin histrica debe permitirnos reconocer que el gobierno anterior haba correctamente recuperado los recursos fiscales y financieros que iban a parar a las AFJP e incorporado muchos personas sin cobertura con la llamada moratoria previsional. Pero debemos admitir tambin que esos fondos extraordinarios no fueron utilizados para organizar un sistema capaz de pagar beneficios sostenibles en el tiempo, de carcter universal y solidario, sino que sirvieron principalmente para financiar el dficit pblico y que la moratoria previsional, adems de ser transitoria, permiti el ingreso de personas en edad pasiva sin cobertura, pero lo hizo con aplic un nefasto sistema que les quitaba el aporte no realizado del beneficio pagado para seguir manteniendo la ficcin de un sistema contributivo, incapaz de sostenerse en el tiempo. Entonces, tenemos razones para denunciar, en la actualidad, el despojo que significa el cambio de un sistema de actualizacin de beneficios, pero otra vez- evitando la miopa que nos impide ver de dnde venimos, y cules son los problemas que afectan a un sistema de previsin social que es insostenible y necesita ser reformado.

En fin, no se trata de diluir en el tiempo las graves responsabilidades del actual gobierno, ni licuar entre muchos las violaciones de derechos cometidos por sujetos particulares, identificables por su nombre y apellido. De lo que se trata, por el contrario, es de reconocer que el actual gobierno avanza con polticas regresivas, en muchos casos inconstitucionales e injustas, montado cmodamente en la plataforma que le dejaron gobiernos anteriores en los cuales tuvieron un papel preponderante muchos de los que hoy se pretende hroes resistentes. Ms an, los programas heredados y sus resultados son los que, en buena medida, han abierto un crdito impensado a polticas de orientacin ortodoxa que no tenan lugar en la agenda pblica luego de la crisis de 2001-02. Si esto no se reconoce, se corre el riesgo de pensar que lo que necesitamos es una vuelta a las polticas aplicadas previamente.

En definitiva, necesitamos reconocer que la discriminacin y el maltrato hacia los ms dbiles; las polticas de expoliacin y uso irracional de los recursos naturales; la criminalizacin de la protesta social; el avance de la creciente e injusta desigualdad social y econmica que se promueve en el pas, no empezaron ayer, no se explican slo por las polticas actuales, ni son producto de alguna inesperada nieve mortal cada sobre el pas de modo repentino.

Fuente: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/nieve-mortal-sobre-argentina/



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