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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2018

El segundo paraso

Miguel Casado
Rebelin


Hace ya una docena de aos que tom una cita de Hilde Domin: una casa / al lado de un manzano / o un olivo, para abrir unos poemas mos titulados Notas sobre el antiguo tema de dejar la ciudad. Se me impuso ese modo de nombrar el deseo de un lugar propio, construido como sedimento de la vida, posible solo desde el extraamiento, en la voz de una autora que durante ms de la mitad de la suya no lo tuvo. Acababa de salir entonces la nica antologa espaola de su poesa, de producirse su nica visita a Espaa en cuarenta aos; pero antes ella haba escrito esos versos en Arroyo de la Miel, en una casa blanca sobre el mar, en la costa de Mlaga, igual que escribi su novela El segundo paraso en San Rafael, rodeada de pinos junto al Guadarrama.

Hilde Domin (1909-2006) public su primer libro, Solo una rosa como apoyo, cuando ya haba cumplido los 50 aos; la editorial le pidi que rebajara su edad en la solapa, porque la verdadera no ayudara a una principiante. En casa, el poeta era su marido, Erwin Palm, ms conocido como historiador. Al escribir su primer poema, en 1951, cuando conoci la muerte de su madre, para asimilar la sorpresa de la escritura prob a traducirlo al castellano, a ver si se tena; no en vano se describa diciendo: Yo, Hilde Domin, he nacido siendo discpula de los poetas espaoles, evocando as su aprendizaje, la historia de sus lecturas. Quiz esa extraeza, la exterioridad de la que da cuenta Antonio Pau en un libro preciso e intenso, Hilde Domin en la poesa espaola, explique el impacto que caus en Alemania desde el principio. Pero ha de haber ms, y releerla ahora me plantea esta cuestin que no llego todava a responder.

Salieron los dos Hilde y Erwinde su tierra en 1932 con destino a Italia, para hacer ella su tesis de derecho poltico sobre un precursor de Maquiavelo, e investigar l en historia de Roma; tambin con conciencia de su condicin de judos y la intuicin de lo que vena. Al empezar la guerra, pasando por Londres, embarcan hacia la Repblica Dominicana: era el nico pas que no peda papeles ni dinero, y ellos no tenan lo uno ni lo otro. De aquella isla tomar ella ms tarde su nombre literario; all aprender la lengua. Su vida, aunque privilegiada si se piensa en los internados en los campos, fue ms dura que las de otros exiliados en Amrica y paradigmtica de la precariedad que defini una poca y que tal vez est hoy recuperndose por otras vas. Solo una rosa como apoyo empieza con una cita de Lope de Vega: Dando voy pasos perdidos / por tierra, que toda es aire, de la que deriv los versos que ella quiso como epitafio: Puse el pie en el aire / y me sostuvo. La fundacin potica se dio en plena carencia; de la cueva de Polifemo los que huyen / del gigante / no se llevan nada / excepto la huida.

Y, sin embargo, Gadamer consider a Domin la poeta del regreso, y ella lleg a decir que: el regreso, no la persecucin, ha sido el gran acontecimiento de mi vida. Encontr el lugar? El xito de crtica desde el principio, la sensacin general de que su voz era nueva en el sentido ms fuerte, abre una segunda (o tercera, o cuarta) parte de su vida dedicada a la escritura y reconocida con los principales premios de Alemania, con continuos viajes y lecturas. Lo nuevo de su voz parece arraigar en una antigua idea, la sobriedad tal como la propona Hlderlin, que ella formula como la relacin entre excitacin y pensamiento, vinculndola a una sentencia de Confucio: Encontrar la palabra exacta para el tono sin voz del corazn significa no mentirse a s mismo; tono neutro, exactitud y sentimiento remiten a la sobriedad, pero el sentido se desplaza al tipo de relacin que se mantiene con la propia vida.

No s si llamarlo intensidad: Solo la hora que suena y se tensa / hasta la ms externa / piel del corazn / subsiste, o si intentar entenderlo con la ayuda de una novela de entonces, que he ido releyendo a la vez, Noticias sobre Christa T, de Christa Wolf, aun sabiendo que asocio aquella descarnada carencia, con la rara, imposible continuidad de la vida de quienes se quedaron en la Alemania del Este, en el lugar mismo del nacimiento. Escribe Wolf ese relato excepcional de un modo borroso, salpicado adems de huecos, de fuertes impulsos inconexos, y requiere un lector que dude al ritmo con que la narradora duda o con que afirma, sin que sepamos bien qu; quiz sea esto ltimo lo que me lleva a Domin, tan distinta en apariencia de la protagonista: Nacida con estrella. Lo cual no significa tener fortuna ni ser mimada por la fortuna. Pues no todas las estrellas brillan claras y perpetuamente. Se oye hablar de estrellas difciles, de las intermitentes, desapareciendo, regresando, no siempre visibles. Una marca, una vida que procede de las condiciones de poca, pero que se construye en singular.

La intensidad de Domin tiene dos apoyos: como en las canciones tradicionales, uno est en la muerte y el otro en el amor, y ambos se confunden como espera. Que la muerte lo sea no necesita aclaracin, pero s el modo natural en que se asume como ncleo de identidad: estemos como en casa, / donde sea, / y podamos sentarnos y apoyarnos / como si fuera la tumba / de nuestra propia madre; o, detrs de la casa de Arroyo de la Miel, un solitario cementerio, te hace seas, / cual una invitacin / que algn da / quiz con gusto / se aceptara. // Y en esto conoces / que aqu, / algo ms que en otros sitios / ests en casa. Por su lado, el amor no es homlogo de la muerte, sino de la vida, del espacio en que la vida se hace amparo; pero al leer a Domin no se encuentra la tormentosa, imposible historia de la vida real, no se encuentra experiencia, sino esperanza: Vd. dijo que la felicidad es lo que importa. Me podra decir qu importa? / Ah respondi l en voz muy baja, tan baja que apenas se oa, tal vez un paraso s. Uno siempre lo espera. Y el eco en Wolf: An hoy podemos reconocernos por una palabra, en un lema. Nos guiamos los ojos. El paraso raramente se deja ver, es su modo de comportarse. Una vez en la vida, en el momento oportuno, hay que haber credo en algo imposible. Desde el principio se sabe que Christa T muri joven, pero la narracin mantiene a pulso la tensin del futuro en una vida vaca; ese milagro de la escritura de Wolf, un apasionado saber que fue perseguido en la RDA como pesimista, es el mismo que hace Domin con la materia del sufrimiento y el fracaso, y la espera, siempre latente, de un segundo paraso no es menos paraso que el anterior. Solo que antes tenemos que atravesar la realidad. Quiz por eso sea ambiguo el sabor del final, cuarenta aos de paz sin aparente expectativa, la torre en Heidelberg abierta al bosque, tan parecida a la de Hlderlin en sus cuarenta aos de locura. Tena Hilde Domin 97 el da que muri, haba estado paseando.

 

Lecturas:

Hilde Domin, Poemas. Edicin de Hans Leopold Davi. Barcelona, El Bardo, 2002.

, El segundo paraso. Novela en segmentos. Traduccin de Antonio Bueno Tuba y Emily Ptter. Madrid, Casus Belli, 2012.

Antonio Pau, Hilde Domin en la poesa espaola. Madrid, Trotta, 2010.

Christa Wolf, Noticias sobre Christa T. Traduccin de Mara Nolla. Barcelona, Barral, 1972.


 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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