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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2005

Fragmentos de Pensamiento para una Revolucin

Carlos X. Blanco
Rebelin


Las categoras abstractas (modo de produccin, categoras de la economa poltica) se diseminan en el capitalismo, esto es, en el conjunto de formaciones histrica y socialmente concretas, a las que hemos de aadir, igualmente, formaciones predominantemente feudales, esclavistas, etc. No encierra contradiccin alguna que una categora abstracta se presente en formaciones en las que esta categora no constituya su centro, por as decir, su prototipo. Los economistas burgueses santifican su ideal, pero viven siempre en medio de los despojos de formaciones sociales que caducan, y el proceso de caducidad lleva su tiempo e implica heterogeneidad. Viven en una formacin social concreta, que no es homologable con ninguna otra, cuyas mismas partes componentes slo se pueden homologar por va abstracta con las partes componentes de distintas formaciones sociales. Y es precisamente este sistema de clasificacin y homologacin abstracto el que nos permite saltar por encima de tamaa diversidad emprica o fenomenolgica. Con simples fenmenos no hacemos nada sin echar mano de las estructuras abstractas. Pero con esquemas abstractos del tipo "modo de produccin" no podemos descender completamente al suelo de las formaciones.

La formacin social es una totalidad "reflexiva". En ella, el proceder cientfico es siempre multidisciplinar. Ya que el escrutinio de estas formaciones debe de proceder por la va de las inclusiones materiales, esto es, incorporando fragmentos de proposiciones, o nudos de relaciones entre trminos que, al ir encajando en esa totalidad, la misma se va recomponiendo o autoorganizando en una suerte de dinamismo receptor de componentes. La totalidad social se puede considerar, de esta guisa, como un sujeto de atribucin, cuya esencia acogedora de nuevas propiedades as como de encajes con las viejas, sufre procesos de asimilacin y cambio, como debe corresponder con todo sujeto histrico.

Los economistas burgueses proceden a tratar la circulacin como algo reducible a caricaturas histrico- etnolgicas, como el trueque y el circuito de regalos o favores. El trueque o todo intercambio simtrico de bienes o servicios no explica ninguna sociedad del globo. Precisamente la asimetra de las relaciones, que de la circulacin nos retrotrae precisamente a la produccin, es el factor explicativo de la evolucin de estos sujetos histricos. No se puede ignorar, como Marx vio y ense, que el dinero es "exudado" constantemente por la circulacin. El dinero, el medio de la circulacin, es el que cursa, el que circula y no en una especie de circuito cerrado, como en el ejemplo siguiente del "yo" y el "t": Yo vendo un trasto, t me das dinero a cambio del trasto que ya no quera, y t s necesitabas o queras. Los dos quedamos satisfechos? La vida es la persecucin constante del equilibrio, y a su vez ese equilibrio es un a priori? No pidamos el principio, por favor. Son las rupturas de simetra y de equilibrio entre las partes las que piden precisamente la bsqueda de nuevas situaciones estabilizadas capaces de absorber o contemplar las precedentes.

Para emplear otros ejemplos, diremos que el dinero es, por su propia naturaleza, un desage de la reciprocidad social. El dinero, ms all de sus diversos aspectos (signo de valor, patrn, moneda legal...) consiste en ser una mercanca igualmente. Detrs del dinero, que media la circulacin, y le otorga su continuidad, hay valor (vale, decir, trabajo humano cristalizado). Poco dinero, con rotaciones mltiples y rpidas, puede prolongar el cambio de muchas mercancas, hasta cierto punto. Adems, habra infinidad de utilidades disueltas en el tiempo y en el espacio de una totalidad social de no obrar sobre ellas el medio circulatorio, entrando y saliendo de l constantemente.

Los desarrollos de la ciencia y la tecnologa en los ltimos trescientos aos han ido despertando en la humanidad una impresin de complejidad. Tratar de esclarecer qu significa esa complejidad se convierte en una tarea ardua. Ms all de una impresin sufrida, la complejidad deviene idea confusa al ser objeto de reflexin y temtica. Las modernas teoras organizacionales describen matemticamente un cuerpo de funciones y unas estructuras lgico-formales que suplen, ms o menos elegantemente, la simplista mecnica de dos tiempos: (i) cambio gentico ms (ii) seleccin natural, pues esta dualidad de fuerzas ellas solas, en combinacin, nunca daran cuenta de la complejidad. Pero estas teoras formalizan el crecimiento de la complejidad, con el prejuicio cuantitativista que esta nocin entraa. La complejidad se debe medir, y para ello se toman parmetros como el nivel de organizacin morfolgica (jerarqua y cooperacin entre subsistemas), desde sus lmites somticos para dentro. Y de puertas afuera, pueden ensayarse medidas tales como el nmero de interacciones con los congneres, nmero de estrategias competitivas o cooperativas con otros entes, intercambios siempre pensados como anlogos de conducta o fisiologa.

La complejidad social que nos ha trado la tecnologa, especialmente tras las sucesivas revoluciones industriales, tienen como antesala y al mismo tiempo como trasfondo los brotes de complejidad (los generadores de novedad) que la biologa evolutiva descubre. Dentro de un programa naturalista, lo social queda enmarcado en la historia natural, una vez descubiertas unas lneas de proceso (quiranse llamar o no, leyes) comunes o, al menos, anlogas a las que se detectan en la naturaleza.

En un programa naturalizado as, qu lugar ocupa la tcnica? Casi por definicin (heredada de Aristteles), la tcnica aparece como torsin, transformacin e, incluso, violacin de lo fsico. Pero lo tcnico es conocimiento regulado, transmitido por vnculo social y comprensin entre generaciones. La tcnica emana de una matriz social, siendo lo social natural en cierto modo. Es lo natural del hombre: el modo especfico en que el hombre es un ente natural. Lo tcnico deviene inteligencia social. Una comunidad absorbe lo fsico, y lo adapta para s, por medio de reglas de dilogo con y torsin de la naturaleza.

La inteligencia social se despliega en acciones contextualizadas en sociedad, y ella misma tiene un origen social. La locomocin y la cognicin constituyen ejemplos de "actuaciones" del animal "al completo". No cabe distinguir un cuartel general para el procesamiento de la informacin. Podemos distinguir:

1) Tcnica En el sentido marcadamente cognitivo: la parte intelectual que implica la aplicacin de reglas.

2) Tecnologa un corpus separado de conocimiento, que luego hay que aplicarlo. En este sentido, hay una teora o fundamentacin cientfica previa.

Quiz en nuestra cultura tenemos un sesgo muy grave, al descontextualizar la tcnica de la experiencia, al dicotomizar tcnica y sociedad. Pero la inteligencia de un homo faber es de orgen social, de eso no cabe duda. El homnido ya est dotado de una inteligencia de carcter experiencial-general. A partir de ese fondo general, compartido por otras especies de mamferos se ha ido diferenciando una inteligencia especializada en dominios. Habr que tener cuidado en no aplicar de manera excesivamente mecnica la idea de adaptacin somtica a la idea de adaptacin intelectual, vale decir experiencial. Por adaptacin experiencial queremos decir, el conjunto de logros y estrategias, las capacidades cognitivas y conductuales requeridas no ya para sobrevivir en un mundo hostil (idea ortodoxa de adaptacin darwiniana) sino para conquistar activamente el medio y fabricar medios ad hoc, incluida la seleccin al nivel de grupo, dentro del grupo y todo un sistema de innovaciones sociales, antes que instrumentales.

Popper y otros defensores de la epistemologa naturalizada ven un continuum entre las adaptaciones inconscientes que parten de la ameba hasta nuestras ms complejas teorias cientficas. La ameba va forjando su experiencia de ensayos y errores, como en el fondo se corrigen nuestros conceptos y sistemas cientficos. Las llamadas facultades epistmicas, (percepcin experiencia, memoria) seran mecanismos proyectivos de relacin de un organismo con el medio, El radio de alcance y la potencia de estas facultades se intensificarn. Exponiendo esta idea naturalista de "proyeccin epistmica", escribe N. Ursa: "los instrumentos cientficos se pueden considerar como la trampa experimental con la que tratamos de proyectar objetos reales sobre nuestro plano de observacin".

Pero acaso no estaremos siendo atrapados nosotros por una mala metfora? Es decir una figuracin que contiene ya la diferencia entre instrumento y objeto, entre aparato y experiencia, y por ende, el sujeto mismo es definido como mero operador, o si se nos apura, un mero sistema de aparatos (y as hablaremos de aparato cognitivo, en lugar de ser visto el organismo como un locus o centro de actividad y experiencia). El mundo de la percepcin, la intuicin, la experiencia... A todo eso, los tericos de sistemas lo consideran mesocosmos, el mundo de dimensiones intermedias, "a escala orgnica", en rigor, un mundo operable por los homnidos. La historia evolutiva del hombre puede ser vista como una historia de las tensiones sufridas por ese mesocosmos. Nuestra cosmologa hoy es mucho ms amplia epistmicamente que la de los sumerios, egipcios, presocrticos, etc. Ahora bien, a escala de la operatividad directa, tcnica, no incidimos mucho ms all del sistema solar, etc... En tal sentido habra que analizar bien las posibilidades y alcance de una antropologa evolutiva de carcter fenomenolgico. As, las especies "sociales", pueden verse ahora como meras colecciones de individuos adaptados y/o supervivientes gracias al hallazgo de su sociabilidad o de su SNC (sistema nervioso central) ligado a tal sociabilidad. Mucho ms an, debern verse, pues, como sistemas de individuos agrupados precisamente por una reproduccin y vida sexual que es germen de la sociabilidad (y no de la mera condensacin de colecciones de individuos).

Lo natural en el hombre consiste en su ser social que, de vuelta, no hace ms que arrastrar consigo las facultades intelectuales y los modos de torcer tcnicamente el mundo. El auge actual de lo tecnolgico, puede verse en parte como el verdadero triunfo de la torsin de la naturaleza, que provoca desgarro, al haberse profundizado gravemente la sima entre las reglas o el "saber hacer" del homo faber, por un lado, y las realizaciones de ste. Si meditamos qu es tcnica y qu es pensamiento calculador, debemos meditar acerca de qu cosa hizo el capitalismo con la tcnica en general (y no slo la artesana o la agricultura tradicionales) como facultad tica, epistmica y como instalacin en el mundo

En el propio corazn del mundo capitalista se articulan diversas ideologas que dan cuenta del alejamiento geogrfico que las zonas mundiales de produccin agrcola e industrial efectan con respecto al centro de produccin de conocimientos. La llamada sociedad del ocio y de la informacin, o sociedad postindustrial, pretende erigirse en horizonte ideal o concepto vlido y generalizable. En realidad esconde mal la divisin internacional del trabajo. Esta divisin propicia la bsqueda de fuentes de plusvala en pases tercermundistas o en vas de desarrollo. En ellos, la explotacin infantil y femenina, junto al regreso a nuevas formas de esclavitud de la poblacin estn en relacin directa con la "liberacin" de millones de europeos o norteamericanos que, con gusto, se sienten adelantados de una era del ocio, del no-trabajo. El estado del bienestar hace del ciudadano un centro de consumo, un punto final de una inmensa cadena productiva internacional, punto que puede entenderse como sumidero en la destruccin "productiva" de bienes, y en el disfrute de servicios, pero que moviliza, por retorno, toda la cadena de interdependencias econmicas y reactivando, con su consumo, la produccin de nuevos servicios, o bagatelas. La ciencia y la tecnologa se convierten en saberes serviles, puramente instrumentales, que pierden de forma gradual su visin teortica desinteresada. Ya se perciben las ciencias y las tecnologas, de una manera pblica como creadoras incesantes de sutilezas, frusleras y de nuevas necesidades inventadas que, en su consumo generalizado, slo conducen a la destruccin medioambiental y a la degradacin de las relaciones humanas.

En este momento, pues, nuestra civilizacin ha desplazado hacia la periferia sus centros de produccin, sus inversiones industriales, su captacin de fuerza fsica y directa de trabajo. Hay en el centro una enorme concentracin de recursos humanos que participan en la produccin slo de forma indirecta, por medio de servicios (el llamado tercer sector de la economa) mutuamente prestados, cuando esos ciudadanos no pasan a depender directamente de las generosas arcas de un estado que en el ltimo siglo se ha convertido en redistribuidor social y en empleador de grandes masas. Adems el sector improductivo no cesa de aumentar, a la par que el centro se convierte en polo de atraccin de flujos migratorios que van cubriendo las demandas de trabajo fsico o de servicios que van haciendo falta en esa gran sociedad de desocupados en que se convirti el primer mundo, en Europa, especialmente.

El anlisis de una "formacin socioeconmica" concreta ya no puede realizarse, a nuestro juicio, al margen de los procesos internacionales de acumulacin y concentracin de capitales, con la redistribucin de la produccin y la divisin mundial del trabajo que esta realidad planetaria lleva consigo. En tiempos de Marx el papel de la ciencia, un motor responsable del aumento incesante de las fuerzas productivasha cambiado de manera notable. Es cierto que nuestra civilizacin es generadora de tcnica y que la dependencia respecto de tecnologas por parte de las culturas perifricas con respecto a un centro generador es enorme. La punta de lanza de este tipo de transferencias se sita hoy en las tecnologas de la informacin. Pues bien, una civilizacin tcnica que se impone a todo el planeta desde un centro cada vez ms liberado de los sectores primario y secundario, convierte a la mayor parte del planeta (en trminos poblacionales y geogrficos) en zona de saqueo, expolio y depauperacin al servicio de un futuro que slo es real para unos pocos: el futuro de la no dependencia de la produccin. La opulencia del primer mundo desfigura por completo la lucha contra la escasez y la racionalidad de la subsistencia. La ciencia econmica slo contempla la racionalidad parcial de una bsqueda de beneficios privados, y de una expansin de las necesidades creadas para quienes (masivamente) ya no producen, mientras se olvida el principio ecolgico bsico (en el sentido de una ecologa humana y de una ecologa general) de subsistir ante recursos naturales limitados. Hoy en da, la posicin central que ocupa la ciencia en el sistema de la cultura debe entenderse a travs de las siguientes claves:

a) Un auge de "nuevas clases" sociales impulsadas por la extensin y aumento de la educacin, especialmente cuando esta se convierte en base para la competencia tcnica y el pensamiento calculador. Tecnlogos, asesores cientficos, investigadores, profesores. Su nmero toma las dimensiones de un verdadero ejrcito de trabajadores cientficos, situados tanto en la fase formativa, como en la investigadora. Por encima, o en coordinacin horizontal surgen los tecncratas y dems gestores.

b) La ciencia se convierte en motor incesante de nuevas necesidades, de nuevos bienes encaminados a satisfacerlas, en creadora de nuevos mercados y nuevos espacios para el ocio consumista, la sofisticacin de las mercancas y la elaboracin de bagatelas.

c) Forma parte de un cdigo compartido universalmente. La incorporacin sucesiva de pases, etnias y grupos en vas de desarrollo, o marginales, supone un acatamiento a directrices "cientficas" de desarrollo que hacen que la inteligencia o los conocimientos de la humanidad se impongan (lejos de colectivizarse). La imposicin se realiza sobre una base material de intercambio desigual. Desigual es la transferencia de tecnologas entre los pases, a costa de una verdadera demolicin de las estructuras tradicionales de produccin y de conocimiento. Las cpulas dirigentes y la nueva burguesa enriquecida por ese proceso de incorporacin desde la periferia del desarrollo econmico a un "centro" que se promete idlico, no se realizan sino a costa de una expropiacin de masas enteras de oficios artesanales. Dicha expropiacin toma el aspecto de una pirmide en la que una gran masa de trabajadores manuales, en cuyo "saber hacer" hay incorporadas importantes dimensiones cognoscitivas, deben transvasar, en un plazo a veces inferior a una generacin, todo gnero de sabidura tcnica a una minora cualificada segn cnones forneos de cientificidad y pericia tcnica. Una minscula cpula detenta, tras la transicin al nuevo modo productivo, los conocimientos requeridos para la produccin, habiendo convertido a la gran masa de la poblacin de estos pases "en vas de desarrollo" en un contingente descualificado de proletarios que hacen cola para ser utilizado en los sectores emergentes (industria, o produccin agrcola y minera dirigidas segn criterios de la multinacionales centrados en el monocultivo y la exportacin masiva al extranjero). Los criterios de la cpula dirigente y de las exiguas burguesas locales no son otros que los criterios internacionales del capital, que dictan la divisin internacional de la fuerza de trabajo, por la va de una expropiacin "cognitiva" del saber hacer de las masas populares, y por el camino de una reduccin de las comunidades (cuando no continentes enteros) a meros parques para la extraccin de materias primas baratas, o a campos inmensos de esclavitud, cuando el capital trata de localizar mano de obra dcil y barata, ya en una segunda fase de mayor grado de industrializacin o de instalacin del capital extranjero en el sector primario.

No se puede hacer historia de la ciencia, y hoy en da, no se puede comprender sociologa o anlisis poltico de ella, como si sta fuera una sustancia autnoma, que sigue su propio camino independientemente de los obstculos institucionales, ideales o polticos que en cada poca concurran. Ms provechoso ser emprender un anlisis de la ciencia "apropiada" por instancias de esa ndole. Y deberamos saber que aquello que sirve de agente para una apropiacin no se limita a imponer su "sello", es decir, una forma externa a un determinado producto que, materialmente an fuera reconocible como "cientificidad autnoma", al margen de todo tipo de manipulacin. Si la ciencia es manipulacin y construccin de realidades, ahora, ms que nunca, el manipulador de las manipulaciones es un sujeto institucional, o una formacin social que nada tiene que ver con una caricatura o un arquetipo. Nos resistimos a escribir sobre al sujeto de la ciencia y pensar, inmediatamente, en un seor con bata blanca, que adems tiene nombre, apellidos, ttulos y rostro. Para colmo, ese arquetipo exige un complemento. Inocentemente habra que pensar que, puertas afuera, alguna institucin, llmese Sociedad, es quien le pide cuentas y le paga. Nos podemos plantear en qu sentido razonable hay que considerar la nuestra una civilizacin "cientfica" cuando el ejrcito mundial de trabajadores de la ciencia y la tecnologa deposita a un margen de su trabajo la racionalidad global (que, al menos en el pensamiento terico ya hemos alcanzado al poder "hablar" en nombre de la especie y en nombre del planeta), y slo atiende a los criterios de sus pagadores (estados, compaas privadas). Nos podemos plantear en qu sentido la inteligencia se ha socializado, ms all de una difusin y publicidad de ciertos conocimientos y mtodos cientficos de trabajo. Quienes somos "nosotros"? Qu pretendemos decir cuando hablamos de una humanidad, en primera persona del plural, capaz de extraer informacin sobre el universo a travs de unos mtodos racionales de bsqueda y construccin.

Es evidente que el sujeto de conocimiento cientfico es una abstraccin funcional, que toma como valores unos colectivos diversos de personas agrupadas institucionalmente. No es tarea sencilla saltar del plano epistmico al social. Nuevas complicaciones se aaden cuando el economicismo (del que pecan muchos crticos marxistas, anarquistas o postmodernos) se mete por el medio con sus simplificaciones y nos fuerza a pensar que "quien paga manda". Entonces el sujeto de la ciencia pasa a ser un villano o un esbirro. Tanto da. Pues su mezquindad esencial como agente imprime su miseria moral a sus productos: explotacin humana, manipulacin de las masas, destruccin del ambiente... los pagadores se enriquecen y el mundo se viene al traste. En este orden de cosas la ciencia se reduce a una especie de cdigo impuesto, imprescindible para entrar en mayor o menor grado en los estndares mundiales de interconexin econmica, dndose la "paradoja" siguiente. Una mayor participacin y esfuerzo en esos criterios del centro, no hace ms que endeudar y generar desarrollo desigual en las sociedades de la periferia. En cuanto a la pirmide de los conocimientos, la introduccin de centros universitarios "modernos" e instituciones politcnicas, respaldadas por la exigencia universal del "desarrollo" desemboca en un trazado ms desigual aun de estas sociedades. El vrtice superior de los "expertos" (cientficos e ingenieros, tecncratas) presenta un ngulo mucho ms agudo, y la distancia de ste vrtice de poder intelectual con respecto a una base cada vez ms despojada, intelectualmente hablando, se hace ms y ms grande. Nada tiene de extrao que en muchos pases de la "periferia", sudamericanos, asiticos, africanos..., se est desarrollando una ideologa de marcado carcter relativista o pluralista, reivindicando as modos indgenas de sabidura frente a imposiciones "universalistas" de la ciencia occidental. En la propia Europa, portadora principal de la ciencia como valor, hemos asistido a un auge de esta mentalidad relativista. Valores "indgenas", o para ms rigor, aldeanos y tradicionales, pretenden ser rescatados con justificaciones y ropajes ecologistas, humanistas, anarquistas, etc. Ciertamente, la ecuacin ciencia=poder se ha instalado con firmeza tras los diversos descalabros que la mentalidad positivista e ilustrada ha sufrido como consecuencia de las guerras mundiales: uso militar de la ciencia, compromiso de sus instituciones con la dominacin y la manipulacin del gnero humano, subvencin capitalista y hermanamiento con los aparatos estatales, y un largo etc.

La ciencia avanza. Tambin la ciencias social y la historia?. Entre tanto, algunas cabezas insignes se han credo el mito del Fin de la Historia, olvidando su responsabilidad en el fin del Socialismo:

"Pero el futuro le pertenece al conjunto de fuerzas que estn superando el Estado nacional. Hasta ahora han sido apresadas o conducidas por el capital, pues en los ltimos cincuenta aos el internacionalismo ha cambiado de bando. Mientras la izquierda no logre recuperar la iniciativa en este campo, el sistema actual puede sentirse seguro" (Perry Anderson: los Fines de la Historia).

Seor intelectual. Destacado pensador. No le pedimos que tome un arma. Le pedimos que eduque. Cada generacin nueva tiene que aprender una tradicin de lucha y resistencias. Millones de seres humanos ya han nacido sin otra esperanza que ser esclavos. O explotados. O carne de can. Filete de crcel. Superficie de torturas. Peso neto, y escurrido en los campos de concentracin. Sujetos de reclusin. Carnes de prostbulo. Sudores de ergstulo. Rellenos para los pozos. Huesos de fosa comn. Y , antes de todo, su lucha no va a cesar. Seor Anderson: su "socialismo" no va a ser olvidado. No se preocupe. Pero eso es "otra historia". El cuento del Fin de la Historia casi no se lo ha credo nadie. Salvo Vd. mismo. No hace falta que se d tantas vueltas por las regiones areas de Platn, de Hegel o de Cournot. Quedmonos con Marx, por el momento. Pregntele por el "socialismo mnimo". Preguntmosle todos por qu clase de ciencia habra que luchar hoy. Una ciencia que libere al humanismo. Una teora emancipatoria que diga la ciencia que queremos sin remedio. Esa es una ciencia social que nos informa sobre la ciencia en general. No liquiden la Historia, que genera novedades. No liquiden la Filosofa, que genera buena ciencia social sobre la ciencia (y no recetas pseudocrticas al estilo CTS (Ciencia, Tecnologa y Sociedad), y de rebote nuevas formas burocrticas de "democonsulting"). Seores consultores: siempre se pondrn del lado de quien les financia su despacho. De veras, encarnan lo ms "naturalizado" de la razn. Naturalmente, tendra que ser as.



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