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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2018

Oriente Medio 2018
La resaca de la maana siguiente

David Hearst
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


El presidente iran, Hassan Rouhani, el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se dirigen a los medios tras el encuentro trilateral sobre Siria celebrado en Sochi el 22 de noviembre de 2017 (AFP)

Tres sucesos definieron Oriente Medio en 2017. En cada uno de ellos se declar una victoria militar o un audaz acto de reforma. El xito actu como alcohol puro en la cabeza del vencedor, pero la sensacin de euforia fue breve. Cada uno de ellos desencaden a su vez un cambio en las alianzas regionales.

Un ao despus, la resaca de por la maana hace que el panorama resulte menos atractivo que la noche anterior para los poderosos en ese nuevo mundo rabe.

Una guerra optativa

La primera victoria del ao fue a parar a los rusos, que retomaron Alepo en los das finales de 2016. El presidente ruso Vladimir Putin marc su inauguracin como nuevo gobernante imperial de Siria marchando frente a Bashar al-Asad, el presidente sirio cuya piel haba salvado, en un desfile de la victoria en la base Khmeimim en Latakia. Es una escena que Putin poda haber copiado inconscientemente de un procnsul romano.

Para Putin, Siria era una guerra optativa. Rusia no comparta fronteras con el Estado rabe y poda haber permitido que cayera Damasco sin que Rusia se viera afectada. Putin entra en Siria con una fuerza militar desestimada por la OTAN como inapropiada para tal propsito.

Putin quera demostrar algo no slo respecto a su fuerza area sino tambin sobre el nuevo orden mundial: que EE. UU ya no posea el monopolio de las acciones militares, ni un veto sobre todos los dems. Y lo demostr.

Las consecuencias estratgicas de esa intervencin no fueron tan directas como una Rusia empequeecida, una sombra de la fuerza militar global que fue una vez la Unin Sovitica, poda prever.

Asad tiene ahora dos amos: Rusia e Irn, cuyos intereses divergen, especialmente en la cuestin del destino del lder sirio. En esto, Asad est siguiendo apenas los pasos de su padre.

Hafez al-Asad mantena fuertes relaciones con Irn y EE. UU. al mismo tiempo, ayudando a George H Busch contra su rival baazista Sadam Husein en la I Guerra del Golfo. El padre preserv la independencia de su pas. El hijo la entreg. Hafez al-Asad emergi como un gobernante fuerte. Su hijo como un gobernante lisiado.

Putin tiene dos bases permanentes en las costas del Mediterrneo, pero est tambin maniatado a una ruina llamada Siria. Si la Unin Sovitica gastaba dinero en Oriente Medio, la Federacin Rusa est all para ganarlo.

Para este objetivo, los bombarderos de Putin no son de utilidad. Necesita estabilidad, una mercanca que ni l ni Irn pueden proporcionar fcilmente a millones de sirios que buscan el fin del dominio de la dinasta Asad y que lo han perdido todo en esta guerra.

Platos con los retratos de los presidentes Putin y Asad expuestos en una tienda de artesana en Damasco (AFP)

Para eso, Mosc y Tehern necesitan a Turqua. Irn necesita a Turqua para mantener el equilibrio con Rusia y llegar al mundo sunn. Al mismo tiempo, Irn est tratando de limar asperezas con Hamas y la Hermandad Musulmana turca, tras el dao hecho por su presencia en Siria.

Si lo que trata es de conseguir que le devuelvan sus inversiones en Siria, en forma de ventas de armas y reactores nucleares, Rusia tiene tambin que trascender la divisin sectaria.

El campo rival

Por otra parte, Turqua necesita tanto a Rusia como a Irn, ahora que ha cortado sus lazos, al menos psicolgicamente, con EE. UU. La competitividad entre todos ellos continuar. Cada uno persigue agendas diferentes en Siria, pero de momento su destino est amarrado por enemigos comunes.

Putin est aprendiendo que una cosa es ahuyentar a EE. UU. y a los saudes fuera de Siria, y otra muy diferente convertirse en el propietario de una guerra civil de segunda mano. Los rebeldes han sido sometidos por el poder areo ruso, pero los rescoldos del conflicto siguen ardiendo bajo las cenizas.

La segunda victoria se la apunt el campo rival: Arabia Saud, los emirates, Israel y EE. UU. Y se reflej en la ovacin que Donald Trump recibi en Riad. Se supuso que proclamaba una nueva alianza de los Estados rabes sunnes moderados contra Irn, el islam poltico y cualquier prncipe rival o disidente saud que desafe su tirana.

Sobre el papel, esta alianza contiene todas las cartas: los mayores fondos soberanos, los ejrcitos ms grandes, los guardaespaldas y piratas informticos occidentales y el apoyo de Israel. En realidad, la alianza de los tiranos de la nueva era est cegada por las nubes del autoengao.

Qu podra salir mal?

El plan, al igual que sus riquezas, era a gran escala. No tanto para sustituir a unos EE. UU. en retirada como hegemona regional para el siglo XXI, sino para dominar las comunicaciones y el comercio alrededor del mundo rabe sunn a travs de los puertos, islas y rutas comerciales que van desde el golfo de Omn hacia el oeste hasta el Canal de Suez y hacia el sur hasta frica; una verdadera recreacin de un imperio de transporte martimo estilo siglo XVI.

Mohammed bin Salman ha podido camelarse a la administracin estadounidense en su lucha por el poder con su primo Mohammed bin Nayef (AFP)

La visita de Trump hizo que se le subiera la sangre a la cabeza: en primer lugar, el derrocamiento de Mohammed bin Nayef, el primo mayor de Mohammed bin Salman; despus, el asedio contra Qatar; despus, la purga de prncipes; despus, una orden al primer ministro libans, Saad Hariri, para que dimitiera; despus, instrucciones al presidente palestino Mahmud Abbas para que entregara Jerusaln Este y el derecho al retorno, o se apartara para que otro lo hiciera.

Cada tirada de los dados revelaba la mentalidad totalitaria de los hombres que queran dominar la regin. La opinin pblica, la responsabilidad, la historia, la religin, la cultura y la identidad les tienen sin cuidado. Esos hombres estaban all para gobernar, para poseer y ordenar. Todos los dems existen para obedecerles.

La declaracin de Trump

Y as hasta el tercer y ltimo acontecimiento. Cien aos despus de la Declaracin Balfour, Trump va y mete la cuchara con una declaracin propia: reconocer a Jerusaln como capital de Israel. Si los primeros dos eventos produjeron temblores, el tercero aport energa para un terremoto.

Jordania y Abbas, dos de los aliados ms antiguos de Washington, abandonaron el barco pblicamente. Jordania se acerc a Turqua, Siria e Irn, mientras Abbas declaraba que los EE. UU. no eran aptos para ejercer de mediador. La guerra silenciosa entre Turqua y los Emiratos se llen de ruidos, estallando la pelea en una respuesta de tuit. El ministro de asuntos exteriores emirat Abdul bin Zayed al-Nahyan, retuite un mensaje acusando a Fahreddin Pasha, el gobernador otomano que defendi La Medina contra las fuerzas britnicas, de robar las propiedades de sus habitantes y las reliquias sagradas de la tumba del profeta Muhammad.

A lo cual replic Erdogan: Cuando mis ancestros estaban defendiendo La Medina, dnde estaban los tuyos, insolente?.

Erdogan mantuvo la misma retrica en Sudn, que visit el lunes [25 diciembre]. All Turqua anunci una serie de acuerdos estratgicos, militares y econmicos de amplio alcance.

Sudn es crucial para Egipto. Es un gran pas, una puerta de entrada a frica y lleva dos aos intentando restablecer sus relaciones con Arabia Saud. Durante ese perodo, dej de cooperar con Turqua y Qatar, y las milicias islamistas presentes en Libia han sentido las consecuencias. Hoy en da, Sudn est cambiando de bando una vez ms.

Un mensaje sudans

Como he informado anteriormente, Sudn est cansado de estar proporcionando la mayor cantidad de tropas terrestres a la coalicin que Arabia Saud lidera en la guerra contra el Yemen. Hay informes extraoficiales de que ya se ha iniciado la retirada de tropas sudanesas de ese pas.

Pocos das antes de la visita de Erdogan, Sudn inform a la ONU de sus objeciones al acuerdo naval fronterizo entre Egipto y Arabia Saud, por el cual El Cairo ha aceptado ceder las dos islas deshabitadas de Tiran y Sanafir en el Mar Rojo. Ese acuerdo le pisa tambin los callos a Sudn. En l, los saudes reconocieron la zona fronteriza en disputa entre Sudn y Egipto, llamada el tringulo de Halayeb, como parte de Egipto.

La visita de Erdogan ofreci a Sudn una oportunidad para enviar un mensaje a Riad y El Cairo. El presidente turco anunci que estaba dispuesto a desarrollar la isla de Sawakin en la zona oriental del mar Rojo. Se trata de un puerto naval otomano en ruinas sin uso estratgico alguno hoy en da para una marina moderna.

Pero el acuerdo militar alcanzado en la misma visita entre los jefes de Estado Mayor de Turqua, Qatar y Sudn es importante.

Los saudes no echaron en saco roto el mensaje de Sudn. El peridico Okaz denomin la decisin de permitir que Turqua reconstruya la isla de clara amenaza a la seguridad nacional rabe.

El peridico alegaba: Turqua est intentando imponer su hegemona sobre la regin del Cuerno de frica ofreciendo ayuda militar y estableciendo bases en los pases africanos.

El establecimiento de bases militares en Sudn representa una amenaza explcita para el Estado egipcio en el teln de fondo de las tensas relaciones entre El Cairo y Ankara y la creciente disputa egipcia-sudanesa alrededor de Halayeb y Shalatin.

La resaca de la maana siguiente

As pues, cmo es la nueva forma del mundo rabe tras un ao de tragedias sin respiro? La esfera de influencia de Arabia Saud se ha reducido. Empez el ao a la cabeza de los seis Estados del Golfo convocando a 55 dirigentes de los pases de mayora musulmana para que Trump les diera una leccin acerca del islam radical. Pero ha terminado el ao con una hemorragia de dichos apoyos. Arabia Saud ha perdido tambin el Lbano.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan estrecha la mano al emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al-Thani, en Doha el 15 de noviembre (AFP)

Como dijo un poltico sunn, si Irn se hubiera gastado miles de millones tratando de poner a la opinin pblica libanesa en contra de Arabia Saud, no podra haber hecho un trabajo mejor que los mismos saudes intentando obligar a Hariri a dimitir.

Mohammed bin Salman piensa que mientras tenga a Trump e Israel de su lado, no importa. Pero hay tres fallos en tal clculo.

El primero es la suposicin de que Trump va a continuar como presidente de Estados Unidos. Esto es algo con lo que no est de acuerdo Steve Bannon. Dijo en Vanity Fair que slo le da a Trump un 30% de posibilidades de evitar un final prematuro en su primer mandato, ya sea mediante destitucin o expulsin por parte del gabinete invocando la 25 Enmienda. Sin Trump, el gran plan de bin Salman se queda en mantillas.

El presidente siguiente, sea quien sea, no seguir la misma trayectoria desastrosa.

El segundo es respecto a Israel, un lector ms inteligente de la poltica de Washington que los nefitos saudes. Por eso es que se apresura en crear ms hechos sobre el terreno y en colocar los ltimos ladrillos en el muro de asentamientos que est levantando alrededor de Jerusaln.

El primer ministro israel Benjamin Netanyahu es un hombre con prisas. No slo quiere anexionarse el gran Jerusaln, sino conseguir que Trump lo refrende mientras est an en el poder.

El tercero en el plan de bin Salman es Jerusaln. De la noche a la maana, la declaracin de Trump coloc una vez ms el conflicto palestino, que haba sido desplazado por los levantamientos rabes de 2011 y la contrarrevolucin que les sigui, como tema central del Oriente Medio. Siria ya no es el principal problema.

La consecuencia es que los palestinos no tendrn otra opcin que empezar una tercera intifada. Los jefes de la seguridad israel estn ya advirtiendo a sus amos polticos del ambiente sobre el terreno. Las tensiones en Gaza, dijeron, recordaban las de la vspera del conflicto con la Franja de 2014.

Esto es lo se espera en 2018. El ascenso de un nuevo tirano saud con bin Salman, con ambiciones para convertirse en la hegemona regional, ha revitalizado el campo qatar, que cuenta ahora con el apoyo militar de Turqua y Sudn y el apoyo logstico de Irn.

La causa palestina ha vuelto al centro del escenario y es el eje de las diferencias entre los dos campos. El islam poltico est regresando como actor fuerte. Al haberse quedado sin cartas en Yemen, tanto Mohammed bin Salman como Mohammed bin Zayed estn cortejando a los lderes del partido islamista yemen Islah. Los islamistas polticos han mostrado tambin su fuerza en las manifestaciones celebradas en Jordania y en todo el mundo rabe en torno a la cuestin de Jerusaln.

Quienes pensaban que podran reorganizar Oriente Medio en su beneficio empezaron el ao haciendo un mate. Pero slo estn despertando al dolor de cabeza que ellos mismos se han provocado.


David Hearst es redactor-jefe de Middle East Eye. Con anterioridad escribi para The Guardian y The Scotsman.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/2018-morning-after-night-485358882

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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